3 nov. 2009

Bastardos sin gloria / Inglorius basterds, de Quentin Tarantino (2) - David Guzmán

David Guzmán



Vi Bastardos sin Gloria y no me gustó. Empieza muy bien hasta que llegamos a la parte del homenaje al cine (dentro del cine). No me molestan para nada las libertades que se toma Tarantino con cambiar la Historia (así, con H mayúscula) de lo ocurrido con Hitler y sus huestes. Tampoco me molesta percibir ya un estilo definido que sin duda se le aplaude. Lo que me molestó a ratos (y aquí voy a parafrasear a un amigo que recién me escribió) es que su película se siente hueca, poco coherente (aún dentro de su irreal y aceptada -por los espectadores- trama) y unas ganas de autocopiarse tremendas.



Genial a ratos (todas las referencias al spaguetti western), brillante en algunos aspectos (los actores bien dirigidos y la fotografía excelsa), excesiva en otros y es en este punto en particular en donde me atoré: extensos diálogos que hacen peligrar el film pues diluyen la tensión (como que el director sabe que es su sello y lo que le aplaude la fanaticada pero ya se engolosinó), algunos personajes rayan la caricatura (y perdón pero hasta para hacer cine de entretenimiento sin fondo histórico tus personajes deben tener una base que los haga creíbles) y para ejemplo, el mismísimo Hitler, que para ver ‘eso’ que vi, mejor voy y rento Los Productores de Mel Brooks en donde lo ridiculizan de forma mucho más que afortunada.

A ratos sentí enojo, a ratos descubrí que Tarantino se está perfeccionando y que su firma ya se percibe lo cual es sobresaliente (‘Cine de autor’, le llaman algunos) pero por momentos todo me dio una flojera terrible y la duración de la cinta ayuda mucho a esta percepción. En lo personal, me quedo con Kill Bill o hasta con Perros de Reserva. Hay que bajarle al autoelogio, Tarantino y mil disculpas a los críticos que le aplauden esta nueva obra pero para mí no es lo mejor aunque tal vez sí… de lo que está actualmente en cartelera.




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