12 oct. 2009

¡El Desinformante!/The Informant!, de Steven Soderbergh

Juego de Mentiras

Miguel Cane


El cine, al menos el de carácter comercial, es un negocio y hay que verlo como tal. Pero hay algunas veces donde el buen juicio y las ganas de hacer las cosas pasan por encima de la ambición de llenar la taquilla y así llegan cintas como ¡El Desinformante! (un título típicamente estúpido, cortesia del departamento de marketing de la distribuidora en Latinoamérica, que obviamente cree que el público es tonto) una mordaz sátira ambientada en los años 90 sobre un fulano aburrido y soso que trabaja para una empresa de aditivos alimentarios y decide destapar las prácticas ilegales que su compañía practica a la hora de fijar los precios.

La trama suena poco atractiva, pero si cuenta con un protagonista tan capaz como Matt Damon y un director como Steven Soderbergh, el resultado viene a ser una película de lo más entretenida sobre un hombre de lo más simple.


Damon interpreta a Mark Whitacre (un personaje real), que es vicepresidente de una compañía llamada ADM. Básicamente, la empresa se dedica a crear todo tipo de aditivos para diferentes alimentos, y el punto importante para la historia es uno para las palomitas de maíz, la lisina. El problema es que ADM, y prácticamente todos sus ejecutivos, por no hablar de sus competidores, están metidos hasta el cuello en un sistema de fijación de precios a escala global que es a todas luces ilegal. Pero Mark tiene ganas de denunciar a sus compañeros, porque es lo que cree que es correcto, aún si él mismo está lejos (muy lejos) de ser un modelo moral, lo que pronto se evidencia demostrando que este antihéroe esconde unas cuantas cosas debajo de la manga: como dejan claro los frecuentes y divertidos monólogos interiores de Whitacre, estamos ante un hombre tremendamente bobo, y probablemente hasta bipolar, que hace todo lo posible por arruinar su vida y agotar la paciencia de su mujer (Melanie Lynskey en una interpretación cómica y estupenda).


La historia se basa en un libro de Kurt Eichenbasld, y ha sido adaptada con mucha astucia y sutileza por Scott Z. Burns. que se acerca a los clásicos thrillers morales que en los 70 emergieron de la lente de grandes como Sidney Lumet o de Alan J. Pakula, sin sacrificar un cáustico sentido del humor – lo que la hará que termine catalogándosele como una comedia, pero tampoco hay que confundirla con uno de esos títulos pensados para arrancar carcajadas, carece, afortunadamente, de las típicas frases con gancho susceptibles de ser repetidas y repetidas.

La mayor parte del humor proviene de la peculiar interpretación de Damon: sus monólogos son brillantes y resulta cómico también ver cómo la soga de la empresa se va deslizando lentamente por el cuello de su personaje que no puede evitar mentir compulsivamente. La construcción del personaje es un gran logro, que acerca a Damon a la sombra de otros grandes que obtuvieron la excelencia con este tipo de roles, como Jack Lemmon o Alan Arkin. Como complemento a este trabajo, hay una interpretación excelente de Scott Bakula – un actor que ha estado habitual(e injusta)mente relegado a la TV-, que hace de un agente del FBI humano y noble, yendo más allá del estereotipo establecido, cuya interacción con Damon impide que las cosas se pongan aburridas.

Los admiradores de la carrera ecléctica de Steven Soderbergh encontrarán que esta película es una cosa intermedia entre sus películas de Hollywood, llenas de estrellas, y sus más modestas producciones independientes, que también suelen ser más ingeniosas. Y este punto intermedio es eminentemente disfrutable y se deja ver muy bien.



¡El Desinformante!/The Informant!
Con Matt Damon, Scott Bakula y Melanie Lynskey
Dirige: Steven Soderbergh
Estados Unidos 2009


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