28 ago. 2009

El Graduado / The Graduate, de Mike Nichols

Miguel Cane


Es 1967 en Pasadena, un elegante suburbio cercano a Los Ángeles, California. Benjamin Braddock (Dustin Hoffman) acaba de llegar tras graduarse con honores en una universidad de la costa este. Sus padres están evidentemente orgullosos, es el sueño de toda familia de clase media que ha prosperado mediante trabajo: el primogénito (en este caso, unigénito) que ha logrado lo que generaciones anteriores no. Está lleno de futuro y los invitados a una fiesta organizada por sus padres se lo hacen notar: es el hombre del mañana. El único problema parece ser, que Ben no quiere serlo. Pasa por la fiesta como por el aeropuerto al llegar: ausente, con la mente envuelta en plástico.

En la fiesta hace su aparición un personaje clave: la enigmática, chic-pero-frustrada Señora Robinson [nunca sabremos su primer nombre]. De modo impetuoso, poco sutil y a la vez irresistible, la sofisticada mujer se amaña para que el muchacho la lleve a su casa en su flamante Alfa Romeo (que eventualmente se convierte en un personaje de la película) y así da inicio un inquietante juego de seducción y traición que llevará la trama -- tomada de una novela semiautobiográfica escrita por Charles Webb- a niveles insospechados, sobre todo si se toma en cuenta de que esta es una comedia sexual que trasciende su origen y se convierte en algo mucho más significativo.


La transformación de Benjamin, que pasa de un timorato joven a un nihilista que sólo vive para el placer, se plasma en una impresionante secuencia de tomas hábilmente creadas por Nichols y su director de fotografía, el legendario Robert Surtees. Cada una es icónica por derecho propio: de hecho, la toma de Ben visto a través del arco hecho por la pierna de la Señora Robinson, al momento de decir la inolvidable línea "Mrs. Robinson... ¿está tratando usted de seducirme?" es una de las más recordadas en la historia del cine.

Sabemos que Ben no es básicamente malo, ni corrupto -aún si ha cedido a la tentación de caer en los brazos de una mujer madura- y que la situación marital de la Señora Robinson es un infierno de tedio convencional. Ambos bailan, por así decirlo, en un vals que los lleva a explorar sus deseos más oscuros, sus insatisfacciones y ansiedades, mientras copulan en un cuarto de hotel.


En una de estas escenas, los personajes sostienen un diálogo sumamente revelador. Ben le comenta que en realidad cuando se reunen, sólo tienen sexo, pero él sigue hablándole de "usted" [uno supone que le diría cosas como "¿Podría darse vuelta, Señora Robinson?"] y nunca hablan de sus vidas, gustos o aficiones. Ben sugiere una serie de tópicos: entre ellos, hablar de arte. Ella le dice que no le gusta el arte. Después el insiste -- para la creciente irritación de ella- y le pide que le diga qué estudiaba en la universidad, antes de casarse y ella contesta, con una amargura casi palpable, sin volverse a mirarlo: "Arte."

Es evidente a partir de ese momento, que las sesiones amatorias de mañana y tarde han llegado a su fin... aunque en realidad, éste es el principio de las complicaciones ya que pronto llega de vacaciones, procedente de Berkeley, la joven Elaine Robinson (encarnada por una adorable Katharine Ross) y su padre insiste en hacerla de Celestina con ella y Ben, aún si la madre se opone ferozmente... y Ben se descubre espontáneamente enamorado de su amiga de la infancia. Las confrontaciones que tendrán lugar, dan pie a una de las películas más trascendentes y emblemáticas de su tiempo, que aún hoy es punto de referencia para generaciones enteras de cinéfilos.


El Graduado es tan célebre, que -- como sucede con Psicosis, El Padrino, El Exorcista o El Bebé de Rosemary- todo el mundo sabe, aún si nunca la ha visto, cómo termina. Su escena final ha sido homenajeada hasta el cansancio y junto con su banda sonora, hecha a la medida con éxitos probados y temas originales de Paul Simon y Art Garfunkel (The Sounds of Silence, April Come She May, Scarborough Fair y la sensacional Mrs. Robinson) tiene un lugar ganado en la historia de la cultura pop contemporánea.

El Graduado tiene innumerables elementos que la convierten en clásico casi instantáneo. Cuenta con la actuación que convirtió a Dustin Hoffman en estrella [aún si originalmente Nichols había pensado en alguien más estilo "americano", como Robert Redford] y a Anne Bancroft en una auténtica leyenda que vino a representar e epítome de la sensualidad y la seducción para millones de "graduados" alrededor del mundo. Naturalmente, será el rol por el que todo el mundo la recuerde (aún si tiene una notable galería de interpretaciones) y una dirección sensible y veraz, que aunada a la adaptación y diálogos (de Buck Henry -- a quien vemos como el concierge del hotel- y Calder Willingham) da las pinceladas para mostrar una historia de amor que se desnuda auténtico y moderno ante el espectador, aún hasta el día de hoy.

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