7 mar. 2013

Jude Law: “No dejo que la fama afecte mi vida personal”

Miguel Cane.



Surgido de la cantera del teatro inglés, Jude Law (Londres, 1972) cobró fama a los 23 años cuando fue nominado al premio Laurence Olivier y viajó a Broadway para protagonizar con Kathleen Turner la obra de teatro Indiscretions, en la que aparecía desnudo y por la cual fue nominado al premio Tony. También ha destacado en cine, como galán romántico y actor serio; ha sido nominado al Oscar por mejor actor de reparto por El talentoso Mr. Ripley y como mejor actor por Cold Mountain, ahora reaparece como un intérprete mucho más maduro, en la nueva versión de Anna Karenina dirigida por Joe Wright (Orgullo y prejuicio, Expiación).

Con un estilo teatral que le da otro cariz, la película trata de encontrar un ángulo diferente a la famosa novela de León Tolstoi, llevando a la hermosa Keira Knightley como protagonista. En el filme, Law encarna a su marido, el severo Karenin, un ministro del gobierno zarista con quien tiene un hijo y un matrimonio sin amor, en una historia que cobra hondura cuando ella lo engaña con otro oficial mucho más joven.



ANTES DE FILMAR, ¿REVISITASTE ALGUNA DE LAS VERSIONES ANTERIORES DE ANNA KARENINA PARA ACERCARTE AL PERSONAJE?

No, porque sentí que tenía suerte con esta adaptación que muestra un mapa muy fuerte de temas esenciales del libro. Tom Stoppard es un escritor fabuloso, con un intelecto increíble, y a Joe, el director, le encanta ensayar. Crearon una versión tan apasionada que no me pareció necesario buscar nada por otro lado. Karenin es un personaje muy complejo y usualmente se le considera el villano desalmado de la obra... ¡y no es así! Es un hombre de su tiempo, con unas convicciones muy férreas y un concepto del matrimonio, de la propiedad que es su mujer para él. No es que no la ame, es simplemente que Anna ocupa un sitio en sus prioridades que no coincide con las ideas de ella. Pero eso es algo que sucede en muchos matrimonios, aún hoy en día.

ESTE ES TU PRIMER TRABAJO COMO “HOMBRE MADURO”... ¿CÓMO LOGRASTE LA TRANSICIÓN?

Es natural, ¿no crees? Tengo 40 años. Obviamente, tener esa edad hoy en día no es en absoluto parecido a lo que era tenerla en 1873. En ese entonces tener 40 representaba tener más de la mitad de la vida vivida. Fue interesante analizarlo desde la postura de hoy, cuando con esos años, o casi, el mundo sigue lleno de oportunidades y de posibilidades. Me gustó bastante que Joe pensara en mí cuando hizo su terna de actores, sobre todo porque no soy el tipo de actor que usualmente se tiene pensado cuando se busca hacer el reparto de un filme como éste, ni mucho menos para un personaje así. Y yo me moría de ganas de trabajar con Joe desde hace muchos años.



¿TENER AL LADO A KEIRA KNIGHTLEY AYUDÓ A CREAR UN BUEN AMBIENTE?

Sí, Keira es extraordinaria. Cuando estaba en personaje, yo siempre la trataba como esta jovencita muy ingenua, pues claro, uno se olvida que Keira ya hizo 30 películas y es toda una profesional de la actuación desde que era una niñita. En esta película tuvimos escenas muy intensas e incluso desagradables, de esas que exigen mucho a un actor en el aspecto emocional, y Keira siempre estuvo concentrada, trabajó muchísimo a lo largo de todo el rodaje. Puede decirse perfectamente y sin que suene a hipérbole que ella es el alma de la película. Además, ella y yo ya éramos amigos desde mucho antes, y claro, así todo se vuelve mucho más fácil.

¿POR QUÉ DIRÍAS QUE UNA HISTORIA DECIMONÓNICA COMO ANNA KARENINA SIGUE FUNCIONANDO?

Porque es una historia que resulta universal; todo mundo sabe de qué se trata, aún si nunca ha leído el libro; y hay algo muy atractivo en esta historia. Todos hemos experimentado algo parecido, la sensación de sentirnos atrapados en una vida que es la nuestra, pero que nos asfixia. Muchos nos hemos enamorado de alguien que no corresponde a —o en el peor de los casos no merece— nuestro amor. Y, a la vez, está ese mundo que ya no existe: un San Petersburgo y un Moscú que parecen anclados en el tiempo y que, al mismo tiempo, evolucionan rápidamente. Joe hizo una película con un concepto muy peculiar y muy rica visualmente. El espectador queda enamorado, ya sea de los decorados, o del trabajo de cámara... es probablemente la película más hermosa, visualmente hablando, que haya hecho nunca.

¿QUÉ OTRO PERSONAJE DE CORTE HISTÓRICO TE GUSTARÍA REPRESENTAR?

¿Después de Karenin? Hay muchísimos. Por ejemplo, me hubiera gustado hacer a Lawrence de Arabia, que es una película extraordinaria y supongo que habrá sido divertidísima de hacer: miles de personas, camellos, caballos, aquellas batallas... David Lean era un gran genio del cine y Peter O’Toole en esa cinta es dios. Pero no creo en el remake per se, ¿sabes? Creo en las versiones de una misma historia, pero narradas de un modo diferente. El remake escena por escena me parece innecesario. Yo he participado en dos nominalmente —las nuevas versiones de Alfie (2005) y La pista (2008), en ambas interpretando a personajes originalmente encarnados por Michael Caine— y si acepté hacerlos fue porque eran historias muy diferentes a las películas originales. Sí, partían de una fuente común, pero eran completamente diferentes. Y lo disfruté mucho más.

TRABAJAS BASTANTE Y POR TODO EL MUNDO EN CINE Y TEATRO, PERO ADEMÁS ERES PADRE DE CUATRO HIJOS. ¿CÓMO HACES PARA ENCONTRAR EL EQUILIBRIO PERSONAL?

Trato de mantener el caos a raya, de no dejar que mi trabajo y las consecuencias de éste —ya sabes, la celebridad, su exposición constante, todo eso— entre en lo que es mi vida personal. Mi trabajo es muy importante para mí y soy consciente de que requiere muchas atenciones. Así que intento crear un espacio sagrado en el que pueda estar tranquilo, pasar el mayor tiempo posible con mis hijos, que son las personas más importantes para mí en el mundo. Tengo buenas relaciones con las madres de ellos, relaciones cordiales y de respeto, eso es posible entre la gente civilizada, y por lo mismo, puedo estar con ellos con regularidad y cumplir mis funciones de padre del mejor modo posible, sin tener que pensar absolutamente en nada que tenga que ver con el trabajo cuando paso tiempo con ellos. Y lo mismo aplica cuando estoy en un proyecto. Vamos a ver, soy actor y mi trabajo consiste en entregarme ciento por ciento al proyecto en el que estoy: una película, una obra de teatro. Incluso, una entrevista. Es lo que hago, lo que me gusta hacer. Es difícil hacer ese sesgo entre ambos mundos. Pero es importante tenerlo, para poder lograr el mejor desempeño en ambos ámbitos.




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