13 mar. 2010

Amor letra por letra de Luis Eduardo Reyes

Paxton Hernández


La última cinta producida por Televisa a través de su filial Televicine fue el cursibodrio En un claroscuro de la luna de Sergio Olhovich (99), poniendo así fin a una era, de casi 20 años. Desde filmes familiares hasta sórdidos dramas de denuncia, desde cine evidentemente comercialote hasta riesgos en cine de autor, desde lo genuino populachero (Ya la hicimos) hasta la naúsea genuina de las pretensiones seudocultistas (el inepto remake de Salón México), todo el espectro genérico pasaba por las producciones de la empresa. Su desmantelamiento constituyó la confirmación del Segundo Quiebre de la Industria, resultado directo del TLC. El Primero ocurrió a finales de la Edad de Oro. Y justo a punto del Tercer Quiebre (profetizado antes de que termine el sexenio calderonista), Televisa regresa a la producción de largometrajes con Amor letra por letra de Luis Eduardo Reyes.



Así que a través de su nueva filial, Chapultepec 18 Films, y con el apoyo de Lionsgate (¡¿?!), Televisa pretende que Amor letra por letra se convierta en su triunfal regresó al mundo cinematográfico. Trazado casi al carbón de las comedietas medio babas medio neuróticas que tanto gustan a italianos, franceses y españoles, el film de Reyes, se ha dicho explícitamente, "pretende entretener". En efecto, lo logra, aunque sea el típico caso, casi de libro de texto, de un guión ingenioso y medio aventajado pésimamente filmado.

La calentura por su jefe Julián (Rafael Amaya en un papel hecho para Valentino Lanus pero a falta de pan tortillas) es lo que le hace errar a la oficinista buena para nada Hanna (Silvia Navarro casi casi imposible de resistir) en el último número de su cuenta bancaria, por lo que el cheque de su liquidación recién entregado va a parar a manos del escritor gorrón de medio pelo Edgar (Alan Estrada notable); el cuarteto dizque amoroso lo completa el gorrón novio gañán de la tal Hanna Carlos (Plutarco Haza grotesco hasta lo repulsivo) que no más por joder se está tirando a la mejor amiga de Hanna adicta al cigarro, al alcohol y a los parches de todo tipo Amanda (Shaktí Urrutía), cuyo hijo irritante pelirrojillo Gaspar (Octavio Ocaña) va que vuela para convertirse en el campeón citadino de oratoria escolar, aunque los realizadores se hayan dado cuenta a tiempo de lo castrante que resultaba su voz en narración de primera persona, así que nadie termina por pelarlo.

Después de que hace algunos meses se estrenaran sendas comedias románticas mexicanas de impecable factura técnica, sorprende y hasta resulta insultante la hechura técnica tan pero tan pinche que se avientan en esta película. Escenas pésimamente iluminadas, algunas de ellas incluso en la penumbra más vergonzosa, exteriores sobreiluminados, siempre con ese acabado "vaporosito" como de comercial idiota del Palacio o Liverpool. ¿Cuándo será la norma y no la excepción ver al cine mexicano más comercial con acabados de primera, el hacer las cosas con profesionalismo y no "con amor"? También debe ser vergonzoso para Lionsgate, que a pesar de su apoyo en la producción fue incapaz de entregar un producto decente.

Amor letra por letra


Si nada visual queda (porque lo que hay da pena ajena), entonces sólo queda concentrarse en los vericuetos del argumento y ahí sí sorprende el ingenio y el buen tino, porque vuelve las ya habituales "palabrotas" del cine mexicano más comercial en contra de sí mismas, dotándolas de autoconciencia; lo mismo pasa con las simulaciones de "pleitos" como lo escenifican ese par de actores magníficos que son Fernando Becerril y María Rojo, simulaciones dentro de simulaciones, como salidas de cualquier telenovela (hasta tijereadas igual) pero que resultan formidables porque se saben y conocen su naturaleza para el juego escénico.

Más sorprendente aún resulta la pertinencia psicosociológica con la que Amor letra por letra observa un fenómeno habitual pero poco estudiado y por supuesto menos formulado en el cine mexicano: el "nido tardío", el fenómeno que lleva a solteros treintones seguir viviendo de gorrones con los padres. Los tres pretendientes de Hanna no se han podido alejar de la dependencia a sus padres, tanto en lo económico como en lo afectivo, y al salir del hogar nuclear sólo cambian las figuras de dependencia.

Por momentos muy hilarante, a otros ratos aburrida y de plano ridícula, la disparejísima cinta recibirá su último levantón genial con "ese clímax formidable" (Rafael Aviña en Primera Fila de Reforma), ultracalculado y bien pensado, para todavía guardar el liberador remate en el final-final, ese campeonato de oratoria donde Gaspar se aventará su monólogo, prosaico y ensordecedor, en el colmo de la autorrisión y "que cada quién lo interprete como quiera".

Nota: Que alguien por piedad le informe a Emilio Echevarría que no es gracioso encarnar por enésima vez a "Mi ojete favorito", diciendo pendejo cada 2 segundos. Ya chole.


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