8 dic. 2008

Jane Wiedlin

Miguel Cane

Mi Go-Go favorita, de toda la vida, siempre fue Jane Wiedlin.

(Y ella lo sabe)





No sé por qué se dio este cariño tan virulento y tan repentino, pero desde que empecé a escuchar al grupo californiano de chicas (allá por 1984), la que me parecía sin comparación a más bonita y con más sustancia, era Jane -- de cabello negro, ojos chispeantes y una sonrisa contagiosa-, que estimulaba mi sensibilidad muy New Wave. Así que se podría decir que, desde muy jovencito fui fan (o como decía la Agrado en Todo sobre mi madre: soy fannnssss).





Donde Belinda Carlisle (que ojo, también me gustaba) era más popular como cantante, Jane se me antojaba un talento mayor. Después de todo, toca varios instrumentos -- piano, guitarra, y bajo, mandolina, armónica y el yazoo, que es una especie de silbato- y compone (Our lips are sealed, que es tal vez uno de los más grandes hits de la banda, es composición suya), algunas veces de manera magistral -- como se oye en lo que considero su mejor disco: Kissproof World.

Mi adoración por Jane acaso se limitó a enviar a los diez años una cartita de fan -- a mano, con una ortografía atroz en inglés, en todo caso- y recibir a la vuelta de correo, una tarjeta pre-firmada con la imagen de Jane (ver arriba) que fue uno de mis tesoros pre-púberes y que ha viajado conmigo en varias valijas.

Así pues, no pensé que la conocería más allá de escuchar su música, que claro, ya era parte de mi arqueología pop... hasta que, bendita internet, fui a dar a su página personal (que hoy, por razones igualmente personales, ha cerrado) y a los foros de la misma, donde ocasionalmente Jane interactuaba con los fans.

En 2005, un año en que fui muchas veces -- por trabajo- a Los Angeles, le hice llegar un mensaje, pidiéndole una entrevista para Milenio. Pensé que era el pretexto ideal, y que lo peor que podía ocurrir era que me dijera que no. Lo que ocurrió me sorprendió: Jane no dijo que no, pero estaba desconcertada de que un periodista joven, de México entonces, le pidiera una entrevista. Lo más curioso es que aceptó.

Jane me invitó a cenar una noche en el otoño de 2005. Esa semana iba a tocar en un club de Sunset Strip. Me preguntó si quería ir y le dije que sí, que por supuesto que quería ir -- de hecho fui con mi colega Bobby Nuñez, un magnífico chico y espléndido amigo-. La foto arriba muestra a Jane en acción, aventándose un solo de guitarra estupendo al tocar un cover de Mother of Pearl, la emblemática canción de Roxy Music.

Desde entonces, Jane y yo establecimos lo que se podría llamar una amistad, aunque no fuera íntima ni frecuente; sin embargo, cada vez que yo caía por LA nos íbamos de compras o a comer algo o me invitaba a oírla tocar si se presentaba en algún lugar. Me sorprendió su sencillez y humildad (estamos hablando de un personaje que estuvo presente en el alba del punk y que merece el mismo respeto y reverencia que recibe Debbie Harry, por ejemplo), su total prescindir de las pretesiones. Su risa fácil, su ternura. Así que Jane y yo seguimos en contacto aún ahora -- de manera e-epistolar, ni hablar- y me siento muy contento de que mi Go-Go favorita sea mi amiga (cuando le conté que había escrito al club de fans oficial y le mostré la tarjeta se encantó y me dijo que no había visto una de esas en veinte años).





Pero también -- o bien, más allá de admirar su personalidad- soy admirador de su trabajo, de su integridad artística, su autonomía y su solidez. Tiene una manera tan peculiar de tocar, que puedo reconocer cuando ella toca el bajo o la guitarra en cualquier canción. Es como una rúbrica muy suya. Su voz podrá no gustar a muchos (ella misma lo reconoce, quizá no sea su fuerte) pero sí sus letras, su estilo tan particular de narrar, de usar imágenes en sus letras.

Mi disco favorito suyo, como decía, es el Kissproof World (que lanzó en el 2000) y que es una producción totalmente independiente -- yo compré el mío en Los Angeles, precisamente, en el Tower Records de Sunset- y hoy en día ya no se consigue por que está descontinuado.

Es un disco que me sirvió de mucho en varios momentos: como soundtrack y como inspiración, especialmente en dos temas: la espectacular Feeling Like Flying (que es una de mis canciones favoritas de toda la vida) y un tema muy importante para mí, llamado The Good Wife, cuyas letras demoledoras me sirvieron para dar forma a ciertos personajes y situaciones en Todas las Fiestas...

Quiero mucho a Jane, y hoy quise rendirle un homenaje en la sección de Arqueología Pop de este blog, así que hoy, el regalo de esta página para sus lectores-melómanos, muchos de los cuales no conocen la carrera de Jane en solitario, es doble:








La selección From Cool Places to World on Fire: The Very Best of Jane Wiedlin

Escúchenla y cuéntenme, qué les pareció. Y cuando le escriba, le contaré.