21 ago. 2010

Los dorados años de Ray Bradbury

El creador de Fahrenheit 451, Crónicas Marcianas, Las doradas manzanas del sol y La Feria de las Tinieblas cumple 90 años . Defensor apasionado del libro impreso y de la imaginación, aquí recibe un mínimo homenaje.

Miguel Cane




Parecería casi increíble que Ray Bradbury (Waukegan, Illinois, Agosto 22 de 1920), el “hombre que nos inventó el futuro” sea en la vida real un abuelito de cabeza blanca, que jamás ha conducido un auto, que detesta la Internet y que hace más de diez años no abandona la ciudad de Los Ángeles, donde vive en el apacible suburbio de Cheviot Hills, en una casa atiborrada de libros. Pero sí: el hombre que nos creó una descripción de la vida en Marte, e así, pero su persona literaria ha trascendido toda edad y sus sueños están ahora manifiestos no sólo en palabras, sino en realidades.

Escritor y novelista, visionario y arquitecto, guionista, ensayista y poeta, uno de los padres de la literatura fantástica contemporánea, Bradbury aprendió a leer a los tres años, comenzó a escribir sin parar desde los 15 y su inquietud del adolescente sigue reflejada en su obra, si bien hace casi una década que una embolia le privó parcialmente del movimiento y de la vista, aun si "fue capaz de verlo todo mucho antes" -- como le dijo el alemán Wernher von Braun, padre de la carrera espacial, a la llegada de la primera misión a Marte, cuando compartió con él ese triunfo para la humanidad.- El oído también le falla, pero su mente sigue intacta y sigue creando mundos, escribiendo cada día.




No hay nadie, nacido en los últimos sesenta años, que no haya, por lo menos alguna vez, oído su nombre o leído un libro suyo: Fahrenheit 451, la impactante historia de un futuro donde el hábito de la lectura es condenado al fuego, se ha convertido en heraldo de una truculenta realidad (un mundo donde la lectura y los libros son tratados con menosprecio por las grandes masas). Su visión de Marte como una colonia terrestre en la colección de relatos hilvanados como una novela en Crónicas Marcianas – que se publicó aún antes de que salieran hombres al espacio- es todavía hoy un punto de referencia no sólo en la literatura de género, sino de la literatura del siglo XX.

Mientras se formaba como escritor, Bradbury nunca recibió un consejo. Tampoco tuvo una preparación formal, ya que se graduó en la biblioteca pública, enseñándose a sí mismo rodeado de libros; en sus propias palabras, define su carrera autodidacta: "Me enseñó Shakespeare, me enseñó Julio Verne. Edgar Allan Poe me dijo que escribiera." El crecer en esas bibliotecas le provocó un amor desmedido por los libros, llegando a acumular una coleccion de más de tres mil volúmenes en su museo personal.




Al principio de s carrera, Bradbury no tenía máquina de escribir propia (la alquilaba), y fue hasta los 21 años que publicó su primer relato remunerado: un cuento titulado Péndulo en la revista Super Science Stories en el otoño de 1941. "Cuando me casé no ganaba ni tres dólares a la semana. Maggie,mi mujer, tenía que mantenernos. Y para 1950 la cosa tampoco había cambiado tanto. Ganaba seis dólares semanales" declaró en una entrevista reciente. Sin embargo, la publicación de Crónicas Marcianas en 1953 le valió un reconocimiento internacional y en 1956, apareció lo que se considera su obra maestra, Fahrenheit 451, que ha sido vista como una metáfora futurista y distópica basada en la quema de libros en las calles de Berlín durante el régimen Nazi. Algunos han interpretado el libro también como una respuesta a la caza de brujas del temible Joseph McCarthy. El propio Bradbury afirma que el libro sopesa las consecuencias que tiene en la literatura la aparición de la televisión, un medio que satura con información inútil. Son muchas las teorías que rodean esta obra, pero el autor ha dicho antes: "Mis libros se escriben solos y yo no hago preguntas."




François Truffaut llevó la novela a la pantalla con la celestial Julie Christie interpretó tanto el papel de Clarisse como el de Linda Montag, que es el único pero que Bradbury puso a esta adaptación, que se ha elevado al grado de clásico. Por otra parte, Jack Clayton hizo una impresionante cinta basada en La Feria de las Tinieblas y en 1981 se hizo una (fallida) adaptación en forma de miniserie de Crónicas Marcianas, siendo uno de los últimos trabajos de Rock Hudson. Para Bradbury, lo importante son los libros impresos, no las adaptaciones que se hagan. De hecho, asegura, son dos cosas completamente distintas.

Aunque Hollywood no ha sido el único medio del que el autor de El Hombre Ilustrado recela: el Internet le horroriza ("¡Que quemen la red en lugar de quemar libros!" declaró hace algunos años cuando Yahoo intentó pedirle una novela original para la red), y los libros electrónicos tipo Kindle, no le parecen libros. “Un libro sólo tiene dos olores: el olor a nuevo, que es bueno, y el olor a libro usado, que es todavía mejor". Su última batalla a favor de la palabra impresa a sido su defensa de las bibliotecas públicas. "No creo que las bibliotecas estén obsoletas,” declaró en una videoconferencia trasnmitida en la FIL de Guadalajara el año pasado “no permitiré que acaben con ellas, así me tenga que poner en medio para evitarlo".

Ray Bradbury, autor de más de quinientos relatos, diseñador del memorable pabellón estadounidense en la Feria Mundial celebrada en Nueva York en 1964 o de las atracciones espaciales tanto en el Epcot de DisneyWorld, en Florida, como en EuroDisney, en París no padece los efectos de la edad o del shock del futuro, si acaso, llega a los 90 más ávido de crear, de descubrir e imaginar. Sus sueños están en el espacio. “Nuestro futuro está en la Luna, en Marte, en Alpha Centauro. Y en un millón de años las nuevas generaciones estarán ahí para agradecérnoslo. Viviremos para siempre".

Al igual que Ray Bradbury, que lo ha logrado, gracias a cada una de las palabras que ha escrito y que le garantizan el que ahora ya es leyenda.

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