8 nov. 2012

Argo, de Ben Affleck

Verdades increíbles

Miguel Cane



El 4 de noviembre de 1979 en Teherán, durante los momentos más álgidos, violentos y confusos de la Revolución Islámica que colocó a la cabeza de la nación iraní al enigmático Ayatollah Khomeini, tras ser depuesto el Shah Reza Pahlevi, una turba de estudiantes y civiles tomaron por repentino asalto las instalaciones de la embajada estadounidense en dicha capital, y procedieron a ocuparla por trece meses.



Casi todo el personal diplomático fue tomado como rehén, en un episodio escalofriante de la historia reciente, que fue la debacle de la presidencia de Jimmy Carter y que mantuvo la atención internacional fija en la situación. Pero hay una hebra de esa historia que hizo titulares también en su momento, pero no tuvo tanto eco como el drama primordial, si bien es una historia tan fascinante como esa.



Durante la toma de las instalaciones, en medio del caos y el pánico, un grupo de diplomáticos adscritos como funcionarios consulares pudieron escapar y ocultarse, primero en otras embajadas y finalmente, en la residencia privada de Kenneth Taylor, embajador de Canadá, convertidos en una suerte de variación moderna de Anna Frank y sus compañeros de encierro, temerosos por su vida.



Un operativo secreto de rescate es puesto en marcha, comisionado por Carter, a través de la CIA y los planes para llevarlo a cabo, parecen todos poco factibles, hasta que el agente experto en rescates y huidas, Tony Méndez (Ben Affleck, que también dirige, en una interpretación sólida y sosegada) llega con una idea que, de tan inverosímil resulta ser la más viable: infiltrarse en Irán con la guisa de ser parte de una productora cinematográfica canadiense, que busca escenarios naturales en Teherán para rodar un filme de ciencia-ficción llamado “Argo”, mismo que, evidentemente no existe. Para que su plan tenga consistencia, Méndez se apoya en un oscarizado experto en maquillaje y efectos (John Goodman) y un productor afamado (Alan Arkin) quienes en pocos días le enseñan los tejemanejes de Hollywood, para hacer creíble su mentira y darle las herramientas para entrar a rescatar a los prófugos, que están cada vez más cerca de ser descubiertos por el régimen, en ese momento, muy propenso a colgar a los “traidores” a su causa del alumbrado público.

Con un ritmo que no cede, una tensión que va en crescendo y una sobria elegancia en su trabajo de cámara, Affleck aborda este caso real y, aunque el desenlace del mismo ya es historia, consigue atrapar al espectador y mantenerlo atento y en suspenso a lo largo de las casi dos horas y media del filme.

Valiéndose de una compañía sólida de intérpretes que aportan a una atmósfera excelente, cumple la promesa que ya se asomaba en sus dos filmes anteriores y deja ver una cinta prístina y directa, que hace eco del trabajo de la época de John Frankenheimer, John Schlesinger y, en una última, feroz secuencia situada en el aeropuerto, hasta del mismo Hitchcock. Pero sus alusiones en estilo y desarrollo no son burdas o invasivas: Affleck toma su historia y la cuenta, entrelazando al agobiante suspenso, elementos de humor y acción, que apuntalan un filme que si bien, no es perfecto (todo lo posterior a la secuencia mencionada se siente casi prescindible), aprovecha todos sus componentes para ser una experiencia rica en matices, bien dirigida y sumamente satisfactoria, que se las ingenia para atrapar y sorprender.

Argo
Con Ben Affleck, Alan Arkin, John Goodman y Victor Garber
Dirige Ben Affleck
EU 2012

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