5 feb. 2009

Cementerio de papel, film mexicano de Mario Hernández

Miguel Cane




Eva, una joven empleada del Archivo General de la Nación (ubicada en la antigua cárcel de Lecumberri, de infausta memoria) es asesinada sin motivo aparente. Mientras la policía hace la investigación, cuatro amigos de la víctima comienzan a hacer su propio trabajo detectivesco para llegar al fondo de una historia de violencia, corrupción, mentiras y maldad que proviene de muchos años atrás, aún a riesgo de perder sus propias vidas.

Basada en una novela de Fritz Glockner (que participa en el filme en el rol de Enrique), y adaptada por Xavier Robles (que ya había tocado temas afines en el guión de Rojo Amanecer hace ya veinte años) Cementerio de papel es un thriller de buena factura, que sirviéndose de las convenciones del género – ritmo trepidante, persecuciones, efectos, violencia (aparentemente) gratuita- se permite explorar una historia que tiene más capas de lo aparente: ¿qué ocurrió, realmente, con los desaparecidos durante la llamada “Guerra Sucia”, ocurrida entre 1968 y 1976 – en su época de mayor auge-, principalmente bajo el mandato de LEA? ¿Dónde están? ¿Qué se hizo con ellos? ¿Quiénes son los responsables que se mancharon las manos de sangre? ¿Estarán dispuestos a hacerlo de nuevo?

Las teorías de conspiración en el cine no son nada nuevo, ni se inventa el hilo negro, pero la trama urdida por Glockner es tan habilidosa, que el espectador no puede evitar involucrarse en la oscura aventura de los detectives amateurs (encabezados por Alberto Estrella, que da una interpretación notable, igual que Rocío Verdejo como Claudia, que consigue transmitir una creciente angustia por su situación que se complica y es uno de los ejes de la historia) y sentir una creciente ansiedad conforme el círculo del poder, los que no quieren que se destape la alcantarilla de cieno y horror que han mantenido oculta por décadas, se va cerrando en torno a ellos, exponiéndolos a peligros tangibles.






El director, con una larga trayectoria – principalmente trabajando con el hoy extinto y a todas luces legendario Antonio Aguilar- no es ningún novato: construye sus tomas con presteza, sabe llevar el ritmo y consigue una atmósfera amenazadora y una sensación de realidad inmediata, que se deja ver. Aquí lo importante, no es tanto así la calidad de la cinta (que está ahí, es patente), si no el cómo atraer al público a verla. ¿Por qué es más fácil involucrarse como espectador, en las atrocidades de un asesino en serie que actúa, por decir algo, en Chicago o Nueva York, que en una historia de misterio y violencia urbana ambientada en el De Efe, con un trasfondo de crítica social? La respuesta habitual del espectador promedio es “yo no quiero ir al cine a pensar, quiero ir a entretenerme”. Quizás el que una película se desarrolle en Estados Unidos o en cualquier otro lugar del mundo, contribuye a una sensación de “irrealidad”. No obstante, Cementerio de papel es una cinta que entretiene, atrapa, angustia (que finalmente de eso se tratan las películas de suspenso) y además hace reflexiones, revelaciones, preguntas importantes no sólo para el espectador, si no para toda una generación.

Bien realizada, satisfactoria, interesante, esta es una película que se sale del molde habitual, y al igual que su origen literario (por cierto, si pueden leer la novela, háganlo… no se van a arrepentir), en algunos puntos enriquecedora, esta película enfrenta a los estrenos estadounidenses de la temporada, y se lanza al ruedo con todo. Con suerte, trascenderá el estigma del “yo no veo cine mexicano” y encontrará un público, para mostrarles que – por fortuna, todavía- no todo lo que se exhibe en salas, es made in Hollywood.

Alberto Estrella, Rocío Verdejo, Jesús Ochoa, José Juan Meraz, José Carlos Ruiz, René Campero, Alejandro Tommasi, Justo Martínez, Jorge Zárate, Martha Aura y Carlos Bracho.
Dirige: Mario Hernández
México (2009)



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