15 ene. 2009

Soldado Anónimo / Jarhead, de Sam Mendes

Miguel Cane

La mirada de un cineasta extranjero sobre ciertos aspectos de la cultura – en este aspecto, la estadounidense- es siempre interesante y más aún si se enfoca a episodios específicos, como lo es la llamada Guerra del Golfo, que tuvo lugar en 1991 y aún hoy es considerada superflua y una de las múltiples causas de que George Bush (padre) perdiera la reelección presidencial en 1992.




Universal Pictures' Jarhead






Peter Sarsgaard and Jake Gyllenhaal in Universal Pictures' Jarhead



En este caso, es el británico Sam Mendes – que ya había vuelto su mirada a los aspectos menos bonitos del llamado american dream en sus filmes anteriores: American Beauty (1999) y Camino a la Perdición (2002)- quien se acerca al tema, al adaptar las memorias del ex Marine (o bien, Jarhead/cabeza de jarra, título original de la cinta; una alusión al corte de pelo institucional del cadete de marina) Anthony Swofford – aquí interpretado con sensibilidad y humor por Jake Gyllenhaal- que causaron sensación y controversia, al revelar algunos de los aspectos más cándidos (y menos heróicos) de su experiencia, tanto estacionado en Arabia Saudita, como combatiente en Kuwait en lo que resulta a todas luces una guerra de papel y pirotecnia.



Haber ingresado a las fuerzas armadas fue un error para Swofford –cuyo padre estuvo en Vietnam y que en realidad está más interesado en la literatura, que de hecho eso estudió en la Universidad de Iowa-, que se encuentra, para su creciente horror, en un campamento de entrenamiento donde el régimen es, como lo pone su compañero Troy (el brillante Peter Sarsgaard, que borda sus escenas, igual que ha venido haciendo en todo su trabajo desde hace algunos años): “bienvenido a la cagada”.

Así vemos, a través de sus ojos, la manera en que son humillados y sometidos a situaciones que “construyen carácter”. El personaje del Sargento Sykes (un notable Jamie Foxx, que parece homenajear a Louis Gossett Jr., quien obtuvo un Oscar por la misma clase de rol en Oficial y Caballero en 1982) es el Virgilio que lo guía en la preparación, aunque a lo largo de la cinta, el personaje demuestra una cierta humanidad más allá del estereotipo… y eso es algo que explora Mendes cuidadosamente: el trastorno emocional en los soldados conforme son abandonados en el desierto, esperando a que “inicie la guerra”.

Una vez ahí los jóvenes que integran las tropas son desprovistos de cualquier noción de individualidad y se van convirtiendo en los estereotipos que han visto en películas de guerra, soñándose héroes aún si están presos del tedio y de sus propias pesadillas, que (al menos en el caso de Swofford, a quien el desierto afecta hasta el punto de soñar que vomita arena) se vuelven la textura de sus días.



De este modo, las anécdotas se suceden, enmarcadas por el espectro de Vietnam – referencias a Apocalypse Now y El Francotirador incluidas-, llevándonos a un total anticlímax, totalmente apegado a la realidad. Sobria, humana y cuidadosamente bien armada, Soldado anónimo es una estupenda cinta antibélica disfrazada de lo opuesto.

Alejada de los aires inhumanos y feroces de la Full Metal Jacket de Kubrick, muestra las cosas de un modo apartado del melodrama o apoteosis de imágenes (Pelotón), apoyándose en los mecanismos internos de sus personajes, tratando de explicarse – y explicarnos- qué hacen muchachitos como estos en un sitio como éste.



La cinta demuestra el talento de Mendes como director de actores y en Sarsgaard y Gyllenhaal encuentra dos actores que dan el ancho en una era casi decepcionante por la sequía de talentos. Por desgracia, no tendrá (como le ocurrió en Estados Unidos al estrenarse en noviembre pasado) gran taquilla: a los que esperan vaciladas patrioteras gringas como Top Gun o Rambo, pletóricas de acción y efectos, mejor advertirles: absténganse. Esta no es una historia “chida”… aunque entrega su mensaje sin ninguna clase de sutilezas.

Soldado Anónimo/Jarhead

Con Jake Gyllenhaal, Peter Sarsgaard y Jamie Foxx

Guión: William Broyles Jr., basado en las memorias de Anthony Swofford

Música: Thomas Newman. Dirige: Sam Mendes

(Estados Unidos, 2005)



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