23/10/2010

Camino a casa / Jibeuro, de Jeong-hyang Lee

Patricia Farías

“Para todas las abuelas”, y para la mía



Luego de ver en DVD hace un tiempo esta película busqué algo de información, cosa que no fue tan fácil como creí. Para empezar, la búsqueda quedaba confundida con otra película de nombre similar, pero de Zhiang Yimou, pero finalmente encontré la información que complementaba lo que sabía. Según decían los (cortísimos) extras de esta película, es la segunda obra de su directora, que pretendía que su película fuera “divertida, fresca y conmovedora”, dedicada a “todas las abuelas”. Según encontré luego en la red, la película ha ganado premios en Corea del Sur y en otros países. Si bien el enfoque puede parecer simple, y la historia lo es, en mi opinión no es una película desdeñable.




La historia es muy simple, como decía: una madre divorciada que está buscando trabajo, lleva a su hijo de siete años a pasar una temporada con su abuela que vive como quien dice, en el medio de la nada, en una zona rural. La abuela es muy anciana, no habla, camina muy encorvada (casi a 90º con respecto al suelo) apoyada en un bastón y además, está perdiendo la vista. El niño ha vivido toda su vida en la gran ciudad, y además es muy pero muy maleducado y caprichoso.

Lo que puede salir de esa extraña mezcla de personajes es justamente el encanto de la película, a pesar de que no sea una historia nunca contada ni mucho menos. No es una película pretenciosa, claro está; durante casi toda la historia vemos sólo dos personajes y no apunta a ser mucho más de lo que es. Aún así no se hace pesada. Por lo que leí luego de verla, la directora no pretendía un producto de “cine de arte”. La elección de los actores está muy bien; la directora eligió para hacer el papel de la abuela a Kim Eul-boon, que hasta ese momento jamás había visto una película ni sabía lo que eran. Aparentemente la casa que vemos es la suya en la realidad. Además, para los papeles secundarios de otra gente de la aldea cercana, eligió a personas comunes y corrientes de la zona, con lo cual se hace más creíble la relación entre la anciana y ellos.




El niño (Yoo Seung-ho) sí tenía experiencia por haber trabajado en una serie de televisión, según decían los extras. Realmente nos convence de que es tan malcriado como parece… ¡y con qué gusto le daríamos lo que se merece! Va muy malhumorado en el tren, en el ómnibus… llega a la cabaña de su abuela de muy malos modos, golpeando cosas, acaparando algunos “lujos” como latas de refresco y comida para él. Su madre había traído ropa interior para la abuela, y comida para ancianos: intuímos que la ancianita vive muy olvidada por su hija, también, hasta que ha sido necesaria. El primer gesto hacia su desconocido nieto es frotarse el pecho con una mano.
Al llegar, sólo pasa el tiempo jugando con un juego electrónico e ignora sistemáticamente a la anciana. En la primera cena, la anciana intenta compartir su alimento, pero él la rechaza de mal modo, y come ostentosamente de una lata. Sus primeros tratos con la abuela son en términos de “vieja estúpida”…




La abuela necesita que Sang Woo (el nombre del personaje del niño) la ayude enhebrando el hilo en la aguja que usa para remendar sus (muchas veces remendados) zapatos. Lo hace de mala gana. Un día, Sang Woo va al pueblo a buscar pilas para su juego, tomando el broche con el que la abuela se sujeta el cabello. No las consigue, pero no devuelve inmediatamente lo que tomó. Sólo luego de verla dormida con el cabello sujeto con una cuchara, reemplaza el broche. Durante este tiempo la abuela nunca lo reprende, ni lo contradice: con enorme paciencia espera, tal vez creyendo que el tiempo cambia las cosas, y que de a poco el niño se enfrentaría a los cambios que el entorno le impone.

Dentro de los momentos divertidos que la directora pretendió ofrecernos, está la secuencia en que el niño pide por señas un “Kentucky Chicken” (como lo llama), ya que la abuela le pregunta qué quiere comer. Finalmente la anciana comprende lo de “pollo”, y sale caminando por el bosque, bajo la lluvia, muy pequeñita… para volver con ¡un gallo vivo! Cuando le ofrece muy satisfecha el plato al niño, lo que vemos es el pollo hervido, por lo que Sang Woo arma una rabieta de las suyas, llorando. Durante la noche lo come, de pura hambre… y de pronto la ternura nos asalta: el niño reconoce el esfuerzo de su abuela, la cubre con unas mantas, le da un beso en el rostro… el cambio se está produciendo.




De a poco, Sang Woo empieza a cambiar, aunque se esfuerza por no demostrarlo. Si bien hay aún algún malhumor, ya es producido más bien por los malos entendidos que trae el silencio de la abuela, que por el disgusto que ella le pudiera provocar. Sang Woo hace algunos amigos entre los niños de la zona, comparte sus juguetes con ellos… Observa a la abuela, tratando con sus vecinos y cómo se ayudan los unos a los otros. Sin dudas, el cambio no es total, pero el niño que volverá a casa con su madre tampoco es el mismo que llegó a la cabaña meses antes.

Llega el momento de volver, y el niño trata de enseñarle a su abuela cómo escribir alguna frase básica. Las frases son “estoy bien” y “te extraño”. Le deja agujas enhebradas como para algunos días. Le recomienda que si se enferma, le envíe una hoja en blanco y él “vendrá corriendo”. Sang Woo toma el ómnibus con su madre, y se va: no se abrazan la abuela y él. Pero de pronto, el niño corre hacia el fondo del ómnibus y se frota el pecho con la mano.

Sin dudas, no todo el mundo encontrará la película conmovedora, más aún cuando lo que vemos durante mucho rato son esos malos tratos hacia la anciana, que casi en forma pasiva los acepta: podría confundirse con una muestra gratuita de crueldad hacia los ancianos. De hecho encontré algún par de comentarios en la red al respecto. Pero la realidad es que muchos ancianos viven ese tipo de maltrato afectivo y ese tipo de abandono, incluso sin residir en zonas rurales. Tal vez, entonces, sea necesario de nuestra parte un poco de autocrítica, como para admitir por qué puede molestar tanto ver algo que sucede en la realidad, y no sólo en una película. ¿Qué hacemos nosotros por nuestros ancianos? ¿Cuántos ancianos viven solitarios, en casas de retiro, olvidados de su familia? Será que esas escenas molestan porque tocan algo demasiado sensible… no lo sé. Tampoco hay que olvidar el contexto cultural en que está filmada; muchas actitudes de la anciana tal vez sean las esperables para alguien de esa edad y en esa sociedad en particular, pese a que vemos que sus pares la respetan y consideran, así como los niños del lugar.

Según la directora, ella ve a la abuela como un símbolo de la Naturaleza, que nos nutre y nos cobija. Sin dudas, algo de eso hay. Pero para quienes tuvimos una abuela que nos cuidó de niños, y a la que tuvimos la fortuna de corresponder como lo merecía, ese personaje sin dudas estará identificado por otro rostro, también apergaminado, y por otra asociación mucho más concreta y llena de amor y de nostalgia.

Dir: Jeong-hyang Lee
Con Kim Eul-boon, Yoo Seung-ho y Dong Hyo-hee

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