9 abr. 2011

Sidney Lumet: Cineasta de cineastas (In Memoriam 1924 - 2011)

Sin lugar a dudas, el mejor cineasta americano de su generación, deja un enormísimo legado fílmico

Miguel Cane


Sin temor a nada, con conciencia social, imaginativo, incisivo y brillante: así era Sidney Lumet. Nacido de padres actores de teatro en Philadelphia en 1924, aprendió y perfeccionó su oficio primero en Broadway y después en la era dorada de la televisión en vivo como se hacía en Nueva York en los años 50. Aseguraba que nada se comparaba con el golpe de adrenalina de la televisión en vivo, porque cada noche era noche de estreno. Si bien mucho de ese trabajo fue efímero, le sirvió para desarrollar una técnica “relámpago” para tomas, breves, concisas, sacar la esencia de lo que necesitaba de sus actores mediante uso del psicodrama, que resultaba innovador, ya que aprovechaba la memoria del actor para crear las emociones de su personaje. Esto le valió respeto y admiración en el medio y también la admiración de los actores que buscaban trabajar con él.


Su primer filme, en 1957, fue la adaptación de 12 Hombres en pugna. Lumet, entonces de 33 años, dirigió un reparto que incluyó a grandes histriones como Henry Fonda, Martin Balsam, Lee J. Cobb, E. G. Marshall, y Ed Begley. Aclamada por la crítica, la cinta ganó el Oso de Oro en la Berlinale de ese año, y cuatro candidaturas a los Oscar, incluyendo la de mejor película. Admirador de las técnicas de cineastas como Renoir, Preminger, Browning, Dreyer, Lang y Losey, Lumet asumió la misión de hacer un cine casi sin artificios, con una mirada a temas sociales. Lumet se dio el lujo de dar la espalda al agónico Studio System y se dedicó a hacer cine independiente, con una base teatral en algunos casos, como Piel de serpiente (1959) de Tennessee Williams, con Marlon Brando y Anna Magnani, Una mirada desde el puente (1961), sobre la obra de Arthur Miller o Largo viaje del día hacia la noche (1962), de Eugenio O'Neill, en el que Katharine Hepburn está magistral como madre morfinómana.


Incansable, hacía una o dos películas por año, con las temáticas más distintas: así llegó Fail-Safe: Punto límite (1964), donde Henry Fonda encarna a un Presidente estadounidense que en represalia por un ataque erróneo a la URSS, detona una bomba nuclear sobre Manhattan. Realizada como documental, es considerada uno de los grandes clásicos que tocan el tema de la Guerra Fría. Del mismo año es El Prestamista, con Rod Steiger como sobreviviente del Holocausto. Otros filmes incluyen el melodrama El Grupo (1966), debut de Candice Bergen, Llamada para el Muerto (1967) con guión de John LeCarré y una adaptación de La Gaviota de Chéjov con Vanessa Redgrave.


Los 70 fueron su época de oro con filmes que le valieron reconocimiento como Serpico (1973) con Al Pacino, Asesinato en el Expreso de Oriente (1974), adaptación estelar de Agatha Christie, por la que Ingrid Bergman obtuvo un Oscar, la trepidante Tarde de Perros (1975) y la cinta que se considera su obra maestra: Network (1976) cinta profética sobre el advenimiento del reality show en el mundo de la televisión, con un reparto impecable: Peter Finch como un comentarista vetarro y enloquecido, Faye Dunaway como desalmada jefa de programación y William Holden. La cinta arrasó con nominaciones al Oscar en 1976, y se llevó los de mejor actor y actriz (Finch póstumamente pues murió unos días antes de la ceremonia) y actriz de soporte (Beatrice Straight), así como mejor guión para Paddy Chayefsky, aunque el sentimentalismo ramplón se impuso y los premios a mejor director y mejor cinta fueron para el mediocre John G. Avildsen y Rocky, lo que es uno de los peores errores de la Academia.


En años posteriores Lumet siguió trabajando sin descanso: así apareció Veredicto final (1981) con Paul Newman como un abogado alcohólico que enfrenta a una compañía farmacéutica, Príncipe de la ciudad, Trampa mortal – sobre la obra de Ira Levin – , La mañana siguiente (1986), y La Noche Cae en Manhattan (1997).

En 2005 la Academia, que nunca le otorgó un Oscar al mejor director, aunque estuvo nominado en cinco ocasiones, le dio un Oscar honorífico por toda su trayectoria y en 2007, se despidió del cine con Antes que el diablo sepa que has muerto, como colofón a su carta de amor a Nueva York. Su hija Jenny (de su tercer matrimonio) debutó como guionista con La Boda de Rachel, filme que acabaría dirigiendo Jonathan Demme. Tras varios años de luchar contra el cáncer y modestamente rechazando el titulo de auteur que muchos le otorgaban en vida, falleció en Manhattan el sábado 9 de abril a los 86 años de edad, dejando tras de sí un deslumbrante legado.