24 dic. 2012

Ang Lee. El cine aporta algo bello, da esperanza...

Miguel Cane.



Es uno de los directores más aclamados de las dos últimas décadas; no obstante, Ang Lee (Taiwan, 1954) es un hombre afable, jovial, muy sencillo, con un profundo amor por su oficio y una humildad que desarma. Irradia una tranquilidad que pocos cineastas parecen alcanzar y que sabe transmitir a sus actores (Sigourney Weaver, Joan Allen, Anne Hathaway, Emma Thompson, Tobey Maguire y Heath Ledger lo han elogiado por su “serenidad congruente”), lo cual le permite crear universos tangibles en sus cintas, la más reciente, Una aventura extraordinaria (Life of Pi), se basa en la universalmente célebre y hasta ahora virtualmente infilmable novela de Yann Martell, que por más de 10 años estuvo en el limbo de la preproducción, entre distintos equipos de productores y directores hasta que llegó a sus manos para convertirse en una de las cintas más ambiciosas y bellamente realizadas del 2012.



UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA NO ES DRAMA NI AVENTURA NI FANTASÍA, Y ES TODO ESO JUNTO AL MISMO TIEMPO. ¿QUÉ ROL JUEGA ESTA PELÍCULA EN SU DIVERSA FILMOGRAFÍA?
Gracias. Mi intención no es cambiar de género por sistema, es algo que surge por sí mismo. Yo busco proyectos que me emocionen: unas veces por la historia y los personajes, como me pasó con la adaptación maravillosa que hizo Emma (Thompson) a Sensatez y sentimientos, o con La tormenta de hielo, que me resultaron imposibles de rechazar; me hablaban muchísimo. Hay otras que me atraen por su aspecto estético, como El Tigre y el dragón. En el caso de ésta, me gustaba mucho cómo el libro contemplaba la pérdida de la inocencia, las dudas internas, cómo todos de pequeños somos buenos y, con los años, nos vamos volviendo diferentes, nos volvemos “malos” (aunque éste no es el término exacto que quiero usar, pero es el que mejor aplica). No quería hacer una película que fuera ligera ni inocente, pero sí buscaba reflexionar sobre cómo sufrimos al crecer y cómo forcejeamos con la vida. Aprendemos a sobrevivir en las situaciones más extremas.



SIEMPRE HA DICHO QUE CADA UNA DE SUS PELÍCULAS LE APORTA UN APRENDIZAJE. ¿QUÉ FUE LO QUE APRENDIÓ EN ÉSTA?
De esta película, como en todas, aprendí mucho. Este es un oficio en el que siempre aprendes algo nuevo: aquí fueron aspectos de la narrativa, de cómo contar las historias mediante las imágenes, porque casi toda la novela es descriptiva, los diálogos en cierta parte son mínimos y había que encontrar una manera de hacer que la narrativa fluyera. También aprendí mucho sobre nuevas facetas de producción: en esta industria cada año hay innovaciones y hay que buscar la manera de incorporarlas a un proyecto, si es que se adecua a lo que requerimos. Por ejemplo, esta vez rodamos en Taiwán y en la India, sin mi productor habitual, y era un proyecto muy grande y muy ambicioso del que tuve que hacerme cargo, además de rodar en 3D, cosa que yo jamás había hecho antes. Fue algo muy duro, pero yo no quería hacer una película realista y palpable, porque eso ya lo hice muchas veces, anhelaba crear una cinta con una atmósfera imaginativa y fantástica. ¡Y digo que fue difícil porque uno no aprende nada sin dolor, y sin dolor no hay recompensa! (risas).



COMO EN HUGO, DE SCORSESE, EL 3D DE LA CINTA TIENE UN OBJETIVO DRAMÁTICO, MÁS ALLÁ DEL MERO EFECTO ESPECIAL...
Sí, es una herramienta para la narración. Así quise hacerlo. En mi opinión, es una cuestión de tiempo para que el 3D se use más y mejor... Ahora hay mucho cine de acción e infantil tridimensional, y algunos proyectos prestige, como el que señalas, Gatsby de Luhrmann, El Hobbit de Jackson y en cierta medida esta cinta mía. Son contadas, son películas evento... pero en el futuro... verás cómo en el futuro incluso habrá porno en 3D, ¡y habrá que verlo! (risas). No, no, en serio, el 3D es bueno para el cine dramático, permite dar una profundidad especial a los rostros, es un lenguaje diferente. Es sorprendente.

¿CONSIDERA, ENTONCES, QUE EN EL FUTURO NO MUY LEJANO TODO EL CINE SERÁ EN 3D?
¡Oh, no! Yo espero que no. El color casi eliminó al blanco y negro, el cine sonoro al mudo... Pero espero que el 3D no acabe con nada, sino que haya una coexistencia y nuevas maneras de crear.

¿CUANDO LEE UN LIBRO PIENSA QUE PODRÍA SER UNA BUENA PELÍCULA?
La literatura y el cine son distintos, por muy fiel que intentes ser. Y no soy ni quiero ser un traductor de lenguajes. Yo soy un narrador con imágenes. Y a veces me sucede eso que dices, me pasó con Secreto en la montaña, un relato corto que Larry McMurtry se encargó de abrir con su estupendo guión. Pero en ese breve relato, escrito por Annie Proulx, supe que había algo, porque me hacía llorar en distintos fragmentos y yo quería transmitir esa emoción intensa a los espectadores.

ES USTED SERENO Y CORDIAL. ¿CÓMO HACE PARA SOBREVIVIR EN UN NEGOCIO COMO ÉSTE?
No te creas, no suelo estar tan tranquilo como ahora que hablo contigo. Todo acto humano implica un conflicto, y en el cine hay muchos conflictos. Pero soy tímido, no me gusta estar muy expuesto ni recibir mucha atención ni gusto de las comparaciones: que si las obras de otros cineastas, que si la carrera por el Oscar. Nada de eso me gusta. Por eso rodar es una buena terapia: la gente me deja tranquilo. Casi descanso más cuando hago una película, porque me dejan en paz. No me puedo imaginar una mejor forma de vivir que ésta. El cine es para mí casi como una religión. Hace unos 10 años estuve a punto de retirarme, no sabía por dónde seguir mi carrera. Estaba muy estresado; sin embargo, volví a encontrar el rumbo y el amor a lo que hago.

¿Y EL MUNDO REAL? ¿CÓMO LO PERCIBE?
¡Ah, el mundo! (sonríe). La naturaleza, de manera invariable, toma su propio curso. Los humanos tendemos al consumismo, al egoísmo, a poseer cada vez más y más sin respetar los límites. No tengo una buena respuesta para darte porque así es en todo el mundo, hoy y siempre, es demasiado complicado. Lo que sí me pregunto es por qué no hay mejores líderes en el mundo, por qué no son más inteligentes y compasivos, por qué no nos orientan mejor y, sobre todo, por qué no nos dan una esperanza real. Se ha perdido la inocencia, nos conformamos con sobrevivir y pensar en nosotros mismos. Así es como percibo el mundo. Pero no quiero estar triste. Por eso hago lo que hago. Es mi manera de aportar algo bello, de dar algo de esperanza, porque eso siento al hacer cine. Es lo único que puedo aportar, y lo hago muy honrado, con emoción y gusto.



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