9 dic. 2008

Diablo llamado Anna Wintour, Un

Miguel Cane







Anna Wintour

¿Quién es realmente esta icónica figura? Presuntamente inspiradora de la exitosa comedia El diablo viste a la moda, es una de las editoras más célebres de la historia, cuyo foco de influencia ha trascendido el medio de la moda que la ostenta como una de sus figuras más representativas… y temidas… pero ¿es realmente el león como lo pintan?

El periodismo y la elegancia le vienen a Anna Wintour de la cuna.

Donde su madre, Eleanor, era una estadounidense de gusto impecable para vestir, su padre, Charles Wintour, fue por años director del diario Evening Standard y es una figura respetada en el ámbito periodístico británico. En alguna ocasión ella declaró “Así como hay hijos de médicos que saben desde temprana edad lo que quieren ser, yo igual. Quería seguir los pasos de mi padre… sólo que a mi manera.”

Se hace una estrella

En 1970, a los 21 años de edad, Anna inició su carrera como asistente en el área de modas de la revista Harper’s & Queen, y su primer trabajo notable fue crear un fashion spread que replicaba El columpio, cuadro de Renoir, con las modelos luciendo minifaldas y botas à go-gó. Pronto se ocupó de hacer sesiones fotográficas y escribir reseñas de desfiles. En 1976 emigró a los Estados Unidos como editora en jefe de Harper’s Bazaar, puesto que ostentaría hasta 1983, cuando ingresó a Vogue, la más representativa revista de modas del mundo, publicada por Condé-Nast.







Durante su primer año como directora creativa, Anna decidió volver a raíces de la mítica Diana Vreeland (1906-1989) que hizo de Vogue una de las publicaciones más relevantes en su campo, mas no fue hasta 1988, cuando se convirtió en editora en jefe – posición que ostenta aún hoy, estableciendo un récord de permanencia al frente de una publicación de este tipo- que atrajo una nueva era en el mundo de la moda, acuñando el término fashionista (para referirse a alguien que vive para y por la moda) y descubriendo a nuevos talentos como Donna Karan, Michael Kors, John Galliano, Badgley Mishcka, Miuccia Prada, Angela Missoni, Marc Jacobs, Domenico Dolce y Stefano Gabbana, entre otros, que en la última década, han revolucionado las pasarelas.







Igualmente, es en parte responsable del surgimiento de la supermodelo, al dar vuelo a figuras como Cindy Crawford, Claudia Schiffer, Naomi Campbell, Linda Evangelista, Helena Christensen y Christy Turlington [ésta última la única con quien sostiene una genuina relación amistosa], también descubrió a fotógrafos como Stephen Meisel, Patrick DeMarchelier, Mario Testino y David LaChapelle, quienes tuvieron su primer oportunidad en sesiones supervisadas por ella.

Ha sido precisamente su visión y olfato lo que la han llevado a convertir la revista en un éxito inusitado y punto básico de referencia a nivel internacional.

Las dos caras de Anna

En su vida privada, Anna Wintour es reservada. Por quince años estuvo casada con David Shaffer – padre de sus hijos Charles y Katharine, apodada “Bee”, actualmente dedicada al modelaje- y en 2004 contrajo nupcias con el financiero J. Shelby Bryan. Aunque se habló de infidelidad por parte de ella, el escándalo murió en la página seis del New York Post (que cordialmente la odia). Mucho se ha hablado acerca de su carácter difícil, feroz manera de trabajar y ambición desproporcionada, aunque todo esto parece ser más elemento de un brujeril estereotipo, que otra cosa: además de editar Vogue – empleo por el que percibe 900,000 dólares anuales, más 25,000 para guardarropa- es reconocida su acción filantrópica, recavando más de 10 millones en la lucha contra el SIDA. Es miembro del consejo del Metropolitan Museum of Art y preside la fundación CFDA/Vogue, que apoya a diseñadores jóvenes.


También ha sido criticada por organizaciones como PETA, por rehusarse a publicar anuncios pagados para promover su causa y públicamente usar pieles. Esto ha derivado en que haya sido objeto de toda clase de agresiones en desfiles de modas (en 2002, una mujer le saltó encima en París, bañándola con un cubetazo de pintura roja), mismos a los que asiste puntualmente, con asiento reservado en primera fila, aunque es famosa por llegar justo cuando se apagan las luces y salir antes que éstas se enciendan, hábito que mantiene desde los inicios de su carrera.





Hay quienes sostienen la teoría de que no es tan inaccessible y monstruosa como dicen; recientemente, la periodista Julie Fredrickson logró entrevistar en video a la Wintour durante la Fashion Week Primavera/Verano 2007 en Manhattan y Anna aparece sonriente y gentil, señalando que le gustaría que la gente no la mirase con temor y que le gustan las preguntas interesantes. Esto ha suscitado la controversia acerca de si su “mala reputación” no será algo exagerado y fuera de proporción.

Curiosamente y pese a su relativo bajo perfil (dado que se levanta todos los días a las 6 am, sólo permanece en fiestas estrictamente diez minutos) la figura de Anna ha trascendido con los años: en 1994 la comediante Tracey Ullman participó en la cinta de Robert Altman Prêt-à-Porter (Caprichos de la moda) interpretando a Nina Scant, personaje claramente inspirado en ella, mientras que en la cinta animada de Disney/Pixar aparece Edna Modas, basada en Wintour y la famosa diseñadora Edith Head.






En 2003, su ex asistente Lauren Weisberger publicó El diablo viste a la moda, en que hace una parodia de su “infernal” año trabajando para la revista. Si bien se ha ocupado de decir que “no es Anna Wintour” – pese haber ella misma echado a andar el rumor-, las similitudes aunque caricaturizadas suenan más o menos genuinas. Ahora que el libro ha sido llevado a la pantalla, con Meryl Streep en el rol principal mucho se especuló acerca de cuál sería su reacción; en la premiere, realizada para beneficencia, la Wintour hizo acto de presencia y se tomó fotos con la Streep, vestida de pies a cabeza… en Prada.


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