17 may. 2012

John Cusack es Edgar Allan Poe

Miguel Cane

En su más reciente filme, el popular actor se da el lujo de encarnar al legendario escritor con un enfoque completamente nuevo.



“La verdad es que procuro no ver muchas de mis películas,” dice John Cusack (Evanston, Illinois, 1966). No por ninguna razón en particular, sino que es sólo por modestia. En 30 años de carrera, ha tocado todos los géneros (comedia, drama, acción y romance, superproducciones y cine independiente), y aunque usualmente elige bien sus papeles, él es el primero en discrepar: “¿Qué? No, no. Entre 50 o 60 películas, apenas debo de haber hecho 10 buenas películas, realmente buenas. He hecho muchas cosas para ganarme la vida y algunas que preferiría no haber hecho, pero no las voy a mencionar porque preferiría olvidarme de ellas”. Alto, simpático y de grandes contrastes, sus personajes suelen tener una fuerte carga de humanidad. Quizás por su aspecto de “cualquier hombre” y por su alergia a la fama, es una estrella cercana. “No sé qué percepción tiene la gente de mí”, confiesa, y sigue: “Pero son amables cuando me reconocen, nada intrusivos. Suelen dejarme en paz. Eso lo aprecio mucho”.

John Cusack 2002

Se fogueó en cintas juveniles: la hoy clásica 16 velas (1984), de John Hughes, y se hizo ídolo juvenil con Say Anything... (1989), primer filme de Cameron Crowe, con la icónica imagen de su personaje sosteniendo una grabadora que tocaba “In your eyes”, de Peter Gabriel, al pie de la ventana de la hermosa Ione Skye. “Fui una estrella adolescente, algo suficientemente espantoso,” exclama entre risas; “Además, la fama es lo peor que le puede pasar a un actor. Lo digo por experiencia”.

Su carrera como adulto ha sido diversa y tiene interpretaciones entrañables, como el rol protagónico en Alta fidelidad (2000), que dan muestra de su enorme talento. En su más reciente filme, El cuervo, interpreta al célebre autor estadunidense Edgar Allan Poe, maestro de lo macabro y considerado por muchos el inventor del género detectivesco, dos vertientes incluidas en este filme de James McTeigue (V de vendetta), cuya trama gira en torno a una ola de asesinatos en el Baltimore del siglo XIX que recrean pasajes de relatos escabrosos del escritor. “Para interpretar a Poe y entrar en su piel tuve que hacer cosas por las que no dormí mucho, la verdad”, explica. “Me llené la cabeza con cosas de Poe: lo leí todo, de cabo a rabo; me dejé crecer el bigote; perdí peso; me obsesioné en la preproducción y casi me convierto en un vampiro (risas). Pero verás, creo que era algo necesario para la película. Quería hacer una inmersión total en el personaje para entender mejor el material”, añade. Y es cierto, se advierte visiblemente delgado y ojeroso en la cinta, logrando un parecido sorprendente al autor de “Annabel Lee”, “Ulalume”, “El pozo y el péndulo” y “Los asesinatos en la calle de la Morgue”.

“¿Cómo salí del personaje? No fue fácil. No es como si terminas tu última escena, te sacas el traje y te vas a casa. Lo primero, en cuanto terminamos y James me dijo que ya no me necesitaba para más tomas, fue ir al barbero a afeitarme el bigote y cortarme el cabello. Luego, a casa a dormir 10 horas seguidas. Y aún así por varios días seguí con la sensación de tener a Poe encima, su manera de pensar, su visión tenebrosa y triste del mundo. Es quizá el personaje que más me ha consumido de todos los que haya interpretado antes. Y tampoco creo que vaya a haber otro así”.

No es la primera vez que Cusack se adentra en el misterio y el terror. Ya lo hizo en trabajos como Identity (2003) o 1408 (2007), esta última basada en un escalofriante relato de Stephen King. Ahora vuelve a abrazar su particular sombra mientras su personaje ayuda a la policía a dar caza al asesino. “No se trata de una biopic. Eso quiero dejarlo claro. Esta es una versión imaginaria de Poe. Es una visión de él como era, filtrada a través de la ficción”. En el filme, McTiegue establece una atmósfera oscura e inquietante, algo que, como Cusack señala, es afín a la obra de Poe. “Poe capturó como nadie el subconsciente y los espacios que hay entre ambos mundos. Queríamos que fuera palpable en la cinta, que se sintiera la misma opresión e inquietud en el espectador que la que se siente en el Baltimore imaginario que recreamos y en los personajes. A la vez, es una manera de rendir homenaje a las atmósferas que él concebía en su obra”.

John Cusack 2003

Cusack no tiene inconveniente en admitir que Poe es el mejor papel que ha recibido en muchos años “Otros actores con más presencia comercial lo querían y se mostraron muy interesados, así que tuve mucha suerte. Luché bastante por obtenerlo y eso a estas alturas es algo poco común. Personajes así le devuelven a uno el amor por el cine.” Esto viene a colación acerca de una duda que siempre se plantea, asegura, sin importar que lleve tantos años trabajando y que sea más conocido ahora que en otras etapas de su carrera. ¿Debo seguir o retirarme?”. La pregunta lo ha asaltado varias veces. “Siempre, cuando menos te lo esperas, te surgen las dudas acerca de seguir en esto, sobre todo cuando no llega material interesante. Sí he pensado en hacer otras cosas, pero me encanta este mundo, contar historias y, sobre todo, crear. Un papel como éste o como el que me ofreció Alejandro Agresti en No somos animales, que se estrena en otoño, son las cosas que me hacen sentir deseos de seguir adelante”.

Acerca de asumir un personaje icónico y las expectativas que esto genera, como es el caso de Poe, asegura que en cierta forma también es una responsabilidad, no sólo como intérprete sino también como vaso comunicante con una audiencia. “Verás: un icono así se vuelve legendario con el tiempo. Todos tienen su propia idea de Poe. Es como una marca. Releerlo cuando me preparaba me descubrió su vena satírica, su humor absurdo y esotérico con el que jugaba con el lector. Es uno de los más grandes autores estadunidenses de cualquier época. No sólo es oscuro y deprimente, como mucha gente piensa; también es un agudo observador, un narrador de fluidez pasmosa, muy entretenido y absorbente”.

Pese a su notable carrera, Cusack ha conseguido mantenerse alejado de los focos de la fama y de la prensa amarillista. Y para lograrlo, tiene una fórmula:”Es muy fácil, de verdad. En primera, si veo que la entrevista no es inteligente, no doy pie a nada y contesto lo mínimo necesario para salir del paso. Si me siento cómodo, doy una entrevista más amplia y se establece un respeto entre ambos, es decir, el periodista, en este caso tú, y yo. En este tipo de entrevistas, mi vida personal no forma parte de las preguntas y es lo mejor. Simplemente no entro en ese juego. Cuando hago una película, como esta, tengo que hacer entrevistas para promoverla y no me molesta; sé que voy a estar en las casas de la gente, a través de medios impresos o electrónicos lo quieran o no. Pero cuando acabo con esto, pum, me desaparezco. Para mí es algo vergonzoso tener que atraer la atención de las cámaras todo el rato y airear los detalles de tu vida que no le interesan a la gente. Me parece algo tan aburrido... (sonríe) y mi intención nunca ha sido el aburrir a nadie, ¿me entiendes?”.

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