martes, 16 de diciembre de 2008

¿Se muere el Cine?

Francisco Peña

Parece que, lento pero seguro, la era de IR al cine como ritual masivo llega a su fin. ¿Parece o es una realidad? Depende de quién y de dónde se vea.






La muerte del cine, tantas veces pronosticada, ahora se anuncia desde el mismísimo Hollywood. Las grandes productoras hablan de lo mismo: algo muy malo sucede. Palabras como desastre, caos y sangre se susurran entre ejecutivos cinematográficos. Esperan con terror las llamadas de directores corporativos, verdaderos tiburones puritanos cuya voracidad sólo se sacia con estados financieros engordados como si fueran reses en el agua.






Hollywood susurra que el cine se muere, erosionado por las mismas fuerzas que torturan a la industria musical, diezmaron a grandes cadenas de televisión y están reventando a los periódicos impresos. Culpables son las nuevas tecnologías: internet, DVDs, videojuegos, iPods y celulares con video, que ofrecen más diversión -y porno- que el 90 por ciento de lo que se proyecta en cines estadounidenses. Claro, las excepciones son películas que-hay-que-ver como King Kong y gores descerebrados que Hollywood cocina para consumidores de cinebasura, wows y baroooms.

Las noticias financieras son pésimas. Disney reportó pérdidas de 313 millones de dólares en su cuarto trimestre fiscal. Sony sólo tuvo un hit de 100 millones de dólares en taquilla (Hitch) y los demás fueron fracasos. Las acciones de DreamWorks cayeron cuando las ventas de Shrek 2 en DVD se quedaron cortas en cinco millones de copias de lo que esperaba. Warner Brothers tuvo que correr a 400 empleados en la primera quincena de diciembre.

El problema está también en la cultura estadounidense. Está de moda entre los chavos considerar a las películas como algo chafa y que cuestan mucho dinero verlas en cine. Lo mismo ocurre con los CD frente al MP3 que sacude a la industria musical, lo mismo sucede cuando se promueve una política antipiratería y los chavos se ríen porque piensan que eso sólo ayuda a los gigantes financieros y no al público. Signos mortales de que los consumidores están hartos de los altos precios legales.

Allá en Estados Unidos, que estrenará muros fronterizos para detener la "invasión de los nacos", las teles de alta definición bajaron de 75 mil pesos a sólo 20 mil, lo que permite que la clase media vea cine en su casa con casi la misma calidad que la pantalla de cine. No pagan 120 pesos de entrada, 44 pesos de palomitas y 20 minutos de comerciales por cabeza.





Ya que se gastaron esa feria en los aparatos hay que alimentarlos como a los leones. Gentes normales que iban al cine ahora han mutado en monstruos expertos en DVDlogía. Rechazan el sentido original de cualquier película porque prefieren orgasmos mentales autoinducidos con comentarios DVDescos del director, "cómo se filmó", escenas no vistas. Eso sirve, en los casos más pirados, para decir que sólo ellos comprenden la película, y todos los que la vieron en cine no entienden nada. ¿Sí tú? ¡Como no!






Hollywood no comprende los nuevos fenómenos que suceden. La mayor parte de las películas producidas no merecen pasar por el cine, y pierden dinero hasta que llegan ingresos de DVD y televisión. Los estudios son los propios culpables. Como siempre, motivados sólo por las altas ganancias, acortaron el período entre exhibición de cine y venta de DVD: primero fueron nueve meses de diferencia, luego seis y ahora sólo tres. El período de seis meses aún protegía a los cines pero no a los estados financieros; ahora que sólo son tres meses la gente piensa "mejor me espero a verla en DVD".

Tampoco saben que hacer con el ritmo de la tecnología y la velocidad de acceso que da. Una película tarda entre 24 y 18 meses en recorrer el camino entre idea y exhibición. Para cuando una película basada en un videojuego llega a los cines, corre el peligro de que el juego ya no esté de moda y ya nadie la vea. Fue lo que le pasó a Doom.

Pero lo peor es que quienes dirigen los estudios y sus insaciables jefes banqueros han perdido el contacto con la realidad. Ellos ven las películas en salas privadas, lo que sólo aumenta la distancia entre ellos y "los nacos", perdón, los consumidores, esos que gastan en EU 750 pesos cuando van al cine con la familia.

Este tipo de ejecutivo aislado de la realidad social ha frenado la iniciativa de los creadores en Hollywood. En su afán de tener un jonrón en cada cinta olvida cosas elementales como públicos especializados, cine de arte, buen cine de género. En síntesis, ha perdido contacto con la vida cotidiana de su público.

El cine parece que "se muere" en Estados Unidos, pero en Europa los cines nacionales sobreviven. Su sociedad y gobiernos, en general, los consideran bienes culturales y medios de expresión, no puro factor de entretenimiento. Producen menos películas y se distribuyen en menor escala mundial, pero ahora circulan más dentro del mercado interno de la Unión Europea. Una película polaca se puede ver en París y Sevilla; una cinta española se puede ver en Praga y Atenas: las cintas comerciales y alternativas empiezan a romper el cerco interno en su propia zona económica, dominado aún por distribución y exhibición norteamericanas. También refuerzan el concepto de "cine europeo" con todo un aparato publicitario que remata en los Premios Europeos de Cine semejantes al Oscar.

En el campo tecnológico los europeos parecen abrazar más el cambio que los propios estadounidenses. La cuestión es ofrecer el mismo producto fílmico en distintos formatos pero en distintas escalas de tiempo. Además, las expectativas financieras no tienen la desmesura e irracionalidad de las hollywoodenses.

¿Y México? Sencillo, según el INEGI, el 10 por ciento de la población absorbe el 43 por ciento del ingreso total, y el 10 por ciento sobrevive sólo con el 1 por ciento del ingreso. Sólo el primer 10 por ciento de altos ingresos puede mantener el paso del cambio tecnológico que "amenaza" al cine, mientras el resto aún acude a las salas normalmente. Aún así, México apenas alcanza el 4 por ciento de los ingresos mundiales para las compañías hollywoodenses, y en comparación al mercado estadounidense.





Hay manifestaciones alentadoras de que el cine no morirá en México. Están los esfuerzos del Festival de Guadalajara, la revista Onderfilm, producciones independientes que ganan premios en festivales europeos, uso de tecnologías digitales, cine de animación y la creación de públicos especializados que ven otras películas que no son hollywoodenses. Hay esfuerzos de cadenas de exhibición, como Cine+, que ofrecen al público los estrenos normales pero a un menor precio. El intento es crear cines de acceso popular, con las mismas películas de las grandes cadenas pero con costo más accesible. No se sacrifican ganancias, simplemente no imperan criterios financieros inhumanos.

Puede ser que el cine "se esté muriendo" en Estados Unidos como negociazo pero no morirá en el resto del mundo como manifestación humana, artística, de entretenimiento o acto social. Tampoco morírá como industria o fuente de ingresos.

El cine evolucionará hacia una nueva forma cuando la pantalla normal obtenga beneficios de la tecnología de punta, distintos formatos distribuidos de forma alternativa y proyecte películas que rompan con el esquema hollywoodense descerebrado. Habrá King Kong y Potter junto a El Señor de los Anillos. Habrá Nikita y Corre Lola corre junto a La mala educación y Charlie y la fábrica de chocolate. El cinebasura de wows y baroooms seguirá produciéndose, pero pasará directamente al botadero de DVD después de exhibirse en las salas privadas de los directores financieros, que no entienden que el cine es parte de la vida humana y no un frío "estado financiero".


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