25 mar. 2009

Monsieur Hire, de Patrice Leconte (01), por David Guzmán

David Guzmán


Siempre he comentado que es muy difícil hablar objetivamente sobre los gustos personales y creo que esta no es la excepción. ¿Quién me iba a decir a mí que una película francesa sería mi favorita de todos los tiempos? Mi sorpresa se debe a que en México estamos inundados de cine hollywoodense y las películas mexicanas aunque en menor proporción, podrían ser también sujetas de esta predilección; pero no es así y hace tiempo -dicho sea de paso- le perdí la fé al cine mexicano. Apuesto más al cine que hacen los mexicanos en el extranjero que al que hacen los mexicanos en México… pero salgamos de este polémico asunto y entremos de lleno a esa pequeña joyita del cineasta francés Patrice Leconte: Monsieur Hire.


Hace tiempo escribí sobre ella, pero la he visto tantas veces que siempre le encuentro detalles nuevos que llaman mi atención. Recientemente y como anécdota me enteré que es la película favorita del cineasta Emir Kusturica, así que no soy el único que la conoce y admira. La historia está basada en la novela Les Fiançailles de Monsieur Hire de George Simenon y ya había sido llevada a la pantalla grande por Julien Duvivier bajo el título de Panique en 1947. Leconte, que venía de hacer comedias de mediana factura, dio un sorpresivo giro a su carrera cuando se decidió por la novela de Simenon en 1989. Reclutó a la ahora famosa actriz Sandrine Bonnaire y para el personaje principal se apoyó en su amigo y colaborar habitual Michel Blanc. Blanc, de preponderante carrera en el género de comedia, también da un giro a su registro encarnando perfectamente al solitario y voyeurista Monsieur Hire.


¿Qué fue lo que me atrapó de Monsieur Hire e hizo que la elevara de nivel por encima de mis demás películas preferidas? Sin lugar a dudas, fue ver a Hire desde su ventana observando a su vecina en penumbras mientras una melodía de J. Brahms se reproduce en el tocadiscos. Alice (Bonnaire) no sabe que es observada, tampoco sabe que Hire está enamorado secretamente de ella. Es más, cree que el apartamento de Hire está deshabitado pues siempre está con la luz apagada. Ver a Michel Blanc mirando obsesivamente a la Bonnaire, me desequilibró. En toda mi vida de cinéfilo jamás me había sentido un espía como en esta ocasión viendo a un hombre solitario espiar a su vez a una mujer. Leconte nos hace cómplices y la atmósfera que logra es inigualable; casi pude sentirme tan culpable como Hire disfrutando esa malsana rutina.





Mi fascinación pues por la película había empezado con esta secuencia, sin embargo una de las características principales del cine francés, es la sutileza en los diálogos, las miradas y gestos que en Monsieur Hire se convierten en palabras mayores. Me gusta ver como Alice al darse cuenta de que es observada, va y confronta a su espía de una forma sutil pero logrando inquietarlo y él no atina a decir una sola palabra. Hay algo en Alice que no encaja; comienza a sentirse atraída por Hire adentrándonos en una maraña de sensaciones y desconciertos. ¿Qué posibilidades podía tener este hombre ante ella? En el vecindario lo ven como un bicho raro, siempre impecable yendo a su sastrería, teniendo ratones por mascotas y en general llevando una vida rutinaria hasta que Alice aparece en su vida. Pero ella idolatra a su novio Emile, un galán bueno para nada metido todo el tiempo en negocios riesgosos, buscado por la policía por un delito que no nos es detallado sino hasta el final de la cinta; y Hire lo sabe.

El trabajo de los dos actores principales es excelso. Una muy joven Sandrine Bonnaire da la talla de Alice sin problema, pero quién se lleva las palmas es Michel Blanc al construir a este tortuoso y a la vez triste personaje. Hire inspira compasión y Leconte logra matizar muy bien este aspecto utilizando deliciosamente la maravillosa música compuesta por un minimalista Michael Nyman; en este sentido otra de mis secuencias preferidas ocurre cuando Hire logra atrapar el olor de la fémina y sale en busca del perfume que usa Alice; el momento es impagable y retrata de forma extraordinaria la soledad y sensibilidad del protagonista.



Les comentaba que las distintas lecturas-vistas de la cinta me han hecho cambiar la percepción que originalmente tenía del film. En las primeras visitas, la conceptualizaba como una historia de amor, fallido pero amor al fin con todos los sufrimientos inherentes a él, pero con el paso de los años me he dado cuenta que Monsieur Hire no es sobre el amor, sino sobre un falso rostro de éste. De lo que una soledad tan marcada de una persona puede hacerle creer con tal de sentirse amada. De las locuras que podemos llegar a cometer cuando creemos estar enamorados. Todo el oscuro y triste mundo de Hire se transforma. Le propone a Alice irse de la ciudad, cierra su sastrería, se deshace de mascotas, arma maletas y espera pacientemente en la estación del tren a que llegue su objeto de deseo para irse a una tierra lejana y vivir felices para siempre. Es ese vistazo a las profundidades del corazón humano lo que no me deja tranquilo y cómo en el nombre del amor se puede incluso perdonar la traición más abominable y baja.

Bravo Leconte…supiste transmitirme tanto con este film que no puedo más que rendirte homenaje haciéndolo mi favorito de todos los tiempos. Finalmente reconozco que tengo algo de Hire, algo de su soledad, algo de su inocencia...si lo sabré yo.

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