13/6/2010

Así del precipicio, de Teresa Suárez

Miguel Cane







Que una película – de la nacionalidad que sea, aunque en este caso específico se trata de un filme mexicano- intente ser transgresora y salirse de los moldes tipificados, siempre hace que se vuelva interesante, aún si su resultado final es disparejo.

En su largometraje debut, Así del precipicio, Teresa Suárez presenta un tríptico femenino no muy disímbolo al presentado hace treinta años por Robert Altman en su enigmático filme 3 mujeres. Si bien, aquí la directora decide sacrificar la atmósfera surrealista a favor de un hiperrealismo urbano, el efecto inquietante se mantiene vivo, casi tangible, mientras observamos a sus protagonistas desmoronarse ante la imposibilidad de encarar su propia vida.


Donde Lucía (Ana de la Reguera) es una mujer hermosa esclavizada por una relación destructiva y codependiente con un hombre apuesto aunque repelente, su amiga Carmen (Gabriela Platas, por mucho la mejor del trío) se sumerge en un mundo de farmacodependencia en la que cae de manera casual y que se convierte en un infierno que la consume sin control. Las cosas se complican cuando la pobrecita niña rica Hanna (Ingrid Martz) descubre que un matrimonio no es necesariamente jugar a la casita y se muda a vivir con ellas mientras se involucra – sin prever las consecuencias- con su enigmática jefa (Anna Cioccetti) en una relación que resultará lo mismo reveladora que devastadora.




Este retrato de tres jóvenes de “buena posición” que se destruyen a sí mismas, es observado con un ojo muy detallista por su directora. Lo gratificante es que la cinta no busca ponerse a criticar ni moralizar. Si acaso hay reacciones sensacionalistas o escandalizadas, esto será exclusivamente por parte de cada espectador: Suárez no juzga a sus personajes; simplemente las coloca en situaciones insostenibles que son creadas por ellas mismas y lo hace en un marco referencial inmediato: es esta ciudad, que todos conocemos. A estas mujeres las conocemos nosotros. Acaso en parte, alguna vez, incluso hemos sido como ellas.




Ana de la Reguera en su segunda cinta como protagonista, logra sacudirse la imagen de reina de las telenovelas para poder darle una tercera dimensión a Lucía. Su trabajo es muy logrado, al punto de que cuando ella recibe un golpe, éste se siente casi. Por su parte, Ingrid Martz demuestra arrojo al aventurarse en un territorio que no cualquier chica graduada del CEA busca seguir: su personaje de Hanna tiene más matices de lo que habitualmente ha representado en TV y los aborda bien, aunque la auténtica revelación de la cinta es Gabriela Platas, quien fácilmente consigue robarse cada escena que tiene como una mujer atormentada, pero que no obstante, está demasiado enganchada a su tormento. El trabajo que demuestra en su actuación, la transformación física y mental que manifiesta, la hacen ejemplar y le ganan un respeto que anteriormente no tenía. Su actuación sirve, con mucho, como una de las principales razones para ver esta película, que sin extrapolaciones ni mensajes baratos, sirve para recordarnos que no todo el cine es Hollywood y que no por hacer carrera en tele comercial, un intérprete está condenado a la autocomplacencia: estas tres mujeres hacen equilibrismo y emergen victoriosas, aún si el guión muchas veces no queda a la altura de su desempeño, pero también es importante (y se ve) saberse crecer antes estos bemoles, pocos en un trabajo que le costó a su creadora mucho más de lo que cualquiera pudiera imaginarse; ojalá esta flor regada con lágrimas pueda rendirle fruto.

Así del Precipicio
Con Ana de la Reguera, Gabriela Platas, Ingrid Martz, Anna Cioccetti y Miguel Rodarte.
Dirige Teresa Suárez
México 2006



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