10 feb. 2009

Plan de vuelo / Flightplan, de Robert Schwentke

Miguel Cane

La tragedia se ha ensañado con Kyle Pratt (Jodie Foster); hace días, su marido murió inesperadamente y ahora, aún con efectos del shock, la joven viuda se prepara para regresar de Berlín a Nueva York con su hija de seis años, Julia (Marlene Lawston). Lo que no imagina al abordar el colosal Airbus que ayudó a diseñar (un set notable, obra del diseñador de producción Alexander Hammond) es el terror que la espera cuando, tras quedarse dormida por algunas horas, descubre para su creciente angustia, que la pequeña desapareció sin dejar rastro y lo que es peor, de 450 pasajeros y miembros de la tripulación, nadie le cree que haya estado a bordo.



The movie poster for Touchstone's Flightplan




Jodie Foster and Marlene Lawston in Touchstone Pictures' Flightplan


Kyle se encuentra atrapada en una ominosa situación: ¿Será que todo, incluyendo a la nena, una alucinación? ¿Acaso es algo sobrenatural? ¿O se trata de un complot? La película, que marca el debut en inglés del cineasta alemán Robert Schwentke, dura ciento diez minutos y durante los primeros noventa, el misterio que se establece desde las primeras escenas está muy bien logrado, con una tensión que se torna casi tangible de la mano de un trabajo formidable de su protagonista: todo – o casi- lo vemos a través de sus ojos… y de hecho, es en los últimos veinte minutos, cuando abruptamente la narración se aparta de ella, que la película se cae, no estrepitosamente como un avión que se estrella, pero sí a manera de un aterrizaje forzoso.

Plan de vuelo no es de ninguna manera perfecta, pero tampoco una basura; de hecho, la trama creada por el debutante Peter Dowling, con una “shineada” de Billy Ray (autor de Volcano, y la interesante Suspect Zero), atrapa de entrada al espectador y está bien escrita, pero tiene un grave problema: siguiendo las convenciones del Hollywood de hoy, con sus abominables focus-groups que exigen explicaciones simples para todo, así como elementos “más familiares” (léase: el consabido cliché de los musulmanes que son sospechosos de facto sólo por serlo), salta del suspenso sostenido a los abismos de lo banal muy rápido y acaba siendo víctima de sus propias paradojas, lo que provoca que el elenco de soporte – un buen reparto que incluye a Sean Bean en personaje noble, después de ser últimamente el malo-malo más consistente de la pantalla; la desperdiciada Erika Christensen (Tráfico) y una casi irreconocible Greta Scacchi (¿la recuerdan? Es el sensual objeto de deseo en El Ejecutivo, de Robert Altman)-, con la excepción del siempre sólido Peter Sarsgaard (La llave maestra, Kinsey) no tenga realmente mucho qué hacer mientras Jodie lleva a su personaje por distintos niveles de ansiedad, por lo que pasa, por así decirlo, de Mia Farrow en El bebé de Rosemary a Sigourney Weaver en Alien en cuestión de minutos.

No pasa mucho antes que la atmósfera claustrofóbica de la cinta se deshilache y al agregar un epílogo innecesario, Disney da la puñalada trapera a lo que podía haber sido un filme de misterio mucho más interesante de lo que realmente es. Pero no todo está perdido: la compensación es ver a la Foster en mejor forma que en La habitación del pánico (que tiene innegables paralelos con esta historia), que despliega la madurez de sus dotes como actriz, mismos que fueron promesa hace treinta años cuando fue Iris, la prosti, en Taxi Driver o la adorable fille-fatale Talullah en Bugsy Malone; no importa al final lo incoherente o pasado de tueste del producto (¿recuerdan Contacto?): Jodie Foster es uno de los escasos mitos de su generación y su presencia, junto con las efectivas tomas del cinefotógrafo Florian Ballhaus, que convierte el avión en un auténtico personaje más, salva este avionazo de ser un desastre total.

Plan de vuelo / Flightplan

Con: Jodie Foster, Marlene Lawston, Peter Sarsgaard, Erika Christensen, John Benjamín Hickey, Sean Bean y Greta Scacchi.

Dirige: Robert Schwentke.

Distribuye: Buena Vista Internacional (2005)


Nedstat Basic - Web site estadísticas gratuito El contador para sitios web particulares