29 ago. 2009

Halloween (2007), film de Rob Zombie

Miguel Cane


Lo de hoy, y esto es bien sabido, es el remake. O bien, el refrito de alguna película que en su momento marcó época y dejó huella. Al menos la suficiente como para que un productor decida “inyectarle vida” y presentarla para un público que o no recuerda el original, o no le importa. Es así que en los últimos diez años se ha dado una “fiebre” de remakes, que han vuelto a presentar cintas clásicas de otras épocas, con un mayor o menor grado de éxito taquillero y un mayor o menor grado de respeto por el estatus del original.

Tal es el caso de la nueva versión de Halloween, el clásico de bajo presupuesto de John Carpenter, que al estrenarse en 1978 se convirtió en la película independiente más exitosa de la historia, le dio una carrera a la epléndida Jamie Lee Curtis y creó un género que en las décadas siguientes, sería muy imitado – el slasher film-.

Ahora, cae en manos del músico-cineasta Rob Zombie (que ya había tenido dos éxitos de culto con La Casa de los Mil Cadáveres y Los Prófugos del Infierno), el “reimaginar” la historia original del asesino de núbiles adolescentes Michael Myers, que había perdido toda coherencia a lo largo de ocho secuelas innecesarias, para ofrecérsela a un público jóven y ávido de sexo, gore y violencia gratuita. En este sentido, la película cumple su cometido con creces: es brutal, despiadada y sin límites. Pero de ahí, a que sea una buena película, hay un gran trecho y aún como remake, esta nueva versión es un pretexto para escenas repelentes y un guión pésimo que manosea el recuerdo de la cinta de Carpenter, perjudicándolo severamente.


Zombie ahora nos presenta a Myers con un asomo a su infancia en el seno de una familia disfuncional, con una madre soltera que trabaja como desnudista en un bar de mala muerte (interpretada por Sheri Moon, esposa del director, que sorprendentemente presenta la única actuación empática y sincera en toda la película), quizá con la intención de mostrar cómo se engendra la violencia de un asesino psicópata… el problema es que lo hace pobremente y el salto del niño – interpretado de manera antipática por Daeg Faerch- de pseudo rocker atormentado por sus compañeros y hermana, a ser una máquina de matar, se siente artificial y hasta innecesaria.


En la versión de Carpenter, no sabíamos por qué mataba y no nos importaba tampoco. Pero ahora el público estadounidense actual requiere que todo se les explique cuidadosamente, para no tener que utilizar la imaginación y el resto de los espectadores queda supeditado a las necesidades de los adolescentes que sustentan la creación de este tipo de películas.

Por lo demás, la trama es tan conocida que no requiere ser relatada. Malcolm McDowell, que en su momento brilló en manos de Kubrick, aquí hace un papel pobre como el psiquiatra que trata de “detener el mal” – aunque se haya beneficiado de él-; la joven Scout Taylor-Compton es la nueva Laurie Strode y aunque hace lo que puede con el personaje tal y como está escrito, resulta muy difícil aceptarla como heroína o desear que salve la vida, ya que donde Jamie Lee Curtis resultaba entrañable, ésta y sus compinches, resultan caricaturas odiosas y sus muertes, aunque espectaculares y sangrientas, no conmueven al espectador, que de hecho, encontrará muy poco para entretenerlo, donde los admiradores de la pieza de Carpenter podrían incluso sentirse ofendidos al ver cómo Zombie lo desbarata para convertirlo en un truco barato, una pobre excusa para sacar dinero de los bolsillos de quienes no recuerdan o no conocen algo mejor.

Halloween
Con Scout Taylor-Compton, Daeg Faerch, Sheri Moon Zombie, Danielle Harris, Dee Wallace y Malcolm McDowell
Dirige: Rob Zombie
Estados Unidos 2007

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