Tiene 25 años y se ha convertido, en tiempo récord, en una de las figuras más reconocidas en el mundo de la farándula internacional protagonizando éxitos como Iron Man 2, aunque asegura que en el fondo, es una muchacha igual que todas.
Miguel Cane
Desde que a los doce años fuera descubierta por Robert Redford y posteriormente se viera aclamada por la crítica por su trabajo en la cinta de Sofia Coppola Lost in Translation, Scarlett Johansson ha visto su estrella ascender en el firmamento del show business de modo impresionante.
Ahora, apenas de 25 años, es musa de Woody Allen (con tres filmes: Match Point, Scoop y Vicky Christina Barcelona). Es también el rostro oficial de Dolce y Gabbana y es una de las protagonistas de la anticipada cinta que inaugura la temporada de verano: Iron Man 2, en que comparte créditos con Robert Downey Jr. y Gwyneth Paltrow, por lo que no sólo es una belleza deseada, sino también una de las mujeres que más duro trabajan en Hollywood estos días, ya que si todo lo anterior no fuera suficiente, está casada con el galán canadiense Ryan Reynolds y trata de llevar una vida alejada del glamour, más acorde a su edad “soy una chica como cualquiera. De verdad, eso de ser una movie star es sólo cosa de mi trabajo, pero en la vida real soy muy diferente... ¡hasta tímida!”
No paras de trabajar. ¿No has pensado descansar una temporada?
Sí, mi esposo también me lo pregunta (ríe). Llevo un ritmo de rodajes muy estresante pero del agotamiento salen mis mejores trabajos. De hecho, antes, cuando no rodaba durante más de dos meses me ponía nerviosa, ahora he aprendido a relajarme. Prefiero recuperar energía comiendo bien, durmiendo y viendo mis películas favoritas. También evito asistir a muchos actos sociales. La verdad es que no me gusta el estilo de vida superficial que se supone que debe llevar una celebridad; para otras actrices esta clase de vida puede resultar tentadora, pero no lo es para mí. Yo soy feliz en mi casa.
¿No es Iron Man 2 un giro inesperado en tu carrera?
¿Lo dices porque es una película de acción? Bueno, ¿y por qué no iba a hacerla? Ya había hecho La Isla, y aunque no estuvo tan bien, yo quería probar de nuevo. Leí el guión y me gustó la propuesta; adoro el personaje de Natasha Romanov, la Viuda Negra, y la idea de los aliados rivales me fascinó. Ésas fueron las razones... aparte, claro, de la delicia que es trabajar con Bob (Downey) y Gwyneth, y Don Cheadle y Mickey Rourke... digamos que no pude resistirme a la oferta.
¿Cómo te preparaste para interpretar a Natasha?
Pues Ryan me prestó todos sus cómics de Iron Man y Daredevil y los Vengadores (Risas). Es en serio, quise sumergirme absolutamente en el cómic y en el personaje, que además, no es tan conocido como otras superheroinas, Natasha es sumamente compleja. Así que leí, investigué… durante un mes estuve encerrada, aprendiendo todo lo que pude sobre el personaje, tratando de ser fiel al concepto. Fue fascinante y muy divertido. Demás que descubrí que tengo un marido experto en cómics. (Risas)
¿Cómo resulto el rodaje de una cinta de tanta acción, como esta? Fue estupendo. A mí me gustan las películas que me representan un reto y éste era el caso. Mi personaje es una mujer complicada con habilidades extraordinarias y siempre he pensado que esas son las historias que vale la pena contar. Además, tenía ganas de trabajar con Jon Favreau como director; había visto la primera parte y me encantó. Este fue un proyecto que yo quise hacer y perseguí al personaje hasta obtenerlo… y te puedo decir que verlo en pantalla es algo muy satisfactorio para mí. Natasha es un personaje que me divirtió mucho. Lo que yo quiero en el futuro es correr riesgos y vivir al máximo. Y hacer esta película me hizo sentir muy viva. Lo disfruté.
¿Te exigió mucho físicamente este papel? Sí. En las películas de acción que había hecho antes, como La Isla o Eight Legged Creatures, sólo tenía que hacer reacciones, o coreografiar las escenas de lucha y acción… pero aquí es muy distinto. Mi personaje es una mujer, como decía, en circunstancias extraordinarias; es una espía insuperable, con mucha agilidad y muy temeraria, todo lo que yo no soy (risas), entonces tenía que hacer escenas de riesgo más realistas que en La Isla… me tuvieron que enseñar a saltar, a tirar de un arma, a descolgarme… porque no quise que mis stunts los hiciera alguien más. Sólo los muy arriesgados, por cuestiones de producción y seguridad no los hice yo, pero, fue una experiencia muy divertida. ¡Parece fácil! Pero es muy arriesgado. Te digo, al principio no querían (los productores) que yo hiciera, algunas cosas, pero los convencí. ¿Sabes que te puedes volver adicto al peligro? Es una descarga de adrenalina maravillosa cada vez que haces esto y si consigues que quede en una sola toma, es mejor. Así se lo propuse a Jon, “te apuesto un dólar a que tal o cual escena queda en una sola toma”… ¡al final nos debíamos mutuamente mucho dinero! (ríe)
¿Será que habrá una heroína de acción en tu futuro? Curiosamente, aunque hacer esto me gusta, no me veo a mí misma como una heroína de acción. Creo que hay ciertas partes de mi cuerpo que no se mantendrán tan bien como me gustaría en un futuro. Solo espero que cuando cumpla 45 o 50 años no me propongan hacer esta clase de escenas de nuevo, porque el resultado no va a ser el mismo. No me preocupa que la gente vea como he cambiado con el paso del tiempo, sino que me preocuparía no cumplir con mi trabajo como se debe. Aunque me gusta ser una actriz versátil, eso sí. Además, ahora que lo pienso... si Sigourney Weaver pudo, ¿yo por qué no? ¡Nada está escrito!
¿Seguiste algún régimen especial para ponerte en forma?
La verdad, no tuve ninguno específico, solo lo normal, lo que hago siempre: hacer ejercicio para quemar más calorías de las que suelo consumir. Corro todos los días y hago pesas y Pilates tres veces por semana. Desde hace siete años trabajo con la misma entrenadora física y es genial, consigue que esté bien sin matarme de hambre y sin acabar exhausta, y como bien sin pasarme, porque soy una vergüenza… dame un chocolate y estoy perdida (ríe)
¿Cómo te sientes de ser vista como un moderno sex symbol ...? ¿Es difícil de aceptar cuando se es tan joven?
Si te soy sincera, ni siquiera ahora mismo me siento un sex symbol. Cuando era adolescente tenía muchos complejos y me ha costado mucho superarlos: pensaba que era gorda y que mi voz era fea, nada femenina, y que mis labios eran demasiado gruesos. Pensaba que mi nariz era muy ancha y mis piernas muy cortas. En la actualidad ya he aceptado que nadie es perfecto. Y no creas, no hay que desestimar la labor del maquillaje (estalla en carcajadas). Es bonito recibir tantos piropos y toda esa atención Pero no me creo nada (ríe).
Eres una actriz joven y tienes éxito. Es inevitable que la prensa se “preocupe” por tu vida privada. ¿Cómo llevas eso de la fama? Yo creo que nadie está preparado para la fama. No hay instrucciones, ¡ojalá las hubiera!. Al principio es normal que los actores pasemos por ansiedad cuando somos objetivo permanente de las cámaras. Es bastante duro ver que un paparazzi te está persiguiendo a todas horas, hasta cuando vas a la tienda a comprar pan. Pero tienes que adaptarte a esa nueva situación. En mi caso, llevo más tiempo dentro la industria de Hollywood que fuera de ella. Si dijera que a estas alturas la atención me agobia, te mentiría. Soy consciente de que eso forma parte de mi profesión. Lo único que pretendo es trabajar y no engañarme a mí misma: esta es la vida que llevo y es lo que hay. Afortunadamente soy algo cínica y eso me ayuda a asumir estas cosas con mayor naturalidad (ríe). Siempre quise ser actriz. Esto es parte del territorio.
¿Cómo te ves a futuro? Apenas tienes veinticinco años... Actuando. Plena. Con una familia. Estoy contenta con lo que tengo. Espero que mi futuro sea como mi presente… pero no me gusta tampoco anticiparlo mucho ¿sabes? ¡El futuro siempre llega demasiado pronto!
De inocente palomita adolescente a vengativa asesina profesional, la actriz rubia llega a sus 40 años siempre fiel a sí misma.
Francisco Peña
Uma Thurman es una paradoja. Ubicada en el microgrupo de estrellas internacionales de Hollywood (el mundo no recuerda más de 50 nombres de memoria sin googlearlos), cada vez que puede se escapa a producciones alternativas. Pocos entienden por qué si Uma está en la cima de la fama insiste en bajarse del pedestal.
La respuesta está sembrada en su nombre: Uma Karuna Thuman. Su origen sánscrito está empapado de budismo; su padre, Robert Farrar Thurman, fue profesor de estudios de budismo tibetano en la Universidad de Columbia, fue el primer occidental ordenado como monje tibetano y amigo del actual Dalai Lama. Su madre y familia materna vienen del mundo del modelaje y la actuación. Desde su nacimiento el 29 de abril de 1970, Uma creció en un ambiente de valores budistas que interactúan –sin prejuzgar- con el ambiente posh, al que aceptan sin compartir su materialismo banal.
Con esas raíces no extraña que Uma tenga un pie en un mundo alterno y el otro en Hollywood. Mientras en su niñez viajó a India con cierta frecuencia y conoció al Dalai Lama, su adolescencia arranca con el modelaje y la actuación. Luego de sus primeras películas sin pena ni gloria da un salto mortal –¡sin red, señoras y señores, sin red!- a la fama internacional en Las Relaciones Peligrosas (Stephen Frears, 1988) y rodeada de actores reconocidos como Glenn Close, Michelle Pfeiffer y John Malcovich. Tenía apenas 18 años.
Desde joven marcó su tendencia a escoger “papeles peligrosos” y se embarcó en Henry y June (Philip Kaufman, 1990) como uno de los vértices del triángulo amoroso Henry Miller (Fred Ward), su mujer June (Thurman) y Anaïs Nin (María Medeiros). Pero el público deseaba más de la extraña belleza de Uma, que no encaja en el arquetipo de la güera de plástico hollywoodense gracias a la peculiar armonía de sus ojos, nariz y boca. Se embarcó en películas comerciales que no trascendieron porque el público no vió a la joven inocente de Relaciones ni a un nuevo símbolo sexual de consumo efímero. Por eso, su carrera actoral ha oscilado entre sonados triunfos y fracasos comerciales.
Uma es inolvidable en Pulp Fiction (Tarantino, 1994) en el papel “peligroso” de la drogadicta Mia Wallace. Destaca su baile con Travolta, descalza, en un mano a mano donde no da cuartel al mejor bailarín del cine en años. Impresiona en la escena donde, hasta el socket, revive con una inyección directa al corazón. Ese año fue nominada a los premios más importantes.
Pero como Hollywood no entiende que Uma brilla en la periferia del cine comercial y no en su centro, y el público no entiende que jamás le dará una actuación convencional ocurren graves errores como la horrible Batman & Robin (ella como Hiedra Venenosa) y Los Vengadores (como Emma Peel) o cintas intrascendentes como Mi super exnovia (Reitman, 2006) y Marido por accidente (Dunne, 2008)… aunque de algo tiene que vivir a diario.
Es preferible verla como La Novia o Mamba Negra en la saga Kill Bill (Tarantino, 2003-2004). Su trabajo es impresionante en películas en las que casi no abandona un segundo la pantalla. Demuestra ser capaz de dotar de todo tipo de emociones a un personaje aparentemente plano: pasa de ser una retorcida y sangrienta asesina sedienta de venganza a una maternal leona. Memorables son el duelo ritual con katanas frente a Lucy Liu, el violento enfrentamiento con Darryl Hannah y la confrontación final con Bill.
A sus 40 años Uma Thurman va y viene entre La Novia y la Hiedra Venenosa, pero se nota dónde está a gusto. Como marcan sus raíces budistas vive en el Samsara del cine comercial sin ser atrapada por sus ilusiones, mientras busca el Nirvana –casi siempre de la mano de Tarantino- con “personajes peligrosos” donde puede ser fiel a sí misma, libre de las convenciones de la fama. Con su belleza peculiar, se da el lujo de ser la rubia de dos mundos.
La cinta alemana de la directora Caroline Link es una delicia. El manejo del cine que exhibe es evidente desde el inicio de la cinta.
Comienza con un montaje alterno entre el escenario africano en Kenya y el escenario europeo en Alemania. De inmediato surgen los contrastes entre ambos lugares mientras se presentan a los personajes principales.
Jettel y Susskind
Un matrimonio joven con una hija ha decidido emigrar a Africa para escapar de la Alemania nazi en enero de 1938. El padre (Walter Redlich) se ha adelantado y su esposa Jettel (Juliane Köler) y su hija Regina viven aun en Breslau.
Jettel está rodeada de sus parientes, de clase media acomodada, quienes resienten las presiones nazis pero creen que las cosas se compondrán en el futuro y Hitler será frenado. Walter no tiene esas ilusiones y ha preparado la salida de su familia hacia un continente desconocido.
Este es el punto de arranque de una película que brilla por los matices de psicología, el cuidadoso uso de los lenguajes, una puesta en escena impecable, la alternancia y mezcla de culturas que se tocan pero no se fusionan, el manejo del punto de vista femenino en la observación de personajes y riqueza visual.
Es una película muy lograda en el estilo clásico de lo que es el cine, donde narración, historia y manejo cinematográfico es de primera. A diferencia de experimentos fílmicos (gratuitos o planeados), innovaciones cinematográficas (logradas o fallidas), En algún lugar de Africa muestra los excelentes alcances artísticos del cine clásico, cosa que ya se extrañaba en las pantallas mexicanas.
No en balde esta cinta ha sido reconocida con el Oscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera, en la entrega de este premio en 2003.
El primer punto a subrayar en favor de la película de Caroline Link es el uso de los lenguajes. Por el argumento, basado en la novela homónima de Stefan Zweig, varias culturas toman contacto entre si y se mezclan aunque no se aceptan del todo.
El respeto a la obra hace que en pantalla estén presentes cuatro idiomas. La población africana habla swahili y los blancos lo van aprendiendo a lo largo del tiempo. La familia Redlich se considera alemana y judía, pero no son religiosos, por lo que se sienten unidos a la patria y lengua de Goethe y Schiller, por lo que hablan alemán. También hay presencia del yiddish entre los personajes de la comunidad judía. Finalmente, como la acción trascurre en Kenya, la sociedad habla inglés, ya que en ese momento histórico el territorio era colonia inglesa.
El excelente manejo de los idiomas, que se mezclan y aparecen de acuerdo a las circunstancias de la historia, hacen que los personajes muestren rasgos propios que denotan también su psicología y situación particular.
Los lenguajes son sólo uno de los puntos que resaltan en una cinta equilibrada que entreteje muy bien todos sus elementos.
La estancia en Africa y los acontecimientos de la Segunda Guerra afectan a los miembros de la familia Redlich de manera diferente. Uno de los grandes aciertos de la cinta es mostrar estas situaciones y profundizar en los cambios existenciales con matices de luz y sombra.
La primera impactada es Regina. Demasiado pequeña para recordar bien Alemania (y su cultura), la niña es la primera en adaptarse al nuevo ambiente africano. De hecho, la convivencia diaria hace que su infancia transcurra entre la cultura blanca de los colonizadores ingleses y la negra africana original, con sus ritos, creencias y costumbres.
La adaptación de Regina la lleva a tener amigos tribales que le enseñan su medio ambiente. Entre ellos destaca Owuor.
Este personaje es un puente para entender la influencia africana sobre los Redlich. El puente es humanista: hay diferencias culturales, pero miedos, alegrías y conocimiento pueden ser compartidos por todos en la lucha diaria por la adaptación. Su mejor alumna es Regina; entre los dos personajes se establece un lazo de cariño que marca a ambos. Pero Owuor también modifica las percepciones de Walter y Jettel. En ese sentido, el espectador tiene que seguir de cerca el rol de este personaje en la trama de la película.
Volviendo a Regina, la chica pasa por varios cambios y despunta su adolescencia en Africa. Pero ella es blanca y forma parte de dicha comunidad, a pesar de que dentro de la misma hay muchas diferencias tangibles. No puede pues "fusionarse" con la cultura tribal negra de Kenya. El momento de cambio es el de la educación formal. Regina ingresa a un colegio inglés.
Pero dentro del colegio inglés blanco es separada en algunas actividades por ser judía (aunque sus padres no sean religiosos, sino que extrañan la cultura centroeuropea alemana). Aun así, la misma cultura inglesa, con los prejuicios de la época, reconoce en Regina a un ser capaz. Esto queda demostrado en la conversación de la niña con el director de la escuela, que no puede evitar dos o tres frases discriminatorias hacia los judios; pero termina entendiendo las capacidades humanas de Regina y le entrega un libro de Dickens.
Por otro lado, aparte de Owuor, Regina tiene sus amigos tribales. Asiste a la iniciación de uno de ellos, está en los ritos de las mujeres, tiene contacto con la fauna del lugar.
En síntesis, Regina es el crisol humano donde todas las culturas involucradas (alemana, africana, judía e inglesa) depositan varios elementos para su formación existencial. Uno de los grandes logros de la cinta es mostrar su situación con gran sensibilidad humana y plasmar que, a pesar de las diferencias, Regina es capaz de hacer (y representar) ese crisol cultural.
Regina
En ese sentido, quien mejor se adapta a los cambios de la vida, con todas sus dificultades, es Regina. En el punto contrario se encuentra su padre Walter. Su inteligencia lo lleva a detectar el peligro de permanecer en Alemania y actúa en consecuencia. Habla swahili, controla bien la granja encomendada, se desempeña bien en Africa, pero no puede olvidar sus profundas raíces alemanas y familiares.
A pesar de que superficialmente se adapta, no lo logra en el fondo y vive con el deseo de regresar. A esto se suma el hecho de lo que le ocurre poco a poco a los parientes judíos en Alemania.
El camino que se inicia en la Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht) hasta Auschwitz se narra en forma elegante pero contundente. Walter oye los acontecimientos generales por radio y recibe cartas de los parientes. La persecución abierta se inicia con la Kristallnacht, pero Walter recibe noticias de primera mano de su padre y de la familia de su esposa. La imposibilidad de escapar, las cartas que hablan de las creaciones de los ghettos y, al final, una breve postal de la Cruz Roja ("Nos mandan a Polonia. no nos olviden") y la carta de un desconocido que cuenta como fue asesinado su padre.
Este recurso literario está usado en forma brillante por la directora, que introduce estos cambios en la vida de sus personajes para ver sus reacciones. Las cartas y el radio son los vehículos pero Caroline Link remarca como afectan a la familia Redlich.
De vuelta con Walter, él pasa por un proceso social preciso según muestra la cinta. Es recluido con otros judíos alemanes en campos al estallar la guerra por órdenes de los ingleses, pero es liberado por la intervención de la comunidad judía en Kenia. Sin un papel en los acontecimientos decide enrolarse en el ejército inglés que combate a los japoneses en Birmania. Finalmente se le presenta la disyuntiva de regresar a Alemania y ayudar en la reconstrucción de lo que sería la República Federal Alemana.
Por otro lado, frente a Walter, está el perfecto adaptado al medio africano: Susskind. Es quien menos ha olvidado la herencia judía (reza, celebra Hannukah, etc.), pero es quien más ayuda a que la familia Redlich se adapte al medio. Pero sus raíces ya están en Africa (emigró en 1933 y no hasta 1938, conoce a los ingleses y vaticina su comportamiento, tiene buena relación con Owuor) y no en Alemania. Esa guerra no es su guerra, se ha adaptado a su medio.
Pero la visión femenina de la directora Caroline Link se aprecia con más certeza -en su indudable habilidad artística y cinematográfica- en los personajes de Regina y Jettel. De Regina ya hemos hablado. Basta subrayar que entre Regina y Jettel se cubren etapas importantes en la vida de las mujeres: niñez y adolescencia en Regina; juventud y madurez en Jettel.
Con una empatía envidiable y con el pleno control de los medios del cine, Caroline Link hace de Jettel el personaje central de su película. A ella dedica sus mejores esfuerzos y sensibilidad. Su proceso de adaptación a Africa es el más largo y doloroso y por ello el más representativo de la Humanidad.
Jettel, ubicada en la clase media judía, vive inmersa en la cultura centroeuropea. Esta acostumbrada a la cultura alemana y judía bajo la tendencia "asimilatoria" que buscaba la adaptación y el borrar las fronteras culturales sin perder el sello de la cultura judía. Al respecto, de manera similar había segmentos de la comunidad judía que vivían de esa forma en Polonia, Francia, Inglaterra, Holanda, etc. Las diferencias religiosas no se exaltaban sino que se mantenían en los límites de la convivencia diaria humana con los gentiles.
Al llegar a Africa no se adapta a la nueva cultura y añora volver (la compra de un inútil vestido de noche, la presencia de la vajilla familiar de porcelana, su distanciamiento de Walter). Jettel es pues la europea que se ve obligada a iniciar una nueva vida en un medio que considera atrasado y hostil.
El punto representativo surge de nuevo con el manejo de los lenguajes. Mientras Owuor trata de adaptarla enseñándole swahili, Jettel es refractaria e insiste en tratar a Owuor como un inferior, un sirviente: ¡quiere obligar a Owuor a que aprenda alemán!
La conciencia intelectual y humanística de Walter saca a la luz lo que le ocurre a Jettel y se lo dice: trata a Owuor en la misma manera discriminatoria en que los nazis tratan a los judíos. No son las mismas maneras pero la semilla de la esencia está implícita. Jettel cambia de inmediato.
Owuor y Regina
A partir de este punto, la mirada femenina de Caroline Link envuelve al personaje de Jettel (y de Regina, claro) y muestra una serie de detalles en pantalla que surgen del medio femenino. Jettel y Regina encuentran su lugar en el mundo no sólo a partir de una condición de emigradas sino también de mujeres que se enfrentan a la vida desde su propia condición.
Ante la ausencia de Walter, Jettel madura rápidamente. Se interesa por la cultura tribal africana a partir de sus voceros (Owuor, las mujeres de la aldea cercana, la misma Regina que la introduce a los ritos de la aldea desde el lado reservado a las mujeres -que además tienen sus propios desarrollos culturales-).
Jettel en la comunidad africana
Del rechazo evidente del medio africano Jettel pasa a la adaptación y cariño por el lugar en que vive A TRAVÉS DEL CONOCIMIENTO DE LA VIDA DEL OTRO QUE ES DISTINTO. Su paulatina educación emocional e intelectual está teñida también de elementos y reacciones femeninas, que sólo el ojo artístico de Caroline Link podía plasmar en pantalla.
En ese sentido, si se comparan las visiones de los personajes femeninos de las películas Piedras (del español Ramón Salazar) y En algún lugar de Africa (de Caroline Link) surgen matices y diferencias muy interesantes. Cada uno es capaz de mostrar algo novedoso sobre estos personajes pero desde distintos puntos de vista.
Salazar es simpático, es decir, quiere y tiene cariño por sus personajes "pero no se puede poner los zapatos de ellas", aunque tiene apuntes muy interesantes que enriquecen la visión sobre las mujeres. En cambio, Caroline Link es empática pues si puede colocarse en su lugar; esto le permite, a partir de mostrar ciertos rasgos femeninos especiales, plasmar una especie de visión "desde adentro" que también es muy rica y reveladora.
De regreso con Jettel, Link pone a su personaje a vivir en medio de las diferencias culturales (pero no humanas) y da valiosos detalles. Marcamos algunos de ellos:
- Logra que Owuor la ayude a traer agua del pozo, cuando la costumbre sfricana es que sean las mujeres las encargadas de la tarea. Owuor lo hace en medio del pitorreo de las mujeres negras. Pero allí comienza un mutuo conocimiento entre Owuor y Jettel que desemboca en una alta estimación de uno por el otro.
- Jettel deja de discriminar la cultura negra ("Una niña blanca no es una niña negra", le dice a Regina) cuando enfrenta las noticias de la Noche de los Cristales Rotos, cuando ve que su esposo mata antílopes ("Sólo quería que tuvieras tu maldita carne", le dice Walter), y poco a poco desaparece su actitud.
El último resabio es cuando los ingleses llevan a las mujeres a concentrarse a Nairobi. Mientras Owuor se despide cariñosamente de Regina y hablan de un antílope recien nacido, Jettel le espeta a Owuor como despedida: ¡Cuida nuestras cosas!
Pero Nairobi es el primer contacto de Jettel con la multietnicidad y multiculturalidad. En sus calles ve palpablemente el mosaico racial y cultural del Imperio Británico (eso si, aun separaditos).
Jettel y Regina
- En Nairobi también Jettel tiene que enfrentar la realidad. Para que su esposo sea liberado necesita trabajo; ella tiene que ceder un favor sexual con un sargento inglés para lograr la liberación. Con dolor personal Jettel se va adaptando a su situación.
- A esto se le suma el hecho de querer socorrer a una anciana negra que va a morir, y que su familia ha sacado al descampado para que las hienas se la lleven en la noche. Su reacción europea es ayudarla a SU manera, pero entiende la imposibilidad y, ante algunas mujeres de la tribu, cede a la costumbre tribal.
- El salto cualitativo de Jettel a su adaptación final a Africa se da cuando ella se encarga de la granja. Tiene la responsabilidad del mando pero ahora ya acepta la sabiduría africana encarnada en Owuor. También recibe los galanteos platónicos de Susskind. El remate es la conversación entre Regina y Jettel sobre la sexualidad de ambas y la situación de su matrimonio con Walter.
Es precisamente esta conversación donde la mano maestra de Caroline Link (en guión y realización) se ve en forma evidente. Este encuentro entre mujeres, con diálogos precisos pero cargados de sobreentendimiento, devela porque la directora ha hecho una magnífica cinta teñida de empatía (y no sólo eso, su manejo de las diferencias culturales también es deslumbrante).
- Para mostrar las dificultades con Walter, a quien ama y es su compañero, pero también es Otro individuo diferente, Caroline Link no recurre al feminismo militante, sino a la afirmación de lo femenino como algo propio y altamente respetable.
Esta parte, también esencial a la película como son el manejo de las diferencias culturales y los idiomas entre otras que hemos eñalado, se plasma en el regreso de Walter del frente de guerra. Mientras hacen el amor Jettel y Walter, él le cuenta lo que le pasó a la familia en Alemania, el hecho de que todos estén muertos, pero al menos que ella tenga la certidumbre ("Polonia significa la muerte") de la despedida final de su madre y hermana.
El desarollo de la relación también se anota desde los ojos de Jettel, desde la óptica femenina. Hay peleas pues ambos tienen diferentes puntos de vista sobre que hacer en la postguerra: él quiere regresar a Alemania, ella quiere -vueltas que da la vida y la adaptación- permanecer en Kenia (incluso con la oferta de Susskind de ser su nueva pareja si esa es su decisión, pero respetándola si ella prefiere a Walter).
Regina y Owuor
Las dificultades entre la pareja se resuelven en la escena de la plaga de langostas que invade los campos de la granja de Jettel (excelente secuencia que involucra a Regina, a la comunidad tribal, a Owuor...) en la que ella participa mientras está embarazada de su segundo hijo con Walter.
Comienza la plaga de langosta
Jettel y Walter
En algún lugar de Africa es un melodrama intenso que recuerda al espectador que el género es digno y está vivo. No se trata de un melodrama venido a menos por la proliferación de sus parientes televisivos, menos intensos y más adulterados por las necesidades del rating.
Es un melodrama muy rico y valioso porque está revestido y es el medio por el que se expresa un humanismo vivo y real. Además, las diferencias culturales, que no se borran pero que son salvadas por un conocimiento y respeto por lo que es el Otro, le dan un vigor y atractivo muy especiales.
Regina y los sabios de la comunidad negra
Frente a En un lugar de Africa, hay que ser honestos y decir que el panfleto fílmico El crimen del Padre Amaro no tenía oportunidad de ganar el Oscar a la Mejor Película de Lengua Extranjera en la entrega en marzo del 2003. Es evidente que la misma nominación era ya el reconocimiento adecuado para el film mexicano.
La cinta alemana de Caroline Link es vital y humana sin ser estruendosa, provoca la interacción emocional e intelectual con su público, respetándolo y respetándose en forma evidente.
Hacía ya tiempo que una cinta que llega a México, que maneja con gran habilidad los cánones del cine clásico, lograba plasmar tal cantidad de riqueza de contenidos; perio además, hecha con una solvencia cinematográfica y fílmica deslumbrante.
Regina y Owuor
Hay pues que ver (o volver a ver) En algún lugar de Africa para degustar lo que es el placer de ver buen cine en nuestras pantallas, tan lejanas de Dios y tan cercanas de los Estados Unidos.
EN ALGUN LUGAR DE AFRICA / NIRGENDWO IN AFRIKA. Dirección: Caroline Link. Año: 2001. Guiòn: Caroline Link, basado en la novela homónima de Stefanie Zweig. Fotografía en color: Gernot Roll. Música: Niki Reiser. Edición: Patricia Rommel. Intérpretes: Karoline Eckertz (Regina), Juliane Köler.
Es muy difícil, cuando una película tiene gran éxito, que su inevitable secuela llegue a estar a la mima altura. El caso de Iron Man 2 es de esos; no consigue los niveles que, el mismo director, Jon Favreau, logró con su predecesora, la cual hace dos años se perfiló como una sorpresiva y más que decente película de superhéroes.
En esta segunda parte, volvemos a ver al enormísimo Robert Downey Jr. como Tony Stark, papel que le ayudó a resucitar su carrera y con el que se nota que se siente cómodo, al menos más que Christian Bale cuando le toca hacer de Batman. Stark y su alter ego Iron Man son la razón de existir de toda la cinta, quitando casi todo el protagonismo a un buen reparto de soporte, que encabeza Gwyneth Paltrow como la sensacional y vivaz Pepper Potts, aunque aquí la química entre ambos no resulta tan aparente como en la primera película, y no se saca partido al potencial de la Paltrow, que es bastante.
Por otro lado el resto del elenco se tambalea y hace lo que puede con un guión un tanto fallido, Don Cheadle está correcto, Samuel L. Jackson tiene un cameo glorificado, la despampanante (es obvio) Scarlett Johansson como la “Viuda Negra” no parece fuera de sitio, igual que los villanazos de esta ocasión, Sam Rockwell (que está formidable en Moon, pero aquí se desperdicia) y Mickey Rourke que parece parodiarse a sí mismo, sólo que sin carisma.
Por su parte la Johansson tiene un papel que podría haber hecho cualquier otra actriz y seguiría aportando igual de poco. No obstante, los efectos especiales funcionan y el ritmo es trepidante así que eso compensa – después de todo, eso es lo que el público espera de este tipo de cintas- y si bien no tiene el humor socarrón de la primera parte, tampoco me atrevería a calificarla de fracaso terrible o de mediocre, porque hay materia prima de calidad. Es sólo que por definición, una secuela habitualmente es inferior al original y ésta lo es.
Por otro lado, hay un poco de todo para complacer a los fanboys del género – guiños que anuncian la inminente aparición en celuloide de El Capitán América-, y el cameo de rigor para sobarle el ego a Stan Lee.
¿Qué va a pasar con esta franquicia? Evidentemente, si hay afluencia en taquilla, será un hit y habrá una tercera parte. No sé si se justifique o se sostenga, pero Downey, Paltrow & Co. serían tontos si no aprovecharan la oportunidad. Sobre todo porque películas como estas son las que les permiten hacer cine de verdad, de manera independiente, después.
Con esto se inaugura la temporada de grandes estrenos de verano, asi que el público hará bien en estar preparado para la competencia de las cintas más vistosas, que buscarán llevarlo a las salas. Ésta, sin duda, lo hará.
Iron Man 2 Con Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Scarlett Johansson, Sam Rockwell, Don Cheadle, Samuel L. Jackson y Mickey Rourke Dirige: Jon FavreauEstados Unidos, 2010
Es uno de los grandes, con una carrera exitosa, pero prefiere ignorar la fama, para explorar cintas más independientes y memorables como El Último Camino
Miguel Cane
En el mundo de la literatura norteamericana y del cine moderno el nombre de Cormac McCarthy es sinónimo de calidad. Este brillante autor ha firmado novelas que se tradujeron en películas de Oscar como Sin lugar para los débiles y ahora, El Último Camino. La película, dirigida por John Hillcoat y protagonizada por Viggo Mortensen, Charlize Theron y Robert Duvall, se centra en el peligroso viaje de un padre (Mortensen) y su hijo de doce años hasta la costa, en un mundo apocalíptico poblado de amenazas para sus protagonistas. Viggo (nacido en 1958), que ha demostrado su interés en un cinema más alternativo, dándole la espalda a la celebridad que obtuvo al protagonizar la trilogía Lord of the Rings, brinda aquí una interpretación conmovedora y muy humana, algo que parece se ha vuelto su rúbrica.
El Último Camino es quizá la película más emocionalmente desoladora que has hecho. ¿Qué fue lo que te atrajo a participar en ella? El que es una historia de amor al mismo tiempo que una aventura de resistencia. Padre e hijo se aventuran en un viaje muy difícil y es el padre quien más aprende del hijo y no al revés. Me gusta esa lección porque no importa lo mal que vayan las cosas si al final sucede algo bueno. La historia que presenta la película es noble, simple y muy cierta. Creo que hay que ver la película para entenderla y que cada uno llegue a su propia conclusión.
Tu personaje trata de enseñar a su hijo cómo debe ser una persona. Tú eres padre, ¿alguna vez te has visto en esa situación? Claro, en cosas simples, no tan dramáticas como se presentan aquí. Los niños suelen ser tímidos y muchas veces no contestan. A mi hijo he tratado de inculcarle que debe ser franco y directo, que mire a los ojos a su interlocutor cuando hable aunque esté pidiendo una pizza en el restaurante. Una vez que aprendes a ser buena persona quieres que tu padre también lo sea y si tu padre de traiciona te enfadas y es esa transición la que está muy bien representada en esta cinta.
La película parece extenuante, ¿acabaste cansado del rodaje? Sí. Para serte honesto eso fue lo más difícil, la parte física. Quiero decir que he participado en películas que se han rodado en lugares con temperaturas extremas de frio y de calor pero nunca nada como este filme, donde el medio ambiente es un personaje consistente. En algunas escenas sentí que podía morirme de cansancio, pero eso me ayudó a crear el personaje. Eso ayudaba a dar mayor realidad a la sensación de intensidad. El tiempo se convierte en un personaje porque como bien dijo el director no hubo necesidad de efectos especiales. Lo que el público ve es lo que nosotros vivimos.
¿Cuál dirías que podría ser la finalidad de casi arriesgar la salud por una película? Bueno, tampoco hay que ser exagerados. Digo morirme en un sentido metafórico. Fue un agotador ejercicio físico y lo hicimos así porque queríamos ser fieles a la novela en laque está basada la película. Creo que se nota que lo conseguimos, ¿no te parece?
Sí, es una adaptación muy impactante. Entonces ahí lo tienes, amigo. Logramos nuestro propósito. Esa era la finalidad de ponerlo todo en el rodaje.
Trascendió en algunos medios estadounidenses que has pensado en dejar la actuación. ¿Es eso cierto ? No, para nada. No sé de dónde saca la prensa esas ideas. No tengo planes de retirarme porque me gusta mucho actuar y contar historias. Lo que si es cierto, es que tengo otros intereses como mi familia, mis exhibiciones fotográficas y mi compañía editorial. Pero eso no implica que no vaya a seguir dedicándome a esto.
¿Cómo encaras tu estatus de estrella de Hollywood? Es extraño, ¿sabes? Durante 22 años estuve haciendo películas con las que no conseguía que me pagaran lo suficiente para vivir y no llegaba a fin de mes pero disfrutaba tanto con la interpretación como ahora. Jamás pensé en ser actor por la fama, nunca desee ser una celebridad, ni que me pararan por la calle, lo que por un lado es un honor, porque la gente realmente admira tu trabajo y aprecia lo que haces, pero obviamente es una invasión de la privacidad. Si estoy sentado contigo tomando una cerveza y alguien viene y me dice "perdona que te moleste pero..."- y molestan, me parece cuando menos raro. ¿Tiene sentido? La primera reacción como ser humano sería enfadarme pero luego te adaptas a tu nueva situación y te enfrentas a ella con diplomacia, digamos que te acostumbras. Yo no voy a pegarle a nadie que venga a pedirme un autógrafo. Al contrario lo agradezco. Son otras cosas las que me sacan de quicio.
¿Qué es lo que te saca de quicio? La injusticia me subleva, ya sea hacia mi o hacia otros, es algo que me desespera, ya sea como individuo o como parte de la sociedad. La falta de honestidad tampoco la tolero, o las verdades que se utilizan para manipular. La gente egoísta o que no se preocupa del medio ambiente me enfada. Los políticos me enfadan con mucha frecuencia.
Tu hijo ya es un adulto ¿Cómo padre ha cambiado tu relación con él? Con mi hijo me llevo muy bien. No se enfada por nada y es muy razonable. A veces me pregunto cómo puede ser tan calmado, tan seguro de sí mismo, con un padre tan extraño como yo. Mi hijo es un tipo fantástico del que su madre (la cantante punk y poetisa Christine Xcervenka) y yo nos sentimos muy orgullosos.
Eres poco convencional, el tipo de artista que se sabe diferente, pese a vivir en un mundo que es pura imagen y pose. ¿Realmente no te importa lo que la gente piense? Bueno, sí me preocupa lo que digan los demás pero es cierto que me guardo mucho para mí mismo. La gente, algunas veces, cultiva sus pasiones y las lleva al extremo. Yo soy así. Soy poco convencional en ese sentido, como dices. Si quisiera aprovechar el momento habría rodado seis películas en los dos últimos años pero no he querido tomar ventaja de esa situación. Si es por atención ya he tenido más que suficiente. Si es por dinero para vivir he hecho bastante puedo incluso dar para que mi familia y mis amigos vivan bien. Estoy más que feliz con lo que tengo.
¿Cuál es tu prioridad en estos momentos? Estar más con mi familia. Quiero darme tiempo para ilusionarme con algo. Sé que soy capaz de hacer varias cosas a la vez pero es difícil trabajar y estar en paz al mismo tiempo.
Además, eres fotógrafo, ¿Sigues exponiendo? Sí, sí. Este año expuse primero en Dinamarca y luego en Islandia. También he publicado un libro de poesía con mi compañía Perceval Press. Como ves, me mantengo ocupado. Me gusta.
¿Qué efecto podrías decir que ha tenido Hollywood en tu vida? (risas) Yo no sé. Pero sin duda es un lugar donde hasta la persona más pequeña puede marcar diferencias. Lo que haces y lo que dices tiene un efecto domino en tu vida, la de tus amigos y la de tu familia. Cuando eliges un personaje nunca estás seguro de tomar la decisión adecuada pero una vez que dices que sí sucumbes a la historia, a los personajes, jamás pienso en lo negativo. Creo que la fuerza de esta película está en la fuerza que todos los personajes expresan, algo que está muy lejos de Hollywood.
Cine Visiones (Kino wizje) łączy w odniesieniu do żałoby, która ogarnęła mieszkańców Polska po śmierci jej prezydenta, Lecha Kaczyńskiego, jego żona Maria i wysokiej rangi urzędników rządowych.
A lo largo de cinco años, Cine Visiones ha promovido la difusión de la cultura polaca, en especial su cine y literatura, porque la considera una aportación valiosa a la cultura humana, aunque es poco conocida en Latinoamérica.
Por eso, Cine Visiones se une con respeto al luto que embarga al pueblo de Polonia por la muerte de su presidente, Lech Kaczynski, su esposa María, y altos funcionarios del gobierno.
También, en esta situación, hace suyas las ideas de Adam Michnik: “Me siento optimista en mi tristeza porque la declaración poderosa e inteligente de Putin ha abierto una fase nueva en las relaciones Rusia-Polonia, y porque los polacos estamos demostrando que podemos ser responsables y estables.”
Cine Visiones hace votos para que, en esta circunstancia, los pueblos de Polonia y Rusia, ambos víctimas cruentas del nazismo, inicien el camino del reencuentro, que un absolutismo zarista y un totalitarismo estalinista les han negado también.
“Hay que creer que se puede”.
Cine Visiones es parte de esa esperanza, que hoy comparte con sus lector@s.
Angélica Ponce, Patricia Farías, Miguel Cane, David Guzmán, Filiberto López, Francisco Peña.
El hecho de que la primera película de largometraje que está completamente ambientada en el mundo maya – e incluso hablada en su lengua- sea una producción estadounidense, dirigida nada menos que por el superstar Mel Gibson, ha resultado un foco de controversia, incluso a priori: no faltan quienes la condenan, aún sin haberla visto siquiera por el “sacrílego” atrevimiento de ser una película de Hollywood que osa “manosear” un aspecto de nuestra historia, del que decimos sentirnos muy orgullosos – aunque realmente nunca antes la hubiésemos tomado en consideración, pero así es esto del nacionalismo mal entendido.
Toda vez mencionado esto, hay que señalar que Apocalypto es un filme bastante convencional dentro de su muy criticado exotismo: sí, está en maya y muestra atisbos – o distorsiona, según los expertos en historia mesoamericana, yo no lo soy, así que no me consta- a una civilización que resulta bastante desconocida para nosotros (y eso que somos mexicanos y lo estudiamos en la escuela, ¡ahora, figúrense lo que será para un extranjero promedio!) pero se apoya en una trama bastante sencilla y directa para involucrar al espectador.
Zarpa de Jaguar (Rudy Youngblood) es un joven guerrero maya que, como miles de héroes en la historia, emprende un viaje para salvar a la mujer que ama y a su pueblo, de la inminente catástrofe de un invasor enemigo. Hay violencia, que ha sido sumamente criticada por ser “anacrónica y poco apegada a la realidad”, pero insisto: esto es una trama de ficción y como tal debe verse; no pretende en ningún momento ser un documental – igual que Ulama: el juego de la vida y la muerte (Roberto Rocín, 1986)- por lo que si tiene un ritmo vertiginoso a veces y escenas espeluznantes es porque entra en la categoría de ser una película de acción y aventura dentro del marco de la civilización maya; aunque lo mismo pudo haberse desarrollado en la antigua Roma o en Grecia [¿Alguien recuerda si hubiera quien se rasgara las vestiduras y clamara “racismo” o algún otro disparate cuando se hizo Gladiador? Evidentemente, aunque no lo vivimos, sabíamos que la antigua Roma no era así. ¡Y ni qué decir de la Taylor como Cleopatra!].
Lo interesante del asunto es ver cómo se desenvuelve la aventura de Zarpa de Jaguar: Gibson conoce su oficio y lo ha demostrado antes; así pues utiliza elementos narrativos e imágenes muy logradas – en colaboración con su director de fotografía, Dean Semler con quien también trabajó en ese catálogo de torturas disfrazado de épica llamado La Pasión de Cristo- para involucrarnos. Su elenco, conformado casi enteramente por desconocidos y amateurs, responde dando trabajos que impresionan por su detalle genuino – especialmente notables son los imponentes y brutales villanazos, interpretados por Raúl Trujillo y Rodolfo Palacios.
Las locaciones – en Veracruz- se aprovechan al máximo, y se transmite la sensación de angustia de correr en una selva inhóspita con absoluta verosimilitud.
Es muy posible que la película esté muy alejada de cómo era realmente el día-con-día de un imperio largamente extinto, sin embargo, no me parece que la cinta sea tan terrible como sus detractores en paroxismo pretenden hacerla pasar.
La intención de Gibson (y esto lo ha dicho él mismo) era dar una cinta que entretuviera, sobrecogiera y cautivara. Después de todo, en Hollywood – y créanlo, ésta es una cinta de Holywood, pese al contenido y presentación- la idea es ofrecer emoción al público mediante la imagen. En ese sentido, Apocalypto cumple: es una cinta estremecedora, bellamente realizada y con secuencias memorables. Pero, ¿es cine de arte? Por supuesto que no.
Apocalypto Con Rudy Youngblood, Dalia Hernández, Raúl Trujillo, Rodolfo Palacios e Isabel Díaz. Dirige: Mel Gibson. Estados Unidos, 2006