4 jul. 2009

Junebug, de Phil Morrison

Miguel Cane


Sony Pictures Classics' Junebug


Es raro que en la época contemporánea aparezca una cinta que pueda generar seguimiento de culto de manera casi espontánea. Hay directores – claro ejemplo es Tarantino, otros son Takeshi Miike, Todd Solondsz o el alemán Uwe Böll - cuya obra por el simple hecho de llevar su rúbrica, suele ser automáticamente considerada de culto. Pero el que un filme independiente, prácticamente sin grandes nombres y con un director debutante consiga, en el circuito de festivales y mediante la publicidad de boca en boca, amasar un grupo de admiradores que le confieren este título, es una ocurrencia poco frecuente, aunque en el caso de Junebug, resulta incluso justificada.

La historia contada aquí es un relato simple (mas no simplista, ojo) acerca de lo que transpira durante un fin de semana en la vida de tres parejas casadas, en un pueblo de clase media en Carolina del Norte. La mirada que el guionista Angus MacLachlan da a las rutinas cotidianas y la cultura popular del lugar, imbuído en color local y sustentado por actuaciones de primera, funciona en lograr que los personajes tengan una profunda empatía humana que los convierte en seres universales, que todo espectador siente que ha conocido – o de hecho ha sido- alguna vez.

La trama abre cuando Madeleine (Embeth Davidtz, de Army of Darkness y Mansfield Park) sofisticada galerista de arte radicada en Chicago e hija de una familia diplomática – por lo que no sólo es de educación exquisita, también es cosmopolita e insoportablemente chic-, conoce durante una subasta de arte a George Johnston (Alessandro Nivola, Laurel Canyon ), hombre apuesto y carismático quien tras lo que se supone fue un noviazgo relámpago, la lleva al registro civil para que sea su esposa.


Amy Adams in Sony Pictures Classics' Junebug


Al mismo tiempo, los “scouts” de la galería, que se especializa en arte llamado “outsider art” (aquí sería llamado folclórico o naif), encuentran la obra de David Wark (Frank Hoyt Taylor, Big Fish) un artista disminuido mental cuya obra llama la atención de Madeleine. Dado que es prácticamente vecino de la familia de su marido, decide que es una buena oportunidad de matar dos pájaros de un tiro: conseguir los derechos para exhibir la obra de Wark y conocer a su familia política.

Sin embargo, las cosas no son tan simples: la familia Johnston, que vive cerca de Winston-Salem, está compuesta por dos parejas; los padres de George, Eugene (Scott Wilson, A sangre fría) y Peg (Celia Weston, El talentoso Mr. Ripley) son un matrimonio convencional de clase media trabajadora. Él es taciturno y adusto, algo que disimula su talento como tallador y carpintero, mientras que ella es suspicaz, arrogante y hasta cruel, aunque no necesariamente malévola.

Acostumbrada a hacer su voluntad, Peg espera con ansias la visita de su primogénito y recibe a su nueva nuera con una mezcla de curiosidad y rencor, aún si este no es tan obvio como el que demuestra el benjamín, Johnny (Ben MacKenzie, de la teleserie juvenil The O.C.), quien representa el lado fracturado de la medalla en lo que a los dos hermanos respecta: no es tan bien parecido, ni tan popular ni tan educado como George y esto lo hace reaccionar de modo patanesco: para él la presencia de su hermano es una loza.

La única que reacciona con genuina alegría y candor, es Ashley (Amy Adams, en una actuación nominada al Oscar), su joven esposa, que está en los últimos días de su embarazo y cuya abrumadora alegría de vivir la convierte en un personaje inolvidable e incluso conmovedor. Para esta chiquilla, Madeleine es el epítome de la distinción y lo exótico: su primera conversación sirve para establecer el tono de la relación que surgirá entre ambas durante el periodo de la visita; Ashley desea saberlo todo de ella y Madeleine dice “bueno, nací en Japón…”, a lo que la chica contesta, con ojos enormes, “¡a que no!”

El encontronazo entre ambos mundos, encarnados por las dos esposas, servirá para establecer un retrato de familia que se siente muy auténtico, aún si no sigue las reglas del cliché y eso en este caso es una proeza, ya que la cinta, tal y como la dirige Phil Morrison – éste es su primer largometraje- se mantiene en un delicado balance; sería fácil caer en la caricatura o el melodrama ordinario y Junebug [referencia tanto a los escarabajos que proliferan en el verano, como al mote cariñoso que Ashley tiene para el bebé que espera, cuyo sexo no quiere saber aún] no es ninguna de las dos cosas; Morrison explora la psicología de sus personajes desde varios ángulos y los sigue en las situaciones que presenta el guión, llevándolos a plantearse decisiones que antes no se habrían atrevido a considerar.

Empatada de algún modo con la obra de Wes Anderson (particularmente con Rushmore, Los excéntricos Tenenbaum y La vida acuática), aunque con los pies más firmes en la realidad – aquí no existen detalles fantásticos, sino que toda la excentricidad es auténtica,- la cinta se desenvuelve con una estupenda dirección de actores, salpicada a su vez por detalles particulares, como utilizar la canción Harbour Love (de Syreeta) durante la bastante original secuencia de créditos o el establecer la escena mostrándonos primero el lugar vacío (el bosque, la sala de asambleas de la iglesia, la cocina de Peg) volviéndonos cómplices y testigos de los encuentros y desencuentros de la familia.

Todos tienen secretos que se callan; gestos de ternura (Johnny trata de sorprender a su esposa, inútilmente), gestos de odio (Peg, cuya “caridad cristiana” no es obstáculo para que hiera a Madeleine) y de redención (George cantando un himno en la iglesia), así como de violencia, humor, liviandad y dolor… la comunicación entre ellos es una línea quebradiza, y las consecuencias de cada gesto resuenan de manera emotiva, aún después del desenlace.

Esta es una de las mejores cintas estrenadas en 2005 en el circuito de cinema alternativo y Morrison, con su composición visual, ha causado una impresión profunda, que en su momento le generará seguimiento. Si esto es una muestra de lo que vendrá, esperemos que no falte mucho para que su estilo sea identificable y su seguimiento de culto tan grande como el de otros que le han precedido, aún con talento inferior.

Junebug
Con Embeth Davidtz, Alessandro Nivola, Ben MacKenzie, Celia Weston, Scott Wilson y Amy Adams.
Guión: Angus MacLachlan
Música: Yo La Tengo
Dirección: Phil Morrison
Estados Unidos 2005


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