31 may. 2012

Noomi Rapace llega a Hollywood

Tras crear el personaje de Lisbeth Salander en cine, se ha convertido de la noche a la mañana, en una superestrella internacional. Ahora protagoniza Prometheus, lo nuevo de Ridley Scott

Miguel Cane



Desde que apareció por primera vez en las pantallas enmascarada con los múltiples piercings y tatuajes de Lisbeth Salander, la heroína de la trilogía fílmica basada en las novelas de Stieg Larsson, Noomi Rapace, (Estocolmo, 1979), hija de una actriz sueca y un músico y cantaor español de Badajoz, a quien casi no conoció, pese a tener una larga carrera en escenarios y televisión, era prácticamente desconocida fuera de Suecia. Sin embargo, su interpretación le dio la suficiente proyección para dar el salto a Hollywood y aparecer, primero en la secuela de Sherlock Holmes y ahora como una de las protagonistas de Prometheus, la muy anticipada cinta de ciencia-ficción de Ridley Scott, que con ella regresa a los territorios que exploró originalmente en clásicos como Alien y Blade Runner.

En la cinta, Rapace – que comparte créditos con Michael Fassbender, Guy Pearce y Charlize Theron – interpreta a Elizabeth Shaw, una arqueóloga contratada por la corporación Weyland, para descubrir los nexos entre la vida extraterrestre y el origen de la vida en la tierra, como parte de una expedición que tiene resultados, por decir lo menos, escalofriantes. Mezcla de horror, ciencia-ficción y acción, la cinta la catapulta al centro de la atención internacional, algo que no deja de sorprenderla, en sus propias palabras.



¿Cómo llevas la llegada del estrellato internacional?
No lo sé... la verdad es que no me considero más que una actriz. Para mí actuar es dejarme llevar, perder el control. No me preocupa pensar en cómo sueno ni cómo aparezco en las fotos en las revistas. Es una contradicción, lo sé, pero es lo que me ocurre. Me gusta estar a la sombra cuando me alejo de mis personajes. Yo no quiero ser famosa. Lo cierto es que prefiero que no se sepa nada de mí. Tú me entiendes.

Prometheus pertenece, gracias a sus nexos con Alien, en parte de un legado mítico ¿Qué aporta la película a la leyenda de esta saga?
Es interesante. Creo que en una parte, es una precuela, pero no es exactamente eso tampoco; quiero decir, Prometheus es un filme independiente completamente, aún si tiene esos vínculos que mencionas. Eso es algo que dejó muy claro Ridley cuando me propuso este trabajo. Creo que más bien no era cuestión de aportar, sino de crear algo nuevo, una iconografía diferente y me parece que lo hemos logrado. Al final, es parte del fenómeno, no le quita nada ni le aporta nada. Me gusta porque son cintas paralelas muy fieles a sí mismas, abiertas a miles de interpretaciones y en el cine eso no sucede con mucha frecuencia.


¿Cómo definirías a Elizabeth Shaw en el esquema del filme?
Mi personaje es más humano, creo. Según Ridley, es el corazón, así como el personaje de Fassbender es el cerebro y el de Charlize, la conciencia. Muchas de las cosas que Elizabeth hace en el filme la ponen a prueba, incluso en su fe... de todos los exploradores, es la que comienza más humana, más frágil. Me exigió mucho físicamente, tuve que adelgazar mucho, hacer cuatro días a la semana kung fu y gimnasia, todo para incorporarlo a su transformación; ella pasa de ser una científica con una cierta inocencia, en un personaje que tiene que hacer muchas cosas, incluso dolorosas para ella, para sobrevivir y también para tratar de evitar una catástrofe que podría acabar con la humanidad.

Este es un papel muy codiciado... ¿Cómo resultaste elegida?
Eso es verdad. Ridley estuvo mucho tiempo buscando una actriz desde que decidió que quería un personaje femenino en este filme, que hiciera lo que Elizabeth. Entrevistó a un montón de actrices, algunas muy conocidas, pero era complicado encontrar a alguien que reuniera las características físicas y emocionales de Elizabeth, o que fuera lo suficientemente convincente en el rol. Él me vio en las cintas de Millenium y habló conmigo. Me dijo que en mí había algo que le gustaba, que podría hacer lo que él necesitaba y me ofreció formalmente el papel, diciendo que sabía qe yo encontraría cosas de mi personaje que él no había llegado a descubrir. Me sentí feliz, pero también muy intimidada. Soy todavía bastante desconocida en los Estados Unidos, y para el estudio a firmar en una chica sueca-española que casi no hablaba inglés para hacer la protagonista en la película más grande del año para ellos, es bastante inusual.


¿Implica mucho compromiso?
Yo siempre me comprometo al cien por ciento con todos mis proyectos, pero digamos que al ser un filme de Ridley Scott, en este formato, implica un mayor nivel de expectativas qué cumplir y muchos retos qué superar.

¿Como cuáles?
Por ejemplo, Ripley, el personaje de Sigourney Weaver, que es con quien se compara más al mío. Es muy difícil separarte de un personaje así, sobre todo cuando existe toda una serie con él y es tan emblemático. Por eso mismo es que he trazado una línea muy clara que diferencíe a Elizabeth Shaw de Ripley. Yo no tengo nada qué ver con ella. Y así fue como me acerqué al personaje, con cuidado de que no hubiera nada que sirviera a una comparación. Prometheus es otra historia, como te decía, tenemos que establecer, en un mismo universo narrativo – los elementos están ahí – a nuestra propia historia. Lo que Ridley quería era contar algo completamente diferente, que sirviera para abrir la puerta a Alien, y también a su propia historia. Pero eso lo tiene que decidir, al final, el público.

¿Puedes decir que este es un nuevo umbral en tu carrera?
No soy muy sentimental al respecto: soy actriz, a mí lo que me gusta es interpretar a alguien y luego pasar a otra cosa. Ya pienso en mi próxima película, y lo único que quiero es terminar con ésta. Tampoco creo que la gente se vaya a acordar mucho de mí, porque les gusta olvidar pronto y cambiar de caras famosas. Recordarán al personaje de Elizabeth, pero espero que no de mí, porque eso me dará la libertad de hacer otra cosa, de inventarme un nuevo personaje cuando haga falta y después poder volver a mi vida anónima. Soy muy autocrítica. Lo he hecho bien, pero espero hacerlo mejor la próxima vez. Pero no soy Elizabeth Shaw, ni Lisbeth Salander. Ya lo hice. Ahora quiero hacer otra cosa. Ser otras mujeres.


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