26 oct. 2010

Actividad paranormal 2 / Paranormal activity 2, de Tod Williams

David Guzmán



Está claro que el cine se rompe en gustos y este post no pretende convencerlos de que los míos deban seguirse como Biblia. Si acaso es presentarles un punto de vista que a la larga deberá asignársele su dosis de escepticismo y que en el mejor de los casos podría verse como una opción o mera opinión adicional de la que se puede echar mano para complementar un visionado.

Esto viene a colación porque en días pasados, Paxton -un cuate que tengo en alto grado de confianza por su amplio bagaje de Cine- depositó grandes cantidades de alabanzas a la cinta que nos ocupa. Conservadoramente, al notarme interesado en ver el film derivado de sus apreciaciones, concluyó diciéndome “Yo no recomiendo películas, si la ves es bajo tu propio riesgo”

Y así lo hice.







Al terminar de ver Actividad Paranormal 2 empecé a twittear que la cinta no me había gustado y que al menos un par de ocasiones estuve a un paso de salirme de la sala, cosa que no hice por una extraña costumbre que tengo de “respeto” al séptimo arte en general, chutándome cada bodrio –no necesariamente digo que éste lo sea- hasta sus últimas consecuencias y últimos minutos casi como una manda.

Ante mi comentario, Paxton me pidió que al menos señalara los errores que había encontrado; las virtudes -que sí tiene, lo acepto aunque no siento que al grado que él señala- las pueden leer ampliamente en su texto; de mi parte intentaré plasmar un poco lo malo que encontré para no redundar:



* Perdí la cuenta de los minutos que NO PASA NADA en el film. Es peligrosísimo jugar con la paciencia del espectador, corres el riesgo de perderlo o que minimice su interés. Revisé mi reloj al menos tres veces y creo que es hasta la hora cuando empiezan las ‘señales de vida’. La sensación que experimenté es más una ansiedad de hartazgo que de nervio porque la entidad maligna se manifestara de una buena vez.

* Hay algo en el “falso documental” que están intentando venderme y que no me deja del todo convencido. Jamás me creí que estaba basado en hechos reales como intentaron hacerlo. ¿Falta de congruencia? La sensación es de “la gente ya sabe que esto es falso, así que no es necesario tratar de hacérselos creíble con más datos”. Craso error, hay que llevar la mentira a niveles donde la duda no encuentre cabida y especialmente por el formato elegido para contarnos esto. Casi salía del cine cuando medio leí lo que sucedió con el nene y la tía; simplemente me perdieron como espectador.

* Es estúpido el comportamiento de los personajes. No es posible que ante tantas anécdotas y detalles ocurridos en todas esas noches NADIE revise enseguida lo que está aconteciendo y verificar las grabaciones de las cámaras de seguridad, y aunque hay momentos que lo hacen, esto ocurre totalmente a destiempo. Que alguien me explique si este es un artificio para provocar intencionalmente la duración de la película porque casi no me doy cuenta.

* ¿Qué se le cerró la puerta a la niña y ella alega que es un demonio y no le creen? Acceso de inmediato a la grabación y nos evitamos el pancho que se armó. ¿Qué la mamá está catatónica y nadie sabe por qué? Acceso a la grabación que se está pagando y vemos que ocurrió, pero duh! esto NO ocurre de inmediato, estimados lectores.

* ¿Qué es esto? ¿Poseídos con Denzel Washington? , dejando de lado la forma del “traspaso”, ¿esa posesión “sutil” se vuelve violenta -al grado de matar- cuando está en el cuerpo de la hermana de la protagonista pero con Kristi no?

* Tampoco les creí todo el cuento del pacto con el demonio ancestral y la pobre verborrea del primogénito, motivo por el cual la entidad se quiere llevar al pequeño. Desconozco si era necesario ver la parte 1 para comprenderlo pero en lo personal este argumento lo compro en una película de Sam Raimi (por ejemplo), no en una que se maneja como –falso- documental ubicado en la época actual.

* La sensación permanente de “esto ya lo ví” está presente todo el tiempo: desde el estilo de La Bruja de Blair, el jueguito de la ouija para contactar al ente, la investigación en google de pactos demoniacos con precio de por medio, los ataques tipo Barbara Hershey en The Entity (al menos ahí eran más gráficos) y hasta el escéptico que echa a perder la paciencia del espectador.



Hay pues problemas de coherencia en todo el entramado. Me ofrecen una historia con tintes reales pero el patinazo sobreviene con la actitud idiota de los involucrados y las leyendas urbanas que adolecen de fuerza argumental en pantalla (aún tratándose de una reconstrucción de grabaciones) de los familiares de la protagonista. Repito, cerca de una hora sin ver nada relevante.

Más allá de todo esto y aludiendo a una frase que mi amigo y mentor Paco Peña alguna vez me dijo: “uno no va por la vida siempre justificando porqué le gustan o no las cosas” la sensación casi inconsciente de “damn, quiero salirme de la sala” (y no precisamente por miedo) hizo acto de presencia y ante ella, no hay mucho para donde hacerse, justificada o no.

Así que parafraseando al buen Paxton, véanla bajo su propio riesgo y si por primera vez coinciden con Roger Ebert, no se sientan culpables o disminuidos intelectualmente.



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