lunes, 8 de diciembre de 2008

José Da Silva, el cobarde

Francisco Peña





En el film Breakfast at Tiffany’s / Desayuno con diamantes, de Blake Edwards, aparece poco tiempo en pantalla un personaje secundario pero que tiene una importancia narrativa capital en el contenido de la película: JOSE DA SILVA.

En el contexto amplio de la cinta, los personajes centrales son Holly Golightly (Audrey Hepburn) y Paul (Fred) Varjak (George Peppard). Su relación es el eje narrativo central. Pero, por las características de Holly, creadas por Truman Capote y transvasadas a la pantalla en el guión de George Axelrod, se necesitaba que su búsqueda incesante y frustrada de un millonario para casarse recibiera un duro golpe para volver a la realidad de todos los seres humanos… (y entonces, tener la posibilidad real de ser feliz con la pareja adecuada).

El “garrotero” encargado de darle ese golpe inhumano a Holly, el “ejecutor”, es JOSÉ DA SILVA.





El film de Blake Edwards usa a este personaje como recurso narrativo para mostrarle a Holly Golightly, “de una vez por todas”, que el dinero, la (falsa) actitud aristocrática, la (supuesta) decencia impecable, sólo esconden un corazón frío e inhumano. La meta que persigue no es un sólo un espejismo… podría llevarla a la autodestrucción (dejar al gato Cat en un callejón bajo la lluvia es un símbolo de la ruptura de Holly con la vida).

JOSÉ DA SILVA es encarnado en pantalla por el actor español José Luis de Villalonga, nacido en Madrid, España, en 1920, y que tenía 41 años cuando se rodó la película frente a los 32 de Audrey Hepburn. Villalonga, como el resto de los actores de cuadro del film (Buddy Ebsen, Patricia Neal, Martin Balsam, John McCiver –que se roba su escena como el vendedor de Tiffany- y Alan Reed –el mafioso Sally Tomato-) está perfecto en su tipo para crear a su personaje.

Holly conoce a José Da Silva en la fiesta caótica en su departamento. Llega acompañando a una modelo a la que se le juntaron dos ligues (Da Silva es uno de ellos, el otro es Rusty Trawler, falso millonario). Algo así como si en el cine mexicano de los 70, la impresionante actriz y modelo inglesa Jacqueline Voltaire (o la argentina Zulma Faiad) llegara a una fiesta acompañada de Mauricio Garcés y Oscar Pulido.

JOSE DA SILVA, descendiente de un noble portugués diría él, pero quizás en realidad de uno de los expresidiarios de las galeras lusitanas que colonizaron Brasil, es un millonario brasileño. Su familia es aristocrática y Holly piensa que podría llegar a ser el presidente del país sudamericano (¿Fernando Collor de Mello avant la lettre?).

De inmediato se nota que JOSE DA SILVA no pertenece al ambiente de la fiesta: ¡esa si que no es su pecera! para usar una metáfora acuática. Su actitud fría, reservada y poco social lo separan de inmediato del resto de los asistentes. La actitud muestra una egolatría y complejo de superioridad soterrados pero firmes. Es la primera señal de su desprecio por los demás que no son como él (¡son de otra pecera!), y la profunda inhumanidad y crueldad con la que tratará a la mujer con la que se supone desea pasar el resto de su vida.

La primera indicación de su egoísmo acendrado se da cuando Mr. Yunioshi manda a la policía a frenar la fiesta de Holly. De inmediato, el bieneducado José se alarma y le comenta a Paul (Fred) Varjak que no puede pasar por un escándalo. Paul lo libra del problema sacándolo por la “naca” ventana del baño.

Este es el primer aviso por parte de Capote, Axelrod y Blake Edwards que algo no está bien dentro de ese personaje. Los creadores ya advirtieron al público.

La trama sigue y Holly afirma que tiene una relación con José, que se va a casar con él. Pero en ese momento, Holly recibe el telegrama que le cambia la vida y entra en una poderosa crisis existencial y emocional. Rompe todo lo que está a su alcance. José Da Silva se hace a un lado mientras Paul –que si ama en verdad a Holly- la recuesta. Antes de decir que pasó con Holly, lo primero que le comenta el “educadísimo” José Da Silva a Paul es el siguiente diálogo:

“No puedo tener un escándalo público. Es muy delicado. Mi nombre, mi posición. Mi familia. ¿Vendrá la policía de nuevo?”

Paul deja a José la cancha libre para que consuele a Holly, pero significativamente Blake Edwards muestra que no lo hace de inmediato. La toma de la recámara donde Holly llora es la UNICA toma desde el techo (cenital) de TODO el film. Entre plumas volando no sólo vemos a la frágil Audrey Hepburn acostada (con su vestido rosa, anotaría Miguel Cane, y descalza, anoto yo)… NO VEMOS ENTRAR A JOSE DA SILVA a consolar a Holly. De nuevo, la ausencia del personaje en el cuadro muestra su falta de compromiso amoroso con la que se supone es su novia PORQUE DUDA EN ENTRAR.

Debemos, en justicia, intuir que en algún momento entró aunque con significativa tardanza. De todas maneras, embalada en su forma de vida, Holly sostiene la relación con JOSE DA SILVA, a pesar de las señales en contra.

En el film, Holly tiene un fuerte problema con la policía que la lleva a estar en la primera plana de los periódicos. Puede ir a la cárcel. Aquí, los creadores establecen un contrapunto entre personajes para mostrar quién es quién en la realidad. Una oposición significativa en el film se da entre O. J. BERMAN vs JOSÉ DA SILVA.

Berman es un agente en Hollywood y aparece también en la fiesta. Tiene dinero pero es “naco”: parece vulgar, se liga a las modelos, bebe y no es “educado” en el trato social. No es “como se debe ser”. En cambio, Da Silva pavonea un aire aristócrata que pretende hacer pasar por “natural” y no “condicionado” culturalmente. Moderado, casi no bebe, jamás se embriaga, de un trato social impecable y jamás dice “palabrotas” sino eufemismos: estuche de las monerías "civilizadas".

A la hora de la verdad, cuando Holly está a punto de ser encarcelada, Paul sólo encuentra apoyo real y verdadero en el amigo “naco”, vulgar, ligador y bebedor… A la hora de la verdad, cuando ella necesita a alguien, quien la rescata es O. J. Berman, que la estima porque sabe que es auténtica en medio de su sofisticación recreada. El que “no es como debe de ser” SI ACTÚA “como debe de ser” con Holly.

JOSE DA SILVA, en cambio, desaparece por completo en el momento del problema policíaco, al igual que mostró su renuencia a consolarla en la escena del telegrama leído. El que “dice ser como se debe de ser” NO ACTÚA realmente “como debe de ser” con Holly.

A lo largo del film, los creadores (Capote, Blake Edwards y Axelrod) hacen una crítica social sutil pero demoledora del ÚNICO personaje auténticamente “richachón” de la película. Su actitud y acciones demuestra una indiferencia despectiva hacia sus semejantes; una falta de compromiso vital, emocional y amoroso con la que se supone quiere que sea su pareja.

La relación con Holly la plantea como: “OK, te presento a mi familia pero nos quedamos como una especie de together-apart (juntos pero no revueltos a la mexicana, juntos pero separados)”, en donde el separados domina al juntos por la sencilla razón de que no le propone matrimonio sino una “relación” (vulgar amantazo), según declara la misma Holly a Paul en la escena donde ella teje y aprende portugués con discos.

Los creadores plantean todos estos rasgos del personaje de manera dosificada, al grado de que el público percibe el engaño y la tacañería emocional de JOSE DA SILVA, mientras que la ingenua Holly no percibe la realidad hasta que recibe el mazazo cruel de su supuesto “prometido” por medio de una carta.

La carta de JOSE DA SILVA es un extraordinario diálogo del guión, que desnuda al “educado” barón brasileño de ascendencia portuguesa. Lo pinta ante Holly, Paul y el público tal como verdaderamente ES:

“Mi querida muchachita. Te he amado sabiendo que no eres como otras, pero imagínate mi desesperación al descubrir, en ese estilo brutal y público, que tan diferente eres de la manera de ser de una mujer que un hombre de mi posición tendría la esperanza de hacer su esposa. Me aflije la desgracia de tus circunstancias actuales, y no encuentro en mi corazón el deseo de añadir mi condena a la condena que te rodea. Espero que en tu corazón tú no me condenes. Tengo que proteger a mi familia, mi nombre y… soy un cobarde, cuando se trata de estas instituciones. Olvídame, muchacha bella, y que Dios esté contigo”.

El mismo JOSE DA SILVA sabe que es un cobarde. La carta está escrita por un individuo ególatra y egoísta al cual sólo le interesan las convenciones sociales, las apariencias, el “que dirán”. Sólo le interesa que una mujer que se conforme a sus prejuicios, no una mujer que sea como ella es de verdad. Le echa en cara a Holly la brutalidad de la situación, pero es un hipócrita al no mencionar su propia crueldad, su bajeza al no tener ni siquiera la valentía de decirle las cosas en la cara y usar carta de por medio. Vamos, ni siquiera usa directamente el nombre de Holly: usa “eufemismos educados” que sólo ocultan el desprecio que, en el fondo, siente por Holly. No llama a las cosas por su nombre… Y todavía tiene el descaro de “educadamente” pedirle a ella que no lo condene. La familia, el nombre, no son más que pretextos. El personaje jamás se quiso comprometer en serio con ella.

Todo esto, ya sumado, hace de JOSÉ DA SILVA el único personaje detestable del film. Pero es en la reacción de ella donde los creadores de la película muestran el daño terrible que el ególatra ha causado: le quitan las ganas de vivir, que simboliza el hecho de que Holly se deshaga de Gato en plena lluvia, bajándolo del taxi frente a un callejón. Por suerte, allí estaba Paul Varjak junto a ella.

Pero los “daños colaterales” de sus acciones es lo que menos le interesa al infame JOSÉ DA SILVA, el cobarde de Breakfast at Tiffany’s / Desayuno con diamantes.

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