10 abr. 2010

Clase magistral con Kristin Scott-Thomas

Es una de las grandes, pero no se toma aires de diva. Tiene prestigio ganado a pulso y una humanidad sorprendente, en un mundo prácticamente ilusorio, como demuestra su trabajo en Hace mucho que te quiero

Miguel Cane

Kristin Scott Thomas Cannes Film Festival 5/21/2003 Photo: Tony Barson, Wireimage.com


Serena y elegante, atenta y sonriente, Kristin Scott-Thomas tiene lo mejor de ambos mundos: posee la mística de las personalidades fuertes (es obvio inferir que se dedica a algo relacionado con el arte sólo con verla) y el sentido del humor de los que no se creen la fama o la presunta importancia de lo que hacen. Es actriz y punto. Le gusta más ser madre de familia o aficionada a la lectura. “Siempre que puedo, tengo la nariz metida en un libro,” dice con una sonrisa modesta.

Kristin Scott Thomas De Grisogno Dinner Cannes Film Festival


Tiene 50 años y no los representa. Hace veinticinco que hizo su debut al lado de Prince y dirigida por él en Bajo la luna de cereza y tuvo la suerte de sobrevivir la experiencia para trabajar a las órdenes de cineastas como Roman Polanski (en Luna Amarga), Anthony Minghella (en El Paciente Inglés), Sydney Pollack (en Juegos del destino), Robert Altman (en Gosford Park) o Paul Schrader (en The Walker), entre otros, bajo quienes entregó actuaciones de primera categoría. Madre divorciada, vive en París con sus tres hijos y habla francés con enorme fluidez, considerándose en iguales medidas francesa que inglesa. De hecho, es en Francia donde se rodó Hace mucho que te quiero, que es el debut como director del aclamado escritor Philippe Claudel, en la que interpreta el doloroso rol de Juliette, una mujer que ha salido de prisión para reincorporarse a la vida familia de la que fue arrancada por una circunstancia brutal, un crimen imperdonable.

Geraldine Somerville and Kristin Scott Thomas in USA Films' Gosford Park


¿Qué te atrajo cuando Philippe Claudel te habló del proyecto?
Philippe. Me atrapó enseguida; es un hombre muy especial, un poco extremo. Me gustan mucho sus libros. Siempre hay algo muy potente, muy lírico. Se atreve a tocar otros temas. Vino a verme y me habló de un proyecto que quería hacer conmigo. La historia de una mujer de mi edad a la que le pasa lo impensable. Cómo se reajusta a vivir con la familia, con una hermana que prácticamente no conoce, después de purgar una condena. Me interesaba el tema, y me atraía trabajar con un equipo así: Philippe en la dirección; Fabienne Vonier, una productora que me gusta mucho y que hace un cine muy hermoso… Me ilusionó el poder contar la historia de una mujer que lleva años viviendo medio ahogada y que tal vez pueda vivir en la segunda parte de su vida. Conozco a mujeres cuyas vidas han sido así, y para interpretar a Juliette tuve que hablar con algunas. Fue una experiencia abrumadora.

¿Cómo definirías al personaje de Juliette?
Es una mujer que, en un momento de su vida, toma una decisión desesperada y ésta tiene consecuencias permanentes. Ahora sale de la cárcel, para reencontrarse con una hermana que prácticamente no conoce. Con cierta condescendencia, su cuñado la recibe en su casa, pero es con tensión, con desconfianza. Juliette no tiene esperanza. Cree que no puede cambiar de vida, que no puede volver a encontrar el amor, empezar de cero. Pero algo la cambia. El orgullo no es nada comparado al deseo y al amor de los que la rodean, de un hombre que la quiere bien. Pero la relación podría ir al fracaso si él no asume que ella ha cometido un crimen que es a todas luces imperdonable. No obstante, la vida es así, llena de matices. También me interesó que, cuando decide vivir, lo hace muy despacio, le cuesta encontrar valor…

¿Fue dificil entrar a un personaje que provoca reacciones tan encontradas?
Sí, porque es la única realidad de la que dispone. Hay una escena conmovedora, cuando ella va a pedir trabajo y el empleador le pregunta la razón por la que estuvo en prisión. Ella le cuenta la verdad y él reacciona tan fuerte que la humilla, tiene que contenerse para no atacarla. ¿Cuánta gente en la misma situación que Juliette no pasa por eso? Me sentí agotada, pero Philippe decidió hacerlo todo, en la medida de lo posible, en el menor número de tomas posible, para mantener una sensación de improvisación. De realidad, de autenticidad. Esto hacía que ser Juliette fuera una experiencia extenuante y al mismo tiempo, muy satisfactoria.

Kristin Scott Thomas in Sony Pictures Classics' The Valet


¿Cómo sentiste la reacción final de Juliette?
Me sorprendió, pero en sí, me pareció lo más lógico. Sobre todo porque a Juliette le puede el miedo y luego la sorprende el deseo de volver a empezar. En un momento, está a punto de volverse loca de dolor. Nadie puede aguantar la experiencia por la que ha pasado. Al final se sentía totalmente oprimida, atrapada, aún si estaba libre. Pero su hermana, Léa (Elsa Zylberstein) le da fuerza, le da un apoyo incondicional y eso es algo que le rompe los esquemas y finalmente le permite poder comenzar a perdonarse a sí misma, aceptar sus razones y circunstancias y permitirse seguir viviendo.

¿Cómo describirías a Claudel como director?
Es muy instintivo, directo y también bastante… despiadado. (Ríe) Es frontal, apasionado. Él conoce muy bien esta historia, porque él la escribió. Yo volvería a trabajar con él mañana mismo. No tiene miedo; es exigente y riguroso. Si no consigue lo que quiere, lo describe con exactitud y quiere que los actores obedezcan. Funcionó bien conmigo. Me gusta que me pongan contra la espada y la pared. Prefiero eso a alguien que se conforma con menos, cuando sabe que se puede lograr más. Es un placer trabajar con él.

¿En qué se complementaron tu trabajo y el de Elsa Zylberstein?
Elsa es una auténtica profesional, es capaz de describir con precisión el plano que se va a hacer. Me gustó mucho trabajar con ella. Es fascinante; es una mina de referencias y de información. Es entusiasta y tierna a la vez. Muy sensible. Es pequeña y fuerte. Desde luego, nos complementamos. Elsa es tranquila, muy metódica, reflexiva, mientras que yo soy más inquieta, me dan dudas, soy curiosa, inquisitiva… Fue muy divertido trabajar juntas. Elsa, como yo, habita el personaje a través del cuerpo. Me gusta trabajar con alguien que actúa en vez de pasarse el tiempo analizando el personaje.

Kristin Scott Thomas Cannes Film Festival 5/21/2003 Photo: Tony Barson, Wireimage.com


Eres madre de tiempo completo, con dos hijos adolescentes y uno pequeño. ¿Ha sido difícil compaginar ambas facetas, siendo una madre soltera?
Soy madre soltera porque estoy divorciada, pero eso no quiere decir que mi ex marido no se ocupe de sus hijos. Siempre los tendremos en común y él es un padre estupendo, irreprochable. Me ayuda muchísimo cuando tengo que viajar por trabajo. Y que mis hijos mayores sean independientes, también ayuda. Lo que más me gusta en mi vida real, es decir, más allá de estar frente a la cámara o estudiando un papel, es ser madre. Me gustan las cosas simples con ellos. Leer, cocinar. Creo que es lo que aporta realidad a mi vida. Me satisface ver a mis hijos felices, sabiéndose amados. Creo que es parte de lo que hago en la vida. Soy actriz y soy madre. Una cosa no excluye a la otra. Algún día tal vez ya no pueda actuar más y buscaré otra cosa que hacer, sembraré un jardin o escribiré o haré algo más. Pero siempre seré madre. Y me encanta.


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