5 sept. 2010

Babel, de Alejandro González Iñárritu

Realizada en cuatro países, con numerosos idiomas simultáneos y con un reparto internacional, la más reciente cinta del mexicano Alejandro González Iñárritu sirve como reflejo de un panorama internacional profundamente real, en sus texturas y presentaciones, lo que la convierte no sólo en un trabajo fílmico, sino también en un tema de actualidad urgente que trasciende las fronteras.

Miguel Cane



El camino de Babel para llegar a las pantallas internacionales fue largo y sinuoso, y aunque ha recibido loas y premios, también tuvo sus dificultades de producción, luchas de egos y una filmación exhaustiva; sin embargo, la más reciente cinta de Alejandro González Iñárritu, no sólo marca el cierre de una trilogía de historias interconectadas – ya manifiesta en sus otras películas- también es el fin de su colaboración con Guillermo Arriaga, y también representa su más ambicioso trabajo fílmico, realizado en escenarios naturales de cuatro países y con un elenco principalmente amateur, algo que representó un gran riesgo para el director, mismo que no obstante, decidió correr y del que emerge victorioso.

Odisea en cuatro idiomas
Cuando se anunció formalemente que Babel iba a comenzar a rodarse, a fines de 2004 se sabía poco de la trama – una tragedia inesperada que le ocurría a un matrimonio estadounidense durante sus vacaciones en el extranjero y sus repercusiones que esto tendría en distintos puntos del mundo - y sólo el elenco propuesto: Cate Blanchett, Brad Pitt y el mexicano Gael García Bernal, que se catapultó a la fama internacional como uno de los protagonistas de su opera prima, Amores Perros.


Director Alejandro Gonzalez Innarritu and Gael Garcia Bernal on the set of Paramount Classics' Babel


En distintos círculos, de inmediato hubo expectación: ¿Qué iba a hacer “El Negro” – como le dicen sus allegados- ahora? 21 Gramos, su segundo filme, totalmente rodado en Tennessee y financiado por un estudio estadounidense había sido una experiencia muy intensa tanto para él como para el espectador. Cuando vinieron a promover la cinta en México, Naomi Watts la calificó como “la película más emocionalmente demandante” que había hecho como actriz.

El rodaje fue largo y exhaustivo, y tuvo lugar en el desierto marroquí a muy altas temperaturas, con actores no profesionales, algo que González Iñárritu decidió diecisiete días antes de iniciar la filmación: esto le atrajo buenos resultados, al brindar una sensación de autenticidad y sirvieron como contrapunto a los histriones experimentados.

Cuando Babel se estrenó en Cannes, causó sensación: e incluso obtuvo la Palme D’Or al mejor director. Los que la vieron por primera vez fueron obsequiosos con González Iñárritu su manera de narrar estas cuatro historias sobrecogedoras ambientadas en cuatro zonas dispares del orbe: un poblacho miserable en Marruecos, la convulsa metrópoli que es Tokio, un suburbio residencial en California y los alrededores desérticos de la frontera México-Estados Unidos.


Paramount Classics' Babel


Aquí, muchos se preguntaban qué quería decir con la elección del título, aún si la referencia bíblica resulta bastante obvia. Aquí no se fueron por derroteros místicos o metafísicos: el nombre de la película es una metáfora sobre la imposibilidad de hablar el mismo idioma en un mundo globalizado.

Siguiendo los preceptos de la tetralogía sobre la incomunicación que hiciera en los 60 Michelangelo Antonioni [esto es: La Aventura (1960), La Noche (1961), El Eclipse (1962) y El Desierto Rojo (1964)], esta cinta aborda la textura de la vida cotidiana de ciertos personajes en un momento “equis” que se desvela como el punto de quiebra para que todo cambie. O bien, para que los tejidos rasgados vuelvan a unirse, donde otros se desgarran para siempre.

Ostensiblemente, el detonador es el viaje de Richard y Susan Jones a Marruecos. Como miles de matrimonios desesperados y en la última, éstos tratan de “reparar” su relación, yéndose de vacaciones aunque se alucinen barato. Aquí, a él se le ocurre que estarán bien en el quinto infierno, donde mientras Richard (Brad Pitt, desglamorizado para que la gente recuerde que es un buen actor) parece estar impaciente por comunicarse con su mujer, ésta (la Blanchett, brilla en sus escenas) sólo parece ansiosa por largarse de ahí, volver a San Diego y de paso, también de terminar de una vez por todas con él.


Cate Blanchett and Brad Pitt in Paramount Classics' Babel


A cuestas cargan con una cuita muy pesada (la muerte de cuna de su hijo más pequeño y un posterior abandono por parte de él, algo que no vemos pero que nos es expuesto por ellos como parte de su bagaje emocional) y en un viaje en circunstancias realmente incómodas, todo parece un infierno (ya lo dijo Cesare Pavese: “viajar es brutal”). Las cosas se complican cuando un par de chiquillos de la localidad, pastores de cabras, de extracción extremadamente humilde, reciben por parte del padre un rifle para “matar chacales”. Ociosos en medio de la nada, fácil se les hace disparar a la carretera. El resultado de su inocente inconsciencia tendrá ramificaciones gravísimas que le costarán la vida a alguien.

Del otro lado del espectro está Amelia (Adriana Barraza), la empleada doméstica de los Jones. Ella es responsable de los dos hijos pequeños de la familia y su conflicto emotivo es inmediato; es posiblemente el personaje con el que más fácilmente puede identificarse un espectador; en muchos aspectos, ella es nosotros. Ante la aparición de la tragedia, ella debe buscar la manera de cumplir su tarea y al mismo tiempo poder bajar a Tijuana para acudir a la boda de su hijo. Las circunstancias – como nos ha ocurrido a todos alguna vez- la hacen tomar una decisión estúpida que también tendrá ramificaciones irreversibles. En esta parte de la historia, Gael García Bernal hace un muy prolijo trabajo en sus casi veinte minutos en pantalla como Santiago, su sobrino, muchacho imprudente mas no malintencionado, que será otro de los gatillos para que el efecto dominó continúe.


Director of photography Rodrigo Prieto and director Alejandro Gonzalez Inarritu on the set of Paramount Classics' Babel


Verdad y consecuencias
La historia que tiene más leves conexiones con el conflicto central (de hecho, la justificación es casi anodina) es la que sucede en Japón: la protagonista es Chieko (Rinko Kikuchi, sencillamente formidable), una colegiala sordomuda que, pese a ser una muchacha igual que todas – y esforzarse por hacerlo- tiene sus propios demonios internos y se la están comiendo viva.

La trama japonesa tiene muy poco o más bien nada qué ver con el asunto Susan Jones/Amelia. Tan es así, que podría ser un corto o mediometraje independiente que tiene su propia vida y de hecho, funciona perfectamente al margen. Aquí, González Iñárritu se da el gusto de jugar con un escenario que se exime del espectro de sus otras cintas, lo que no consigue en las secuencias de Marruecos/Frontera; su deseo es inventar una historia completamente distinta y lo hace al abordar a Chieko, personaje con que no es difícil conectarse a nivel emocional y es a través de su sordera, manifiesta en la ausencia de audio repentina en algunas secuencias que logra meternos en su mundo interior.


Rinko Kikuchi in Paramount Classics' Babel


De hecho, en una galería de escenas extremas, dolorosas y estremecedoras como lo es Babel, quizá la más dolorosa y al mismo tiempo hermosa escena, sucede en este segmento, cuando Chieko se desnuda física y emocionalmente ante un agente de la policía, no sólo para revelar su ansiedad de ser amada, sino también para mostrar sus heridas espirituales.

Momentos como éste, en Babel, hay muchos. Es posible que las intenciones de guionista y director consiguen reflejar vivamente partes del drama del exilio, que viven sus personajes, aún cuando uno está en su propia tierra, su propio hogar, su propio matrimonio. Hay sufrimiento y humor (ese humor ácido y retruecanoso que le gusta a Arriaga y es parte de su rúbrica), hay cierta redención (más bien espasmódica y frágil), donde es muy probable que no exista una expiación total. Babel ha generado una buena respuesta alrededor del mundo, y no es de manera gratuita.

Esta es una cinta devastadora que observa sin cortapisas la incomprensión viviente en conflictos reales que se hacen aparentes hoy en día, en el terrible trance migratorio, el estado paranoico que rige los Estados Unidos y la xenofobia, que son elementos tan vivos que resulta imposible obviarlos, por lo que el valor de González Iñárritu y su equipo para encararlos, deviene en una de las experiencias vivenciales más relevantes del año para espectadores alrededor del mundo.


Brad Pitt in Paramount Classics' Babel





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