23 jul. 2010

La Talentosa Señorita Noomi Rapace

Al obtener el rol de Lisbeth Salander, la heroína de la exitosa saga Millenium, creada por Stieg Larsson, Noomi Rapace se ha convertido de la noche a la mañana, en una superestrella internacional.

Miguel Cane


The Girl With The Dragon Tattoo Photocall - 2009 Cannes Film Festival


Desde que aparece por primera vez en pantalla, resulta una presencia inquietante: ¿Quién se esconde tras la turbia mirada y los múltiples piercings y tatuajes de Lisbeth Salander, la heroína de la trilogía fílmica de mayor éxito taquillero en Europa? Se trata de Noomi Rapace, nacida en 1979, hija de una actriz sueca y un músico y cantaor español de Badajoz, que pese a tener una larga carrera en los escenarios y la televisión, era prácticamente desconocida fuera de Suecia. Sin embargo, ha impactado con su interpretación en Los hombres que no amaban a las mujeres, adaptación al cine de la primera entrega de Millennium, la famosa saga del fallecido escritor sueco Stieg Larsson. Noomi, alta y simpática, habla español con un fuerte acento sueco, pero con soltura. Y en realidad poco o nada tiene qué ver con el personaje que encarna.


Noomi Rapace Actress Noomi Rapace attends 'The Girl With The Dragon Tattoo' photocall held at the Palais Des Festivals during the 62nd International Cannes Film Festival on May 17, 2009 in Cannes, France.  (Photo by Kristian Dowling/Getty Images) *** Local Caption *** Noomi Rapace


¿Cómo llevas la repentina llegada de la fama internacional?
No me gusta mostrarme mucho. Para mí actuar es dejarme llevar, perder el control. No me preocupa pensar en cómo sueno ni cómo aparezco en las fotos. Es una contradicción, lo sé, pero es lo que me ocurre. Me gusta estar a la sombra cuando me alejo de mis personajes. Yo no quiero ser famosa. Lo cierto es que prefiero que no se sepa nada de mí. Tú me entiendes.
Stieg Larsson se ha convertido gracias a la aparición de los libros en una figura casi mítica

¿Qué aporta la serie de películas a la leyenda de esta saga?
Creo que no añade nada, realmente. Muchas de las cosas que hace Lisbeth no son dramáticas para el cine: buscar información por computadora, sus conflictos internos... todo eso funciona en papel, pero en el cine el resultado es más rápido y dramático. Creo que más bien no era cuestión de aportar, sino de ser muy fieles al libro, y lo hemos logrado. Pero creo que esto, al final, hace que sea parte del fenómeno, no le quita nada ni le aporta nada. Me gusta porque son adaptaciones muy fieles y en el cine eso no sucede con mucha frecuencia.




¿Cómo es la Lisbeth de la novela comparada con la que vemos en pantalla?
Mi personaje es más creíble que en el libro. Muchas de las cosas que Lisbeth hace en el libro no son reales, es una supermujer... A veces es demasiado inteligente, muy rápida, corre más que nadie, lucha... En la película es más humana, más frágil. Yo me la creí del todo, fue muy difícil poder acercarse a ella, me exigió mucho físicamente, tuve que adelgazar mucho, hacer cuatro días a la semana kick boxing (siempre he practicado judo y kung fu) y aprender a conducir a alta velocidad. Mi pelo, que me encantaba, lo tuve que cortar y teñir... ¡eso fue difícil! (se rie). Pero también había que trabajar por dentro, yo tenía que mostrar su vulnerabilidad. La parte más importante del personaje es toda la entretela psicológica. Dejé de hablar con la gente, no leía los periódicos ni veía televisión. Me encerré. En un cuarto a oscuras con Lisbeth. Las dos solas. Teníamos que conocernos.

Este es un papel muy codiciado... ¿Cómo resultaste elegida?
El director estuvo mucho tiempo buscando una actriz. Vio a un montón de actrices suecas, pero era complicado encontrar a alguien que reuniera las características físicas y emocionales de Lisbeth, o que fuera lo suficientemente persuasiva. Él no me había visto en ninguna película o programa de televisión, pero cuando me conoció, dijo que era demasiado guapa para el papel, que esperaba que no me ofendiera. No me ofendí. Estuvimos charlando un rato y entonces me dijo que en mí había algo oscuro, un interior explosivo y confuso, que le gustaba. Habló de mi mirada: dijo que ocultaba cosas, y que sabía cosas de mi personaje que él no había llegado a descubrir. Después, me fui a casa y antes de dos días, llamaron para decirme que, si lo quería, el papel era mío. Me sentí feliz, pero también muy asustada. Intimidada.

¿Por qué?
Porque Lisbeth Salander es uno de esos personajes como Indiana Jones o Batman, o la astronauta Ripley. Son muy fácilmente reconocibles y emblemáticos. Es muy difícil separarte de un personaje así, sobre todo cuando haces una serie con él. Por eso mismo es que he trazado una línea muy clara que diferencíe a Noomi Rapace de Lisbeth. Yo no tengo nada qué ver con ella. Y así fue como me acerqué al personaje, con cuidado de que no hubiera nada de mí en ella, para poder ser yo cuando dejara el set.

¿Cómo definirías la compleja sexualidad de Lisbeth?
Creo que ella es una persona sexual, simplemente. No juzga a la gente por su sexo, simplemente se acuesta con ellos sean hombres o mujeres. Va a su aire, no entiende de pecados sexuales siempre que los dos estén de acuerdo. Lo que me sorprendió fue la timidez del director al respecto. No puedo creerme los besos inocentes de las películas. Es algo que no entiendo: yo traté de encontrar la forma de hacerlo lo más natural posible. Odio cuando ves, en una película, levantarse a alguien maquillado o como recién duchado después de hacer el amor. Así no es la cosa! Si dos personas han estado en la cama tienen que tener pinta de haber practicado el coito. Lo mismo después de una violación.


Tanto la película como la novela muestran una Suecia muy oscura: supremacistas blancos, violencia de género, violaciones, abusos de poder...
Sí, es como una cara secreta, ¿no? Es decir, los suecos parecemos muy controlados, educados y perfectos, pero tenemos sombras y secretos. Hay un montón de violaciones en Suecia. Hay muchas chicas de las que han abusado. Es un gran país, en muchos sentidos, pero también ocurren esas cosas. Creo que es una película muy realista. No todo es tan fuerte como muestra el libro, pero el problema existe; la solución está en todos y es mezcla de varias cosas. La primera, dejar claro que nunca debe pegarse a nadie. Eso es algo que ya sucede: de puertas para fuera, en Suecia la gente es muy intolerante con los que, por ejemplo, pegan a los niños en público. Pero luego se pega a las mujeres de puertas para adentro, pero muchas mujeres no lo dicen en voz alta. Tampoco hay que pensar que todo es culpa de algunos locos, sino de todos. Hay que inculcar la igualdad desde la niñez. Muchos jóvenes no tienen muy clara cuál es la posición actual de las mujeres: las chicas, a veces, son más listas, trabajan mejor, tienen mejores respuestas, y eso les desubica. Se sienten débiles ante las mujeres y quieren devolverlo a través del sexo y la violencia. Tampoco ayuda el porno, ver escenas de sexo grupal en la que varios fulanos se acuestan con una chica... Es algo que distorsiona el concepto de sexo.


¿Es justificable la violencia del personaje de Lisbeth?
No. De ninguna manera. Para nada. No es bueno tomarte la justicia con tu mano. Es igual de malo maltratar a una mujer que a un hombre. No es momento de venganzas, sino de encontrar nuestro propio lugar. Creo que se solucionaría con un buen trabajo en colegios y guarderías, pero si por la crisis se deja de invertir en educación el problema irá a más.
Es igual de malo maltratar a una mujer que a un hombre


¿Sientes que este es un parteaguas de tu carrera?
No soy sentimental: soy una actriz, a mí lo que me gusta es interpretar a alguien y luego pasar a otra cosa. Ya pienso en mi próxima película, y lo único que quiero es terminar con ésta. Tampoco creo que la gente se vaya a acordar mucho de mí, porque les gusta olvidar pronto y cambiar de caras famosas. Recordarán al personaje de Lisbeth, pero espero que no de mí. Tampoco estoy especialmente orgullosa... Soy muy autocrítica. Lo he hecho bien, pero espero hacerlo mejor la próxima vez. Pero no soy Lisbeth Salander. Ya lo hice. Ahora quiero hacer otra cosa.



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