23 sept. 2009

Sin salida con Kate Beckinsale

Esta belleza británica se consagra como heroína de acción al volver a las pantallas como protagonista de Terror en la Antártida.

Miguel Cane


Desde su debut en cine, cuando tenía tan solo dieciocho años – compartiendo pantalla con Emma Thompson y dirigida por Kenneth Branagh-, Kate Beckinsale, nacida en Londres en 1975, en el seno de una familia de actores, demostró que tenía la presencia suficiente para figurar en pantalla; sus trabajos posteriores demostraron que era mucho más que una “rosa inglesa” y podía realizar interpretaciones versátiles y notables, como se vio en filmes como La tabla de Flandes, la estupenda comedia The last days of Disco (dirigida por Whit Stillman), la exitosa saga de vampiros Underworld y en su aclamada interpretación como Ava Gardner en El Aviador de Scorsese.

Manteniendo un balance entre el cinema comercial made in Hollywood y el cine independiente, Kate regresa a las pantallas como la protagonista del inquietante thriller del director Dominic Sena titulado Terror en la Antártida (Whiteout), basada en la exitosa novela gráfica de Greg Rucka, donde interpreta a la agente del FBI Caroline “Carrie” Stetko, quien viaja a la punta más lejana de Alaska a resolver un brutal asesinato, justo antes de que se ponga el sol, exponiéndola a una noche permanente, en la que estará a merced de un asesino psicópata tan astuto como ella.


¿Como fue para ti el rodaje de una cinta tan arriesgada como esta?
Fantástico. Me gustan las películas que representan un reto y éste era totalmente el caso. Mi personaje es una mujer ordinaria atrapada en circunstancias fuera de su control y siempre he pensado que esas son las historias que vale la pena contar. Además, tenía ganas de trabajar con Dominique; había visto Kalifornia, que es una película que me encantó. Además cuando me ofrecieron el papel, me enviaron la novela gráfica y me enamoré del concepto de una aventura peligrosa en un paraje desolado, cubierto de nieve y fue como un sueño poder verlo en pantalla.

¿Cómo fue el rodaje en locación en Alaska?
¡Terriblemente frío! (se ríe) No, en serio, estábamos a temperaturas muy bajas y no fue fácil, porque el equipo se congelaba, yo me congelaba, todos nos congelábamos. Pero la película requería de esta locación – el paisaje es un personaje más de la pelicula, era indispensable poder hacerlo aquí. Así que vine con mi hija y mi asistente y asé un mes y medio entre la nieve y me encantó, aún si fue difícil hacer escenas con tanto frío.

¿Es verdad que no usas doble para la mayor parte de tus escenas de acción?
Trato de hacerlas todas yo, pero sólo en la medida de que la afianzadora lo permite. Mi personaje tiene que hacer escenas de riesgo más realistas que en Van Helsing o en Underworld… tuve que aprender a correr en la nieve, sujetar un revolver, descolgarme de alturas, estar en forma contra el clima… y no es nada fácil, pero siempre he pensado que cuando te dedicas a esto, debes de participar en todos los aspectos. A lo mejor soy temeraria, pero para mí fue una experiencia de aprendizaje y también ha sido divertido y arriesgado. Mi marido, Len (Wiseman, el director de la saga Underworld) estuvo conmigo para enseñarme algunos stunts y le perdí el miedo a hacerlos. ¿Sabes que te puedes volver adicto al peligro? Es una descarga de adrenalina maravillosa cada vez que haces esto y si consigues que quede en una sola toma, es mejor. Así se lo propuse a Dominique. Le dije, “te apuesto un dólar a que tal o cual escena queda en una sola toma”… ¡al final nos debíamos mutuamente mucho dinero! (ríe) Curiosamente, aunque hacer esto me gusta mucho, no me veo a mí misma como una heroína de acción. Creo que hay ciertas partes de mi cuerpo que no se mantendrán tan bien como me gustaría en un futuro. Solo espero que cuando cumpla 50 o 60 años no me propongan hacer esta clase de escenas de nuevo, porque el resultado no va a ser el mismo. No me preocupa que la gente vea como he cambiado con el paso del tiempo, sino que me preocuparía no cumplir con mi trabajo como se debe.


El director tiene reputación de ser bastante difícil detrás de la cámara...
Es cierto. Dominique es perfeccionista en cada detalle y siempre exige un doscientos por ciento. La primera escena que rodé a sus ordenes estaba aterrorizada, pero era exactamente lo que él buscaba (risas). Este fue un proyecto que me divirtió; es muy distinto a los que suelo interpretar. Eso me interesó, porque al principio me intimidaba el hecho de hacer una película de estas características, que no tiene nada que ver conmigo, pero lo fui superando.

Este es un filme muy intenso y estas básicamente en todas las escenas… ¿te provocó ansiedad filmar escenas así en algún momento?
Sí, me dio algo de ansiedad, sobre todo en algunas escenas, porque era muy estresante, filmar en exterior, con tormenta de nieve y el frío... llegaba un momento en que me olvidaba que estaba rodando y en mi cabeza yo era Carrie y sentía su ansiedad ahora te puedo decir que estoy orgullosa, pero llegaba un momento en que me agotaba. Al final del rodaje, Dominique me dijo que fui una chica valiente por haber superado todos los obstáculos. Cuando vi la película terminada, me sentí orgullosa. Todo, los sobresaltos, las persecuciones, todo valió la pena, estoy feliz con los resultados de esta película.

Tienes una hija de siete años y anunciaste hace poco que te gustaría tener otro bebé… ¿Cómo te ha cambiado la maternidad, a nivel profesional y a nivel persona?
Creo que me ha cambiado totalmente en ambos aspectos. Cambió la forma que tengo de ver las cosas y también me ha enseñado a hacer acopio de paciencia, de imaginación… me enseñó cosas de mí que no conocía, que no me imaginaba. Profesionalmente me ha hecho ser más crítica a la hora de leer un guión y de elegir un proyecto. Es verdad que quiero buscar un bebé para el próximo año, es mi plan más acariciado y desde ahora te digo que, sin importar lo bueno del personaje, algo que me alejara mucho de mi familia es algo que, de momento, no podría hacer.


¿Cuando niña soñabas con actuar?
Nunca pensé que me dejarían actuar, pero la actuación fue en lo que siempre soñé. Mis padres no eran ricos, aunque trabajaban mucho y yo siempre era la niña que crecía con ideas raras. Mi madre me hacía mi ropa en lugar de comprarme nueva. Me sentía diferente y en ocasiones muy sola. Me gustaba la actuación como un escape. Cuando no tienes muchos amigos, los inventas. Luego estuve en un internado. Ahora bien, sé cómo me veo, el espejo me lo dice y eso no te ayuda en un internado. A nadie le gustas por eso, tampoco te hace popular. Se burlaron de mí muchas veces. Creo que ser bonita es una espada de doble filo: todas querían ser diferentes y yo quería ser como ellas, no como soy. Los 90 no fueron de chicas bonitas. Si ves a las actrices que se volvieron populares en esos años eran de una belleza extraña. Creo que soy más convencional… y es algo con lo que he tenido que aprender a trabajar.


¿Y si tu hija decide ser actriz?
Pues la apoyaré en lo que ella decida. Ser actriz, ser científico, astronauta, futbolista, granjera... su sueño será suyo, como el mío lo fue. Y lo más importante del mundo, como madre, es respetar y lograr que se haga realidad.


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