miércoles 30 de septiembre de 2009

Cinco días sin Nora, de Mariana Chenillo

Paxton Hernández

La comedia familiar necroamorosa



Desde un principio, atrapa la atención al detalle, que se manifiesta en la cuidadísima dirección de arte, tanto contemporánea como de época dentro del film. Una señora ya de edad avanzada cuidadosamente pone una mesa con una preciosa vajilla de porcelana. Es la señora que minutos más adelante se quitarál a vida, ingiriendo no uno, no dos, sino tres frascos de pastillas. Es la misma señora llamada Nora que trascendentalmente, con anticipación a su suicidio, tiene armado un plan para su velorio, entierro y la apoteósica reunión familiar del adiós.


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La fenomenal ópera prima de Mariana Chenillo, Cinco días sin Nora (México, 2008), es una sencilla comedia negra elevada a niveles de grandeza pura gracias a su humildad y buen corazón, un exquisito ejemplar totalmente anómalo dentro de nuestro cine mexicano por sus sutilezas cómicas y/o dramáticas, un relato sin mayores búsquedas vanguardistas o estéticas pero con el aplomo de una puesta en escena pulcra y segura, un destilado del pálpito necrofílico que siempre ha tenido el cine mexicano (según Jorge Ayala Blanco en La herética del cine mexicano ) que también hace gala de su humor negro dulzón en las antípodas de la feroz amargura anticlerical de El esqueleto de la señora Morales de Rogelio A. González.



La dulce muerte. Sólo el cine mexicano puede tratar la muerte de esta manera. La muerte es motivo de regocijo y festividad para el pensamiento mexicano pero aquí también es causante de toda la ternura y dulzura destilada en el relato. Una ternura auténtica y una dulzura honesta, jamás cursi ni empalagosa, con una emotividad y una sensibilidad cada más vez más raras dentro de un cine acostumbrado al tremendismo, al griterío y a la ojetez.

La trascendencia calculada. Nora ingeniosamente se las arregla para seguir influyendo en la vida de sus familiares aunque ya no esté, activando el engranaje narrativo mediante una entrega de carne para el banquete que preparán para la celebración del Pesach. De tal manera que convocará, aún sin estar presente, a su ex esposo José Kurtz (Fernando Luján formidable), del que todavía está enamorada. Convocará a la nana Fabiana (Angélica Peláez), que se encargará de los preparativos para el banquete de despedida. Convoca a su amado hijo Rubén (Ari Brickman), que junto con su esposa Bárbara (Cecilia Suárez) y sus dos encantadoras hijitas, verán interrumpidas sus vacaciones para regresar a la Ciudad de México. Y convoca a su prima Leah (Verónica Langer), conocedora de un secreto que aunque quería, Nora no se llevará a la tumba.



Los milagros tragicómicos. Haciendo gala de un sentido del humor negro y fino, es asombrosa la capacidad del filme para hallar la gracia y la risa, a base de pura sutileza. Enfrentamiento tripartita entre el pensamiento judío, el cristiano y el ateo, el estilo depurado de Chenillo también hallará eco en una reflexión sobre la memoria y sus recovecos.

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Diabólica Tentación / Jennifer's Body, de Karyn Kusama

El horror tiene cara de mujer

Miguel Cane


Una golondrina no hace verano, y el que Diablo Cody obtuviera un Oscar por Juno, no quiere decir que realmente tenga tanto talento como ella cree. Es de suponer que a la hora de concebir el guión de la ofensiva, vulgar y derivativa Jennifer's Body (aquí traducida como es costumbre, con un título inane, en este caso, Diabólica tentación) pensara que estaba haciendo una sátira mordaz e inteligente tanto del género del terror sobrenatural, como de la generación de adolescentes gringos que son los trend-setters de occidente, convirtiendo en moda sus malos gustos, sin dejar de lado a la más ácida comedia negra y que la culpa de que el resultado en pantalla sea deplorable y nauseabundo, es de su directora (Karyn Kusama, responsable de otra nulidad – la horrorosa Aeon Flux), pero lo cierto es que la película de marras tiene problemas desde el guión.

La película es irritante y ofensiva, plagada de personajes y situaciones insulsas: su trama trata acerca de la amistad entre dos amigas preparatorianas: una guapa, superficial y vulgar (Megan Fox, pésima actriz, pero su cuerpazo es el único ostensible pretexto para ver esto) y la otra menos bonita y agraciada pero igual de estúpida (Amanda Seyfried, peor de insoportable que en Mamma Mia! lo cual ya es mucho decir); ambas ostentan problemas de (falta de) madurez, se preocupan más por el palmito del compañero de clase que por la sociedad en que viven, y son el cliché de las gringas bobas que están muy 'in'.



Un mal día deciden ir a un concierto de rock dizque gótico y ahí la cosa se pone fea, ya que un incendio acaba separándolas. Mientras la güerita vuelve a casa, la nenorrona Jennifer desaparece y no vuelve a dar señales de vida hasta bien entrada la noche, cuando se presenta empapada de sangre y con un aspecto más bien siniestro. (Y hasta ahí, revelar más sería cruel, aunque el 'gran secreto' se descubre a los cinco minutos).


Como a las heroínas de la cinta, a Cody & Kusama no les importa para nada la línea argumental, y la única sorpresa (por así llamarla) que se reservan reside en saber qué sucedió exactamente tras el incendio, en lugar de saber si efectivamente pasó algo, por lo que, con todas sus pretensiones de ser hip, cool, de vanguardia y escalofriante, la película no pierde el tiempo para convertirse en un engendro soporífero, previsible, indigesto y lo que es peor, pedante.

Siguiendo la tónica de la más ruinosa televisión, esta cinta no tiene ni un solo plano digno de mención, y se presenta con una edición casi epiléptica que hace ver a los videos de Telehit como obras de Kubrick.

De todo el desaguisado que suponen los insufribles 100 minutos de la película sólo pueden salvarse dos aspectos tan nimios como esperanzadores. Por un lado la presencia de un elenco de soporte más sólido que las protagonistas, y por el otro la escena más bien tórrida del cacareado beso entre las dos actrices, suficiente para alcanzar la categoría de pornosoft en otra época (y que pondría al Güero Castro a salivar como perro de Pavlov) y por tanto curiosa manera de evitar que la película llegue al único público que debería verla.

Megan Fox


Es decepcionante, después del gran interés por saber si el éxito de Diablo Cody era fruto de un día, constatar que así es. Su segundo esfuerzo en pantalla grande es uno de los más insultantes, pesados y, sobre todo, tristes espectáculos cinematográficos no sólo del año, si no de toda la década. A esta tentación, de verdad, hay que evitarla como a la influenza: no tiene redención posible.

Diabólica Tentación/Jennifer's Body
Con Megan Fox, Amanda Seyfried, Adam Brody y J.K. Simmons
Dirige: Karyn Kusama
Estados Unidos 2009


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Roman Polanski: ¿víctima o predador?

El arresto en Suiza del célebre director cinematográfico, aviva la llama de lo que ha sido una de las controversias más sonadas de las últimas tres décadas.

Miguel Cane


Figura controvertida desde el inicio de su carrera como cineasta hace casi medio siglo, tanto por la elección de temática en su obra como por sus hábitos personales y las tragedias que han circundado su vida, Roman Polanski (nacido en París en 1933) volvió al ojo del huracán tras ser arrestado, el 26 de septiembre en el aeropuerto internacional de Zurich, Suiza, donde debía recibir un premio por su obra en el festival de cine local (cabe señalar que Polanski y su actual esposa, la actriz francesa Emmanuelle Seignier, poseen una residencia de verano en Gstaad desde los años 90), suscitando un escándalo, y resucitando el caso que lo ha perseguido por tres décadas, haciendo que la comunidad artística internacional y los colaboradores pasados y presentes del director, alcen la voz en protesta contra el –bastante vilipendiado- sistema judicial del estado de California, mismo que ha sido muy criticado por lo que muchos llaman “un aborto de la justicia”.



La maldición sobre el genio
Es bien sabido que la vida de Polanski no ha sido fácil. Cuando era un niño, escapó (de manera escalofriante) del Holocausto Nazi, mismo que su padre sobrevivió, mas no así su madre, que fuera víctima del proceso conocido como la “Solución Final”. Posteriormente, ya cuando era uno de los cineastas más aclamados de su tiempo, tras haber dirigido filmes hoy clásicos como Repulsión (1965), Cuchillo en el agua (1962), Punto muerto (1966) y su debut en Hollywood, El Bebé de Rosemary (1968), estando casado con la hermosa actriz estadounidense Sharon Tate – y estando ésta en el octavo mes de gestación de su primogénito-, ésta fue asesinada el 8 de agosto de 1969 por Susan Atkins (quien, irónicamente murió en prisión dos días antes del arresto de Polanski), una de las integrantes del grupo conocido como “La Familia” lidereada por Charles Manson, que junto con Charles “Tex” Watson, Patricia Krenwinkel y Leslie Van Houten, irrumpió en la mansión de Bel Air donde residía la pareja, procediendo a asesinar brutalmente no solo a Tate y su hijo nonato; también al estilista Jay Sebring, la heredera Abigail Folger, el escritor Woyjtech Frikowski y al transeúnte Steven Parent, en uno de los crímenes más espeluznantes de la historia moderna, que muchos señalan como el abrupto fin al 'sueño dorado' de la década de los 60.


Polanski se libró de la masacre, al encontrarse en Londres por cuestiones de trabajo y su vuelta a Los Ángeles ha sido descrita como un auténtico viacrucis (los medios lo persiguieron desde el aeropuerto, y tuvo que buscar refugio en los estudios Paramount, donde Julie Andrews, que filmaba Darling Lili con su esposo Blake Edwards, lo ocultó en su vestidor, personalmente despidiendo a la prensa ella misma). En 2005, Polanski demandó a la revista Vanity Fair por difamación, al publicar ésta un artículo en que se afirmaba que había tenido relaciones sexuales con una mujer en Nueva York, en lo que fue su escala en el viaje de regreso para enterrar a su esposa. Polanski argumentó que esto era una falsedad y ganó el caso.

No obstante, quizá lo que más notoriamente ha marcado al director de Chinatown, Búsqueda Frenética y La Novena Puerta, ha sido algo que sucedió en 1977 y que es el motivo de que, al cierre de esta edición, se encuentre en una celda en Zúrich, luchando contra una extradición que podría representar su primera visita a los Estados Unidos en más de treinta años.

Aunque existen muchas versiones del caso, los hechos son estos: Samantha Geimler (entonces Samantha Gailey) de 13 años de edad – y con actividad sexual previa- fue presentada a Polanski por su madre, Susan Gailey, quien estableció un contrato verbal con Polanski, quien ostensiblemente iba a fotografiar a Samantha para un número especial de la revista Vogue. Cuando Polanski preguntó la edad de la chica a la madre, ésta indicó que tenía 17 años (la edad consensual legal entonces en California era 16 años) y permitió que su hija acudiera, sin acompañante, a la casa de Jack Nicholson – protagonista de Chinatown e íntimo amigo del director- y Anjelica Huston (quienes estaban fuera de la ciudad). Lo que ocurrió fue que Polanski efectivamente fotografió a Geimler, bebieron champagne y consumieron drogas recreacionales (mismas que, por cierto, fueron proporcionadas a la menor por su madre) y tuvieron relaciones sexuales. De hecho, la demanda por presunta violación, no fue presentada por la madre de Geimler hasta después que esta recibiera una compensación por parte de Polanski (ostensiblemente por sus servicios como modelo) y de que este se rehusara terminantemente a dar un papel a su hija en la cinta que en ese momento tenía en preproducción (Huracán, una producción de Dino DeLaurentiis, que en manos de otro director fue un fiasco de taquilla en 1979); fue solo hasta entonces que Susan Gailey denunció a Polanski, quien se declaró culpable de haber mantenido relaciones sexuales con la menor (se retiraron cargos por violación a petición del abogado de la menor, para no tener un juicio con jurado, que habría devenido en poder denunciar a la madre por presunto proxenetismo), pasó 42 días en prisión bajo evaluación psiquiátrica y, estando en libertad condicional, se fue del país antes de conocer el fallo del juez, para nunca más volver. Hay que aclarar que el juez en cuestión también violó la ley al hablar del caso con personal no calificado ni relacionado con el mismo, así como con los medios, resultando ésto en la fuga de Polanski, lo cual es el delito por el que se le ha arrestado (evadir sentencia). Desde 1978, Polanski no ha vuelto a Estados Unidos, ni siquiera para recibir el Oscar que obtuvo como mejor director en 2002 por su formidable crónica sobre la ocupación y destrucción del ghetto y la ciudad de Varsovia El Pianista, por la cual, Adrien Brody recibió una estatuilla como mejor actor.


Un futuro incierto
Toda vez que el Departamento de Justicia Estadounidense, en conjunto con las autoridades helvéticas aprehendió a Polanski, al que se califica de “prófugo”, se suscitó un nuevo escándalo a nivel internacional: por medio de un comunicado su abogado Hervé Temime, tras la detención Polanski aseguró que luchará contra la extradición; mientras pasa sus días en una cárcel de Zúrich. Entre tanto, ahora circula una protesta firmada por artistas de distintos lugares del mundo, entre ellos cineastas como Wim Wenders, Ettore Scola, Costa-Gavras, y Pedro Almodóvar, así como antiguos colaboradores y amigos como Catherine Deneuve, Frank Langella, Sigourney Weaver, Isabelle Adjani, Adrien Brody y Mia Farrow, que también fungió como testigo a favor de Polanski, en el juicio contra Vanity Fair. Otros firmantes destacados son los ministros de Relaciones Exteriores de Polonia y Francia, Radoslaw Sikorski y Bernard Kouchner, el escritor Milan Kundera, la actriz Tilda Swinton y la directora general de la UNESCO, Irina Bokova. Por su parte, la actriz Debra Winger calificó de "acto de naturaleza filistea" el arresto del director y dijo: "Todo el mundo del arte sufre", mentras que la comunidad artistica pide la libertad del detenido y considera "inadmisible" que el Festival de Zúrich se haya convertido "en un cebo para una trampa policial". Al mismo tiempo, en Estados Unidos el Los Angeles Times comentó que California tiene "cosas mejores" que hacer que perseguir a una persona que en los últimos 30 años ha dado muestras de haberse enmendado, mientras que Samantha Geimler en reiteradas ocasiones ha intentado que se desestime el caso, aduciendo a que ella ha continuado con su vida y no necesita publicidad negativa sobre su familia, especialmente su madre, quien nunca enfrentó un proceso legal, aunque sí percibió una compensación económica por parte de Polanski mediante una demanda civil.


Gracias a un tratado existente entre Suiza y Estados Unidos, la acusación dispone de 40 días para presentar una demanda formal de extradición a Berna. De hecho, es en virtud de este convenio que la Oficina Federal de Justicia arrestó a Polanski tras asegurarse de que los términos del acuerdo seguían vigentes. Según una hipótesis que cobra fuerza, Suiza habría reaccionado con excesivo celo para de este modo, congraciarse con las autoridades de EU tras la crisis que opuso recientemente a ambos países por el juicio al banco UBS, que tuvo que revelar la identidad de más de 4.000 clientes acusados

El mundo cultural francés ha reaccionado ante la detención de un cineasta al que consideran uno de los suyos. El ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand, aseguró que esta detención obedece "a una historia antigua que ya no tiene sentido". Y añadió: "De la misma manera que hay una América generosa que amamos, hay una América que nos da miedo, y es esa América la que acaba de enseñarnos la cara". Mitterrand agregó que el presidente Sarkozy sigue "muy de cerca" el tema. Bertrand Tavernier, aseguró al diario Le Monde: "Estoy escandalizado. Los suizos hablan de una ley encaminada a combatir el tráfico de drogas, el secreto bancario o la evasión fiscal y la primera víctima que encuentran es... ¡un artista! Esto prueba dos cosas: que Polanski no tenía cuentas en Suiza y que los festivales de cine son menos seguros que las iglesias en la Edad Media".


Mientras aparece una resolución final en definitiva (el juez en California dice que “analizará si el caso procede si y sólo si Polanski se presenta en persona”), el director – que en mayo terminó el rodaje de su más reciente filme, espera en una celda, como en su niñez, a que se decida su futuro incierto.

¿Qué pasará con El Fantasma?
Cinéfilos y seguidores del realizador se preguntan cuál será el destino de El Fantasma, el más reciente proyecto del polaco-francés, que concluyó fotografía principal en mayo y que, a raíz de la actual situación, ve amenazada su planificación.

Rodada entre febrero y mayo pasado en el norte de Alemania y Dinamarca, y coproducida por los estudios Babelsberg -el estudio más antiguo del mundo-, The Ghost (su título en inglés) tenía debut programado para comienzos de 2010. Sería el regreso de Polanski a cuatro años de su adaptación de Oliver Twist, y a ocho desde El pianista. El filme, basado en la novela de Robert Harris, está protagonizado por Pierce Brosnan, Ewan McGregor y Olivia Williams, y cuenta la historia de un ficticio ex primer ministro británico y el escritor que contrata para que termine sus memorias en su lugar. En el proceso, éste último descubre algunos secretos que ponen su propia vida en peligro.

"He estado buscando un thriller político para dirigir desde hace algún tiempo y éste no podía ser más perfecto", dijo Polanski hace dos años, cuando comenzaba la adaptación de la novela que causó cierta polémica, debido a la similitud entre el protagonista de la historia y Tony Blair, primer ministro de Reino Unido por ese entonces. Según Jeff Berg, el agente de Polanski, el proceso de edición de la cinta está prácticamente terminado, pero aún resta trabajo de postproducción, específicamente en lo que respecta a la banda sonora y la mezcla de sonido. "Siempre soy optimista cuando se trata de Roman, él es fuerte y ha sobrevivido a todas las situaciones imaginables".



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sábado 26 de septiembre de 2009

Happy Together, de Wong Kar-Wai

Francisco Peña




La cinta de Wong Kar-Wai tiene una puesta en escena impecable, con atención al detalle, y con una cámara observadora y que muestra empatía hacia sus personajes.

El problema con Happy together se encuentra en el guión, que marca una serie de escenas que repiten ambientes y actitudes de los personajes, sin que enriquezca la psicología ya planteada, sin que haga avanzar la historia.




Es una buena película que se disfruta en los detalles, pero que deja una sensación de que se alargó demasiado y que algunos cortes en la edición la hubieran concretado, para darle mayor impacto narrativo.

Happy together, de entrada, no oculta su análisis de una relación homosexual. De hecho, las primeras escenas son realmente las más fuertes al contar una relación sexual entre los dos amantes nacidos en Hong Kong y que, por azares del destino, terminan varados en Buenos Aires, Argentina.

Una vez que Wong Kar-Wai ha mostrado su escena fuerte, puede dedicarse a lo que más interesa y en donde puede desplegar su capacidad como realizador: el estudio de los ambientes y los matices de los personajes en una relación homosexual.

Sin embargo, el hecho de que sean homosexuales no convierte a la cinta ni en pornografía ni en panfleto gay militante. Kar-Wai aborda la situación de los amantes a partir de los distintos matices que adopta la relación en su devenir cotidiano.
En ese sentido, Happy together plantea dos puntos. El primero se refiere a que, en lo general, las relaciones gay mantienen una estrecha semejanza con las relaciones heterosexuales. El segundo se refiere a que las relaciones gay son distintas socialmente porque tienen que desarrollarse en espacios sociales donde son permitidas o toleradas.

Respecto del primer punto, el realizador hace una radiografía del desarrollo de una relación, que es muy semejante a la que puede darse entre dos seres humanos sin el sello determinista del género. Es decir, si los personajes de la cinta hubieran sido hombre y mujer, o dos mujeres, las situaciones emocionales no serían esencialmente distintas. El cambio probablemente hubiera sido en los ambientes en que se desarrolla la trama.




En ese sentido, el surgimiento de los celos, de la infidelidad, de los pleitos y reconciliaciones interminables, de las pequeñas soledades, de los ligues con terceros, de los diálogos que muestran la esgrima del rencor o del amor, no dependen de la condición de género de los personajes específicos. Más bien podrían compartirse todas estas situaciones por todos los seres humanos en general en sus relaciones amorosas.

Bajo este enfoque, la cinta de Wong Kar-Wai es valiosa porque encuadra las relaciones de sus dos amantes homosexuales en un contexto humano más amplio, por lo que pueden entenderse y asimilarse por un público más general. No hay prédica, ni queja, ni situaciones gratuitas que empujen la mirada del espectador hacia uno u otro punto de vista. El realizador deja al público en libertad para compartir sus observaciones.

En referencia al segundo punto, los diferentes ambientes que cobijan las acciones de los dos amantes son espacios delimitados por el encuentro mutuo o la ausencia de éste. Tienen algunos rasgos particulares porque son los espacios de encuentro gay, como el que se da en el cine porno; pero el realizador no hace énfasis en situaciones álgidas o patéticas sino que los describe como espacios que tienden a la normalidad. Este es otro punto a favor de Happy together.

Las tensiones de la pareja se narran a partir de un viaje a las cataratas de Iguazú, pero el desmoronamiento de la relación, tal como es narrado, le puede ocurrir a cualquier ser humano. Es en los matices, diálogos y puesta en escena donde el director va enriqueciendo la situación y mostrando el interior de sus personajes.
Lai Yu-Fai es el amante que espera, que sufre la soledad y los desaires. Por ejemplo, Yu-Fai es el portero de un restaurante al que acude su ex pareja Ho Po-Wing con otros amantes homosexuales de ocasión, ya que se prostituye.

Kar-Wai, con gran tino en la dirección de cámara, en los encuadres y el manejo de cámara, muestra sin juzgar los pequeños juegos cotidianos de una pareja. Así, los gestos pequeños de rechazo de un amante al otro se comprenden en la dimensión real que toma para la persona afectada.

Esta es la propuesta estética que permea toda la cinta.

Kar-Wai la usa tanto en situaciones agresivas como en las de convivencia cotidiana con tensión.

Por la parte agresiva, está la escena del hotel donde vive Ho Po-Wing. Allí los dos amantes se encuentran luego de un periodo de separación. Lai Yu-Fai hace una escena de reclamo y celos donde desfoga toda su frustración; en cambio, Ho Po-Wing sólo buscaba el sexo ocasional sin mostrar mayor interés emocional.

En relación a la cotidianeidad, Kar-Wai enseña la cualidad de su mirada cinematográfica en la casa de huéspedes donde vive Lai Yu-Fai, que recoge a su amante herido. Allí, observa con empatía a la vez que con cierta distancia las pequeñas nimiedades que erosionan o enriquecen una relación humana de pareja. Desde los brincos de los amantes entre cama y sofá, la preparación de los alimentos en la cocina comunal, y los tangos ejecutados en el cuarto y la cocina, el realizador viste a sus personajes con detalles que abren múltiples ventanas a su psicología, concentrándose en el abandono y soledad de Lai Yu-Fai.

Una vez planteada la situación, Kar-Wai continúa la narración enfocándose en la liberación emocional de Lai Yu-Fai, que encuentra un posible compañero en el cocinero Chang.

No se establece una relación concreta entre ambos, pero le permite al director analizar ciertos rasgos del amor platónico, que marca perfectamente en detalles como la grabación de un mensaje o el robo de una fotografía del amante platónico.
La objeción que surge a partir de la visión de Happy together es que Kar-Wai repite algunas de las situacioness, sin ir añadiendo datos sobre trama y personajes, lo que hace que la película se sienta un poco larga. Como se dijo anteriormente, una edición más firme hubiera conseguido un mayor logro fílmico.


Pero el Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes de 1997 se entiende al ver la calidad de la realización de Kar-Wai, destacando su atención al detalle y la capacidad demostrada en la puesta en escena en Happy together.

HAPPY TOGETHER. Producción: Block 2 Pictures, Jet Tone Production Co., Prenom H. Company, Seowoo Film Company, Chan Yecheng, Ye-Cheng Chang y Wong Kar-Wai. Dirección: Wong Kar-Wai. Guión: Wong Kar-Wai. Año: 1997. Fotografía en color y blanco y Negro: Christopher Doyle. Música: Danny Chung. Edición: William Chang y Ming Lam Wong. Con: Leslie Cheung (Ho Po-Wing), Tony Leung Chiu Wai (Lai Yiu-Fai), Chen Chang (Chang). Duración: 97 minutos. Distribución: Latina.

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Harry Potter y el Cáliz de Fuego / Harry Potter and The Goblet of Fire, de Mike Newell

Miguel Cane

Daniel Radcliffe , Rupert Grint and Emma Watson star in Warner Bros. Pictures' Harry Potter and the Goblet of Fire


Convertido en auténtico fenómeno mediático, Harry Potter tiene un atractivo innegable para el público, que ha acudido en masse para presenciar (aportando, de paso, millones de dólares en taquilla) la transición a la pantalla de las novelas de JK Rowling, que han sido – cada una a su manera- un suceso.

En esta ocasión el británico Mike Newell (primero de esta nacionalidad en dirigir una cinta de la saga, ostensiblemente inglesa en atmósfera y textura) toma la batuta para revelar lo que sucede cuando Harry (Daniel Radcliffe) acude a la Copa del Mundo de Quidditch –deporte favorito de los magos, como cualquier aficionado a la saga sabe de sobra- con sus amigos Ron y Hermione. Pero algo siniestro aparece: la Marca Tenebrosa, señal del malvado Lord Voldemort, “el que no debe ser nombrado” quien fue visto por última vez la noche en que asesinó a los padres de Harry.

Ralph Fiennes as Lord Voldemort in Warner Bros. Pictures' Harry Potter and the Goblet of Fire


Las cosas se complican cuando Albus Dumbledore anuncia que Hogwarts será la sede del Torneo de los Tres Magos, una de las competencias más apasionantes y peligrosas de la comunidad. Se elegirá un campeón de cada uno de los tres colegios de magia para competir en peligrosas pruebas para conseguir ganar la codiciada Copa. Los estudiantes de Hogwarts, las alumnas de la Academia Beauxbatons y los internos del Instituto Durmstrang asisten a una ceremonia en que el Cáliz de Fuego elegirá un estudiante de cada colegio para competir. Así nombra a Viktor Krum (Stanislav Ianevski), Fleur Delacour (Clèmence Poésy) y Cedric Diggory (Robert Pattinson). Pero además, inexplicablemente, da a conocer un último nombre: Harry Potter, aún si éste demasiado joven para participar y no quiere competir. La decisión del Cáliz es inapelable y debe hacerlo.

Frances de la Tour as Madame Maxine with the students of Beauxbatons in Warner Bros. Pictures' Harry Potter and the Goblet of Fire


Mientras tanto, la imprudente periodista Rita Skeeter (Miranda Richardson, muy divertida) siembra discordia en la escuela al afirmar que Harry, buscando la gloria eterna metió su nombre en el cáliz. Dumbledore sospecha que quien lo haya inscrito quiere ponerlo en peligro y pide a “Ojoloco” Moody (Brendan Gleeson), un excéntrico profesor, que mantenga su penetrante ojo mágico en el maguito. Las difíciles pruebas del torneo – eludir a un dragón, sumergirse en un lago y atravesar un laberinto con vida propia- podrían costar la vida a uno o más de los participantes, y además está el problema de encontrar pareja para el baile de Navidad: Harry, desea invitar a la exótica Cho Chang (Katie Leung), en tanto Ron (Rupert Grint) no parece darse cuenta de un cambio en sus sentimientos hacia la repentinamente bellísima Hermione (Emma Watson), mientras que algunas chispas vuelan entre Hagrid (Robbie Coltrane) y Madame Maxine (la exquisita comediante Frances De La Tour).

Robert Pattinson as Cedric Diggory and Katie Leung as Cho Chang in Warner Bros. Pictures' Harry Potter and the Goblet of Fire


Los acontecimientos se tornan siniestros cuando alguien es asesinado en Hogwarts; Harry presiente que no todo es lo que parece y muy pronto se encontrará cara a cara con su peor enemigo... considerada la más oscura y ambiciosa cinta de toda la serie, esta entrega cuenta con (como era de esperarse) una plétora de bien logrados efectos especiales y de maquillaje, así como sólidas actuaciones por un impresionante reparto de veteranos talentos del Reino Unido (entre ellos la magistral Maggie Smith como la profesora McGonagall) que apoyan y enmarcan el notable trabajo de un conjunto de jóvenes actores – algunos debutantes- que demuestran su talento. Newell declaró que su intención era mostrar a los chicos como “entes subversivos y tan corruptos como sus contrapartes adultas” y logra su cometido: ahora hay más “carne” en los personajes y las actuaciones que logra de ellos hacen que por momentos sean los jóvenes aprendices de brujos en todos los aspectos.

Se acercarán tiempos oscuros para Potter y compañía, pero el trabajo presentado aquí es brillante por méritos propios, amparado por el derroche de una producción impresionante; si bien no tendrá los despliegues imaginativos de Alfonso Cuarón – que dirigió El Prisionero de Azkabán- no desmerece y ciertamente, tiene todo para cautivar a los espectadores durante dos horas y media (es la más larga hasta ahora, amén de la más costosa: 140 millones de dólares) y hacerlos volver por más de las aventuras de este carismático chamaco, a quien virtualmente hemos visto convertirse en un hombre, a su paso por la pantalla.

Harry Potter y el Cáliz de Fuego / Harry Potter and The Goblet of Fire
Con: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Michael Gambon, Gary Oldman, Miranda Richardson y Maggie Smith.
Dirige: Mike Newell
Distribuye: Warner Brothers.

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Harry Potter y la Orden del Fénix / Harry Potter and the Order of the Phoenix, de David Yates

Miguel Cane

DVD box art for Warner Bros Pictures' Harry Potter and the Order of the Phoenix


Harry Potter es un fenómeno. Decirlo no es hipérbole ni tampoco una manera de disminuir su impacto. Hay millones de fans alrededor del mundo, que conocen la mitología de Hogwarts tal vez incluso mejor que la propia autora, JK Rowling. Las películas que se han derivado de la saga literaria han sido todas éxitos apoteósicos de taquilla y no veo razón alguna porque ésta nueva cinta, Harry Potter y la Orden del Fénix no lo sea, aún si de las cinco, ésta es la que más problemas tiene para saber qué quiere ser.

Katie Leung as Cho Chang, Emma Watson as Hermione Granger and Rupert Grint as Ron Weasley in Warner Bros Pictures' Harry Potter and the Order of the Phoenix


Harry ha cumplido ya dieciséis años, regresa a la escuela después de sus obligatorias vacaciones infernales con sus horrendos tíos y naturalmente, muy cambiado después de su devastadora experiencia en la competencia de la cinta anterior, que casi le cuesta la vida. Pero ahora las cosas en Hogwarts se complican, que con la presencia de una nueva figura burocrática en la escuela, una vieja tamalona, pedante, presuntamente decente y bien educada pero reseca y de mal corazón llamada Dolores Umbridge (encarnada de manera formidable por Imelda Staunton, la mismísima Vera Drake), que será literal y metafóricamente una patada en los bajos para el maguito y sus finas amistades, el confundido Ron y la cada vez más llamativa y radiante Hermione.

Imelda Staunton as Dolores Umbridge in Warner Bros. Pictures' Harry Potter and the Order of the Phoenix

Imelda Staunton as Dolores Umbridge in Warner Bros. Pictures' Harry Potter and the Order of the Phoenix


Daniel Radcliffe ha crecido junto con su personaje y esto se advierte en su trabajo interpretativo, mas hay algunas limitaciones no en su desempeño, sino en el desarrollo del personaje y la dirección, a cargo de David Yates – que ha sido contratado para realizar la siguiente, El Misterio del Príncipe- y que parece haberse metido en un territorio muy ajeno a su trabajo (hasta ahora desconocido fuera de Inglaterra).

La película tiene un tono tan oscuro y perturbador que la anterior, pero es menos imaginativa, por ejemplo que la de Cuarón y la magia parece estar más ausente ahora que nunca antes.

Quizá la que se roba la película, aún pese a no estar bien dirigida, es Helena Bonham Carter como la supersiniestra villanaza Bellatrix Lestrange, pero al igual que otros personajes, se siente más como una caricatura que como aquellos que ya conocíamos de antes. Maggie Smith aparece cansada como Minerva McGonagall y Gary Oldman hace una aparición especial, que precede a uno de los momentos más perturbadores de la cinta. No cometeré el imperdonable pecado de revelar más de la trama, pero el lector fiel de la saga, sabe bien a qué me refiero.


Daniel Radcliffe as Harry Potter in Warner Bros Pictures' Harry Potter and the Order of the Phoenix


¿Será que la ambición por sacar los filmes tan rápidamente les ha privado del sentido de la magia? No tengo modo de saberlo: Lo que sí, es que como espectador, me provocó más ansiedad el esperar que ocurriera algo, que lo visto en la pantalla. Sólo me queda esperar que esta película no marque el paso de lo que vendrá. Ya no hay la candidez de las tres primeras – aunque los efectos siguen siendo de primera- y se regodea en la violencia que anticipaba la versión anterior. ¿Se está oscureciendo Harry Potter?

Quizá esto venga a probar que una serie fílmica demasiado larga es, por decir lo menos, desigual y puede llegar a ser decepcionante a la larga, en sus capítulos posteriores.

Y si no me creen, pregúntenle a George Lucas…

Harry Potter y La orden del Fénix / Harry Potter and the Order of the Phoenix
Con Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Maggie Smith, Helena Bonham Carter, Ralph Fiennes y Gary Oldman
Dirige David YatesReino Unido/Estados Unidos 2007

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Hasta el viento tiene miedo, de Gustavo Moheno

Paxton Hernández




En la mayoría de los casos se trabajan remakes basados en obras clásicas por dos razones: uno, por el ánimo mercenario de tener un éxito facilón, supuestamente garantizado, que es el caso de la tendencia que ha infectado Hollywood durante la última década; o dos, por la arrogancia que supone que todo se puede (o necesita) actualizar (se) a los estándares del presente. La mayor parte del tiempo, los resultados, qué duda cabe, son vomitivos estropicios, véase si no el caso de esa basura que fue el remake de una obra seminal como Wicker Man, producido por la Reina de TV Azteca, Elisa Salinas. Todo reducto de superioridad moral que el mexicano supuestamente siente frente al gringo o el chino, reyes de las copias, prontó será derruido porque justo para allá va que vuela.

Con una aparatosa campaña publicitaria llega Hasta el viento tiene miedo (México, 2007), la ópera prima de Gustavo Moheno, el eternometraje de tan sólo ¡88 minutos! que refritea -perdón, "reinterpreta"- la trama de la película original de Taboada, por supuesto destrozándola.
Después dos intentos de suicidio, Claudia (Martha Higareda idéntica a su Adela León) es recluida en la Casa Alquicira, institución para el tratamiento de muchachas con problemas de anorexia, bullimia o drogas, dirigida por la severa doctora en psiquiatría Bernanda (Verónica Langer), pero sucesos extraños terminarán por afectar a ella y a sus compañeras.


De manera sorpresiva, la película efectúa un saqueo impune a otras tres cintas, como sigue.
La historia de cinco muchachas babas, cada una representante de un estereotipo diferente, que pasan una temporada en una prestigiosa casa para el tratamiento de sus diversos trastornos, con severa directora amargada, ya fue estrenada en las pantallas nacionales...hace 6 meses.

Filmada por el vilipendiado Fernando Sariñana, Niñas mal, en tono amable de babosa teen comedy, era el retrato de la teen angst con 5 creciditas adultas que ya no estaban para esos dengues. Hasta el viento tiene miedo es la misma crónica, en la que el tono del relato supuestamente cambia a horror gótico, aunque las adultas creciditas siguen ahí.

El segundo saqueo, es el que acomete con mayor descaro. Lo hace a Historia de dos hermanas de Kim Ji-woon, con la metáfora que elabora en torno a la sangre menstrual como símbolo del mal lacerante y de la violencia entre damas. Incluso hay por ahí una escena idéntica, calcada de aquella obra maestra del K-horror, cuando Claudia se encuentra en su cama y observa a un espectro, por cuyas piernas corre un chorro de sangre. Pero Hasta el viento tiene miedo es incapaz de siquiera mimetizar el complejo rompecabezas mental de aquella, y el mayor conflicto recae en fantasmitas vengadoras que vienen a cobrarse los aburridos líos de faldas entre lesbianas de clóset. Ajúm.

Y curiosamente el tercer saqueo es a una de las películas más aborrecidas del año, Cañitas, film que curiosamente allá por marzo, para sorpresa de todos, estableció la línea estética dominante de la mayor parte del cine nacional del 2007: ese regodeo por las penumbras medianoche, en un principio símbolo de un mal demoníaco, y por una textura visual por completo monocromática. El film de Moheno también homenajea la escena de la invocación y el final de aquél filme con tormenta y puertas azotándose incluidas. Sin embargo, aquí el saqueo se consuma sin sorpresa: Julio César Estrada, director tanto de Cañitas como de Espinas fungió como productor de Hasta el viento tiene miedo.


Hasta el viento tiene miedo es el remake que destroza una obra clásica del cine de terror mexicano, una machista fantasía húmeda lesbianoide ultrasoft, un ejemplar de cine de denuncia social que pierde piso de inmediato, en donde lo que da más miedo es el hecho de que ya somos igualitos a los gringos o a los chinos. Felicidades.



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Hellboy II / Hellboy II: The Golden Army, de Guillermo del Toro

Miguel Cane




Después de un trabajo tan hermosamente realizado como lo fue la multipremiada El Laberinto del Fauno, era de esperar que la siguiente película de Guillermo del Toro tuviera unas expectativas muy, muy grandes a superar… y es perfectamente normal (de rigor, se diría, siendo realistas y no necesariamente crueles) que Hellboy II se quede corta al ser (quizá injustamente) comparada con la obra maestra anterior de Del Toro o bien, resulta decepcionante que, con tanto talento involucrado – especialmente tratándose de un director tan brillante, imaginativo y enamorado de sus temas como lo es Del Toro- que la película sea solamente una película veraniega palomera y cumplidora… pero nada del otro mundo.

Desde que aparecieron los primeros avances e imágenes, se esperaba que la película fuera una mezcla de acción, humor y espectáculo, ostensiblemente fiel a su fuente, el cómic creado hace más de quince años por Mike Mignola para la casa Dark Horse. Y claro, padece del síndrome de la secuela: en esta película forzosamente hay más músculo, armas más grandes y poderosas así como villanos todavía más malvados y delirantes que en la primera, que en su momento fue una película refrescante y muy bien lograda – anticipando lo que Del Toro haría después con su laberinto-.

Sin embargo, aquí la imaginación del autor no basta para lograr un producto cien por ciento satisfactorio. Que no se tome a mal este comentario: la película pasa una excelente factura, se nota la mano del gordito en un sinfín de detalles y Ron Perlman, como el personaje principal, está muy bien, con el apoyo que representa la aparición de John Hurt, que siempre es una garantía de buen trabajo, aún si la película en que actúa se desploma en algún momento (como ocurrió en V de Venganza y más recientemente, Los Crímenes de Oxford y la última de Indiana Jones – que ya, bastante rápido está disolviéndose en el olvido- donde lo más notable fue su trabajo impecable).

Partiendo de una trama del cómic, Del Toro es el único responsable del guión que a veces, se bambolea y no consigue mantener una lógica firme – que no le falló en la primera parte, pese a tratarse de una historia propositivamente inverosímil hecha creíble precisamente por su planteamiento. Aquí, al romperse la vieja tregua existente entre los seres humanos y el mundo de lo sobrenatural, el infierno está a punto de estallar en la tierra. Un cruel líder que ocupa el mundo de arriba y de abajo, desafía a los de su propia sangre y despierta a un imparable ejército de criaturas infernales (el ejército dorado del título). Sólo el superhéroe más duro y más brutal y bienintencionado o del planeta puede enfrentarse al despiadado dictador y a sus mercenarios. Aunque sea rojo, aunque tenga cuernos, aunque sea un incomprendido, cuando llega el momento, no queda más remedio que recurrir a Hellboy (Ron Perlman).




Así pues, con el apoyo del equipo de la Oficina para la Investigación y el Desarrollo de lo Paranormal, formado por su novia pirokinética Liz Sherman (Selma Blair, extrañamente baja de forma, considerando que es una estupenda actriz), su gemelo acuático Abe (Doug Jones) y el místico protoplásmico Johann, viajará entre la superficie visible y el invisible nivel mágico, donde las criaturas fantásticas se hacen corpóreas, para librar una batalla de efectos visuales muy llamativos que decidirá el futuro incierto de la humanidad.

La película funciona, pero para su mala suerte, no tiene el impacto ni la permanencia, ni la poesía visual de los que es capaz el autor. Hellboy II se deja ver, pero se siente casi como si fuera una película de encargo (¿recuerdan cuando Tim Burton hizo El Planeta de los Simios o Alfonso Cuarón hizo la tercera de Harry Potter?). Es decir, el talento ahí está, mas falta una chispa de pasión que pueda incendiar la pantalla. Inferior a la cinta anterior con los mismos personajes (por mucho), un tanto frágil y muy preocupada por “transmitir un mensaje” que no hace falta realmente por que queda muy claro desde el principio, esta cinta de Del Toro cumple, pero sabe a poco. Habrá que esperar y ver si se recupera y vuelve por la gloria con El Hobbit, por que esta vez, el tapatío se ha quedado algo corto.

Hellboy II: The Golden Army/Hellboy II
Con Ron Perlman, Doug Jones, Selma Blair, Luke Goss y John Hurt.
Dirige Guillermo del Toro
Estados Unidos 2008


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La heredera / Washington Square, de Agnieszka Holland

Francisco Peña




La película de Agnieszka Holland “La Heredera / Washington Square” está basada en la obra del mismo nombre del escritor norteamericano Henry James. Holland ha logrado recrear con firmeza y creatividad el NuevaYork de la era victoriana, con sus prejuicios, sueños y ambiente social gracias al material literario.

Pero Agnieszka Holland, a partir de esa base, logra un film sensible y con excelentes matices emocionales trazados en sus personajes. De esta forma, el espectador puede ver una cinta meritoria que no desmerece ante el resto de la filmografía de la cineasta polaca. De hecho, citando al Dr. Hans Falkenheimer, hay que recordar que Holland trabajó como asistente de Andrzej Wajda, no puede uno dejar de recordar las películas de época del director polaco y un cierto ambiente semejante con el film “Las señoritas de Wilko” de este autor.

Sin embargo, Agnieszka Holland crea un film propio, con un manejo certero de los elementos cinematográficos. La trama respeta la obra de James y nos muestra las relaciones de cuatro personajes: la inocente heredera Catherine Sloper (Jennifer Jason Leigh), el pretendiente arribista Morris Townsend (Ben Chaplin), la tía alcahueta (Maggie Smith) y el padre opresivo Dr. Austin Sloper (Albert Finney).

El planteamiento de las relaciones amorosas femeninas donde se conjugan sentimientos y factores económicos se ha planteado por diversos autores y escritoras. Basta recordar las tramas de las novelas de Jane Austen, por dar un ejemplo, para ver la importancia del tema en la literatura anglosajona. Henry James la retoma y Holland la filma.

Catherine, muchacha tímida y sensible pero heredera de 40 mil dólares anuales de renta, es introducida a la sociedad de su tiempo y sus parientes buscan casarla con un hombre adecuado. Es decir, alguien que iguale o supere esa riqueza, y con condiciones de clase que se consideren “aceptables”.

Sin embargo, su inocencia la puede hacer víctima de arribistas e interesados, por lo que su padre la “cuida” en todo momento. A esta rica heredera, sin mayor chiste aparente, se acerca un joven pobre pero con educación y encanto: Morris Townsend. El resultado del asedio y la galantería es previsible, la chica se enamora pérdidamente del muchacho.

Bajo estas circunstancias, el padre busca investigar el pasado y la calidad del pretendiente y descubre su pobreza; de allí a deducir que va tras la fortuna de la chica sólo hay un paso. El enfrentamiento entre los dos hombres es inmediato y se llega a la ruptura.

La tía, transladando su romanticismo al joven, interviene para permitir carteos y visitas fugaces. Catherine se ve confrontada por la situación y debe elegir casarse y perder su herencia u obedecer al padre.

Hasta este momento, la trama no difiere de otras obras semejantes, melodramáticas y casi telenovelescas. Pero la obra de James complica la situación dando otro punto de vista. Pronto se descubre que tanto el padre como el pretendiente no toman en consideración los sentimientos y la personalidad de Catherine. Ambos se enfrentan por sus propios propósitos y por orgullo, y se justifican intelectualmente con ideas que en el fondo ocultan el machismo, la avaricia y la soberbia.

Lo sorprendente es que, en el fondo, ambos personajes masculinos desprecian a Catherine y, sin conocer la fuerza de su personalidad y determinación, la consideran una mujer sin chiste. Lo que hay en el fondo es un desprecio por la figura femenina. Catherine debe obedecer sin rebelarse, sólo es digna de casarse con un viudo o ser un objeto decorativo, no tiene ningún atributo en el “mercado de los pretendientes” más que su herencia.

Holland se centra en Catherine y va estudiando las diferentes etapas del desarrollo de la personalidad de la chica. La muchacha va moldeándose conforme se enfrenta a los obstáculos de su vida. De la torpeza física y la inocencia para al descubrimiento de su sexualidad y su pasón; de la entrega ilusionada para a la terca confrontación con el padre; de su firme decisión de casarse bajo culaquier circunstancia pasa a la amarga realidad de que para los dos hombres no representa más que dinero y un peón en el juego de su orgullo.

Catherine es el verdadero eje de la cinta. Vemos ese desarrollo hasta llegar a la toma de una decisión personal: no casarse.

Lo que esto implica es que Catherine quiere ser reconocida como persona, como adulto independiente. Dentro del contexto social en el que vive no tiene otras opciones más que permanecer soltera, vivir de su herencia y tener uno de los trabajos permitidos en ese entonces “de acuerdo a su condición femenina”.

Catherine no es una revolucionaria, pero se enfrenta al orden patriarcal establecido con las únicas armas que le son permitidas: la callada rebelión y la soltería. Ambas son las únicas vías en las que puede afirmarse Catherine dentro de esa sociedad, con el apoyo de las otras mujeres. Con base en una excelente actuación de Jennifer Jason Leigh, Agniesza Holland va develando los diferentes matices que componen al personaje, desde su inocencia e inseguridad hasta la afirmación de su personalidad y de sus propias decisiones.

Uno de los puntos importantes que marca el film y sobre el cual insiste la Holland y el diálogo, es que Catherine puede ser independiente gracias a la herencia que recibió de su madre. Al no tener que depender totalmente de la economía masculina, Catherine tiene bases para su rebelión callada de resistencia.

Tal como lo describe Virginia Woolf en su ensayo “Una Habitación Propia / A Room of One’s Own”, una mujer puede ser creativa e independiente, tener un lugar propio, si tiene una cantidad suficiente de dinero que le permita esa libertad. Este punto da la posibilidad a Catherine de enfrentarse a su padre y a su mismo amante. En el fondo, son los primeros pasos de un feminismo incipiente, pero no por incipiente menos valioso, porque de él nace el hecho de tomar las propias decisiones sin depender de otros.

Holland narra sútilmente los cambios de Catherine por todo este víacrucis emocional. Algunas situaciones son de una delicadeza perfecta, como el hecho de que la joven luego de ver a su novio se dirija al espejo y bese su propia imagen; es el despertar de una sexualidad que no sabe aun como expresarse. Los momentos de pasión del primer beso, la dureza frente al padre, la desesperación del abandono, son otros ejemplos en donde brilla la actuación y la dirección de las dos artistas. Los cambios, los gestos, la mirada de Jennifer Jason Leigh son un instrumento perfecto para que la directora polaca muestre los cambios de sentimiento y los vaya modulando.


Agnieszka Holland

Aun los momentos álgidos de la verdad, cuando Catherine enfrenta el desprecio del padre durante su viaje a Europa y la avaricia del amante, el personaje saca fuerzas de si misma para resistir y afirmarse en su decisión. Las actuaciones son claves para lograr esta fuerza. Una de las secuencias clave está en la confrontación en la montaña entre el padre (Albert Finney) y Catherine. El duelo de actuaciones entre el viejo lobo de mar Finney -en “Tom Jones” o “Bajo el Volcán”- saca los mejor de Jennifer Jason Leigh -“Kansas City”-, o las escenas finales donde el Dr. Slope sufre su ataque y Catherine no acude en su ayuda.

También cabe mencionar la presencia de la gran actriz inglesa Maggie Smith. La tía alcahueta y enamorada de Morris se encarna perfectamente gracias al trabajo de esta actriz que tiene toda la experiencia del mundo. Ben Chaplin maneja a su personaje adecuadamente y es cuando revela la verdad de la avaricia donde se percibe con claridad la mezquindad emocional de Morris Townsend.

Para narrar con esa fuerza y con esa sensibilidad, Agnieszka Holland se rodea curiosamente de polacos en puestos claves. Basta ver quienes están a cargo de la fotografía y la música, puntos claves en la factura de esta cinta.

Todos estos elementos se conjuntan en un melodrama feminista de magnífica factura. No deja de ser una película comercial, pero las subtramas y los matices que maneja y logra Agnieszka Holland hacen de “La Heredera / Washington Square” una película digna de ser vista.

Lo valioso de la película de la Holland es que, parafraseando a Hemingway, se puede ver que una mujer puede ser derrotada pero no destruida.

LA HEREDERA. 1997. Estados Unidos. Producción: Hollywood Pictures, Caravan Pictures, Roger Birnbaum, Julie Bergman Sender, Agnieszla Holland. Dirección: Agnieszka Holland. Guión: Carol Doyle, basado en "Washington Square", de Henry James. Fotografía en Color: Jerzy Zielinski. Música: Jan A. P. Kaczmarek. Edición: David Siegel. Intérpretes: Jennifer Jason Leigh (Catherine Sloper), Albert Finney (Dr. Austin Sloper), Ben Chaplin (Morris Townsend), Maggie Smith (tía Lavinia Penniman), Judith Ivey (Elizabeth Almond). Duración: 115 minutos. Distribución: Quimera Films.

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Hermanos Grimm / Brothers Grimm, de Terry Gilliam

Miguel Cane

Matt Damon and Heath Ledger star in Dimension Films' The Brothers Grimm


Todos en algún momento de nuestras vidas hemos escuchado alguna versión de los cuentos – incidentalmente muy violentos- que fueron compilados (¿creados?) en el siglo XIX por los hermanos Wilhelm y Jacob Grimm, folkloristas alemanes que tomaron relatos de la tradición oral y los convirtieron en los cuentos “de hadas” más célebres y conocidos de la historia.

Ahora, de la mano del formidable ex Monty Python Terry Gilliam [responsable de filmes fascinantes como Las Aventuras del Barón Münchausen, Bandidos del Tiempo, Brasil y la espléndida Doce Monos], estos dos personajes trascienden su estatus de leyenda para adentrarse en la más profunda oscuridad del bosque en una siniestra aventura cinematográfica que, por el simple hecho de ser la primera película en siete años de este genial director, amerita ser vista en la pantalla grande.

Monica Bellucci and Heath Ledger in Dimension Films' The Brothers Grimm


Los hermanos, aquí llamados Will (Matt Damon) y Jake (Heath Ledger) se dedican a viajar por varios rincones de Alemania, estafando a la gente ignorante: su modus operando es que aseguran tener poderes para ahuyentar a brujas, demonios y otros seres siniestros que “asolan” las aldeas. Por supuesto, todo es una mojiganga armada por ambos para extorsionar a los cándidos campesinos. Así va la cosa, hasta que el ejército francés – ésta es la época de las guerras napoleónicas- los arresta y los envía a una desolada aldea en medio de la Selva Negra, donde las niñas desaparecen de manera alarmante. Pronto, los muchachos descubrirán para su horror, que no se verán confrontados por entes imaginarios sino por una poderosísima y perversa mujer (la despampanante Monica Belucci, que roba cada escena en la que está, regia en sus atuendos y hermosura, pero – como en las dos últimas cintas de Matrix- aparece muy poquito) que podría acabar con sus vidas…

Monica Bellucci as Queen Mirror in Dimension Films' The Brothers Grimm


Partiendo de un guión regular de Ehren Kruger (el mismo creador de la angustiosa La Llave Maestra), y con una atribulada producción hecha en locaciones de Rumania, Gilliam literalmente se suelta el pelo – sería por los años apartado de los sets después de una frustrante experiencia al tratar de filmar una versión de Don Quijote que parecía maldita por la Ley de Murphy- y hace aquí una película visualmente barroca, que sigue fielmente su credo estético: no hay reglas que se apliquen, entre más monumental y recargado, mejor. Así, los bosques parecen vivos, la amenaza es atmosférica y muy efectiva y si bien los dos actores resultan chambones, esto es parte de sus personajes. Los hermanos Grimm que Gilliam propone, son cualquier cosa menos realmente heroicos y así, por momentos, la cinta adquiere tintes de ser una farsa con el corazón muy, muy negro y realmente su ritmo proviene no de los protagonistas sino de la exquisita Belucci, el siempre estupendo Jonathan Pryce y la guapa Lena Heady (que entró de último minuto a reemplazar a la británica Samantha Morton) que dan nuevos matices al filme con sus interpretaciones, que tienen más humor y empatía, en cierto modo, que los principales.

Heath Ledger as Jacob Grimm and Matt Damon as Wilhelm Grimm in Dimension Films' The Brothers Grimm


La cinta es suntuosa, épica y formidable, aunque difícilmente podría entrar en alguna categoría ordinaria: es demasiado oscura para ser de fantasía y tampoco podría calificársele de cinta de terror, ya que pese a su violencia, tiene una enorme simpatía. Como fuere, Hermanos Grimm es el retorno de un grande y, aunque menor en su canon, debe verse, ya que no deja de ser, cuadro por cuadro, una experiencia fascinante.

Hermanos Grimm/Brothers Grimm
Con: Matt Damon, Heath Ledger, Lena Heady, Jonathan Pryce y Monica Belucci
Dirige: Terry Gilliam. Distribuye: Videocine (2005)

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