lunes, 8 de diciembre de 2008

La invisible palabra con L

Entra en producción la cuarta temporada de The L Word, la polémica serie televisiva que aborda con franqueza y humanidad el mundo del lesbianismo.

Francisco Peña





Los fans de las series de televisión por cable atascan blogs y comunidades de Internet con discusiones interminables sobre los detalles de sus series favoritas, desde 24 hasta Smallville pasando por los gritos y susurros levantados por la cancelación de Friends en EU. Pero pocas (y pocos) opinan sobre uno de los secretos mejor guardados (y más vistos) de la televisión por cable mexicana: The L Word (La palabra con L).

Para enfrentar a sus rivales Fox, Sony, TNT y otros por el estilo, Warner Channel Latinoamérica presume series como Smallville, The O.C., Friends, ER y The West Wing mientras guarda este as bajo la manga en un horario especial porque aborda el tema del lesbianismo: domingos 00.00 - 00.30 horas y 23.00 – 23.30 horas. No lo hace en balde pues sabe que la visibilidad de este grupo social aun está sujeta a fuertes polémicas en las sociedades latinoamericanas en general y la mexicana en particular.






Pero es un hecho que esta excelente serie es más vista de lo que se dice, y es apreciada precisamente porque contribuye a una visión humana y no estigmatizada del grupo que ejerce esta preferencia sexual: las lesbianas. Lo interesante es que The L World no sólo abrió brecha social sino que expande sus horizontes: se autorizó ya la cuarta temporada de doce nuevos capítulos que se proyectará en 2007, con algunas presencias invitadas muy interesantes para teléfilos y hasta cinéfilos de hueso colorado.

Ya con su tercera temporada al aire The L Word ha mostrado mucha calidad en elenco, producción y dirección, pero sobre todo es valioso por el tratamiento de personajes y situaciones. Este último punto no evade el realismo. Los conflictos que sufren los personajes, tanto por acontecimientos como por sus propios rasgos existenciales y psicológicos, son semejantes a los de cualquier ser humano: enamoramiento, celos, atracción, relaciones estables o fortuitas, rupturas emocionales. Los papeles están escritos (y actuados) de tal forma que estas constantes, que todos compartimos como seres humanos (y reconocemos en el programa), son matizadas con veracidad de acuerdo a las circunstancias sociales en que vive este grupo de preferencia sexual.






El programa está producido para una audiencia estadounidense por lo que no todos los pormenores sociales y rasgos psicológicos presentados hacen eco en las lesbianas mexicanas, cuyo grado de visibilidad social como grupo es menor; pero no es impedimento para que la emisión sea muy disfrutable para ellas y para nosotros como teleadictos.

Los productores de la serie notaron una ausencia clara en la tipología: no estaba presente una mujer que representara a las latinas. Así crearon a Carmen de la Pica Morales: discjockey que se ve envuelta en una doble atracción y oscila entre dos mujeres como posible pareja final. En el casting el papel no fue adjudicado a una actriz latina sino a Sarah Shahi, una chica de ascendencia iraní, que fue una de las porristas de élite de los Cowboys de Dallas. Por lo demás, no hay ningún “pero” que adjudicarle.

Sarah Shahi se unió a un elenco ya conocido donde destacan, entre otras, actrices como Mia Kirschner, Leisha Hailey y Jennifer Beals. Mia Kirschner (la escritora Jenny Schecter en la serie) viene del mundo cinematográfico y destacó en clásicos del cine canadiense como Exótica (Atom Egoyan, 1994) y Amor y restos humanos (Denys Arcand, 1993); también participó en la serie de Fox 24 (como Mandy) y regresó este año al cine norteamericano en La Dalia Negra con Scarlett Johansson y dirigida por Brian de Palma.


A Jennifer Beals se le recuerda por su protagónico en Flashdance (Adrian Lyne, 1983) en plena euforia de la música disco, misma que empapó por completo la banda sonora de esta película. Como icono de los 80, a Jennifer Beals le costó mucho trabajo desprenderse de dicha imagen. Deambuló por varias películas medio olvidables hasta que encontró su verdadero segundo aire con su personaje en The L Word.






Leisha Hailey es todo un personaje en si misma. Es egresada de la Academia Americana de Arte Dramático de Nueva York, pero también ha incursionado en la música con el grupo The Murmurs y compuso la banda sonora de la película All over me (Alex Sichel, 1997). Se rumora que, de todas las actrices, es la que más cerca está de mezclar la realidad con la ficción, ya que se le atribuye un romance con la cantante y compositora K. D. Lang.

Catherine Moenning (Shane McCutcheon) no tiene una carrera tan larga en cine o televisión como las actrices anteriores, pero su personaje tiene una fuerza y vida inusitadas.

Ahora bien, para la temporada de 2007, la producción consiguió que participen dos actrices cuyo nombre también se forjó primero en el cine estadounidense.

La primera sorpresa en The L Word es la aparición de Cybill Shepherd como la vicerrectora de una universidad californiana. Mientras la edad de la mayoría de las actrices de la serie está en el rango de los 30 años, Shepherd lleva muy bien sus 56, lo que le permite representar a este personaje que, a su edad, está casada y tiene hijos cuando comienza a cuestionarse su propia sexualidad. Está ya lejos de su papel de rubia inalcanzable como Betsy, en la clásica Taxi Driver (1976) de Martin Scorsese.

La segunda sorpresa es la presencia de la actriz Marlee Matlin. Quizá pocos recuerden que esta actriz estadounidense obtuvo a los 21 años el Oscar a la Mejor Actriz protagónica en su debut cinematográfico. Lo ganó en 1986 con la cinta Niños de un dios menor (Children of a lesser god, Randa Haines). También es probable que pocos recuerden que su papel en dicha película estaba ligado a su realidad: Marlee Matlin es sorda. En la pantalla representó a una mujer sordomuda que establece una relación sentimental con su maestro (William Hurt) en una cinta conmovedora que dirige su mirada a otro grupo social vulnerable: las personas con discapacidad, en este caso auditiva.

Con estas actrices, con sus personajes establecidos o nuevos, The L Word sigue ramificando en la pantalla chica varias situaciones que hacen más visibles tanto el mundo de las lesbianas como los problemas cotidianos que enfrentan: desde el deseo de tener hijos vía inseminación artificial hasta las consecuencias emocionales (para hombres y mujeres) derivadas de establecer relaciones con una pareja bisexual. Dentro de este enfoque global el programa no es puritano: así como no rehuye escenas dramáticas (o cómicas) derivadas de las circunstancias de estas mujeres tampoco autocensura la descripción visual erótica de sus encuentros.

Por esto y más, The L Word es una serie importante tanto por sus valores de realización como por su tratamiento honesto del tema. Merece que se hable más abierta y frecuentemente de su presencia en la pantalla, y que deje de ser el secreto más conocido (y visto) de la televisión por cable en México.



Nedstat Basic - Web site estadísticas gratuito El contador para sitios web particulares





Free counter and web stats