29 may. 2009

Km. 31, de Rigoberto Castañeda

Miguel Cane





Existe una tradición popular en el cine mexicano, de películas de terror que consiguen, de un modo u otro, asentarse en la memoria colectiva y volverse clásicos que se disfrutan repetidas veces: así hay horrores muy celebrados como El Vampiro (1957), La Tía Alejandra o las obras maestras de Carlos Enrique Taboada: Hasta el viento tiene miedo (1967), Más negro que la noche (1974) y muy especialmente la espeluznante El Libro de Piedra (1969), que yo confieso, aún me sigue dando ocasionalmente pesadillas.





Es así que, siguiendo el ejemplo de estas cintas, que como quiera que sea, sentaron precedente en un género que ha sido desperdiciado por el cine mexicano (aún si yo sostengo que cintas que no se reconocen como “de terror”, tales como Rojo Amanecer (1989), El Cumpleaños del Perro (1975) o Muñeca Reina (1970), gracias a sus tramas de naturaleza perturbadora y desenlaces brutales e inesperados, definitivamente pertenecen a un nicho más oscuro dentro del canon) se estrena con notable éxito taquillero (aunque todos sabemos que esto no siempre es sinónimo de calidad artística) Kilómetro 31, opera prima de Rigoberto Castañeda y producida por el mismo equipo de la llamativa, aunque un tanto excesiva Matando Cabos.

La película trata sobre las hermanas gemelas Ágata y Catalina (ambas interpretadas por Iliana Fox, quien es preciosa y le echa ganas, aunque a veces pareciera abrumada por las circunstancias de la trama) que comparten una conexión casi sobrenatural – algo que es de rigor entre gemelos en esta clase de cintas- y que comparten truculentos secretos que tienen qué ver con la muerte de su madre esquizofrénica (una casi irreconocible Claudette Maillé).

Debido a un misterioso accidente, una de ellas queda en estado de coma y la otra debe investigar las causas y cómo ayudarla a salir. Para esto, Catalina será ayudada por su novio, Omar (Raúl Méndez) y por Nuño (Adriá Collado), quien es el compañero de Ágata. Este enigma se relaciona pronto con el muy socorrido mito de la Llorona y da pie a una serie de escenas muy logradas y con efectos apantallantes… pero el resultado final es que se trata de un miedo hueco, de que esto ya lo habíamos visto anteriormente (y realizado incluso con mayor eficacia en algunos casos) en cintas de terror oriental, particularmente la icónica Ringu (1998).

Quizá aparte de la falta de originalidad, que en un momento dado se podría dejar pasar en beneficio de los efectos, sea también que el guión adolece de diálogos banales y forzados, que hacen ver a los personajes terriblemente acartonados donde la escena sugeriría otra cosa. Los elementos de “terror” no faltan en la mezcolanza, pero no alcanzan a dar una verdadera sensación de escalofrío, ni de angustia excepto cuando en escena aparece Luisa Huertas – muy bien caracterizada- que consigue elevar un poco la situación en pantalla, aunque el guión se autosabotea.

El que hubiera abundantes recursos tanto económicos como escénicos, resulta un arma de dos filos. La intención es honorable y la ejecución en algunos casos es de buena a muy buena, pero hay muchos lastres e inconsistencias en la trama que evitan que la cinta alcance su potencial.

La idea de hacer cine de género en México es muy loable, pero hay que sacudirse esas trampas como “la Llorona” – que no surte el efecto que se esperaba- y explorar acaso ideas más originales. La sensación que personalmente yo tuve al ver la película (y éste columnista durante toda su adolescencia tuvo una rigurosa dieta de películas perturbadoras, hasta que lo hartaron los convencionalismos del Psycho-Killer y el horror oriental, que se tornaron en la respuesta para todo) fue que esto ya lo había visto antes… y que me había asustado mucho más con otras historias.


¿Y saben qué?


¡Que es una verdadera lástima!

Km. 31
Con Raúl Méndez, Iliana Fox, Adriá Collado y Luisa Huertas.
Dirige: Rigoberto Castañeda
México 2006

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