1 sept. 2010

Kick Ass, de Matthew Vaughn

David Guzmán



Sonrío mientras intento recordar lo que me atrapó de Kick Ass. La frase publicitaria debería ser “También en el entretenimiento hay obras maestras…ésta es una” y es que cuando se entra a ver Kick Ass uno va con la idea de eso, de ver una película palomera, dominguera, que te saque del tedio y de las preocupaciones y casi te has concientizado de que vas expresamente a tirar el dinero, pero no y en ese sentido el film funciona perfecto cuando estás con ganas de ver algo distinto al cine de arte o cualquier preocupación metafísica fumada por los directores de culto de cualquiera de nosotros.




Y es que hasta antes de ver esta cinta de Matthew Vaughn yo tenía muy bien catalogado lo que veía: las pelis de arte y todo lo demás, así de sencillo. Obviamente el cine de arte es fácilmente delimitable pues las obras que encajan ahí no brillan precisamente por su cantidad, pero en el cine de entretenimiento -la otra clasificación- entra de todo: desde Adam Sandler, magos y hechiceros Potterianos, los Transformers y ¿por qué no decirlo? algunas bazofias que firman directores de culto con actores reconocidos.

Kick Ass entra en este segundo apartado, pero ya me doy cuenta que ‘hay niveles’. Es una obra que no firmaría Sergio Leone, Tarantino o Luc Besson (en sus mejores tiempos) pero que sorpresivamente se nutre magníficamente de las ideas de todos ellos. Y es que a Kick Ass, que es entretenimiento puro, su director se la ha tomado tan en serio, que termina dándole a su película aires de rigurosidad que difícilmente se pueden ver en los blockbusters veraniegos.

Todo empieza con Dave Lizewski, un estudiante de prepa aficionado a los cómics que se pregunta por qué no existe realmente un superhéroe (aun sin súper poderes) que haga el bien a la humanidad. Ante semejante vacío y con más ánimo que capacidad y fuerza, decide comprarse un traje, elegir su nombre y empezar a librar a la ciudad de cuánto malandro se encuentre haciendo de las suyas y las carcajadas, como es de esperarse cuando se planta en la calle, no se hacen esperar.




A la par de él, otra historia se ejecuta: la de Big Daddy (encarnado por un espléndido Nicholas Cage) y la maravillosa Hit Girl, una pequeña de 11 años entrenada por su padre para matar. Chloe Moretz, actricita que antes vimos en 500 días con Ella, se roba la película aún cuando muchos encontrarán reprobable ver que una niña asesine con tal maestría y lujo de violencia en su afán de venganza. Ella es simplemente fantástica.




Es obvio que hay inconsistencias de forma en la cinta; los más rigurosos le encontrarán muchas, de entrada el cambio de tono inicial pues partimos de la idea de que no hay súper poderes o habilidades extraordinarias, sin embargo algunas coreografías realizadas por Moretz hacia la segunda parte del film, serían fácilmente envidiadas por el mismísimo Batman o algún otro héroe de cómic. Pero más allá de eso, el deleite y placer en su estado puro, llegan de la mano de esta pequeña y cuando el director se toma todo tan en serio uno termina boquiabierto ante las múltiples referencias cinematográficas que es posible detectar con alusiones a Nikita, Kill Bill, remembranzas a famosas secuencias con visión nocturna (El Silencio de los Inocentes) en la escena climática y para cereza del pastel, Ennio Morricone dando el toque con su legendaria música.




Basada en un exitoso cómic de Mark Millar (la tragedia familiar de Big Daddy narrada en flashback da cuenta de ello), con actuaciones convincentes y efectos visuales ingeniosos, Kick Ass sobresale en la cartelera como una estupenda opción de diversión de gran nivel. Casi olvido decir que el soundtrack es inmejorable pero sin duda, la sensación de que el cine todavía puede ofrecernos sorpresas agradables, es mucho mejor. Corran a verla sin niños, que es diversión garantizada sólo para adultos.


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