14 oct. 2011

La piel que habito, de Pedro Almodóvar

Venganza estilo Almodóvar

Miguel Cane



En 2004, durante una rueda de prensa para promover Shrek 2 en México, Antonio Banderas atendió a preguntas de los reporteros. Alguien preguntó si habría una reunión con Pedro Almodóvar. El actor malagueño dijo que sí y explicó que Almodóvar estaba adaptando una novela francesa llamada Tarántula y acto seguido, procedió a relatar qué papel interpretaría y de paso, a revelar el estremecedor secreto de la trama concebida por Thierry Jacquot y que, evidentemente, fue lo que atrajo a Almodóvar a querer contar esta historia en primer lugar.



Así, al “espoilear” la película antes de que iniciara el rodaje, Banderas obligó – involuntariamente, hay que decirlo – a parar la pre-producción durante más de cuatro años (tiempo en el que Almodóvar realizó Volver y Los abrazos rotos), para que el director reescribiera el guíón. Así, aunque mantiene la demoledora anécdota central de la historia original, que es en sí la razón de existir del filme, no pudo evitar el regreso a sus obsesiones habituales para accesorizarla y transformarla en una cinta que “tuviera su sello personal”... lo que ha resultado en que La piel que habito (título final de la cinta) no sea tan impactante como pudo haber sido.



Banderas interpreta a Robert Ledgard, un exitoso, frío y elegante cirujano plástico (sí, Pedro, ya vimos que eres fans, así en plural, de Nip/Tuck. Se nota.) que ha realizado experimentos para crear una nueva dermis más resistente para los humanos. Esta subtrama, es en realidad lo que Hitchcock llamaba el “McGuffin”, está ahí para llamar nuestra atención y guiarnos por la historia, pero no está ahí para ser un elemento resuelto: lo verdaderamente interesante ocurre en la sofisticada mansión de Ledgard en las cercanías de Madrid: ahí, la enigmática y sensual Vera Cruz (Elena Anaya, quizá lo más brillante en la cinta, sustituyendo a Penélope Cruz) es una mezcla de conejillo de indias, Patty Hearst, y muñequita de lujo. Aunque en realidad, el secreto de Vera y los motivos de su estancia son algo aún más alucinante y aterrador: una venganza tan sofisticada, que es espeluznante. La centinela de este tesoro, al que alimenta sanamente y proporciona lecturas cultas (Alice Munro, por ejemplo) y material artístico (como libros sobre la escultura de Louise Bourgeois), es Marilia (una notable Marisa Paredes, que a la postre acaba desperdiciada), estoica y grave, unida a Ledgard por un secreto.



Por supuesto, la cosa se pondrá peliaguda y no voy a revelar más, pero hay tantos “excesitos” almodovarianos, que la cinta corre el riesgo de desbalagarse, sobre todo porque la intención declarada del autor es hacer un moody thriller al estilo de Georges Fanjul (obvios ecos a El rostro sin cara), Polanski, Fritz Lang o Jack Clayton. Cuando la cinta está en esa tesitura es como mejor funciona. Los problemas vienen cuando a Pedro se le sube la bilirrubina e insiste en hacerse autoreferencias (en este caso, a una de sus peores películas, Kika, repitiendo virtualmente cuadro por cuadro su secuencia más humillante), meter con calzador sus fetiches de telenovela (la maternidad abnegada, la sordidez cliché) y cuando el elenco se tambalea – la joven Blanca Suárez, que lleva un rol clave es pésima y afecta el resultado integral – o las subtramas se van de lado.



El resultado final es difícil: por un lado, esta es la cinta más arriesgada de Almodóvar, la más lúgubre y seria. Pero al mismo tiempo, se resiste a abandonar su zona de comfort – donde se anquilosó desde que hiciera la dupla monumental de Todo sobre mi madre y Hable con ella –, por lo que no acaba de dar el salto. Y es una pena, porque tenía una gran plataforma (la extraordinaria fabulita gótico-postmoderna sobre una venganza bizantina de Jacquot) y la deja desdibujada, por ir en pos de algo que ya tenía. Almodóvar ciertamente está madurando y le quedan muchas historias interesantes qué contar. La cosa es que se lo permita a sí mismo y se despoje de la peineta de una buena vez, para contar lo que tiene que contar. Sin poses.

La piel que habito
Con Antonio Banderas, Elena Anaya, Jan Cornet, Blanca Suárez, Roberto Álamo y Marisa Paredes.
Dirige: Pedro Almodóvar
España/Francia 2011


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