6 nov. 2010

Y se hizo el Cineclub...

David Guzmán

La idea surgió casi al acercarse el final de la Maestría, cuando la mayoría externó que serían cada vez menos las ocasiones que nos encontraríamos. Sugerí entonces que nos reuniéramos a ver películas al menos una vez a la semana y estuvieron de acuerdo. Así nació uno de los proyectos que me tiene entretenido todos los miércoles seleccionando un film que considere importante deban ver, cuidando sólo una condición: que nadie lo haya visto (sólo quien esto les narra). Así, el miércoles 24 de marzo de 2010 inició la odisea de tratar de acercar a mis amigos (una media de 7 personas) al cine interesante, al cine alejado de la taquilla y con más valores artísticos que de dinero; pero sobre todo al Cine de Autor. He enfatizado esa máxima de “El Director es la Estrella” armando pósters-invitación que ante todo llevan el nombre del realizador remarcado.

Pero… ¿por dónde empezar? Estaba claro que tenía un grupo heterogéneo enfrente y al menos uno de ellos traía un bagaje interesante de películas. Los demás estaban más interesados en ‘la reunión’ que en ver ‘qué se le va a ocurrir proyectarnos a David Guzmán?’. Pero eso no causó mella en mí y me propuse ser riguroso, llevándolos de la mano de films accesibles primero para después ir incrementando el nivel con temáticas u obsesiones más complicadas de asimilar y con ello conseguir que los nombres de los Directores empezaran a retumbar en sus cabecitas creando una referencia de calidad, de temas o estilos de ver la vida y sus obsesiones.

¡Vaya labor! A la par de ser el organizador principal, de seleccionar entre el montón de películas que tengo tratando –en un inicio- de agradar a todos y que no huyeran despavoridos ante las rarezas que podría seleccionar, de enviar invitaciones por correo, de cazarlos vía telefónica solicitando confirmación, ahora también -por cuestiones técnicas- me encargo de llevar la pantalla, el proyector y hasta el reproductor a la casa elegida…

Mi pequeño público está formado por profesionales de la Ingeniería, de la Administración, Mercadólogos, Contadores y Financieros; uno de ellos viaja todos los miércoles desde Playa del Carmen a Cancún exclusivamente al Cineclub; un Cineclub que ahora puedo decir, me llena de satisfacción y aunque los pasos que estoy dando con ellos son pequeños (salvo en una ocasión hasta ahorita, soy yo quién provee los títulos), comienzan a aparecer tímidas conversaciones al final de la proyección alrededor de la cinta que se convierten en el postrecito que corona la noche.
A veces somos pocos, a veces muchos los reunidos; no ha faltado quién dice ‘No quiero pelis de terror, eh?’ u ‘Oye, para la otra tráete una romántica’ o ‘Por qué no vemos alguna de Jennifer Aniston?´ (gulp!) o mi obsesivo amigo de Playa del Carmen que sólo desea ver cosas retorcidas, complejas u obscuras que puedan escandalizar al respetable. A todos he complacido de alguna forma y en su momento, atendiendo lo que piden (a veces bajando el nivel, como lo verán más adelante, también hay que descansar de tanta rigurosidad) pero siempre llevando películas que sé no olvidarán fácilmente y que tienen un mínimo de calidad que provoque una experiencia distinta a la comercial.

Con este breve antecedente quiero iniciar una serie de posts (etiqueta nueva incluida) que les mostrarán lo que hemos visto, les contaré lo que recuerdo generó el film en su momento y echaré mano de la memoria para rescatar alguna anécdota que haya surgido a propósito de esas proyecciones.

El primer director elegido fue el británico Mike Leigh, regreso y les cuento.


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