10 mar. 2009

Milk, de Gus Van Sant

Retrato de un hombre llamado Milk
Miguel Cane

En años recientes, la carrera como cineasta del estadounidense Gus Van Sant, después de que lo crucificaran por atreverse a realizar el desafortunado remake de Psicosis, ha recorrido caminos que lo han alejado cada vez más de los circuitos comerciales, aún si ha presentado trabajos inquietantes como Elephant o Paranoid Park, filmes indie que han provocado controversia entre la crítica y público festivaleros.



Ahora, Van Sant se permite un retorno a los filmes “de estudio” con un trabajo en el que aborda la trágica historia verídica de Harvey Milk, el primer servidor público completamente homosexual que fuera electo por voto popular en la ciudad de San Francisco en 1978 y que fuera uno de los principales impulsores del movimiento de los derechos civiles de la población gay, sentando un importante precedente social, de una lucha que sigue vigente hasta nuestros días.

En su interpretación de Milk, un arrollador Sean Penn se cuida de darle tres dimensiones, evita los ademanes estereotipados que parecen a veces ser menester para presentar a un homosexual en la pantalla, para así crear un personaje creíble, enternecedor, palpable y a la postre, demoledor, transmitiendo en cada gesto, su humor, su vigor y su patetismo.





De este modo y sustentada por actuaciones casi todas de primera (Josh Brolin está espléndido como su colega y rival Dan White y James Franco se muestra maduro y estupendo como el amor de la vida de Milk, acercándose a escenas que todo actor ciertamente hallaría difíciles, con una mezcla de aplomo y gracia), la cinta deviene ágil, con un humor refrescante donde debe y un agudo sentido de tragedia donde es inevitable, y funciona mucho más allá de la inevitable y manoseada "biopic" que suele estar tan de moda, sobre todo en época de Oscares.

Quizá el único punto negro sea la participación de Diego Luna en un rol de soporte como una de las parejas de Milk, quedándose en el lugar común de la manita caída y el sonsonete estridente, con lo que resulta chocante y despoja al personaje de la profundidad que habría tenido en otras manos, siendo tan rico en posibilidades).





La fotografía del colaborador habitual de Van Sant, Harris Savides, es como siempre una garantía y ofrece un retrato atmosférico de un San Francisco que fue vital, pero que ya no existe; de este modo, intercalando algunas escenas de documental, con una sensación de efervescencia muy de sus tiempos, la cinta funciona en muchos niveles de visionado, pero sobre todo, es la historia de una lucha cuyos ecos siguen sonando en los titulares incluso del día de hoy y que ningún buen espectador adulto, de amplio criterio, se debería perder, aún pese al horrendo y cursi título en español con el que lo lastra el departamento de marketing del estudio. Usted no haga caso; libérese de prejuicios y vea.

Milk: Un hombre, una revolución, una esperanza/Milk
Con Sean Penn, Josh Brolin, James Franco, Emile Hirsch, Alison Pill y Victor Garber.
Dirige: Gus Van Sant.
Estados Unidos, 2008


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