13 mar. 2010

Amadeus, de Milos Forman - por Jacobo Bautista

Jacobo Bautista

Esta recomendación se refiere a la versión original de 1984.

Tom Hulce as Wolfgang Amadeus Mozart in Amadeus



Fue la primera película ‘larga y seria’ que vi. Duraba tres horas y la fui a ver a los Cinemas Europa en Puebla. Recuerdo la película oscura, entretenida, con mucha mucha música y como sobre todos los escenarios y palacios, sonaba la risa aguda y molesta de Tom Hulce en su interpretación del músico austriaco Wolfgang Amadeus Mozart.

Salió la película en 1984 y la compré en 2003 porque era una delicia verla.

Tom Hulce as Wolfgang Amadeus Mozart in Amadeus



Recuerdo que por ahí de 1998 salieron al mismo tiempo dos películas que se ostentaban como llenas de la mejor música clásica, Farinelli e Inmortal Beloved, la primera sobre un cantante castrado que está aderezada con puras escalas para sopranos y mezzosopranos y la segunda en la que a pesar de la excelente interpretación que Gary Oldman hace de Ludwig van Beethoven, el inepto, ignorante y mediocre director Bernard Rose parece que sólo conocía Sonata Claro de Luna y se le hizo bueno poner esta pequeña sonata de piano toda la película, que el pobre no supo ni cómo contar.

Les cuento lo anterior porque ante la luz de las nuevas producciones que pretenden rescatar historias alrededor de la mejor música del mundo, la película de Milos Forman se crece como una pequeña obra de arte.

Tom Hulce as Wolfgang Amadeus Mozart in Amadeus



Y obvio, les recomiendo esta película porque es maravillosa y porque este año Mozart cumplió 250 de haber nacido. En nuestro Palacio de las Bellas Artes, el director artístico Enrique Arturo Diemecke puso conciertos de Mozart y en todo el mundo andan por lo mismo, yo me he puesto a leer la biografía novelada del músico (Lo Sagrado y lo Profano de David Weiss) y a ver esta película.

Y la película se la lleva (tanto como se llevó el Óscar al mejor actor ese año) el músico italiano Antonio Salieri, interpretado por un prodigio F Murray Abraham. La historia se cuenta desde la perspectiva de Salieri, un músico importante en su tiempo cuya mayor desgracia fue haber sido contemporáneo de Hayden y Mozart y en sus últimos años de Beethoven. Así no se puede pasar como un grande a la historia, pero su obra se sigue interpretando, más desde que esta película lo puso en el mapa del gran público.

La primera escena es un shock (mi hermano la vio cuando tenía cinco años y se le quedó grabada para siempre). Hay un viejito en el piso, se acaba de caer, tiene las manos y la garganta llena de sangre, la luz no deja ver bien nada porque la iluminación es con velas, pero está claro que tiene una navaja en las manos y que la herida se la provocó él mismo. El viejo Salieri es sacado en camilla a las calles de una Viena nevada y un carruaje se lo lleva, una escena preciosa que nos ubica en tiempo y circunstancia en la Austria del siglo XVIII.

F. Murray Abraham and Jonathan Moore in Amadeus



“Perdón Mozart por haberte asesinado” grita el anciano Salieri antes de si intento de suicidio. En la siguiente escena un padre lo va a visitar, se trata de un viejo de más de 75 años, muy arrugado pero lúcido, que acepta haber asesinado a Mozart y entonces uno ya sabe en qué acaba la película, éste cuate que vemos mató a Mozart… pero ¿por qué? ¿cómo? Y quedamos enganchados porque comienza a contar su vida, la cual contrasta y enreda desde el primer momento con la de Amadeus.

Barbara Bryne , Elizabeth Berridge , Tom Hulce , Christine Ebersole and Jeffrey Jones in Amadeus



Salieri era un poco más grande que Mozart y se lamentaba estar jugando juegos de niños mientras que Mozart, a los seis años, ya tocaba el clavicordio y el violín para reyes y emperadores. La historia sigue y Salieri consigue estudiar música hasta llegar a ser el compositor de la corte del emperador austriaco José II y más temprano que tarde su vida se cruzó con la del músico austriaco, cuando éste visitó junto con el Cardenal de Salzburgo la ciudad de Viena. De inmediato hizo para que Mozart se quedara en Viena al servicio de José II y ahí comienza –en la película– la relación de amor odio que el oriundo de la República de Venecia tiene con Mozart.

De la historia se puede hablar mucho, la leyenda –sin sustento histórico alguno– de que Salieri tuvo que ver con la muerte de Mozart comenzaron poco después de su muerte y es retomada en esta película donde Antonio Salieri es retratado como un músico mediocre enfermo de envidia por el genio de Wolfgang Amadeus.

F. Murray Abraham and Elizabeth Berridge in Amadeus



Okey, la película no pretende ser una recolección histórica detallada de la vida de Mozart, es, como la obra de David Weiss, una biografía novelada, sólo que Milos Forman sí se tomó muchísimas licencias y lo que cuenta en su cinta es fantasía, aún así, la historia vale la pena. A parte de la historia real, esta versión, aunque ficticia (no se pretendía un documento histórico) resulta una buena trama para una película. Envidias, corrupción, pasión… y muy buena música.

Y de eso les quiero hablar como la médula, de la música, porque así como Bernard Rose no entiende una pizca de Beethoven, Milos Forman sabía que no podía hacer una buena película de Mozart sin la música y si no explica la música, no entenderíamos nada.

Tom Hulce , Jeffrey Jones , Roderick Cook and Charles Kay in Amadeus



Esta película, por cierto, resulta buena como primer paso para quien se quiere acercar y entender el mundo de la mal llamada ‘música culta’. Desde el primer encuentro de Salieri con Mozart, mientras Salieri se sorprende con la vulgaridad del austriaco se detiene a ver la partitura con la música de Wolfgang que se había estado tocando y entonces (recordemos que toda la película es un flashback del Salieri anciano, que le cuenta al padre que lo va a visitar luego de su intento de suicidio, sus pecados) … y entonces Salieri le explica al padre cómo estaba construida la pieza musical “una flauta, ahí flotando, casi cómica, sostenida… hasta que la melodía la retoma un oboe”, esto mientras escuchamos la música. Así es como se tiene que explicar la música, con algo sencillo, genial y por partes.

Hay varios pasajes así, en un ensayo de Las Bodas del Fígaro, mientras Mozart toca el clavicordio, le va dando indicaciones a los cantantes, a quienes les señala sus errores cuando entran tarde o temprano a cantar. Forman se atreve incluso a hacer una discreta comparación entre las óperas de Mozart y Salieri.

Tom Hulce and F. Murray Abraham in Amadeus



Cuando Mozart es presentado a José II, Emperador de Austria, Salieri –todavía un admirador– le compone una pequeña marcha de bienvenida que el mismo José II toca en el clavicordio al entrar Mozart, al final de la secuencia Mozart demuestra que es capaz de tocar la melodía –habiéndola escuchado sólo una vez– y no sólo eso, sentado ahí comienza a improvisar y entrega una melodía preciosa, llena de imaginación, verdaderamente una delicia que, para los enterados, se termina reconociendo la fabulosa introducción a Las Bodas de Fígaro, el aria titulada Non Piú Andrai.

Aquí es interesante señalar que cada una de las notas que se tocan, aunque los actores no sean músicos, son las notas que deben de ser, en toda la película, ese nivel de realismo se logró quizá para compensar lo ficticia de la obra.

La música es el tema central de la película, luego entonces ¿qué usar para los momentos dramáticos, los simpáticos, los de miedo? Sencillo: más música de Mozart… así, vamos de pequeños extractos de alguna ópera con una melodía alegre hasta lo siniestro que es la misa de muertos que escribía cuando murió.

Los escenarios son el otro asunto que sustenta a la película y que creo nunca se ha valorado como un gran gran trabajo. Forman fue en busca de los escenarios donde se estrenaron muchas de las obras de Mozart se estrenaron en Budapest, y con todo y que había muchos miembros de la policía secreta entre los extras (no olvidemos que se trata de una película norteamericana rodada en la Hungría comunista en plena Guerra Fría) los ‘bigotones’ –como los llamaba Beethoven– se portaron de lujo con la producción. Los escenarios son bellísimos y son reales. También el vestuario es cosa de admirarse, obras de arte.

La iluminación, por cierto, es natural y dado que en esa época todo era con velas, resulta el ambiente perfecto. La oscilatoria luz de las velas bajo las que Mozart escribía (y escuchamos la música mientras la compone, que se corta abruptamente cuando el compositor es interrumpido.
Cuando la película termina queda una sensación extraña, como de satisfacción, lo que se siente después de ir a un gran concierto, habiendo sido alimentado además con una pequeña visión a la vida de este pequeño ser, atormentado, lleno todo él de inspitación. “Es un instrumento de Dios” se dice de Wolfgang Theophilus Mozart (tal como consta en la fe de bautizo de la iglesia de Salzburgo).

Al final comienzan a salir los títulos y pues qué mal… pero comienza de nuevo una melodía encantadora, otra vez el clavicordio (que, sensacional, la película no usa pianos sino instrumentos y arreglos de la época, excepto en la letra de La Flauta Mágica, que increíblemente se canta ¡en inglés!)… y mientras el clavocordio juega con alguna melodía que no logro identificar, suena la molesta y aguda risa de Mozart… se nos despide no con el oscuro réquiem sino con una melodía alegre, porque aunque la película es un gran drama, el homenaje al genio es una dulzura.

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