23 sept. 2009

Feliz cumpleaños, Mafalda - 45 años

La universal niña precoz e inquisitiva, creada por el dibujante argentino Joaquín Lavado "Quino", celebra sus primeros 45 años de vida.

Miguel Cane




Aunque Quino la creó originalmente como parte de una campaña (que nunca se realizó) para anunciar la marca de electrodomésticos Mansfield, en 1962, la verdadera fecha que se reconoce como cumpleaños de Mafalda, es la del 29 de septiembre de 1964, cuando la tira cómica protagonizada por la niña que aborrecía la sopa y adoraba a los Beatles, fue publicada por primera vez en el semanario Primera Plana de Buenos Aires, sin imaginarse su creador, que estaba haciendo historia y no solo historieta, modificando para siempre la cultura popular de generaciones futuras.

A partir de entonces, las aventuras cotidianas – y plenas tanto de inocencia como de sano sarcasmo- de Mafalda, Manolito, Felipe, la inefable Susanita y el resto de los entrañables personajes salidos de la pluma de Quino ocuparon regularmente las páginas de innumerables publicaciones de Argentina y de otros países. Aunque el autor la dejó de dibujar en 1973 (dando pie esto al insidioso y persistente rumor de que ésta había sido arrollada por un camión de sopa en una última tira 'censurada', cosa que Quino ha desmentido hasta el cansancio: tal cosa no existe) a esa nena de pelo oscuro y carita redonda que hacía gala de una gran inteligencia e ironía, se le sigue reconociendo como el símbolo de rebeldía pasiva por excelencia, que marcó a una época.




Una niña igual que todas (o no tanto)
¿De dónde surgió la inspiración para crear a Mafalda? Quino mismo no puede citar una sola fuente cuando le han hecho la pregunta: “la infancia de Mafalda, en cierta forma, es la infancia de todos los niños del mundo.” Sin embargo sus preocupaciones no son las de cualquier niña y son el detalle que la ha separado de cualquier otro personaje de cómic, dándole un apecto más universal que ha llevado a las historietas a ser traducidas a más de 30 idiomas, entre ellos el francés, el chino, el griego y el finlandés (como nota interesante, la primera edición en inglés apenas tuvo lugar en 2004) demostrando un éxito global, que va más allá de que Quino ponga en duda que el personaje tenga fama mundial y haya dicho en más de una ocasión, que la considera "igual al resto" de sus numerosos trabajos.

Las aventuras de Mafalda, que primeramente nos presentó a sus padres – Raquel, un ama de casa que trataba de no perder la paciencia ante la manifesta fobia a la sopa y las preguntas de su retoño, mismas que se convertirían en preguntas obligadas para todos los padres de los niños que la leyeron, y el padre, que era imaginativo y generoso- aparecieron a lo largo de ocho años y medio (Guille, el hermanito menor de Mafalda, que llegaría muy rápido a establecerse como un personaje superpopular por cuenta propia, nació en 1968, durante un periodo de 5 meses que la tira estuvo sin publicarse) en Primera Plana, el diario El Mundo y Siete Días Ilustrados, sin embargo, Quino decidió en 1973 que la historia había finalizado, sin imaginarse que aún después de su última aparición, trascendería hasta convertirse la tira latinoamericana más popular e internacional de todos los tiempos.




Los amigos, la familia
En esos ocho años de aventuras, reunidos en un tomo titulado Toda Mafalda,s que se ha convertido en un best seller perenne desde su primera aparición, el lector de cualquier edad y nacionalidad, pudo conocer a los personajes magníficos que existen en el universo de Mafalda: sus padres, ejemplo de la clase media porteña que trata de llegar a fin de mes y lo intenta con una sonrisa. Y claro, los integrantes de su pandilla: el avaricioso y ambicioso Manolito, heredero aparente del 'Almacén Don Manolo' y admirador rendido de Rockefeller; el soñador Felipe, de noble corazón pero atención volátil, siempre perdido en sus fantasías (y poseedor de algunos de los cartones más memorables, como aquél en que imagina la escuela primaria como un remedo de Dachau); la cursi y chismosa Susanita cuyo único sueño es 'tener hijitos' y perpetuar sus prejuicios sociales (prestándole su nombre a un estereotipo de persona mezquina y pequeña, que sin importar el sexo se conoce como 'una susanita'), también redondean el grupo el filosófico Miguelito y la revolucionaria e inconforme Libertad, cuyo pequeño tamaño no es obstáculo para sus ideas.



Con ellos, Mafalda intercaló juegos en el parque del barrio con discusiones por las guerras (en ese momento, Vietnam), la pobreza de muchos países y la falta de equidad con la que en general se maneja el mundo, temas que, cambiando nombres y lugares, siguen vigentes y hacen que la tira se siga vendiendo. El último en incorporarse a la historia fue el que más destacó, el inefable Guille, quien se ganó su lugar en los corazones de los lectores por derecho propio.

Desde que Quino decidió dar por terminada la historia, Mafalda sòlo participó en campañas sociales de vacunación, de limpieza de los dientes y la difusión de los derechos de los niños promovida por Naciones Unidas mediante UNICEF y UNESCO. Sin embargo, ha mantenido la vida de su personaje al margen del merchandising, sacrificando, por ejemplo, una millonaria oferta que le hizo una compañía multinacional para que Mafalda protagonizara comerciales de una sopa, prefiriendo mantener su privacía, iluminando las vidas de tantos como ha hecho estos cuarenta y cinco años, en que el mejor homenaje es siempre volver a alguna de sus tiras para esbozar una sonrisa en cualquier momento del día y recordarla siempre con cariño.

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