30 dic. 2008

Tierra de nadie / No man's land, de Danis Tanovic

Francisco Peña

La cinta del director bosnio Danis Tanovic, No Man’s Land / Tierra de nadie, se abrió paso poco a poco en el mercado internacional del cine hasta convertirse en una estrella fulgurante con premios como el Oscar y el Globo de Oro a la Mejor Película Extranjera.






El cineasta construye un alegato contra la guerra, en particular la ocurrida en los Balcanes, con una película sencilla pero que no carente de fuerza.

Tanto en guión como en puesta en escena, Tanovic abreva en situaciones clásicas de varios filmes antibélicos, y se concentra en pocos personajes para exponer más claramente su narración.

En ese sentido, No Man’s Land / Tierra de nadie se emparenta con viejas películas antiguerra como Infierno en el Pacífico / Hell in the Pacific (John Boorman, 1968) donde una pareja de soldados se confronta en un espacio muy reducido, donde afloran afinidades humanas y odios culturales.

Esta situación de pareja de soldados que se enfrentan cobra una nueva dimensión al ser ubicada en el teatro de guerra de Bosnia – Herzegovina, lugar de “limpiezas raciales”, exilios forzados, desaparición de poblados, enfrentamientos por divisiones culturales y religiosas. Esto motivó la intervención de los Cascos Azules de la ONU en dicha zona geográfica, especialmente alrededor de Sarajevo.




Alrededor del conflicto en los Balcanes se han filmado cintas excelentes y muy crudas, como el documental Niños de Kosovo, de Ferenc Moldoványi, y Polvorín, de Goran Paskaljevic, exhibidas en México.

¿Qué es entonces lo que distingue a No Man’s Land para obtener tanta relevancia internacional?

Probablemente su planteamiento de la cotidianeidad del absurdo bélico, su crítica a las potencias occidentales bajo la bandera azul de la ONU, su naturalismo al plantear las situaciones sin hacer juicios, y el mostrar los entretelones de los medios de comunicación que llevan las guerras a la los hogares occidentales escamoteando la humanidad común de los contendientes.

La cotidianeidad del absurdo bélico está encsarnado en el enfrentamiento del soldado bosnio Ciki y del soldado serbio Nino, atrapados en una trinchera aislada entre el fuego de ambos ejércitos.

En ese microcosmos se reproducen los conflictos y motivaciones que generaron un enfrentamiento que, bien a bien, nadie sabe quien empezó, pero que está ya teñido de recriminaciones, desconfianzas y odio imparable por el Otro que es diferente.

En la primera parte de la cinta, el director Danis Tanovic conduce a Ciki y a Nino a varios intercambios del ejercicio del poder. Uno domina al otro alternativamente, perdiendo el control cada uno varias veces conforme se pierde la posesión de las armas automáticas. Aunque las escenas no buscan un simbolismo directo, ni la alegoría, es imposible que el espectador no reflexione sobre las causas de la lucha por el poder vía las armas.

Esta alternancia de cada soldado en el control no resuelve el conflicto de la sobrevivencia, por lo que deciden unir fuerzas para, sin uniformes, mostrar su deseo de que ambos bandos hagan una tregua y ser rescatados por las fuerzas de la ONU.

Este es el principio de sus diálogos oscilantes entre la agresión y el descubrimiento de su mutua humanidad. De hecho, Ciki y Nino descubren que conocen a la misma muchacha del mismo pueblo, pero también se recriminan sobre qué bando inició la guerra, sin llegar a una conclusión.

Pero Tanovic no plantea inocentadas. En el desarrollo de los diálogos entre ambos soldasdos se percibe una violencia contenida, donde los odios ancestrales y enraizados dominan las posibilidades de compartir rasgos comunes de humanidad.

En ese contexto, Tanovic introduce una variable dramática en su guión: el soldado bosnio Tsera, compañero de Ciki, recobra el sentido para descubrir que debajo de su cuerpo está activada una mina saltadora, que explotará en cuanto el peso de su cuerpo deje de comprimirla.

Las situaciones que viven estos tres personajes muestran el absurdo de la guerra, pues son incapaces de establecer un esfuerzo común para salvar a Tsera y salvarse a sí mismos. Son incapaces de negociar, de ceder en sus intereses por el bien de todos, de ceder en sus egoismos individuales e ideológicos para ponerse en los zapatos del Otro y sobrevivir en conjunto.

Ese no ceder ni un centímetro en sus valiosas e irrenunciables convicciones personales tendrá su desarrollo hasta llevar a los personajes al lógico final, transmitido en vivo y en directo a todo el mundo.

Alrededor del hombre inmovilizado por la mina y de los dos soldados contendientes en la tierra de nadie se teje un contexto mayor: la presencia de los Cascos Azules de la ONU y la presencia de los medios de comunicación. El sistema de intereses internacionales tiene que tomar nota de estas tres personas, pero tiende a manejar la situación de acuerdo a su propia lógica y preocupaciones.

Esto se representa con las idas y venidas incesantes del vehículo de la ONU al mando del sargento francés Marchand, único interesado realmente en las tres personas perdidas en la Tierra de Nadie.

En ese ir y venir de los soldados de la ONU surgen los conflictos ante el desconocimiento de los lenguajes (el inglés mal hablado se impone como lengua común), la mediocridad de los mandos, el miedo a tomar decisiones, y el hecho de que no importan las personas concretas sino la política y la imagen ante los medios de comunicación internacionales.

Marchand es el único que realmente quiere hacer algo por los soldados varados y pone en movimiento a todas las piezas del sistema. Pacta con la reportera inglesa Jane Livingstone por encima de los intereses de sus superiores, y el hecho de la tregua aceptada por los dos bandos debido a sus soldados varados es conocido en todo el mundo. Claro, la reportera de campo también obtiene su tajada de prestigio.

A la situación se suma la jerarquía militar (coroneles francés e inglés –con todo y suculenta sexysecretaria-) bajo la bandera de la ONU, que sólo busca salvar la cara ante los medios. Sus propias motivaciones y políticas están por encima de su supuesta misión humanitaria de alto al fuego y apoyo a la población.

En esta maraña de intereses conflictivos lo único que está ausente es la preocupación real por los tres soldados como seres humanos. La situación es política, bélica, mediática, pero no humana. Todos, menos Marchand, quieren aprovechar la situación o deshacerse del problema; pero ninguno se preocupa genuinamente por los soldados y el hombre sobre la mina saltadora.

Con el planteamiento de estas situaciones en el guión, y una realización solvente que no ahorra ciertos detalles naturalistas y semidocumentales, Tanovic endereza una fuerte crítica a los Pitufos de la ONU. Enseña, sin hacer alardes, la incapacidad y lentitud para resolver los conflictos reales, las estúpidas barreras burocráticas, el conflicto de nacionalidades, la aceptación pragmática de que la labor falla en sus objetivos.

Tanovic muestra, y le basta con mostrar. No hay diálogos de crítica abierta contra la presencia de la ONU; prefiere mostrar el absurdo que se desprende de sus acciones y del cinismo de los altos mandos militares.

El director bosnio también apunta su cámara al accionar del periodismo televisivo, más preocupado por la entrevista exclusiva, por ganar la nota a los competidores, que por darle seguimiento a lo que sucede y a las consecuencias para los involucrados.

Es cierto que el papel de los medios en este tipo de conflictos es determinante para forjar la opinión pública, pero Tanovic muestra como en el trabajo cotidiano las nociones de ética periodística se diluyen ante el deseo de ser la prestigiosa reportera que está en el momento y en el lugar adecuados.


No Man's Land : un film de Danis Tanovic sur la guerre de Bosnie


Tanovic, con cierto humor negro, muestra la paradoja de los medios. Una vez cumplida la transmisión en vivo, a todo color y vía satélite, una vez que ha logrado su cuota de prestigio internacional como reportera, Jane Livingstone se desentiende con indiferencia de la realidad que ha captado hace apenas unos minutos: se niega a volver a la trinchera –donde descubriría La Verdad Verdadera- porque “todas las trincheras son iguales”.

Por lo anterior, la cinta de Tanovic en su sencilla realización, con sus parcos medios de producción, toca temas fundamentales que se debaten hoy en las sociedades occidentales. La vigencia de su narración fílmica se renueva con cada conflicto armado que surge en el mundo; la situación de fondo parece repetirse en distintos escenarios internacionales.

La ventaja de Tanovic es que ha conjugado en No Man’s Land / Tierra de nadie todos estos temas con mayor frescura y naturalismo que las recientes superproducciones estadounidenses que se han acercado a historias similares.

Con un planteamiento cinematográfico solvente, el cineasta ha dotado a sus personajes con la suficiente humanidad, dudas, amores y rencores como para asemejarlos a nosotros en la vida diaria, pero potenciados al ubicarse en el escenario bélico. Ha develado el absurdo del conflicto de los Balcanes, ha desmitificado a los Pitufos de la ONU por encima de su imagen pacificadora, y ha mostrado el accionar de cierta parte de la prensa internacional.

No pocos logros para una cinta de pocos recursos pero de buena realización, que por su calidad intrínseca, por los ecos que ha despertado entre sus espectadores, ha brincado a los reflectores de la fama cinematográfica.

TIERRA DE NADIE / NO MAN’S LAND. Producción: Counihan Villiers Productions, Euroimages, Fábrica, Les Fonds Slovéve du cinéma, Man’s Films, Noé Productions, Studio Maj / Casablanca, The Centre du Cinéma el de l’Audiovisuel de la Communauté Francaise de Bélgique, Telédistributeurs Wallons, marc Baschet, Judy Counihan, Fredérique Dumas-Zajdela, Marion Hänsel, Dunja Klemenc, Cédomir Kolar, Marco Muller, Igor Pedicek, Cat Villiers . Director: Danis Tanovic. Guión: Danis Tanovic. Año: 2001. Fotografía en color: Walter van den Ende. Música: Danis Tanovic. Edición: Francesca Calvelli. Intérpretes: Branco Djuric (Ciki), Rene Bitorajac (Nino), Filip Sovagovic (Tsera), Katrin Cartlidge (Jane Livingstone), Simon Callow (Sofá), Georges Satidis (Marchand), Alain Eloy (Pierre). Duración: 98 minutos. Distribución: Cineteca Nacional / IMCINE / Gussi – Artecinema. BÉLGICA – BOSNIA HERZEGOVINA – FRANCIA – ITALIA – ESLOVENIA - INGLATERRA


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