16 sept. 2009

Iluminación de fondo / Lichter aus dem hintergrund, de Helga Reidemeister

Francisco Peña


Iluminación de fondo es un amargo despertar después de la caída del Muro de Berlín, es la resistencia a adaptarse ante los cambios impuestos en la capital alemana por el capitalismo luego del derrumbe de la antigua República Democrática Alemana.

Helga Reidemeister hace una crónica de aquellas personas que quedaron enmedio de los cambios, que no anhelan el régimen comunista pero tampoco aceptan la deshumanización y comercialismo que tomó su lugar.


Estos cambios brutales que afectan la vida y el espíritu de algunos berlineses, que ya se sienten extranjeros en su propia casa, se retrata en un excelente documental lleno de imágenes sorpresivas sobre este proceso de alienación del medio que era propio.

En una forma muy inteligente, Reidemeister usa dos vías de expresión del problema. El primero es su propio cine, como vehículo testimonial de sus entrevistados y de la transformación de la ciudad; el segundo es la obra fotográfica de Robert Paris, berlinés afectado por el cambio de su entorno social.


Entre ambos se establece una sinfonía de imágenes donde la obra de uno y otra se entrelazan en forma contrapuntística. El objetivo logrado es una imagen del Berlín que va desapareciendo y el que no acaba de nacer, mientras algunos de sus habitantes se quedan enmedio como en una tierra de nadie.

Reidemeister está muy lejos del Berlín filmado por Win Wenders, de la fiesta de una ciudad unificada de otras cintas alemanas. Pero curiosamente, tanto Reidemeister como Robert Paris se unen a otro famoso director alemán en la búsqueda sistemática de imágenes inéditas y significativas: Werner Herzog.

Enmedio de un Berlín que ya no es más “Oriental”, el documental muestra como telón de fondo constante a la furiosa carrera por construir nuevos edificios. Conversaciones, paseos, caminatas, recuerdos, ocurren con grúas en el fondo, edificios en construcción, ruidos de maquinaria y concreto.

Frente a esa nueva jungla de asfalto que crece frente a los ojos del espectador, los afectados dan cuenta de su nueva situación: no añoran el pasado comunista pero el presente les disgusta, en síntesis, se resisten al cambio y buscan su propio lugar.

La solución ante este problema social, elegida por el fotográfo Robert Paris, símbolo de todos estos personajes inadaptados, es encontrar el propio lugar gracias al ejercicio y entrega a su actividad creativa: la fotografía.

El proceso para que Robert Paris se encuentre a sí mismo en un Berlín que de pronto ya le es ajeno, empieza a partir de la recuperación de la memoria individual y colectiva fundidas en la obra artística.

Paris vuelve a trabajar en las fotos tomadas en el Berlín desolado de los primeros días de la reunificación, en los edificios derruidos que ya desaparecieron, naves industriales vacias, estaciones de trenes solitarias, puentes abandonados, en las impresiones de la Postdamer Platz Estas imágenes que se salvan del olvido sólo quedan en la memoria:

“Ya no es mi ciudad, he perdido el interés. Es como sí todos la invadieran menos los que vivimos aquí”, menciona Paris a cámara al comentar algunas de sus fotos. Pero también en la factura y venta de su obra aparecen los contrastes entre el mundo desaparecido y el que llega.

Se queja de que los papeles fotográficos nuevos no tienen la calidad de los orientales (específicamente el ORWO) por lo que usa lo poco que le queda almacenado para obtener la calidad que se autoexige como artista. Tambiën, cuando visita a un galerista interesado en su obra, se puede ver que la exposición que tiene montada en las paredes son desnudos femeninos: lo que no es comercialmente viable no se expondrá...

Paris entra así en la mecánica capitalista de competencia del arte, que le obliga a cambiar conductas y afectaría el contenido de su obra: “Hay más fotográfos y menos dinero”. Ahora hay menos tiempo libre, todo el disponible se enfoca al trabajo. Las quejas sobre las sutilezas del sistema afloran por todos lados.

Helga Reidemeister toma las imágenes actuales del Berlín de Paris y las contrapone con las fotos de su madre, que también ejerce la fotografía. Estas últimas provienen del pasado: son rostros interesantes de jóvenes proletarios que dejan aflorar sus conflictos existenciales en una Alemania que ya no es más. También se observan las fotos de un Robert Paris de niño. Así, Reidemeister habla del pasado para poder entender al joven del presente.

Los otros personajes del documental tienen el mismo malestar existencial de Robert Paris frente al cambio de Berlín hacia el capitalismo, pero tienen una grave desventaja: “no todos podemos ser artistas”.

Por esa razón, Heidemeister complementa la presencia de Paris con otras personas, que expresan el problema a través de una reflexión sobre sus relaciones amorosas, los riesgos personales, las dificultades implícitas en la entrega al Otro.

“No es el problema de la ciudad. Siempre es mi problema, y yo lo sé”, es una frase que parece resumir la situación general.

Lo que se observa en el documental de Helga Reidemeister es una tensión nunca resuelta entre justicia social y libertad individual; entre dos sistemas que dicen abanderar uno de estos polos sin respetar realmente al otro, y que terminan por matar siempre una parte del ser humano.

Esto se expresa en los deseos de las personas que Reidemeister recoge con sus preguntas. Los anhelos se centran en encontrar un equilibrio real entre las necesidades del individuo y la solución de los problemas sociales… por lo que se oyen cosas como:

- Sólo estar contenta y satisfecha
- Armonizar lo de dar y recibir para lograr un poco de equilibrio
- Que todo se reparta en forma más justa
- Tener un amigo real
- Una relación con armonía, no una constante lucha con los celos, equilibrio interior y satisfacción.
La manera en que se busca lograr esos anhelos por parte de los personajes, frente a las realidades obscuras de un proceso de globalización, es crear zonas o nichos de existencia alterna. Es así como surgen espacios circunscritos a la fiesta, al encuentro, a la reunión; es decir, a la cultura de grupos. Esa es la forma de renovar o reencontrar raíces que estabilicen al individuo frente a los cambios.

Heidemeister atestigua lo anterior en su documental, pero sigue interesada también en la solución artística que persigue Robert Paris. Es allí donde ambos artistas comparten esa visión de hallazgo de nuevas imágenes, tal y como Herzog comenzó a hacerlo dentro del movimiento de Nuevo Cine Alemán de los años 60 y 70.

Para dar ese testimonio, Heidmeister acompaña a Paris a los astilleros donde los buques petroleros inactivos son reducidos a chatarra. En el interior de esos barcos, pleno de juegos de luces y sombras, de ángulos y ambientes extraños, cineasta y fotográfo encuentran sus imágenes nuevas y las comparten con el cinéfilo.

Así, se cumple el ciclo artístico entre creador y espectador: el arte renueva a quien lo crea y a quien lo percibe. Esa es la primera aportación de la película de Helga Reidemiester.

La segunda aportación al espectador de la directora y el fotográfo es que, dentro de la panza vacia de los tanqueros se encuentran trabajando inmigrantes de la India. Robert pasa de las fotos casi abstractas de las líneas y formas de los tanqueros a los rostros de los inmigrantes: descubre la cultura hindú.

Paris y Heidemeister encuentran una nueva veta en esas personas, que implica una renovación temática y una búsqueda formal.

No se trata aquí de la dimensión mítica, fantástica y ritual que Herzog extrae / imprime en sus imágenes cinematográficas para llegar a la poesía fílmica. Las de Paris y Reidemeister son más realistas, pero la misma intensidad en la búsqueda de imágenes significativas que los une a Herzog también les permite llegar a la misma meta: la poesía como punto de equilibrio de la existencia humana en su plano individual y colectivo.

ILUMINACION DE FONDO / LICHTER AUS DEM HINTERGRUND. Producción: Ö-Filmproduktion GmbH, Katrin Schlösser, Frank Löprich, Helga Reidemeister. ALEMANIA, 1998. Dirección: Helga Reidemeister. Guión: Helga Reidemeister y Guntram Weber. Fotografía en Color y Blanco y Negro: Lars Barthel. Edición: Dörte Völz-Mammarella. Intérpretes: Robert Paris, Petra Gräwe, Jenny Paris, Helga Paris, Mathias Noack, Maren Herzig, Ronald Paris. Duración: 98 minutos. Distribución: Instituto Goethe.

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