24 jul. 2014

El extraordinario viaje de T.S.Spivet / The young and prodigious T.S.Spivet, de Jean-Pierre Jeunet.

Por Claudi Etcheverry.

(Un consejo: Depende de lo que vaya a buscar al cine …)


Jeunet es un director que ha ido elaborando un lenguaje visual propio, a la vez rico, colorista y efectivo. Pero paradójicamente, él mismo es otra víctima en la realidad de lo que plantea como metáfora en la película, porque ningún artista puede eludir la pérdida de creatividad cuando se adentra más y más en una repetición tirana de su propia fórmula, y parece que el Director prefiere repetir antes que volver a experimentar. El niño de la historia entiende abismado que hacen de él un panfleto mercantil, que le sitúa lejos de su espontaneidad para inventar, y así deviene en “marca” de otros. “Marca”… Esa palabra que hogaño campa a sus anchas y que supone necesariamente una limitación del artista cuando opta por congraciarse con quienes le miran y abandona el periplo de sorprenderse a sí mismo. Si algo tiene el arte (o debería tener) es que habría de ser siempre un viaje hacia lo inesperado, una exploración. La función del arte es la alucinación porque su tarea es imponer a la realidad algo que hasta ese momento no existía.



Dicho de otro ejemplo: el Gehry temprano que sorprendió en los libros de Charles Jencks de los años 80 ha depurado un estilo propio, es verdad, plenamente reconocible en el Guggenheim o en Marqués de Riscal, pero del desparpajo de aquellas construcciones, en sus últimos edificios apenas queda nada en pos de una fórmula que ha acabado por cristalizarse a la vez como un éxito editorial, sí, pero también como un cepo creador. Delicatessen, Amélie, la desdeñable Mimacs… Todo ha ido a menos en Jeunet mientras su lenguaje iba a más, y lo que fue un exordio de creatividad alocada en Delicatessen ha acabado acercándose peligrosamente a un puro formalismo de sí mismo. Hasta ese actor con “cara de chicle” que es Pinon aparece como un icono, a medio camino entre un Popeye de cartón y un paciente odontológico que espera una prótesis completa. Uno supone que se debe más a un compromiso del director con su amigo que con el drama, y la bomba Pinon queda sin explotar aportando apenas nada.


La de T.S.Spivet es la anécdota de un niño espontáneamente genial, plasmado en una cinta que parece una road-movie pero no lo es; que parece un viaje iniciático que tampoco es; y parece una hipótesis sobre la tiranía de los moldes educativos que tampoco acaba en ninguna tesis ni demostración… Sin embargo, si el espectador se afloja, abre la puerta, y no busca aparcar su cerebro ni su corazón en taquilla para que le den todo hecho, “El extraordinario viaje…” deja muchas migas para recorrer de regreso, como pasaba en Rango. Esta cinta habla de la niñez, una etapa que puede ser muy plácida pero que también es muy hostil cuando una persona busca o forja su lugar en el mundo. Narra las vicisitudes de un niño que lucha a la vez por mirar afuera y entender el mundo que le rodea, y mirar adentro empujado por quién siente que es. La película deja abiertas varias ventanas, todas hermosas. De una parte, está descubrir el impulso interior, y ver cómo el péndulo oscila entre los modelos impuestos y la creatividad para poder definir quiénes somos. De otra parte, cómo la identidad puede quedar atrapada en moldes rígidos, impuestos socialmente, cuando no varada o perdida en medio de intereses aviesos o mercantiles. Y también está la puesta en valor de la palabra, eternamente inexcusable para expresar los pactos del amor, romper los pactos del silencio, liberar un dolor, y soldar los vínculos pese a cualquier adversidad.


Aunque se realiza en un tren, este viaje extraordinario navega a la deriva. El drama no llega a resolverse apenas en ningún momento en medio de una historia que por lábil, casi acaba en puro pretexto; y la tesis de la “gente buena” repite la fragancia de Amélie pero ya sin aquella potencia. La historia se mantiene carreteando durante toda la proyección y uno no sabe si el avión va a salir hacia arriba o si va a acabar destartalado y humeante en los pastos al final de la pista. El drama no se hace firme nunca, y del viaje casi queda nada más que el título. Por otra parte Jeunet, hombre del oficio, sabe qué tomas poner para mantener el atractivo visual, y la iluminación de cada toma es impresionante como un personaje central más, pero sería bueno que tuviera presente que no se trata de una muestra de fotografía sino de una pieza de cinematografía.


En fin… que si uno esperaba una obra redonda y completa, va a salir del cine de vacío. Pero si se aprovechan los indicios del “Extraordinario viaje…” tendremos muchas puntas para ir tirando de varios ovillos que nos lleven, por líneas diferentes, a recordar el trabajo que tiene un crío para plantarse en el mundo y gritar quién quiere ser. Si a eso le sumanos que los adultos de la película también aprenden y evolucionan entendiendo el trabajo personal de esa criatura, muchos de los méritos de la cinta no son una concesión dadivosa en una época en que hay películas acabadas en sí mismas pero que al salir de la butaca, uno siente que nos han robado, que alguien nos ha vaciado los bolsillos sin que casi nos hayamos dado cuenta por el impacto visual que nos tuvo secuestrados como lelos…

Aunque puestos a elegir frente a ésas, por supuesto que prefiero ésta.

El extraordinario viaje de T.S.Spivet / The young and prodigious T.S.Spivet
Director: Jean-Pierre Jeunet; con Helena Bonham-Carter, Kyle Catlett (como T.S.), Dominique Pinon, Callum Keith Rennie,Judy Davis y otros.