8 dic. 2008

Heath Ledger: descanse en paz

David Guzmán



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Heath Ledger como El Guasón en Batman The Dark Knight

Me quedé en shock cuando leí (en mi celular, cortesía de un amigo) la nota de que el actor australiano Heath Ledger había muerto. Días antes, ocurrió el deceso de Brad Renfro, el joven actor que debutó en una cinta de Joel Schumacher “El Cliente”, las causas aparentes (al momento de redactar esto, todavía no había nada oficial) sobredosis de drogas.

Pues sí, verdadero shock. He estado siguiendo con atención toda la odisea de Ledger respecto de su último papel en Batman ‘The Dark Knight’ a estrenarse a mediados de año, nada menos que El Guasón. Difícil tarea que se aventó encima pues en la memoria colectiva prevalece hasta ahora la creación realizada por Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton. Como carroñero (y ante el estupor) comencé a leer cuanta nota apareció en internet sobre la muerte de Ledger, se me hacía difícil de creer. Una muerte desde mi punto de vista, estúpida, carente de lógica y totalmente absurda... miren que morir por sobredosis (aunque luego hay quienes mueren en la tina del baño). No es que considerara a Ledger un gran actor, al menos hasta ahora y de lo visto, su mejor trabajo (para mi) es su creación de Ennis del Mar en la –a ratos sobrevalorada- Secreto en la Montaña, pero era alguien que prometía, y ante la víspera del estreno de Batman, seguramente se trataba de disfrutar las mieles que le resultarían de su -de verdad- último trabajo.





Jake Gyllenhaal y Heath Ledger y su Secreto en la Montaña

Pero se fue y la nota trascendió en los titulares mucho más que las nominaciones al Oscar (que dicho sea de paso, no lograron emocionarme en lo mínimo). Hurgando en la sensación de desesperanza que me producen estas muertes, recordé una frase que si no me equivoco leí en la novela de Stephen King ‘El Cuerpo’, sobre qué es lo que nos mueve a quedar petrificados, curiosos y a ratos extrañados viendo / leyendo sobre gente que fallece, que más allá del morbo, es simplemente darse cuenta de lo vulnerables que somos, de que hoy estamos y tal vez, mañana no.

También recordé que el único fallecimiento de una celebridad que me ha afectado hasta la lágrima, era la muerte de Krzysztof Kieslowski en 1996. Recién empezaba yo a descubrir su filmografía; recién había visto El Decálogo, esa extraordinaria serie de la televisión polaca con tintes de revisión crítica (a veces cercana, a veces distante) de los diez mandamientos y recién había disfrutado su ya mítica trilogía Tres Colores, con la que se le recordará en la posteridad, cuando vi la noticia en el televisor: había fallecido víctima de un paro cardiaco a los 54 años. Sentí, contrario a lo que él manifestaba en sus últimas entrevistas, que todavía tenía mucho que decir y que la cinematografía mundial había perdido demasiado. Una especie de desasosiego me inundaba pues sentí que quedaba un gran vacío de talento y sentimiento y no pude evitar pensar en mis lágrimas viendo Tres Colores: Azul y a una Juliette Binoche introduciéndoseme hasta la médula.

El otro lado de la moneda de estas muertes es el 'mercadológico': La nueva película de Batman de Christopher Nolan, se convertirá por este hecho seguramente en cinta de culto, lloverán las alabanzas al trabajo de Ledger (por lo poco que he visto en el trailer, se percibe espléndido) y la cinta, por supuesto, liderará las taquillas. No quiero atreverme a pensar en un adelanto de su estreno pues, como dijo un buen amigo, ‘eso sería demasiado morboso’, pero dados los teje-manejes de Hollywood y en especial de la gente que mueve el dinero, esto no me extrañaría en lo más mínimo.






Esperemos pues y mientras que Heath Ledger, descanse en paz.

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