3 mar. 2010

Euforia / Euphoria, de Iván Vyrypaev

David Guzmán


De inicio tuve que poner 'pausa'. Me incorporé en mi cama y prendí la computadora casi al filo de la medianoche porque sentí que las ideas se me iban a escapar si no las plasmaba con rapidez. Apenas el minuto 24 y me siento extasiado por lo que he visto. Se trata de EUFORIA, del director ruso Iván Vyrypaev. Jamás había oído hablar de ella; la encontré en un estante de la conocida tienda de discos con logo metálico y me llamó la atención por el póster que la ilustra. Un par de rostros casi fantasmales tendidos en la arena -con rictus de placer culpable- y un poco de investigación en la red, hicieron el resto.

De primera impresión, la banda sonora consigue darle un aire peculiar al film. Tomas aéreas que quitan el aliento y que el director utiliza magistralmente para marcar tiempos con fundidos contínuos que consiguen proyectar una atmósfera de locura en una estepa siberiana que parece no tener fin. Caminos bifurcados con una cámara panorámica que avanza frenética hacia la nada pero que en su inesperado regreso nos planta en escena a los pocos personajes que pueblan la historia de una forma por demás original.


¿Cómo luchar contra esa euforia que produce el enamoramiento? la euforia que supone además una mujer prohibida y es que los protagonistas no saben que hacer con la emoción desconocida que los embarga. Apenas es posible escuchar frases sueltas que intentan darnos idea de lo que ocurre a este par de inexpertos amorosos con preguntas como "¿por qué me miraste aquella noche?" sin que existan respuestas contundentes, mostrando un fundido que mas tarde, ambos se consumen en silencio. ¿Qué hacer cuando la euforia te ciega dejando en segundo plano todo lo que eras y hacías?


Un ambiente enrarecido: una desconocida sentada al borde del camino con rostro de satisfacción por su reciente dosis sexual con un hombre infiel; el sonido de las moscas y un perro que destroza los dedos de una niña, son sólo las viñetas que parecen danzar alrededor de los enamorados enloqueciendo la espera de un tiempo que se antoja lento y que está enmarcado por atardeceres rojizos como preámbulo de alguna tragedia que se anuncia ocurrirá.


Ese cine ruso, lleno de simbolismos que recuerda fácilmente algunas obras de Tarkovski; a ratos percibimos el ensamblado teatral del que no puede abstraerse pareciendo éste el punto más débil del film que sin embargo logra salir avante por la belleza visual que se plasma en cada fotograma y por la fuerza de la narrativa elegida por Vyrypaev: gran economía de diálogos pero con un tratamiento de la imagen que nada le pide a las palabras para lograr transmitir los tormentosos sentimientos que anidan en los personajes principales.


Para los que quieran un referente de la poesía visual que podrían encontrar, tal vez les sugeriría remitirse a lo logrado por Carlos Reygadas en Luz Silenciosa, verán algo de la tragedia que permea a Elvira Madigan (film sueco de Bo Widerberg con el que Euforia guarda más puntos de contacto de los que uno esperaría) o mejor aún, un cierto aire de la atmósfera lograda por el también ruso Elem Klimov con su Ven y Mira, proporciones y temáticas debidamente guardadas.

Euforia es una extraña alegoría de esos viejos conocidos Romeo y Julieta con una nota musical inquietante y que provee al film de personalidad y atmósfera generando que el interés nunca se pierda. A ratos sorprende la rigurosidad técnica del novel director aunque hacia al final subyace la conocida sensación de que el ejercicio podría haber sido más profundo de lo que resultó; aún con ello el film es conmovedor y de manufactura notable; hay que verlo.
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