27 ene. 2009

Salvando al soldado Ryan / Saving private Ryan, de Steven Spielberg

Jacobo Bautista




Tom Hanks , Matt Damon and Edward Burns in Dreamworks' Saving Private Ryan




La historia es muy simple, cuatro hermanos se alistan en el ejército de los Estados Unidos, dos de ellos mueren en la invasión aliada a Francia, un tercero muere en el Pacífico peleando contra los japoneses y hay un tercer hermano, paracaidista, que anda perdido con la 101 división de paracaidistas en algún lugar de Normandía… y entonces hay que irlo a buscar, el soldado se llama Ryan y de ahí el nombre de la película.

He leído en varias partes que la historia está basada en un hecho real, pero siempre se menciona la historia de los hermanos Sullivan que mueren al ser hundido el USS Juneau, el barco en que viajaban (el hecho se describe en la película pues a todos los hermanos que servían juntos, se les separó y dispersó por varias unidades del ejército para evitar que de un bombazo desapareciera una familia), pero Stephen E. Ambrose describe en su libro Band of Brothers un caso exactamente al de James F. Ryan de la película, dos hermanos muertos en Normandía, uno más en las islas del Pacífico y el tercero, aún vivo, en una unidad de la 101 aerotransportada… sólo que en la realidad al ejército le fue muy fácil ubicarlo y regresarlo a Estados Unidos por la petición de un Capellán… hasta un par de años de hecha la película, se comenzó a mencionar y escribir que esta historia de los hermanos Niland fue la inspiración para la película. (Al final, Fritz Niland no fue sacado del frente de inmediato, cumplió un par de misiones más, luego supo que uno de sus hermanos no estaba muerto sino que había sido hecho prisionero por los japoneses, pero sí fue mandado a Nueva York a hacer trabajo de oficina para el ejército).




Tom Hanks in Dreamworks' Saving Private Ryan






Tom Hanks in Dreamworks' Saving Private Ryan



En realidad no hubo una gran historia en rescatar a este soldado en la vida real, pero la anécdota de Fritz Niland sirve de base perfecta para dar un vistazo a uno de los momentos claves de la humanidad.

Si bien Spielberg se había visto muy serio con El Color Púrpura (abandonando las películas de acción), no regresó a ellas sino hasta Schindler's List que le valió el Oscar. En La Lista de Schindler, Spielberg abordó con mucha seriedad el tema del holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial, ya habían aparecido Nazis en las tres películas de Indiana Jones, pero siempre caricaturizados… su única comedia, 1941, trata el tema de la guerra también con muchísima soltura.

Desde que comenzó a filmar, salieron en los medios de comunicación notas en las que se describía a la cinta como la más realista película bélica jamás filmada. Los que gustamos de las películas bélicas, que vimos tres veces Pelotón (de Oliver Stone) en cine (y festejamos cuando ganó el Oscar a la mejor película), que nos emocionamos con Wagner en Apocalipsis Ahora (de Coppola), contábamos los días para el estreno, se hablaban maravillas de la producción.



La estrenaron un viernes y ahí me tienen en Cinemex Santa Fé (excelente sonido, por cierto) haciendo cola para la función de las ocho de la noche. El cine se llenó. Había comprado palomitas grandes y un refrescote, más por costumbre que por antojo y mucho menos por necesidad.

Pasaron unos cortos, la presentación del cine, una animación para presumir el sistema de audio digital y luego comenzó la película, con una bandera americana primero (un toque personal e irónico de Spielberg, comenzar justo como la cinta Tag der Freiheit - Unsere Wehrmacht hecha en 1935, donde salen los mismísimos Herman Göring, Rudolf Hess y Adolf Hitler y que comienza con una bandera nazi y el sol detrás). Luego unos viejitos caminando con sus hijos y nietos detrás… (por cierto que la chica de suéter ajustado morado- Nina Muschallik- de atrás no lo deja a uno concentrarse en lo demás)… y comienzan a aparecer las cruces… cruces y más cruces… infinidad de crces… así luce hoy la costa de Normandía, y los cementerios americanos e ingleses que rinden tributo a los hombres que cayeron liberando Europa en 1944.



El viejito, al que adivinamos es un veterano de la guerra, pierde el equilibrio y sus ojos se llenan de lágrimas (todavía no entendemos bien por qué) al parrase frente a una tumba en particular… y entonces la pantalla nos lleva al 6 de junio de 1944 por la mañana, dentro de uno de estos transportes que llevaban a los soldados listos para invadir el continente europeo.

Todo mundo habla de los primeros 20 minutos de la película (porque nadie recuerda que abre con las banderas y el cementerio de Normandía), todo mundo recuerda los 20 minutos con que empieza la parte bélica de la película.

Todos hemos visto películas de guerra, o más bien, todos habíamos visto películas de guerra… los buenos disparaban y los malos se caían, así nada más. Cuando algo explotaba, los que estaban cerca de la explosión se caían, a veces, no obstante, como en las películas mexicanas, salía un chorrito de sangre y se veía un agujero en el muerto… y en el peor de los casos sacaban sangre de la boca… en esta película estábamos esperando el desembarco en la playa luego de unas cuantas instrucciones cuando empiezan los disparos y todas las nociones que teníamos de violencia en el cine se fueron por la borda.



Las balas que disparaban los alemanes desde sus posiciones fotificadas en la playa Omaha eran de 45 milímetros y esos pedazos de metal hacen mucho daño… lo primero que ve el espectador es cómo saltan pedazos de carne humana y cómo los cuerpos caen muertos, descompuestos, sin gracia, al suelo… aterrorizados, algunos soldados deciden saltar por un lado hacia el agua. Pero las balas igual matan bajo el agua y ésta comienza a llenarse de sangre, además, todo el equipo que llevan encima los arrastra al fondo y quien no pierde sus armas, muere ahogado.

Una de las grandes aportaciones de Spielberg en esta película fue el realismo, la guerra, dejaba claro, no es un asunto glamoroso. Nuestros protagonistas no tuvieron un segundo de descanso, desde que se abre la pueta de la barcaza donde venían, cuando saltan al mar, llegan a la playa, se medio ponen de acuerdo a medio camino, se reúnen, y encuentran un lugar donde pueden hacer base, las balas no les dejan de llover, aunque vemos a Tom Hanks organizar lo que queda de su compañía, lo hace entre compañeros muertos.



Hay dos escenas particularmente impactantes, la primera es de un soldado tendido en la arena, deteniendo con sus manos las vísceras que salen de su abdomen mientras llama a su mamá, la otra es de Tom Hanks, quien arrastra a un compañero herido y al arrastrarlo una ronda de artillería lo parte en dos, Hanks se queda un rato arrastrando sólo la parte superior de su compañero.

Hay un largo tramo en este terrible inicio de la cinta en que el espectador apuesta que no hay manera de que los protagonistas salgan vivos de aquello. Además, -otro gran acierto de Spielberg- uno no ve al enemigo. No hay a quien dispararle y así, pues no se puede vencer ‘a los malos’.



El realismo de la guerra no está solamente en que un John Wayne se pare valiente, dispare –casi al azar– y acabe con los alemanes, la guerra así de terrible como la muestra Spielberg también es asunto de táctica e inteligencia. El gran lío de los americanos se resuelve haciendo las cosas paso a paso, pasando por el alambre de púas, dando órdenes claras, abriendo un hueco con dinamita en un punto de la muralla, eliminando primero una metralleta MG82 alemana en el flanco izquierdo y avanzar en hilera hacia las líneas alemanas… eso tampoco lo habíamos visto en la pantalla grande.

Después de el hecho histórico y aún con algunas armas siendo disparadas, luego de más de media hora de película, por fin Tom Hanks y el público se pueden relajar y tomar un respiro. Para cuando esto sucedió, el popote de mi refresco, del cual no había tomado una gota, estaba ya todo mordido.



La fui a ver cuatro veces al cine, la primera, obviamente, fue la más terrible experiencia, sobretodo (y es curioso) por lo que logra el sonido surround de estar viendo aquella masacre y escuchar detrás de uno cómo las balas pasan y golpean contra el metal de los obstáculos antitanque de la playa. Porque la película da muy buena idea de lo que pasa cuando el metal y la carne humana entran en contacto y no es bonito.

Aunque ya en algunas películas, sobretodo en los 50, habíamos visto que algunos soldados simplemente se acobardaban a la hora buena y aquí salen, desde el principio, soldados haciéndose bolita llorando, sin ganas de regresarle un disparo al enemigo, también, en media cinta, el mismo Capitán Miller, interpretado por Hanks, sencillamente se echa a llorar, ha perdido muchos hombres (cuando se está al mando, la vida de los soldados al mando es responsabilidad de quien toma las decisiones, las indecisiones y tonterías hacen que la gente muera), ha estado mucho tiempo fuera de casa y el mundo, en medio de Europa en 1944, tras líneas enemigas, era un mundo jodido.

El incidente del traductor, Upham, al final de la película, que se congela y acobarda mientras sus compañeros caen muertos, uno a uno… sin que él, pudiendo, ayude en nada. Está la historia de Reiben, un quejica del Queens Neoyorquino que, odiando la misión, quejándose a cada rato, hace su trabajo y arriesga su vida por la misión, aunque la cuestione siempre que puede. No hay un John Wayne en la película, no hay héroes hollywoodescos sino un retrato más o menos fiel de los hombres que tuvieron que pelear la guerra (por 50 dólares al mes).



Una vez habiendo quitado de en medio al glamour bélico y a los inútiles héroes, Spielberg se ocupó de recrear cada detalle para la pantalla, tal como Oliver Stone lo trató de hacer en Platoon, que, según sus propias palabras, era una especie de homenaje para los hombres que sirvieron en Vietnam.

Las armas, los uniformes, las insignias, los cascos, los tanques, las botas, las latas de comida, todo fue elegido con cuidado pues lo que Spielberg deseaba es que se viera tan real como fuera posible (y por algún motivo, bajó en 60% la saturación del color, por lo que la película se ve deslavada), obvio, tiene algunos detalles que los muy muy obsesivos han descubierto (un teléfono que no estaba disponible en 1944, el clip de una arma, alguna insignia en un casco), pero en general los historiadores y aún más, los veteranos, califican a la película como muy realista.



Aunque la película me encantó, la trama siempre se me ha hecho coja, incluso después de haberla visto por primera vez, me quedé con ganas de ver a un pelotón en situaciones más realistas, en algo más que una escuadra recorriendo el frente (aunque claro, está el asunto del impresionante desembarco en Normandía). De haber hecho, bajo la misma óptica e intensión, la trama de A Bridge Too Far, por ejemplo, habría sido una película perfecta.

La tentación, sin embargo, de arriesgar la vida de ocho hombres por ir a salvar a uno solo era muy grande y le da ese toque de cursilería que de repente le gana mucho a Steven Spielberg.



En la película, John Miller (Tom Hanks) dice que ojalá éste soldado al que están rescatando, al regresar a casa “cure alguna enfermedad o invente un foco de luz que dure más”, en la vida real Fritz Niland no hizo nada de eso, pero se convirtió en un cirujano dental e innovó varias técnicas dentro de su campo, la mayoría destinada a reducir el dolor de sus pacientes. Murió a principio de los 80 y sus hijas, Cate y Mary, son muy entusiastas en cuanto a las fundaciones de veteranos y están abiertas a ayudar a cualquier historiador que quiera contar la verdadera historia del soldado Ryan.



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