viernes 30 de enero de 2009

Quiero ser famosa, de Dominique Deruddére

Francisco Peña

La película de Dominique Deruddére fue una de las cinco nominadas para el Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera 2001. Otras candidatas que se han proyectado en México son Amélie y Tierra de Nadie.





Al ver Quiero ser famosa, sus logros y debilidades, se entiende por que las otras dos cintas son superiores y resultaron más beneficiadas por la nominación.

La cinta es una comedia de situaciones más que de personajes, con excepción del padre Jean Vereecken (Josse de Pauw) y su hija Marva (Eva van der Gucht).

La trama nace a partir del deseo parterno de convertir a la hija en una estrella pop del canto. Obviamente, las capacidades iniciales de Marva son deficientes, pero eso no es obstáculo para que la chica también comparta el mismo sueño.

La familia se embarca entonces en una serie de concursos de aficionados a la imitación de estrellas famosas, donde se espera que la chica sea “descubierta”.

Es en este punto en que la comedia aborda la interesante subtrama del ambiente de la cultura pop en dos vertientes: los sueños de los fanáticos y las tranzas de los medios.

Lo interesante de Quiero ser famosa es su visión cómica al entrelazar los dos ámbitos de la cultura pop de una manera inesperada; su debilidad es que, después de plantear una interesante combinación, la cinta resbala hacia situaciones estereotipadas que le impiden sacar jugo a sus dos personajes principales. De hecho, no consigue burlarse de lo que ha es en si misma una burla.

El planteamiento interesante es que, por un encuentro fortuito, Jean secuestra a Debbie (Tecla Reuten) la estrella pop del momento. Su propósito es que su hija Marva tenga una oportunidad en el medio artístico, debutando con una canción compuesta por él mismo. El vehículo para lograrlo es el manager de Debbie.

Pero las cosas se complican cuando el mismo manager descubre que el secuestro es la forma perfecta de promocionar a Debbie y captar la atención de los medios. En esa tranza colaboran televisión, radio, listas de popularidad: en síntesis, todos los escaparates de la cultura pop comercial.

Por otra parte Marva vive inmersa en la cultura pop, aunque es consciente de que no llama la atención por su figura regordeta y su falta de talento, que la lleva a fracasar una y otra vez en los concursos de aficionados.

El guión se complica al alimentarse de lugares comunes que diluyen la intensidad de la comedia. Los secuestradores son torpes (pero no se saca mucho jugo al hecho), la estrella pop se enamora del secuestrador más joven, el manager intenta seducir a Marva, manager y televisora ponen trampa a Jean para lograr más audiencia, etc. De hecho, el final feliz es previsible como un concurso de Eurovisión.

Lo que aligera la cinta, a pesar de sus situaciones estereotipadas y su obvio final feliz, es la visión del director y su puesta en escena.

La visión del director tiene matices de buena observación del ambiente de los fanáticos de la cultura pop, a mitad de camino entre la imitación, la parodia y el humorismo involuntario. Así plasma pinceladas de Freddie Mercury, Otis Redding, Madonna y figuras locales.

Pero dichas pinceladas también enriquecen el carácter de sus dos personajes principales: el padre más soñador y la hija más realista; pero ambos inmersos en un sueño de trascender en la vida basado en los valores de la cultura pop: reconocimiento, prestigio, posición y dinero obtenidos sólo por la vía del triunfo musical masivo.

Como contrapunto narrativo está la estrella pop Debbie – Els, que en la cima del Top Ten está sola, sólo quiere un novio tierno, trabajar con los automóviles y abandonar la fama por una vida más tranquila.

También el director muestra la relación entre el manager cínico y Jean en su faceta del compositor soñador. El manager en su cinismo es capaz de sacar jugo a las situaciones más adversas y aprovecharse de las debilidades psicológicas de quienes desean obtener la fama.

Si la mirada de Dominique Deruddére enriquece con detalles a sus personajes, y a su visión cómica – crítica del negocio de los medios, su puesta en escena le ayuda a plantearlos con solvencia cinematográfica.

Por ejemplo, plantea la voracidad y superficialidad de los medios usando los mismos recursos: los diálogos de los conductores de noticieros, los cortes informativos, los festivales de canciones, el descubrimiento de nuevas estrellas, las pantallas divididas, las transmisiones en vivo y a control remoto, las cabinas de transmisión, etc. Además, usa esos medios con una frescura realista que le permite dar golpes de buen efecto cómico en su comedia.

Cuenta además con dos actores que llevan la mayor parte de la carga narrativa, y que trabajan muy bien los matices de los personajes: Josse de Pauw como Jean y Eva van de Gucht como Marva. Sin ese trabajo actoral, los lugares comunes del argumento hubieran sido insoportables. Gracias a ellos los personajes se vuelven verosímiles dentro del universo de la película aunque son predecibles y desechables, como la misma cultura pop a la que se refieren.

La película funciona como una comedia ligera de tintes comerciales, con buenos apuntes en algunas situaciones. Su éxito se debe a que su factura está alejada de los clichés hollywoodenses, por lo que por oposición a éstos se siente fresca.

Por desgracia no termina por cuajar como película debido a que sus cualidades de observación se enfocan a situaciones narrativas muy conocidas, y un final que se ve venir desde lejos.

Si Deruddére hubiera inventado situaciones más ingeniosas, hubiera profundizado más en las contradicciones de la industria del espectáculo, en los sueños de los fans, la sátira se hubiese intensificado.

Si se hubiese dado este caso quizás Deruddére festejaría la posesión de un Oscar.


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Ramo de fuego / Blossoms of fire, de Marleen Gosling y Ellen Osborne

Francisco Peña

Ramo de Fuego, de las cineastas Marleen Gosling y Ellen Osborne, es un buen documental sobre la sociedad de Juchitán, en donde se presenta un tradicional equilibrio entre los sexos, que llama la atención de propios y extraños.













Las realizadoras norteamericanas encuadran su cinta dentro de la corriente globalifóbica y parecen apuntar a que la tradicional sociedad juchiteca es la representante idónea de una región y cultura que resiste la globalización. Al mismo tiempo la hace aparecer como la utopía de tolerancia hacia donde podrían caminar las sociedades de sus principales espectadores en el mercado: europeos y estadounidenses.

El documental parte de una anécdota específica: la publicación de un reportaje en la revista Elle sobre la sociedad de Juchitán, en donde se distorsionan y trivializan sus rasgos principales, al grado de dar una imagen superficial y glamourizada del tema, y que obviamente es rechazada por la comunidad local.

Frente a la trivialidad del reportaje de Elle, las cineastas proponen su propio documental como su opuesto: consciente, profundo, respetuoso, veraz. Ramo de fuego se autopropone como la Voz fílmica de los que No tienen Voz en el Istmo de Tehuantepec.

Para ello cumplir su rol de Voz, las realizadoras optan por cinco vías principales de legitimización de su material, que se entretejen a lo largo del documental.

1.- Parentesco con otras manifestaciones culturales sobre Juchitán como tema.

2.- Uso de las voces locales de varios grupos de la comunidad, que describen su sociedad

-Ancianas

-Mujeres

-Homosexuales y lesbianas

3.- Las fiestas

4.- El lenguaje zapoteco

5.- Uso de voces locales con discurso específicamente antiglobalifóbico.

En principio, se puede afirmar que el documental mantiene una sola estructura narrativa, en base a sus imágenes, entrevistas, voces y estilo de imágenes. Pero casi imperceptiblemente, en realidad está dividido en dos secciones.

En la primera sección Ramo de Fuego busca legitimar su propio discurso ante su público extranjero y ante la comunidad juchiteca. Asimismo, busca captar la esencia de esa sociedad por medio de testimonios y observaciones del medio.

En la segunda da paso a su discurso globalifóbico, muy bien tejido con algunos elementos de la primera parte, lo que permite presentar ese discurso "como que surge en forma natural" de la sociedad juchiteca.

La primera parte arranca con la anécdota de la revista Elle, y como las realizadoras vencen el rechazo social y se convierten en la alternativa de expresión de la “verdad” sobre Juchitán.

Para ello, buscan legitimar su cinta mostrando parte de la historia de la comunidad desde la época prehispánica, sus raíces zapotecas, la resistencia frente al invasor azteca, que posteriormente se convierte en el invasor español y francés, frente a los cuales defendió su cultura.

Pero no basta citar la historia de la región a grandes rasgos, sino que las realizadores suman en el manejo de la imagen y la edición citas de Elena Poniatowska, Andrés Henestrosa, cuadros de Diego Rivera, obra de Frida Kahlo (of course, my american filmgoers), y fotos de época en blanco y negro, que se centran especialmente en la belleza de la mujer istmeña que se extiende hasta nuestros días.

Todo para marcar una continuidad en tradiciones, organización social, división del trabajo, cuidado de los hijos, que innegablemente se encuentran enraizadas en Juchitán.

Una vez que han justificado su legitimidad como receptáculo cultural de lo que es Juchitán por medio de la historia y fuentes artísticas incuestionables, Ramo de Fuego da la voz a los grupos sociales que componen el tejido social del lugar.

En la parte más deliciosa y convincente del film, las realizadoras dan cuenta de la estructura social de Juchitán por medio de las actividades cotidianas de las mujeres: el mercado central, la compra de alimentos, la crianza de los hijos, el papel real del trabajo de los hombres en la sociedad. Lo que se descubre es un equilibrio en la división del trabajo, más allá de mitos, cuentos y mistificaciones.

Se observa como la actividad de campesinos y pescadores es la principal para los hombres. En cambio, las mujeres controlan el mercado y, por ende, la actividad económica y el gasto familiar. Además, detentan la educación, el cuidado de los hijos y se transmiten las tradiciones de madre a hija, cuya manifestación más evidente es su manera de vestir aunque no es la única.

Quienes describen la situación son las mujeres mayores y las ancianas, verdaderas voces de la comunidad, que describen sus actividades diarias: la compra de la comida, como se puede criar a los hijos mientras se realizan trabajos propios en industrias artesanales.

A lo largo de estos testimonios de mujeres ya grandes y ancianas se entrevera el zapoteco como lengua madre y el español como segunda lengua de comunicación. El lenguaje es sello de identidad y, obviamente, la madre es quien cuida su permanencia como lengua viva de la comunidad.

Este es uno de los puntos más valiosos del documental.

Otro punto valioso es el uso de la música del lugar, desde la tradicional a la actual, donde hombres y mujeres encuentran una hermosa expresión de sus preocupaciones, de sus sentimientos.

Los testimonios de las mujeres también son complementados por las voces masculinas: el cohetero, el pescador, el campesino, confirman en general los dichos de las mujeres. Se descubre entonces que, más allá del mito del matriarcado istmeño, lo que la comunidad tiene como rasgo es un equilibrio entre los sexos, donde las mujeres tienen un papel primordial en las decisiones de la comunidad y son altamente respetadas.

Una Voz anónima, de una mujer mayor en el mercado, afirma como corolario: se apoya al hombre, pero no se trata de putería. Es decir, lo que está en el fondo es la alternancia en la ayuda mutua, alternancia en la realización del trabajo, alternancia en los roles familiares y comunitarios.



Las voces de esas mujeres mayores y ancianas se refuerza con las imágenes de la Fiesta. Se les ve convivir entre ellas, con sus trajes tradicionales, en reuniones propias; también se les observa en su papel de anfitrionas en fiestas familiares donde todos están invitados, hombres y mujeres, niños y extraños.

La calidez de las estas voces femeninas ya mayores es patente en la pantalla, y mucho de la argumentación ideológica final se apoya en esas voces, aunque curiosamente, de pronto se ausentan por completo de la narración en la pantalla en la segunda parte.



Pero antes de llegar a esa culminación, también suma los variados testimonios de miembros de las comunidades gay y lesbiana del lugar. La idea básica es que la sociedad juchiteca acepta su preferencia sexual debido a su estructura social, enraízada en una tradición de tolerancia. Es también, una de las partes más ricas y cuidadas del film.

Hasta este momento, parece que en verdad Ramo de Fuego le ha prestado su Voz a TODOS los que no tienen voz

El punto de quiebre narrativo, donde casi imperceptiblemente el documental cambia y toma su rumbo final, es a partir del momento en que se narra el nacimiento de la COCEI en Juchitán. A partir del surgimiento de esta organización social, que se enfrentó con altas y bajas pero con éxitos evidentes al monopolio político del PRI, el documental Ramo de Fuego expone su verdadera preocupación: hacer llegar a sus espectadores su discurso globalifóbico.

La segunda parte del film está marcada por el discurso ideológico. Pero las realizadoras en la edición final, casi imperceptiblemente para el espectador, ya no hacen que el film sea de TODOS sino sólo de las que se han seleccionado para el discurso final.

Así, en esta segunda parte se notan dos ausencias marcadas en el film.

La ausencia del factor religioso dentro de la comunidad juchiteca, el cual sólo es tocado en un parte de frases y puesto en función de los ciclos agrícolas o de la Fiesta por la fiesta misma.

Cualquier persona que en México, y en especial Oaxaca, ha participado en la fiesta comunitaria del Santo Patrono de un pueblo, de una comunidad, reconoce de inmediato el peso específico de la religión como aglutinante, y el respeto tradicional e inmemorial que se le tiene a la figura religiosa. También el valor de las promesas hechas al Santo, la importancia de las mayordomías, los requerimientos morales y éticos para ser responsables de la fiesta del Santo, etc. Es cierto que se manifiesta en formas sincréticas, donde tradición, rito religioso y creencia católica se mezcla con la indígena en diferentes grados:

Pero el corte de uno de sus dos elementos, para exaltar solamente la parte que es pertinente al discurso ideológico, es distorsionar la realidad de la sociedad.

Es arrebatarle la Voz en pantalla a uno de los segmentos comunitarios con presencia en la sociedad local; es silenciar una Voz, por lo que el film ya no es la Voz de TODOS sino, finalmente, sólo de quienes están de acuerdo con la tesis que sostiene el documental.



No se entiende entonces el por qué que vayan esas mujeres con el traje tradicional de tehuanas, con sus ofrendas, con el resultado de su trabajo, a un lugar que no se ve. No se entiende pues, su finalidad. Todo porque esa parte ya no es pertinente a lo que quieren subrayar las realizadoras.

El segundo punto es aun más preocupante para el espectador. La desaparición en la segunda parte del film precisamente de las voces que más lo han legitimado hasta ese momento como receptáculo de la voz comunitaria.



Las mujeres grandes y ancianas que han expresado los rasgos sociales más importantes que distinguen a Juchitán como sociedad NO VUELVEN a hablar en la segunda parte. Ni la mujer del mercado, ni la que cría a los hijos, ni los hombres que apoyan a las mujeres retornan a la pantalla.
Las ancianas, las mujeres que usan el zapoteco, las que crían a los niños, las que comercian y manejan al gasto, las que sostienen las industrias artesanales, las que finalmente sostienen la tradición y el tejido social particular de Juchitán NO ESTAN en la pantalla en la segunda parte.

Precisamente las voces que en realidad, con su actividad diaria., defienden a la comunidad de los rasgos culturales más perversos de la globalización (las realizadoras marcan los videojuegos y el rock como sus representantes) no están presenten para convalidar los argumentos globalifóbicos del film con sus declaraciones.

La ausencia de estas mujeres maduras y ancianas es muy dolorosa para el espectador porque siente nacer la sospecha. Después de grabar tanto material, ¿las realizadoras no tenían secuencias donde estas mujeres validaran las tesis de la película?. O peor aun, ¿no se les dio espacio porque sus declaraciones NO confirmaban la ideología del film?

Su lugar lo ocupan dos mujeres jóvenes y muy guapas (si, el atractivo visual llama la atención sobre lo que dicen), que con su vestuario semejante a su madres y abuelas quieren subrayar su legítima pertenencia a la comunidad. También interviene una mujer mayor con un discurso político acorde a la idea del film, pero que no participó en la primera parte de la película con su testimonio.

Pero el discurso de las tres, lo que ellas dicen, no se parece a lo que han dicho antes las madres y abuelas. Su palabra es distinta en vocabulario, sintaxis e ideas expresadas: están perfectamente acordes con las tesis finales de la película.

Ya no es la Palabra de las mujeres que hablaron primero, de las responsables de la tolerancia, de la igualdad, de la custodia de una cultura que el film ha mostrado y exaltado. No están ya más en pantalla; vuelven a ser las sin Voz.

En aras de esa otra globalización paralela, la globalización globalifóbica, de nuevo quienes no tienen Voz no pueden decir todo lo que piensan. Si por una parte, la postura globalizadora aplana las culturas regionales, por la otra, la globalifóbica parece someter de nuevo al silencio a las voces regionales que no están de acuerdo con todos y cada uno de sus postulados.

Entonces Ramo de Fuego, a pesar de su brillantez y factura, falla en su búsqueda de legitimidad. NO resultó ser de TODAS las que no tienen voz. Por desgracia, en Ramo de Fuego, para sintetizarlo con un conocido refrán mexicano: Ni están todas las que son, ni son todas las que están.

Producción: IMCINE, Fideicomiso para la Cultura México – Estados Unidos (Fundación Cultural Bancomer, Rockefeller Foundation, FONCA), American Film Institute Fundación Cultural Rodolfo Morales, Robert J. Gosling MD, John Sayles, Tom Worrell, National Endowment for the Arts, Film Arts Foundation, Rex Foundation, Swedish Televisión, Arhoolie Record, James Dougherty Foundation, Maureen Gosling, Kelly Clement, Ellen Osborne, Toni Hanna, María Teresa García de la noceda. Dirección: Maureen Gosling y Ellen Osborne. Guión: Toni Hanna, Maureen Gosling, Pam Rorke Levy. Año: 2000. Fotografía en color: Xavier Pérez Grobet. Edición: Maureen Gosling. Música: Músicos de Juchitán y San Blas Atempa, Oaxaca. Narración: Sylvia Mullally Aguirre. Duración: 74 minutos. Distribución: IMCINE.



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Ratatouille, film de Brad Bird (01) - Miguel Cane

Miguel Cane


Disney's presentation of Pixar's Ratatouille


Después de su obra maestra del 2005, Los Increíbles, parecía casi imposible que Brad Bird, uno de los genios detrás de Pixar, pudiera superar lo conseguido, pero su nuevo filme animado, Ratatouille, lo consigue y con una temática completamente distinta.

Aunque ostensiblemente se trata de una película para niños – y sin duda será sumamente popular entre este público- la película tiene un guión estupendo que tiene sufcientes elementos para entretener a los adultos. La historia en sí, es mucho menos sofisticada que Los Increíbles, pero tiene más estilo y sustancia que Cars.



Remy (voiced by Patton Oswalt ) in Disney's presentation of Pixar's Ratatouille
Remy (voiced by Patton Oswalt ) and Linguini (voiced by Lou Romano ) in Disney's presentation of Pixar's Ratatouille


Remy es una rata que habita en la campiña francesa. Pero no es un roedor cualquiera, se trata de un personaje con gusto refinado y una enorme pasión: la alta cocina, algo que lo diferencía de su hermano Emile y su padre Django, que lo critican por tener ambiciones quizá demasiado humanas y contrastantes con su estilo de vida rústico. Cuando un accidente en la cocina lo obliga a separarse de su familia, Remy acaba en París – que es capturada de una manera formidable por el equipo de animadores- cerca de su gran ídolo, Auguste Gusteau. Una noche, Remy se mete a la cocina de su restaurante y adereza un caldero. El resultado es una sopa que enloquece de placer a los comensales y hace que el mezquino Chef Skinner (obvia referencia al psicólogo) crea que el responsible es Linguini, un muchacho tartamudo que es pinche (literalmente) en sus dominios.

Así surge la complicidad entre ambos personajes, siguiendo el patron de otro clásico de la literatura gala: Cyrano de Bergerac.

Esto es el principio de una película que mantiene el interés apoyándose en algunas subtramas, como el romance incipiente entre Linguini y Colette, una joven de carácter fuerte y la búsqueda por impresionar favorablemente a Antón Ego, un voraz crítico gastronómico que podría ser su peor enemigo o su puerta al éxito.

El tema aquí es cómo superarse ante situaciones adversas y no claudicar ante la mediocridad, no conformarse para perseguir lo que se sueña. A diferencia de Cars, que buscaba transmitir su “mensaje” de una manera muy poco sutil, aquí Bird hace uso del humor y de situaciones mucho más realistas para contar su historia. El diseño de los personajes es impresionante: aunque evidentemente son “caricaturas”, se ha cuidado tanto cada detalle, que podría decirse que son auténticas en el mundo que representan en la pantalla.

A lo largo de ocho largometrajes, todos con una calidad consistente que ha resultado en la tirria y desesperación de sus competidores, Pixar ha logrado establecer un prestigio a toda prueba y Ratatouille lo demuestra. ¿Quién querría ver una película sobre una rata que sueña con ser un gran chef? Aquí se toma lo poco probable para establecer un ritmo impecable, una sátira a la par entretenida y mordaz, un mensaje positivo pero no torpe y como resultado, aparece una de las mejores películas del año… y no solamente en el renglón de cine de animación.

Ratatouille

Dirige: Brad Bird

Estados Unidos, 2007


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Ratatouille, film de Brad Bird (02) - Jacobo Bautista

Jacobo Bautista



Remy (voiced by Patton Oswalt ) and Linguini (voiced by Lou Romano ) in Disney's presentation of Pixar's Ratatouille



Hay algo en la cartelera de los últimos años que no me gusta, la incesante reiteración de los títulos, las historias y las fórmulas exitosas, aunque gastadas. El Hombre-Araña llegó a tres entregas, Shrek ya llegó al mismo número, los Cuatro Fantásticos van en la segunda entrega, incluso las películas Bourne llegaron ya al tercer episodio.

Shrek, por ejemplo, en la primer película era refrescante ver el cómo abordaban los temas de Disney con tanta frescura e irreverencia, pero luego de dos entregas más ya no hay frescura y comienzan a repetirse mucho, el encanto se ha ido por completo.

Parece que en Hollywood ya nadie quiere apostarle a nada distinto, o son terceras partes o refritos de películas que alguna vez tuvieron éxito. Encontrar nuevos temas en el circuito comercial es tan raro como encontrar un político comprometido con México.




Remy (voiced by Patton Oswalt ) in Disney's presentation of Pixar's Ratatouille






Remy (voiced by Patton Oswalt ) in Disney's presentation of Pixar's Ratatouille



En fin, que sólo por no dejar me metí a ver Ratatouille, la más reciente producción de Pixar y Disney que se han vuelto a querer. Perdí al principio un poco la idea de quién hacía esta película y al ver el logo de Disney como que me dio flojera, animado al ver la lamparita de Pixar, sin embargo, me dispuse a ver qué traían de nuevo. Había leído tan poco sobre el proyecto que no tenía yo ni de dónde prejuzgar.

La historia es muy simple: ahí tienen que hay una rata que sueña con ser chef –o sea, en un mundo de humanos, no un mundo animalizado donde hay Mickeys Mouses– que se encuentra con un chavalo medio torpe que quiere ser cocinero, al encontrarse, encuentran la forma en que la rata, escondida en el sombrero de chef, puede ayudarle al chaval a cocinar.

El tema ya visto es el de la amistad, igual que en La Era del Hielo o en Toy Story, ya sea un mamut y un oso perezoso o un vaquero con un astronauta, en este caso también involucra el asunto de la familia o comunidad (la colonia de ratas) que ya vimos en Bichos.

Pero el tema nuevo, el asunto de la gastronomía, que he visto tan poco explorado en el cine (se le acerca un poco Un buen año), resulta encantador... hay un par de secuencias en que Remy –la rata protagonista– le trata de enseñar a su hermano Emile (una rata más promedio) sobre la comida el encanto de comer bien, que valen la pena; lo mismo con el asunto de cómo funciona un restaurante que pretende ser de alta cocina, ese mundillo me recordó un poco al mundillo de la moda de El Diablo viste Prada.

Y es eso, acercarnos a mundos que desconocemos, lo que de repente atesoro del cine. Ya sea un asomarnos al mundo de la moda o de la alta cocina, de cómo se hace vino e incluso a mundos que conocemos bien (en mi caso, por ejemplo, he disfrutado las películas de automovilismo deportivo como Le Mans o Grand Prix, aunque ahí uno se vuelve más crítico).



Y también, en las secuencias con las que abre la película, se nos brinda un espectacular recorrido por el mundo de las ratas. Eso no sé si es bueno, pero se ve de pocas pulgas.

Las situaciones cómicas, por cierto, son llevadas con sinceridad a lo ridículo, sin mayor pretensión, lo que los niños adoraron (la vi el viernes que salieron los niños de vacaciones de verano, doblada al español, así que les puedo hablar bien de la reacción infantil).

Los personajes de ‘soporte’, es decir, sobre los que recae el verdadero peso de la cinta, son extraordinarios. Hay dos villanos, el chef Skinner (doblado en México por Jorge Arvizu ‘el Tata’), que es más bien un malo abufonado... y el crítico culinario de apellido Ego, este sí un personaje tridimensional, oscuro, amargo hasta la saciedad como todos los críticos en este mundo.

El guía, el Obi Wan de la película, es un chef, o el fantasma de un chef (que siempre se presenta como producto de la imaginación de Remy), el gran Gusteau, un chef gordo que es doblado en México por Edgar Vivar con una efectividad impresionante.

Entre todos, se arma una buena y redonda trama... con acción para los niños, chistes un poco complejos para los adultos y tramas en distintos niveles para todos.

Hay, incluso, una historia ‘de amor’ protagonizada por el chico Linguini, el que quiere cocinar y Colette, quien ya es jefa de chefs en el restaurante donde Remy y Linguini llegan ‘a hacer de las suyas’.

Refrescante, con personajes nuevos, algo planos algunos (Ego es el más complejo, el más rico y el que le da con su discurso final un toque reflexivo a la película), resulta un buen pretexto para irse a distraer un par de horas al cine. Sin pretender mucho, logra ser una gran cinta (bonito paseo por París), una que apenas salga en DVD, no dudaré en comprar.



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Ray, de Taylor Hackford

Miguel Cane

Para empezar, hay que hacer hincapié en que cualquier cosa que se pueda decir acerca de la actuación de Jamie Foxx como Ray Charles en esta cinta, no es, de ninguna manera, una exageración. Foxx literalmente es el pianista ciego. No hay vuelta de hoja. Donde Will Smith trató de meterse en aguas profundas al pretender –se quedó corto- interpretar a Cassius Clay en Ali, de Michael Mann, aquí el joven comediante, se transforma literalmente en Ray Charles.



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Los manerismos, la voz, la manera de tocar el piano: todos los elementos del conjunto están ahí de un modo espléndido. Toda vez dicho esto, se puede decir que Ray es una rara avis dentro del mundo de Hollywood: un melodrama biográfico con sustancia, muy distinto al material que de manera habitual los estudios solían producir en los años 40 y 50, que se iban por las ramas y eran más musicales que historia.

Creada de manera independiente (no fue hasta que la cinta estuvo completada que Universal compró la distribución), esta obra es la culminación de un largo esfuerzo del notable Taylor Hackford (responsable de las muy interesantes Dolores Claiborne y White Nights así como de la churrera pero efectiva Abogado del Diablo, misma en que Pacino sobreactuaba con total abandono), que por años trabajó en el guión y en largas entrevistas con el propio Charles (que falleció en junio de 2004, cuando el rodaje ya había concluido), que muestra al ídolo no sólo como un fenómeno de la música contemporánea, también muestra, sin complacencias sus vicios y debilidades, sin tenerle ninguna clase de sensiblera compasión. El lograr un filme así es muy difícil, sobre todo si se toma en cuenta que no hay ninguna clase de concesión por parte del cineasta para con su sujeto. Es así que conocemos a Ray Charles Robinson a los 18 años a bordo de un autobús que lo llevará de Florida a Seattle y en su ascenso volvemos por escenas a su infancia, marcada por la tragedia y la desventura, pero jamás con un ápice de lástima.


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El trabajo de Jamie Foxx –quien usó párpados falsos durante el rodaje y literalmente estaba ciego- es de excelente factura y cuenta con un notable elenco de soporte que ayuda a recrear las ciudades de una época: Los Ángeles, Nueva York, Miami… los personajes viven y respiran en medio de excelentes números musicales que todos hemos oído alguna vez: Unchain my heart; Hit the road, Jack; I got a woman; What I’d say y Georgia on my mind, entre otros.

Las muchas caras de Ray Charles no habrán sido bonitas, pero uno sale de la sala con la sensación de haberlo conocido un poco más de lo que imaginaba; la sensación de estar ante una de las más notables proezas de actuación de todos los tiempos (Foxx consigue aquí lo que Leonardito DiCaprio, el hombre con la cara de nena, no consigue ni de lejos con El Aviador, pese a todo el esfuerzo de Scorsese) y eso, es realmente lo que importa cuando uno paga su boleto y cruza las puertas del local: esta es la verdadera magia del cinema.

Ray/Ray

Con: Jamie Foxx, Kerry Washington, Regina King, Clifton Powell y Harry Lenni

Dirige: Taylor Hackford. Distribuye: United International Pictures.



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Rayas la cebra veloz / Racing Stripes, de Frederick Du Chau

Miguel Cane

Una enternecedora cebra bebé es abandonada accidentalmente por el circo al que pertenecía durante una tormenta y posteriormente es adoptada por una nena aficionada a la equitación llamada Channing Walsh (Hayden Panettiere), cuya familia tiene una granja y cría de caballos. Lo llama “Rayas” y lo cría con los demás animales de la granja.



Sandy (voiced by Mandy Moore ) and Stripes (voiced by Frankie Muniz ) and Bruce Greenwood in Warner Bros' Racing Stripes



El animalito tiene un espíritu aventurero y con la ayuda de los amigos que lo han visto crecer, busca realizar su mayor ambición: correr en el prestigioso Derby de Kentucky, con los otros caballos del criadero de pura sangre vecino, a los que admira.

Naturalmente, el argumento de esta cinta pensada para los pequeños es una suerte de mezcla temática entre la clásica National Velvet (en 1944 hizo una estrella de la entonces prepúber Elizabeth Taylor) y la célebre cinta australiana de George Miller Babe, el cerdito valiente (1995) y su notable intención es mostrar a un público de edades entre los 8 y los 13 años, cómo la fuerza de voluntad de la cebrita, que a los tres años, desea convertirse en una auténtica campeona, es algo indomable que la conduce al triunfo.



Hayden Panettiere and Stripes (voiced by Frankie Muniz ) in Warner Bros' Racing Stripes




Hayden Panettiere and Stripes (voiced by Frankie Muniz ) in Warner Bros' Racing Stripes


De modo paralelo, los niños más grandes aprenden también al ver cómo Channing debe convencer a su padre viudo (Bruce Greenwood) de que le permita convertirse en amazona, y de este modo asomarse al mundo, mientras que él hace las paces con sus miedos para dejarla madurar.

El mensaje de la cinta es simple y el desarrollo, es realmente jubiloso. Los niños, cuyas vacaciones son inminentes, encontrarán en los animalitos parlantes – que incluyen a unas pícaras moscas cuyo humor está más bien dirigido a los adultos- una fuente de entretenimiento, menos sofisticada que la historia del puerquito valiente (cuyo impacto entre públicos de todas las edades contribuyó a que se le viera en un ángulo totalmente distinto).

Rayas, la cebra veloz, no es una película que pueda considerarse exigente: las actuaciones de los humanos son adecuadas y los efectos especiales que hacen creíble el que los animales puedan hablar, aún si los humanos nunca lo notan.

Realizada con gusto por el cineasta belga Frederick Du Chau (que antes dirigió la cinta animada El Tesoro de Camelot), esta película ofrece un ambiente de fantasía bien logrado y utiliza el guión de David F. Schmidt correctamente. En la versión en inglés, Dustin Hoffman y Whoopi Goldberg ayudan a redondear un elenco encabezado por el actor juvenil Frankie Muñiz (la serie de TV Malcolm) y la experimentada comediante Wendie Malick interpreta con gusto a una villana al estilo de Madame Medusa o Cruella DeVil.

Con todos sus elementos bien dispuestos, esta simpática película es un estreno honroso en la época de verano, y ciertamente será un éxito entre su público demográfico, aún si no se trata de la octava maravilla del mundo, pero consigue hacer reír y su lección sobre la perseverancia no es aburrida ni tendenciosa, así que funciona muy bien como puerta de entrada para que los chicos de casa puedan asomarse a conocer un poco de lo que es el cine, más allá del dibujo animado, antaño de rigor esta temporada.

Rayas la cebra veloz/ Racing Stripes

Con Bruce Greenwood, Hayden Pannetierre, Wendie Malick y M. Emmet Walsh

Música por: Mark Isham Guión: David F. Schmidt.

Dirige: Frederick Du Chau

Distribuye: Artecinema (2005)


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Recortes de mi vida / Running with Scissors, de Ryan Murphy

Miguel Cane



TriStar Pictures' Running With Scissors



Cuando uno se aventura dentro de esta película (el debut como director del creador del exitazo de TV Nip/Tuck), lo hace sin tener realmente muy clara la idea de lo que va a encontrar y esto, en mayor o menor medida, es bueno; de este modo no se hacen expectativas – aun si con el reparto que tiene éstas son casi inevitables- en torno a los resultados y es que en este caso en particular, Recortes de mi vida (una traducción bastante acertada – si bien un tanto cuanto sentimental- del original, que sería más o menos “Corriendo con tijeras”, o bien, la referencia a hacer algo estúpido y peligroso), ofrece una gama de sensaciones e imágenes que no serán para todos los gustos, pero que definitivamente consiguen dejar huella.




Annette Bening in TriStar Pictures' Running With Scissors
Gwyneth Paltrow in TriStar Pictures' Running With Scissors


Basada en las ostensiblemente “genuinas” memorias de Augusten Burroughs (que ha suscitado una tremenda polémica en Estados Unidos, ya que la familia a la que aluden tanto libro como filme afirma que son exageradas, donde de plano no resultan mentiras), la cinta gira en torno al pálido y tembloroso Augusten (interpretado con cierta candidez por Joseph Cross, que se pone a la altura de las circunstancias y emerge airoso) cuya madre, Deirdre (Annette Bening en una interpretación que es un placer adquirido: donde algunos la amarán, otros querrán abofetearla), decide que está harta de ser un ama de casa y nada más, por lo que desea fervientemente convertirse en la nueva Sylvia Plath.


Evidentemente esto provoca que su matrimonio con el muy convencional Norman (Alec Baldwin) se desmorone de manera catastrófica, en buena parte gracias a la intervención del insólito Doctor Finch (Brian Cox, que se nota estaba divirtiéndose como enano, llevándose algunos de los mejores diálogos), quien es el psiquiatra de Deirdre y en cuya ruinosa casa comienza a vivir el adolescente, a fines de los 70.


La vida en casa de los Finch, que reciben al entenado después que su madre virtualmente lo regala, es una experiencia estrafalaria, a la que el espectador podrá repeler o abrazar, según consiga identificarse con los personajes.


La cinta los pinta como un clan mezcla de los Locos Addams y los Excéntricos Tenenbaum, sin realmente hallar un territorio intermedio y cuesta trabajo creer que la posición de Burroughs como un “inocente” en este mundo extraño, sea tan impoluta de entrada como pretende hacernos creer.


Así es como se relaciona con las hijas de Finch, la brillante pero reprimida Hope (Gwyneth Paltrow, de vuelta y en plena forma) y la rebelde Natalie (Evan Rachel Wood), así como con su esposa, Agnes (la formidable Jill Clayburgh, que retoma su carrera después de años de semiretiro… ¿la recuerdan en Una Mujer Descasada? Posiblemente sea una de las mejores actuaciones femeninas de los 70), que parece vivir en un mundo aparte.


Otro papel importante, es el de Neil Bookman (un casi irreconocible Joseph Fiennes con bigotazo estilo Tom of Findland), un paciente de Finch, cuya presencia cambiará en más de un sentido la vida de Augusten.


Revelar algo más de la trama, sería impensable y arruinaría el efecto de lo que Murphy va revelando escena-por-escena mientras vemos cómo el personaje principal avanza, a veces dando tumbos, hacia su madurez; hay una veta de humor retorcido y muy negro, pero de ninguna manera uno se atrevería a decir que esto es una comedia (si tienen ganas de reírse con chistes baratos, vayan a otra sala); también hay momentos emocionalmente devastadores, pero no se trata de aquél drama estilo Amparo Rivelles, que requiere caja de kleenex a un lado. En realidad, estos fragmentos de una vida, oscilan en el territorio de la vida como es vivida; a veces carente de forma o de sentido, pero más allá de toda exageración, real y palpable.


El elenco hace un trabajo de primera clase con situaciones y escenas que a veces se pasan de tueste o que podrán no alcanzar cocción… y ver un trabajo actoral tan logrado, muchas veces consigue que se perdonen algunos defectos. La cinta inaugura el Urban Fest con un impacto fuerte y si bien no creo que sea el taquillaza de la temporada, en definitiva es una cinta que el espectador curioso no debe dejar pasar.

Recortes de mi vida

(Running with Scissors)

Con Annette Bening, Joseph Cross, Gwyneth Platrow, Brian Cox, Alec Baldwin, Joseph Fiennes y Jill Clayburgh

Dirige: Ryan Murphy.

Estados Unidos 2006

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Recuerdos, de Marcela Arteaga

Recuerdos, de la cineasta mexicana Marcela Arteaga, fue la representante de la cinematografía mexicana en la XLII Muestra Internacional de Cine.




Cineteca Nacional




Son muchos los factores involucrados por los cuáles el cine mexicano no acaba de llegar a la mayoría de edad. Hasta los cineastas egresados de las escuelas nacionales de cine se ven sumergidos en la crisis que mantiene a nuestro cine en una especie de adolescencia perpetua que se puede resumir en la frase "Quiero, pero no puedo".

Con excepción de algunos garbanzos de a libra, curiosamente en su mayoría nacidos en la esfera de la filmación de comerciales y no de las escuelas, los cineastas mexicanos debutan con cintas obscuras, crípticas, ininteligibles y que nadie entiende y su mamá tampoco...




Cineteca Nacional






Cineteca Nacional




Quieren hacer la obra maestra que rompa el molde en su opera prima, quieren comerse el mundo del celuloide en su début. Cuando ni siquiera pueden manejar una narración clásica de cine (lineal, con actores, una puesta en escena decente) quieren entrarle a la vanguardia. No saben narrar en forma normal, no quieren pasar por El Quijote fílmico y quieren debutar con un Finnegan's Wake más allá del mismo James Joyce.

Quiero, pero no puedo...

Entonces, como nunca controlan su narración, y además escogen temas esótericos que sólo sus cuates conocen -han contando el mismo guión con setecientas y pico de variaciones, en cada reventón alcohólico, coquero y motesco donde siempre están los mismos, mismos, mismos...- pues, resulta que chillan como cochinitos porque el público no les entiende y no ven su obra maestra. O bien, desprecian a la bola de "nopalitos" que si van al cine comercial pero no se extasian con la magnífica historia de su abuelito, de sus panchos sentimentales o sus frustraciones personales. ¡Pues allá ellos, pobres pendejos que se pierden mi magnífica película, aunque sólo dure una semana en cartelera!

Quiero, pero no puedo...

Recuerdos es una cinta pretenciosa, que quiere que nos traguemos nuestro aburrimiento y soledad en la butaca porque cuenta la historia de Luis Frank, un exiliado de múltiples exilios. Es la última representante de ese Quiero, pero no puedo...



Amparada en una solvencia técnica innegable que, me he cansado de decirlo, muestra que los técnicos mexicanos son de primer mundo, pero que no puede sostener por sí misma una película completa, Recuerdos quiere apantallar al espectador con imágenes pseudopoéticas, citas filosóficas, caminaditas por la playa y entrevistas hechas alrededor del mundo de otros exiliados de múltiples exilios.

Alterna esas entrevistas con imágenes de playas, bosques y demás paisajes donde se sobreponen citas de Frank, escritas en letras blancas, que es lo más cercano que aparece en pantalla de quien es objeto de toda la cinta. A eso le sumamos fotos de desconocidos en una iglesia destruida, como mudos testigos de los que murieron durante los conflictos bélicos por los que atravesó la vida de Luis Frank.



También se escuda -por enésima vez- en relatos y testimonios de la Guerra Civil Española, de los campos de concentración y la Segunda Guerra Mundial. Los rostros a cámara cuentan la misma gata revolcada de que heroicos fuimos y que gacho que nos ganaron. El problema con Recuerdos es que así suenan esos testimonios, carentes de emoción, de fuerza.

Y eso no quiere decir que estos temas, respetables en sí mismos, no puedan ser presentados con el coraje, dinamismo y fluidez cinematográfica que requieren. Lo que ocurre es que Recuerdos falla en conectar todos sus elementos para conmover e informar al espectador de la tragedia del exilio de Frank.

Quiero, pero no puedo...

Y vaya que si hay cintas que tocan este tipo de temas o de imágenes y los llevan a buen puerto artístico. Por el lado de las imágenes poéticas y el retrato del personaje ausente de pantalla podemos citar de inmediato a la muy lograda Del Olvido al No me Acuerdo, cinta homenaje a Juan Rulfo, realizada por su hijo Juan Pablo. Por el lado documental está el film Asaltar los Cielos, de José Luis López-Linares y Javier Rioyo.

De que se puede, se puede...

Pero en Recuerdos vemos un fallido documental que aspira a ser poético. Marcela Arteaga busca recuperar el recuerdo mismo de Luis Frank a través de la memoria de sus hijas, los testimonio de otros exiliados sobre los acontecimientos globales en los que estuvo Frank -pero que no lo recuerdan a él en persona-, imágenes de un viejo y una niña por la playa, sillas ardiendo en el paisaje desolado, rizos de una niña que caen en la nieve...

De nuevo, se trata de una película que, si se quería proyectar, estaba mejor en el Foro de la Cineteca que en la Muestra Internacional de Cine. Pero así es esto del cine mexicano, de su enseñanza, producción, distribución y exhibición: Quiero, pero no puedo...

Después de todos estos párrafos, creo que debí ahorrar espacio y presentarles sólo la opinión que le oí a un espectador, a la salida de la función para prensa, que resume la impresión que deja Recuerdos: Es cómo cuando vas a la casa de tus amigos y, de pronto, te quieren pasar las transparencias de la familia y te cuentan toda la historia de su abuelito. Click: Aquí está cuando tenía 12 años y lo llevaron a Nueva York, Click: aquí tiene 22 en Barcelona cuando le hacía al anarquista, Click: aquí está cuando llegó a México...

Si, que gacho que Luis Frank pasó por todos los exilios y que bueno que, al final, llegó a México para fundar una familia. Pero de la manera en que está hecha Recuerdos, no sólo me deja impávido sino aburrido.

De nuevo, quiero, pero no puedo...

Producción : CONACULTA, IMCINE, Centro de Capacitación Cinematográfica, Estudios Churubusco Azteca Dirección : Marcela Arteaga Guión : Marcela Arteaga Países : México Año : 2003 Fotografía : Célina Cárdenas Música : Gustavo Arteaga Edición : Sigfrido Barjau, Roberto Bolado y Marcela Arteaga Actores : Max Kerlow, Génova Arteaga y Roberto Hacha. Testimonios: Ishie Gilbert, Czila Siburkenie, José Borrás, Antonia Fontanillas, Ziuta G. de Kerlow, Sonia Stolarska, José Frank, Susana Frank, Miriam Frank, Evelyn Frank, Frida Iofelovich Diebiche, Jacob Kasimov, Iosefas Tatsas, Gershon Shusta, Boris Lojeles, Maxim Rudas, Sydney Heisler, Antonio Zapata, Mary Elmes, Enrique Casañas, Abel Paz y Concha Pérez Duración : 90 minutos Distribución : Centro de Capacitación Cinematográfica / IMCINE



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Reeker, de Dave Payne

Miguel Cane

Dave Payne, alumno y protegé del legendario productor Roger Corman presenta esta película de terror que pretender ser una nueva forma de acercarse a un género demasiado trillado creando una cinta que va más allá del típico psycho killer.






Lo único malo es que pese a sus buenas intenciones el realizador sólo logra una película de segunda que no brinda más que la oportunidad de ver – one more time- cómo una runfla de teenagers es masacrada por un monstruo cuyo hedor (de ahí el título en inglés) inunda cada secuencia, y al estilo Hostal – alguien todavía le debe a este crítico un par de zapatos gracias a ese desperdicio de celuloide- exhibe una repelente plétora de sangre y tripitas, todo sazonado con un poco de humor baratón y muchos diálogos estúpidos.

El guión, del mismo director, inicia con una anécdota principal muy parecida a otras cintas de terror clásico como The Hills Have Eyes (Wes Craven, 1977) o la hoy de culto Tourist Trap (David Schmoeller, 1979): los protagonistas quieren ir a una party en algún lugar lejano que desconocen y al averiarse su vehículo, acaban perdidos en un paraje aislado y desértico perseguidos por un asesino que no ven hasta el último momento, y éste los hace fajitas.

Todo eso se salpica con pistas de lo que en realidad ocurre, cosa que ya se sabe a los cinco minutos, pero que lo único que hacen es distraer al espectador; y si bien hay la pretensión de darle una cierta profundidad a la cinta, el que como disco rayado repitan diálogos como “yo no tengo miedo, soy de Johannesburgo” o “tengo que hacer pis”, vuelve imposible poder tomar en serio la película.



La cosa es: el guión es malo, la dirección, sin chiste, carente de ritmo sin tensión, y con diálogos baladíes y repetitivos, es imposible hallar algo que redima la trama. El reparto está conformado por una banda amateur, excepto el actor canadiense de culto Michael Ironside (más conocido aquí como Ham Tyler de V: Invasión Extraterrestre y más recientemente como el padre de Luisa Lane en Smallville), que sólo sale unos diez minutos para luego dar total libertad a la chaviza que, como si fueran actores de telenovela juvenil, repiten sus diálogos como grabadoras, sin emoción y ponen adecuada cara de susto en el momento de que se los lleva pifas, aún si no hay mucho que puedan hacer si eso es lo que les pide el guión.

Los únicos que más o menos se salvan son Devon Gummersall como Jack, el héroe ciego y la núbil Arielle Krebbel (que apareció en las Gilmore Girls), porque se ve muy bien y eso pega. Si bien es cierto que sus personajes están parcamente desarrollados, poco importa que uno de ellos sea ciego, parece que sólo está allí para pronunciar la frase “el olfato es el primer sentido con el que naces y el último que pierdes al morir”, pobre justificación del director para explicarnos por qué el tal Reeker huele a drenaje y es una mezcla de Leatherface, Freddy Krueger y alguno de los cenobitas creados por Clive Barrer en la ahora ya muy sobada saga de Hellraiser.

Para la gran decepción de los fanáticos del género, Reeker, es aburrida, pretenciosa y hecha al aventón y lo irritante es que pretende ser, junto con Hostal – que es todavía peor-, lo último en el cine de terror juvenil y no llega a nada. Si tan sólo Payne tuviera una centésima parte del talento de Corman, esto funcionaría, pero por desgracia, son sólo noventa minutos perdidos que no se recuperarán y es una lástima pero quedan advertidos: esto literalmente apesta.

Reeker/Reeker

Con Devon Gummersall, Tina Illman, Arielle Krebbel, Derek Ricahrdson y Michael Ironside

Dirige: Dave Payne

Estados Unidos 2004/2005




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Reencarnación / Birth, de Jonathan Glazer (01) - Miguel Cane

La colaboración entre una de las más radiantes estrellas de cine actualmente, Nicole Kidman (Dogville), y uno de los cineastas más controversiales y visionarios de la nueva ola, Jonathan Glazer (Bestia Salvaje), se traduce en una de las películas más impactantes y visualmente hermosas del cinema contemporáneo. Reencarnación (Birth) presenta un panorama fílmico de enorme belleza que desafía toda clasificación y redefine las carreras tanto de actriz como de director.

Por Miguel Cane




New Line Cinema's Birth



La unión de una actriz y un director para crear un filme, si cuenta con la química necesaria, puede resultar en un trabajo memorable: basten ejemplos de cintas como All about Eve (Joseph L. Mankiewicz/Bette Davis - 1950), ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols/Elizabeth Taylor – 1966), o Bajo la arena (François Ozon/Charlotte Rampling – 2000), que demuestran una absoluta comunión entre ambos. El más reciente ejemplo de esta ilustre estirpe es, sin lugar a dudas Birth, el segundo filme de Jonathan Glazer, que se estrena en México bajo el título de Reencarnación, tras haber formado parte del ciclo de galas del segundo Festival Internacional de Cine Contemporáneo.

Protagonizada por una gloriosa Nicole Kidman, que encabeza un sólido elenco, la cinta toma un rumbo completa y drásticamente distinto al previamente explorado por Glazer en su cinta debut, la aclamada y sorprendente Bestia Salvaje (Sexy Beast), cinta filmada en España y Londres, con un presupuesto reducido, que logra una atmósfera alucinante y visualmente suntuosa, que gira en torno a un robo, y descubre anomalías existenciales bajo la piel de la realidad cotidiana.




Danny Huston and Nicole Kidman in New Line Cinema's Birth




En ese sentido, en Reencarnación profundiza este órden de ideas y logra un film con la misma oscuridad intensa, pero se adentra con mayor precisión en la psicología y el desajuste en las emociones de sus personajes. Esto lo consigue mediante el uso magistral de elementos cinematográficos como son el guión, obra del célebre Jean-Claude Cárriere (Belle de Jour), mismo que se rehúsa con toda la intención a ofrecer respuestas lógicas a algunas de las interrogantes que plantea: esto en un espectador acostumbrado a los productos genéricos que habitualmente manufactura Hollywood, seguro causará desencanto y aburrición. Esta cinta exhorta a usar la imaginación y olvidar los formulismos convencionales. Igualmente, se apoya en el extraordinario trabajo como cinefotógrafo de Harris Savides (quien antes se ocupó de fotografiar Elefante para Gus Van Sant), concibiendo una mìse en scene donde el ojo de la cámara es de una elocuencia determinante, con encuadres en close up, como ojo cómplice del espectador.

El infierno son los otros

La trama es similar a un cuento de hadas para adultos: siniestro, hermoso, devastador; a lo largo de una década, Anna (Kidman) ha guardado luto a su esposo, Sean, quien murió repentinamente en pleno Central Park una tarde de invierno. Ahora, aparentemente recuperada se halla a punto de contraer nupcias con Joseph (Danny Huston). No obstante, su frágil felicidad se trastorna de modo irrevocable al aparecer un enigmático niño de 10 años llamado Sean (Cameron Bright) en el palaciego apartamento familiar en Park Avenue donde habita con su madre, Elanor (una radiante Lauren Bacall) y su hermana, Laura (Alison Elliott), quien se halla en las últimas etapas de su embarazo.



El niño le pide unos minutos en privado para manifestarle, sin más, que él es la reencarnación de su esposo, vuelto de la tumba, y no quiere que ella se case de nuevo. Para mayor sopresa y desconcierto de todos, el niño conoce los secretos más íntimos de la pareja, cosas que sólo el otro Sean podía saber. La familia de Anna, gente sofisticada, opulenta y liberal reacciona con incredulidad y estupefacción, donde la joven viuda se halla confundida y, sí, incluso fascinada, ante la extraordinaria situación y lo que podría representar para ella: recuperar el amor perdido y nunca olvidado.

Birth

Para contar su historia en imágenes, utilizando el talento histriónico de la Kidman, que se despoja de todo artificio (incluyendo su luminosa cabellera) para dar vida a Anna, podría decirse que Glazer montado una especie de ópera que se mueve con elegancia glacial, pero mantiene la atención del espectador con sutil guante de hierro. La mirada de Glazer a un bellísimo Manhattan escarchado por el invierno, ligeramente tenebroso, es claramente una ofrenda a El Bebé de Rosemary (Polanski, 1968). La atmósfera de gótico moderno es palpable y espléndida, igual que la música original (por Alexandre Desplat, de La joven del arete de perla); ambas conspiran para engendrar inquietud y compasión por partes iguales.

Glazer es un cineasta que corre riesgos, igual que su actriz principal. Nicole Kidman tiene la admirable capacidad de alternar cine comercial con un cinema experimental, y alterna cada uno con gracia y total elegancia: no desdeña a uno por el otro, pero a diferencia de otras estrellas, Kidman ella se lanza al vacío con personajes dificiles, turbios, extraños e inmersos en historias de fuerte contenido dramático que le exigen como actriz.



Kidman es de las pocas mujeres que logran el equilibrio entre ser estrella y una magnífica actriz madura, acaso el equivalente de la legendaria Ingrid Bergman para nuestra generación. La muestra de esto se da en una escena clave compuesta por un primoroso plano secuencia; Anna y su prometido, tras confrontar al niño, acuden a la ópera a una función de Die Walkirie de Wagner. Ahí Glazer mantiene, durante dos minutos la cámara fija en el rostro celestial de Anna. En él, a manera de lienzo, se plasma una gama de emociones confusas en tropel, sin que articule palabra: es símil de la prodigiosa escena de Liv Ullmann bañada en lágrimas en Persona (Bergman, 1966); actuación sublime que devela la borrasca interna de una mujer en conflicto.


Nicole Kidman in New Line Cinema's Birth



El resto del elenco, en particular una casi irreconocible y exquisita Anne Heche, en un rol crucial, contribuye a que la historia trascienda trampas de género que podrían coartarla. De hecho, la película desafía toda clasificación: es una cinta extraordinaria, hecha con detalle artesanal y sumamente hermosa.

La simbiosis Nicole Kidman/Glazer es determinante para que la película funcione artísticamente, al grado de involucrar con intensidad al espectador. Con estos antecedentes, se puede entrar al film con la confianza de que se ve en pantalla algo fuera de lo común... por su calidad. Este sólo hecho hará que los snobs filmófagos de cinebasura la desprecien o, peor aun, la malinterpreten y tachen de “pretenciosa”. Acaso hay que tener presente el hecho de que este film se basa en la premisa de que el público puede creer o no en la reencarnación, pero el tema no le es indiferente. La conservación de "algo" que sobrevive al hecho inevitable de la muerte está adherido en la mente de todo ser humano como especulación, fé o rechazo.

Así entonces, el inesperado clímax es tan insondable como su inicio: la última toma es icónica, despliegue magistral de la maestría de director y actores, un asomo a las primorosas ruinas del desesperado reino del amor ante un mar embravecido. La película ostenta un gran número de virtudes, pero su mayor don es que ofrece al espectador la oportunidad de tener la última palabra ante la belleza de una película desconcertante pero espléndida, y sin que importe la decisión, la imagen de Nicole Kidman, bañada en lágrimas, permanece como parte indeleble al dejar la sala y aún ejerce su extraña fascinación, por días después.



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Reencarnación / Birth, de Jonathan Glazer (02) - Francisco Peña

Francisco Peña

Este es el segundo film del realizador Jonathan Glazer. De él ya se exhibió en México en 2001 su cinta extraordinaria Sexy Beast, que se anexó como última película en la XXXVIII Muestra Internacional de Cine, fuera del programa original ya impreso.


Birth Movie Stills: Nicole Kidman, Lauren Bacall, Danny Huston, Jonathan Glazer



Birth / Reencarnación combina los elementos cinematográficos con maestría, de los cuales caben destacar los actores y su trabajo, el guión, la fotografía, la puesta en escena donde la cámara es determinante, los encuadres en close up, y una edición pausada con momentos de ruptura rítmica.

El reparto está muy bien balanceado, como en pocas cintas de origen norteamericano. Aquí se cuida hasta el último detalle. Aunque todos los personajes están representados muy bien por sus actores, los pivotes femeninos son esenciales. Destacan Anna / Nicole Kidman, Anne Heche y la extraordinaria Lauren Bacall, la viuda de Humphrey Bogart y la última gran actriz activa en pantalla de la Edad de Oro de Hollywood.



Birth Movie Stills: Nicole Kidman, Lauren Bacall, Danny Huston, Jonathan Glazer


Antes de abordar el film Birth / Reencarnación, creo que el resultado no hubiera tenido la misma calidad sin estos cuatro actores. Ellos son los que logran darle una credibilidad, una verosimilitud, al planteamiento narrativo en que se basa la cinta: la posibilidad de la reencarnación, de la que hablaré más adelante como eje de la historia.

Kidman es de las pocas mujeres que logran el equilibrio entre ser estrella y una magnífica actriz madura. La sinergía Nicole Kidman-Anna es determinante para que la película funcione artísticamente, aunque es probable que en taquilla no obtenga mucho dinero. Precisamente porque Nicole Kidman es la que aporta densidad al personaje y sus altibajos emocionales, es que Anna es creible y, a través de dicha sinergía, la película también, al grado de involucrar con intensidad al espectador.

Anne Heche aparece con un personaje secundario, pero en una sola escena dramática es quien devela la verdad al espectador. Allí es donde Heche muestra, que en manos de un buen director, puede desplegar toda su capacidad histriónica.

Finalmente hay que citar la presencia de Lauren Bacall. Su presencia llena la pantalla en un papel de poca duración, pero a través de su personaje se ve una maestría actoral que fluye de manera tan natural que sorprende. Sólo hay que recordar que su carrera comienzó cuando tenía 20 años de edad, con Bogart, en To Have and Have Not (1944); hoy sigue activa a los 80 años.

El argumento se puede resumir con facilidad; lo que es difícil de precisar es la emoción, la especulación y la tensión que sufre el espectador. Para hablar de lo mismo sólo hay una solución para el cinéfilo: ver el film, vivirlo y pensarlo.

Anna es una mujer devastada por la muerte de su esposo Sean. Le guarda luto por diez años después de su muerte hasta que decide casarse por segunda vez, con Joseph.

Aparece un niño de 10 años llamado Sean también y que, de la noche a la mañana, ante sus padres y la azorada familia de Anna, dice ser la reencarnación de Sean, el esposo adulto de Anna.

El resto de la cinta gira alrededor de las reacciones de los personajes ante la posibilidad de que Sean niño si sea la reencarnación de Sean adulto. El chico se desenvuelve con una seriedad y una seguridad que desquebraja la confianza de los adultos y los pone en duda. La primera víctima de la situación es Anna (Kidman) y su futuro esposo Joseph. Los personajes se dividen emocional y racionalmente en dos facciones: los que creen (y quieren creer) en Sean niño, los que no creen y aseveran que todo es una mentira.

Pero Sean niño demuestra repetidas veces una capacidad extraordinaria para saber detalles de la vida de Anna, de su "anterior vida" propia, y detalles de los otros personajes. Anna no puede deshacerse de su presencia, hechizada por la posibilidad de que sea su viejo amor. Joseph resiente la competencia, su posible derrota y muestra sus celos. Los otros se mantienen su posición de observadores impotentes de un posible fenómeno de reencarnación.


Birth Movie Stills: Nicole Kidman, Lauren Bacall, Danny Huston, Jonathan Glazer


Jonathan Glazer se apoya en dos columnas para impactar al cinéfilo con esta trama. Con la premisa de que el espectador se interesa por el tema de la reencarnación, primero se basa en un guión escrito con precisión y delicadeza. Luego se apoya en una puesta en escena y en cámara deslumbrante. Va de actuaciones contenidas basadas en el cuerpo y el rostro de los actores, a diálogos normales que cobran significado luego de largos períodos de silencio. Pasa por una cámara que se mueve con maestría y que aporta el movimiento cuando los personajes meditan o sufren cambios emocionales; precisamente en esos momentos dramáticos de quietud, la cámara encuadra a los personajes llenando la pantalla con sus rostros. La cara como espejo del alma.

Así se construyen escenas clave de la película que marcan su excelente densidad artística:

- El primer encuentro de Sean con Anna y su familia, donde su seguridad crea fracturas evidentes en los adultos. Anna no sabe como reaccionar pero su desorden emocional es evidente.

- El interrogatorio familiar de Sean. Allí los adultos observan la seguridad del niño ante su "propio" escritorio, el relato de detalles que sólo los adultos conocen, y la paulatina inseguridad de los adultos, en especial Anna.

- El paulatino deterioro de Joseph ante la competencia de Sean, que lo lleva finalmente a una explosión violenta durante un concierto particular mientras persigue a Sean.

- El primer encuentro de Anna y Sean en Central Park, precisamente en el lugar del deceso de Sean adulto.

- El extraordinario plano-secuencia donde Anna y Joseph llegan tarde a un concierto público y la cámara se queda "clavada" en el rostro de Anna / Nicole Kidman, para ver desfilar una serie de emociones contradictorias que el cinéfilo puede observar, ver y compartir. Esta sola secuencia basta para ver la maestría de Jonathan Glazer como cineasta.... Pero hay otras.





- Los dos encuentros entre Anna y Sean en la bañera. Sin ningún asomo de morbosidad o pornografía, en el primero comparten una familiaridad extraordinaría. El niño muestra una seriedad adulta que hace creible a un posible Sean adulto. Anna / Kidman recorre emociones que van desde la desesperación hasta la ternura, de la esperanza del amor redivivo al tormento de la lógica.

- En el segundo "tinazo" Anna / Kidman explota con todo su amor contenido y un plan absurdo para resolver el problema; mientras que el niño, con la mayor seriedad del mundo, le confiesa su amor.

- La excelente escena de confrontación entre Anne Heche y Sean niño. Es el momento donde la historia da su giro definitivo frente al espectador para resolver la trama. Pero también el momento en que Anne Heche le da una intensidad dramática imprevista a su personaje, que vuelva en pantalla toda su frustración emocional y, curiosamente, contiene el único diálogo directo que apunta a una situación erótica posterior.

- El momento en que uno de los hermanos baja a la calle y observa como Anna y Sean se besan. No es una escena erótica ni sensual. El rostro de Anna / Kidman en ese momento tan intenso para el personaje es un espejo del alma del personaje.

- La escena final en la playa, donde Anna / Kidman muestra toda la devastación que ha sufrido interiormente durante el tiempo narrativo de la historia.

Y así, por el estilo, hay otras escenas magistrales de cine, que conviene que el espectador vea directamente en pantalla (pues seguramente en DVD-TV muchos detalles de realización no se observan a cabalidad y baja la intensidad dramática del film).


Birth Movie Stills: Nicole Kidman, Lauren Bacall, Danny Huston, Jonathan Glazer


En la parte del guión destaca la construcción interior de las escenas y el manejo de los diálogos.

En la primera, cada escena está dosificada con presencia de personajes y participación. Cada uno tiene algo que decir respecto de Sean (que habla poco y preciso) en distintas ocasiones, pero no hay acuerdo: la perplejidad emocional de los adultos se desnuda una y otra vez frente al espectador. Este hecho acumulado hace que el espectador se cuestione a sí mismo que haría en un caso semejante, y lo lleva a cuestionarse mientras dura el film en la existencia o falsedad de la reencarnación como realidad posible.

El manejo de los diálogos es mesurado. Las escenas habladas entre muchos personajes están contrapunteadas con períodos de silencio y soledad, donde ven por las ventanas o deambulan por las calles. Es en ese momento donde la música aparece con un tema atractivo, pero en el fondo inquietante que angustia al espectador sin que lo note.

En cambio, el cinebasura opta por exagerar la acción sin lógica, se refugia en los diálogos excesivos que pretenden explicarlo todo sin decir nada substancial. Véase la diferencia entre los diálogos mesurados y significativos de Birth / Reencarnación contra los interminables blablablablablas de algunas cintas que los snobs consideran erróneamente "de culto" pero que sólo son "cinebasura".

La fotografía huye de los colores brillantes y los tonos vivos. No hay "primavera" sino "otoño e invierno". La obscuridad está presente, los tonos son apagados, como para remarcar la condición depresiva, desesperada, contenida, de Anna y los personajes principales.

Pero es la cámara la que aporta los rasgos artístico-técnicos más interesantes. Vuelve a moverse con la fluidez de los años 70, como los deliciosos "excesos" de Bertolucci, Wajda, Janscó o Szabó. Al igual que estos cineastas, Glazer hace que la cámara sea la presencia del espectador, pero además la mueve en el ámbito de los personajes creando verdaderos cuadros de movimiento.

El remate es la relación movimiento - fijeza de la cámara misma. Cuando la cámara se frena, es precisamente para encuadrar las caras de los personajes en close up muy cerrado (llamado técnicamente Big Close Up). Glazer apunta a la función que el close up tiene, por ejemplo, en las películas del sueco Ingmar Bergman: la cámara observa, interroga al personaje, y termina por convertirse en el puente emocional entre personaje y espectadores.

Para ello, la edición sostiene las tomas largas, donde el ojo no es golpeado por tomas de 1 a 2 segundos de duración. La edición de Birth / Resurrección esx más pausada y deja que el ojo vea y mire. De ahí el espectador saca sus propias conclusiones y piensa; pero al mismo tiempo comparte las emociones de los personajes. El final del plano-secuencia del concierto público donde la cámara termina por "clavarse" en el rostro de Anna / Kidman es el ejemplo perfecto.

El resultado global de lo ya descrito es que Birth / Reencarnación es un film fuera de lo común, no comercial, pero que artísticamente se emparenta con un cine digno, que respeta al espectador, y apunta algunas soluciones fílmicas interesantes.

Por otro lado, el film es también el retrato de dos personajes interrelacionados. Poco nos asomamos al niño Sean en directo, pero las reacciones de Anna son un espejo de lo perturbadora que es la posibilidad de que un adulto encarnara en un niño. Las consecuencias de la existencia de la reencarnación, o la certeza de su imposibilidad se reflejan en el desastre contenido dentro de la psique y las emociones de Anna. Su vulnerabilidad amorosa, su fragilidad existencial, están proyectadas en pantalla con precisión. Es el espectador el que tiene la última palabra ante la tesis de una película desconcertante pero magistral; pero cualquiera que sea la decisión, Anna / Kidman se quedará como un recuerdo imborrable en la pantalla de la memoria.



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Promesas / Promises, de Shapiro, Goldberg y Bolado

Francisco Peña

La película es una declaración de principios y pensamientos de los realizadores sobre el conflicto palestino – israelí, así como una declaración de su esperanza por encontrar una vía para la solución del enfrentamiento, por débil que ésta pueda ser.





Alrededor de las historias de siete niños israelíes y palestinos, los cineastas muestran la complejidad del conflicto, sus múltiples ramales y laberintos, sus profundas raíces religiosas de matiz fundamentalista. Pero lo más doloroso es que de todas estas historias, sólo hay un encuentro de las dos culturas con los niños como puentes que las enlazan.

Tal parece que la imagen que abre y cierra el documental de Shapiro, Goldberg y Bolado, una llanta ardiendo que recorre una calle, se convierte en una cruel metáfora del conflicto devenido un círculo vicioso histórico, en donde se queman los individuos de los dos pueblos, en un relevo generacional empapado de desconfianza, odio, justificaciones religiosas de a quien pertenece la tierra, fundamentalismos enfrentados, etc.

Frente a este panorama, los realizadores se colocan en una posición de análisis liberal laico y presentan su opción. Los adultos no son opción de solución, encerrados en el dolor y poco permeables a cambiar su posición para tolerar la existencia del Otro, especialmente cuando tienen raíces profundas religiosas de corte fundamentalista, especialmente en el lado israelí, al que pertenecen los realizadores.





La opción son los niños, más permeables, tolerantes y con curiosidad para conocer al Otro y descubrir que es más semejante a uno mismo de lo que se creía.


Entre ciudades o pueblos que se pueden comunicar en 20 minutos en coche hay una profunda división que impide, por seguridad, el paso libre de los miembros de los dos pueblos. Inclusive, los barrios de Jerusalem están divididos a veces por una calle que es tierra de nadie. En esos escenarios viven, que no conviven, los niños.

En la Ciudad Vieja de Jerusalem, en el lado Este vive Mahmoud (palestino y musulmán); en el lado Oeste, en el Barrio Judío vive Shlomo, que se educa ortodoxamente en el conocimiento de la Torah, en una escuela religiosa o Yeshiva.

A 15 minutos de Jerusalem, en un campo de refugiados, vive la niña Sanabel, cuyo padre está en la prisión de Ashkelon sin ser juzgado, porque el gobierno israelí lo considera un líder palestino peligroso.

Moishe, niño que crece en los asentamientos judíos ubicados en la zona palestina. Educado ortodoxamente, es capaz de citar la Torah, las Escrituras y darles una actualización mientras discute la política del conflicto. Su hermana habla de los procedimientos rituales que debe ella cumplir durante el Sabbath.

Los hermanos gemelos Yarko y Daniel Solan, chicos hebreos educados laica y liberalmente, que tienen en perspectiva a futuro choques sociales con las comunidades ortodoxas en el seno del estado de Israel.

Faraj, muchacho palestino que vive en el campo de refugiados de Deheishe. Gusta de los deportes de pista y corre los cien metros. Escucha las anécdotas de su abuela cuando fueron expulsados de sus casas durante la guerra de 1948.

Estos siente niños encarnan un espectro social de ambas sociedades, que reflejan distintas posturas y grupos al interior de la sociedad israelita y palestina. Quedan pues marcados el centro y los extremos.


Así que, mientras el conflicto en el resto del mundo se ve como un enfrentamiento de palestinos e israelitas, hacia el interior de ambas sociedades hay grupos de distinto pensamiento y acción, que inciden en el comportamiento de los gobiernos y en el rumbo de las sociedades.

La tesis de los realizadores es que los extremos religiosos fundamentalistas, tanto en la zona palestina como en la israelita, impiden el acercamiento, el conocimiento del Otro, y entorpecen y hacen estéril cualquier esfuerzo de paz, especialmente a partir de que los niños conozcan la comunidad en la que viven los otros infantes, considerado ese conocimiento del Otro como única solución posible a largo plazo. Es uno de los pocos terrenos fértiles en los cuales se podría sembrar la semilla común de la paz y la tolerancia.

A partir de este planteamiento, los realizadores hacen su documental con medios sencillos, cámara en mano, sonido directo. La forma cinematográfica está en función de recoger el material que da cuerpo a la situación, por medio de entrevistas, material fílmico histórico, recorridos por las zonas de conflicto.

Pero además, los realizadores intervienen decisivamente en el curso de los acontecimientos que narran. En ese sentido no se limitan a observar y captar el estado de las cosas, a partir de las distintas visiones de los niños.

Intervienen sobre sus vidas para probar, ante el público que ve su película, que la hipótesis que plantean podría convertirse en un terreno común de paz y entendimiento para ambas comunidades.

De los niños entrevistados encuentran que sólo los de educación laica liberal tienen disposición a tener contacto “con el enemigo”. De ellos, sólo los gemelos israelitas Danko y Daniel, y Sanabel y Faraj aceptan conocer a los Otros niños.

Los realizadores participan activamente en la concertación de esos encuentros. Por un lado cruzan a Faraj y a su abuela al lado israelita para que ambos vean en donde vivían antes. Sólo hay ruinas, pero la visita de la abuela y Faraj le da al joven la posibilidad concreta de entender que allí están sus raíces, de las que sólo queda la gran llave de la casa, que su abuela le cederá a él, y así de generación en generación hasta que “recuperen sus terrenos”.

Los gemelos si tienen curiosidad de visitar el campo de refugiados palestinos donde vive Faraj. Los realizadores concertan la cita y sucede lo inimaginable: los niños israelitas visitan el campo, juegan con los palestinos, e intercambian puntos de vista políticos. Tratan de entenderse unos a otros a pesar de las distintas vivencias.

Hablan de la Intifada, de los soldados israelitas, encuentran que les gustan los mismos platillos, los mismos deportes y para el mundial todos le van a Brasil. Hablan de tennis, de ropa. Al terminar todos los niños son concientes de que falta mucho por arreglar y que el conflicto no se acaba, pero que se puede convivir con el Otro.

Este es el planteamiento de la cinta, de corte liberal y laico. Plantean una solución semejante que otros adultos han perseguido después de la conclusión de la cinta. Es el caso del director de orquesta Daniel Barenboim, capaz de crear una orquesta de jóvenes músicos palestino y israelitas que dan conciertos a ambos lados de la frontera, en la cual sólo circulan tanques, se infiltran terroristas y hay numerosos puestos de control.

Pero los realizadores, aun enarbolando su tesis de que puede haber paz y convivencia entre ambos pueblos a partir de los niños, y que desean abiertamente que triunfe su idea, son honestos al presentar la realidad.

Los otros niños, a los cuales la cámara da el mismo tipo de presencia y calidad de imagen, encarnan otros puntos de vista que son incompatibles entre si.

Es cuando la visión laica – liberal muestra las profundas raíces religiosas, de corte fundamentalista, del conflicto.

No se trata sólo de dos pueblos enfrentados sino de dos religiones, de dos maneras de concebir el mundo que no quieren ceder terreno.

Las afirmaciones (y el destino de Palestina) están basadas en una pregunta y una afirmación: ¿De quién es Jerusalem? (Y por lo tanto, de quien es el territorio que la circunda).

Los miembros fundamentalistas de cada religión dicen que Dios les entregó el territorio a ellos y no a los Otros. Esto lo comparten, claro, los otros creyentes de cada religión, pero los fundamentalistas se apoyan en los Textos Sagrados para impulsar su interpretación y mantener su dura postura en el conflicto palestino – israelí.

Sólo así se entiende que cada uno de los bandos enfrentados se justifique, curiosamente, con la misma frase: “Peleamos porque esta tierra es nuestra”.

Mahmoud cita que el Profeta Mahoma ascendió al Cielo desde Jerusalem, santo lugar del Islamismo. Esto da pie a que los realizadores expliquen que los Santos Lugares de las dos religiones están en la misma zona, a pocos metros uno del otro.

Ambos están en el Monte Sión. En la parte alta están las Mezquitas de El Domo de la Roca y Al-Aksa, pero al pie del monte está el Muro de los Lamentos, los únicos restos que quedan del Templo donde los judíos adoraban al Dios único, del cual ellos son el pueblo elegido.

El cristianismo es la tercera gran religión que tiene como centro a Jerusalem, pero los Santos Lugares cristianos (con sus distintas denominaciones separadas) están en otra parte de la Ciudad Vieja, y no tienen el mismo significado para las otras dos religiones.

La honestidad de los realizadores se marca al plasmar los puntos de vista de los chicos educados con puntos de vista fundamentalistas, y claro, al ser ellos israelitas, dedican más tiempo a la visión de la comunidad ortodoxa judía, sin ocultar su visión liberal – laica.

Así, niños y realizadores visitan el Muro de los Lamentos y los niños chicos expresan que tienen más miedo a los miembros ortodoxos judíos que a los palestinos.

Por otra parte, también aparecen dos chicos educados bajo esta fé. Moishe y Shlomo. Uno definitivamente descarta cualquier contacto con niños palestinos, el segundo tolera la presencia siempre y cuando ambas comunidades se ignoren. Pero para ambos, Jerusalem pertenece a los judíos. Un matiz distinto en la misma coincidencia esencial.

El punto esencial donde inicia la diferencia está en lo que cree cada religión a partir de la figura del Patriarca Abraham, para ambas el padre común. Pero allí termina la coincidencia. Para el judaismo, Dios bendice a Abraham en la descendencia de Isaac y Jacob / Israel. Para el islamismo, Dios bendice a Abraham en la descendencia de Ismael.

A partir de este punto, los miembros de cada religión argimentan, según el Corán o la Torah, que la tierra de Palestina les pertenece por designio divino, pero en personajes totalmente diferentes.
Lo que muestran los realizadores es que, las creencias religiosas llevadas al extremo, cancelan cualquier posibilidad de diálogo y tolerancia. Muestran como Shlomo puede divertirse con un chico palestino, pero llevado al extremo puede declarar con toda su fé y sinceramente que el estudio de la Torah es tan fuerte e importante como un tanque.

Moishe, que vive en un asentamiento judío rodeado de comunidades palestinas, ni siquiera llega a este punto. Desde el inicio cierra cualquier posible contacto y lo justifica con la lectura de sus Libros Sagrados.

Esto, manifiestan los realizadores en imágenes, lleva a terribles contradicciones donde cada pueblo impide al otro el ejercicio de su religión en los lugares que cada una considera sagrados. Hasta 1967, el pueblo judío oraba viendo hacia el Muro de los Lamentos, al que no tenía acceso; ahora la situación es la inversa: no todos los musulmanes pueden llegar a Jerusalem y orar en las dos mezquitas más sagradas de la zona.

En ese sentido, el punto de vista de los realizadores es que ambos lados pierden, aun en el ejercicio de sus creencias religiosas.

En el marco de la película, esta cierra con la larga secuencia del encuentro entre los chicos israelíes y palestinos, que cierra con una nota de tristeza. ¿Cómo podrá seguir la amistad recien creada cuando se vayan los cineastas que la facilitaron?

Frente a las raíces religiosas en su modalidad fundamentalista, el intento liberal - laico de Shapiro y Golberg se siente débil. Pero los realizadores mantienen la pequeña esperanza de que si se incrementa la interacción “nuestro respeto crecerá”.

Esperanza que queda planteada en una cinta cuya tesis va a contracorriente de fuerzas sociales e ideológicas mucho más poderosas. Pero de allí su valor y su logro nada despreciable: proponer una vía concreta para lograr la paz entre ambos pueblos, con base en lo más valioso que ambos tienen, sus niños.

PROMESAS / Promises. Dirección: Carlos Bolado, Justine Shapiro y B.Z. Goldberg . País: Estados Unidos. Año: 2001. Guión: Justine Shapiro y B.Z. Goldberg. Fotografía en color: Ilan Buchbinder y Yoram Millo. Edición: Carlos Bolado. Con: Yarko, Daniel, Mahmud, Shlomo, Sanabel, Faraj y Moisés. Producción: Promises Film Project, Independent TV Servicie, Open Society Institute, Justine Shapiro, B.Z. Goldberg. Duración: 106 minutos. Distribución: Nu Visión.




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