4 ago. 2012

Elena / Elena, del ruso Andrei Zvyagintsev.

Claudi Etcheverry.

Si medimos la Revolución Soviética de los bolcheviques de 1917 en términos de progreso económico, sus logros para superar las miserias zaristas fueron muy magros comparados con lo que se proponía y con lo que disponía en su inicio como potencial humano y político para llevarla a cabo. Su pervivencia como sistema fue un rotundo fracaso que acabó con Gorbachov poniéndole finalmente el cascabel al gato, con una revolución de los soviets que languidecía desde hacía décadas y que no consiguió sus objetivos económicos, pero sobre todo, dilapidó el capital moral de lo que se propuso en sus albores para romper aquella profunda inmoralidad del zar. Gorbachov no hizo sino certificar su defunción. El paso del colectivismo a la actualidad (una economía mixta liberal-estatalista hoy muy confusa) ha permitido la aparición de ricos súbitos, en un país enorme marcado por las diferencias sociales tan abismales como en la época zarista. En este contexto, Elena cuenta una historia muy simple, un drama moral privado.



La protagonista se ha casado con un hombre rico, Vladimir, y viven una vida muy desahogada. Ambos tienen hijos de relaciones anteriores: ella, un hijo desempleado y con problemas de alcohol que malvive con su familia gracias a la ayuda que les pasa su madre; Vladimir tiene una hija con quien se ha enfrentado hasta distanciarse casi totalmente. Ambos conviven con la familia del otro como parte de los equilibrios de pareja para poder mantenerse juntos: él tolera el trato que tiene Elena con su hijo y nietos; y ella encaja como puede las fricciones que supone la existencia de Katya, una joven inteligente y neurótica que se acerca a Elena sin ninguna buena voluntad. Tras un ataque cardíaco, Vladimir se plantea qué hacer con su fortuna. Ve la muerte de cerca, y entre todos los equilibrios, decide dejarla a su hija, con quien comparte un vínculo no solamente histórico sino vital. Vladimir siente claramente que el hijo de Elena no hace absolutamente nada para salir adelante, y entre todos los males, prefiere a su hija con quien, al menos, le une una manera parecida de ver el mundo. Ante esto, Elena tomará una decisión desesperada.

La película trae varios elementos de dirección muy llamativos. Resulta una cinta sumamente lenta, pero la tensión no decae en ningún momento. Los planos son sorprendentemente largos, acostumbrados como estamos a que las películas lleven nuestra atención y nuestro entretenimiento de un plano al siguiente sin dejarnos respirar. Elena tiene tomas casi inmóviles ante las cuales tenemos que buscar algún detalle que se mueva para darnos cuenta de que es filmación y no foto quieta. Ese ritmo nos permite meternos en la trama buscando nosotros el clima narrativo y las vicisitudes humanas que plantea, en vez de recibirlos pre-digeridos como estamos acostumbrados en nuestro cine. A esto se suma la gestualidad rusa, unos gestos personales y faciales que al final reconocemos como los nuestros propios, pero al final. Los gestos de sus manos y caras son ligeramente otros.



Elena trae la fragilidad de los límites entre una situación y la contigua; muestra cómo pequeñas decisiones pueden acarrear grandes transformaciones, abismos morales que nadie parece desear pero que llegan como algo casi natural. Entre una cosa y la otra habrá una mujer (la excelente actriz Nadezhda Markina que encarna a Elena, quien da nombre a la cinta) que no podrá resignar el llamado ciego de defender a los suyos en una caída ética en la que su corazón no será suficientemente fuerte para poder detener lo que acabarán por hacer sus manos.

Elena / Elena.
Rusia, 2011.
Director: Andrei Zvyagintsev.
Con Nadezhda Markina, Alexei Rozin, Andrei Smirnov, Elena Lyadova.

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© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.

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