31 ene 2011

El Cisne Negro / Black Swan, de Darren Aronofsky

Monstruos Perfectos Miguel Cane




Las obsesiones de Darren Aronofsky han permeado toda su obra cinematográfica desde la aparición de Pi: El Orden del Caos (1998) y lo han establecido como uno de los cineastas más emblemáticos de la década pasada, especialmente por la sólida y perturbadora Réquiem por un sueño (2000 – adaptación de la virtualmente infilmable novela de Hubert Selby, Jr.) y más recientemente por El Luchador.

No obstante, El Cisne Negro es una cosa muy diferente. Por primera vez, Aronofsky se lanza a explorar otro universo completamente ajeno a lo suyo – el mundo de lo femenino y de la disciplina de la danza- y lo hace del mismo modo complejo, retorcido y deslumbrante con lo que suele sacudir a los espectadores que, por muy preparados que creen estar, no se imaginan lo que se les viene encima.

Como si se tratara de un cuento de hadas, se revela la historia de Nina Sayers (Natalie Portman, en plena forma, hermosa, frágil) es una bonita bailarina del ballet de Nueva York – no podría ser de otra manera- que vive con su madre, Erica (una irreconocible Barbara Hershey, devastada por el bisturí) una mujer frustrada que vive precariamente a través de la carrera en la danza que ha obligado a su hija, a la que metódicamente ha asexuado y aniñado, para adecuarla a su propio anhelo truncado de ser diva del ballet. Esta es la obsesión de Nina: ser perfecta. El hecho de que se anuncie una nueva producción de El Lago de los Cisnes, de Tchaikovski, en conjunto con que la prima ballerina Beth MacIntyre (Winona Ryder) ya esté pasada de tueste, es la ocasión para que florezca para alcanzar todo su potencial... o algo mucho peor.



Aronofsky toma un guión que tiene notables deficiencias y lo pule, lo limpia y estiliza, para montar un espectacular guiñol de horror psicológico- la amenaza no viene de fuera, sino del interior- que en muchos niveles debe gran parte su concepto a la célebre trilogía de los apartamentos de Polanski – Repulsión (1965), El Bebé de Rosemary (1968), y El Inquilino (1976)- y a la mitológica Persona (Bergman, '66), especialmente al establecer la dinámica del otro, lo otro, la dualidad y la duplicidad del místico femenino.

Nina es una criatura ansiosa, con inseguridades cultivadas por su madre para controlarla; la aparición de la hermosa, ambigua y enigmática bailarina rival Lily (Mila Kunis, que trasciende su ramplón origen televisivo para dar el ancho) es el elemento que desencadena una serie de situaciones cada vez más violentas (visual y escénicamente) que podrían ser alucinaciones de la propia Nina, sometida a tanta presión para ser perfecta, o algo indescriptible, quizá sobre– o anti-natural. Natalie Portman, como hiciera Mia Farrow en la obra maestra de Polanski, lleva sobre sus hombros (o bien, sus pies) el peso de la película y su labor de persuasión sobre el espectador es clave para pintar el retrato de lo que es una joven a punto del colapso mental, o tal vez un hermoso monstruo perfecto. Aronofsky la conduce y ella literalmente se entrega por completo, con una intensidad sorprendente para su edad.

La sintonía entre actriz y director, como la dupla Farrow/Polanski funciona de modo magistral. Otro elemento notable de la cinta, es la banda sonora diseñada por Clint Mansell tomando como base la partitura de Tchaikovski (motivo por el cual no puede acceder a un Oscar), que sirve como un claroscuro de sonidos y es un accesorio idóneo para el filme. Inquietante, perturbadora, de una elegancia calculada – como un ballet- y una escalofriante composición, El Cisne Negro es una película adulta, angustiosa; no es un thriller, no es una película de terror, ni es una cinta convencional.

El espectador entrará bajo su propio riesgo, pero que no espere encontrarse algo que sea fácil de explicar. Esta fábula oscura no es apta para pusilánimes. El Cisne Negro/Black Swan Con Natalie Portman, Vincent Cassel, Winona Ryder, Mila Kunis y Barbara Hershey. Dirige Darren Aronofsky EEUU 2010

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