10 ene. 2013

Anna Karenina, de Joe Wright, con Keira Knightley

Madame K

Miguel Cane



Existe algo inherentemente teatral en volver a un clásico literario, así que es lógico que el director Joe Wright haga algo literalmente teatral en su nueva y sublime versión de Anna Karenina, una adaptación de movimiento rápido de la gran novela de León Tolstoi sobre el amor, el adulterio y la alta sociedad en la época de gloria de la Rusia imperial.



Wright sitúa la acción en un teatro enorme y vacío, con coreografía vertiginosa y movimientos de cámara que nos llevan de una escena a otra con fluidez. Cada centímetro del escenario se utiliza, desde grandes bailes hasta los momentos más íntimos que se representan en el escenario para que todos los de San Petersburgo sean vistos - y, por supuesto, puedan observar atentamente la historia de Anna (interpretada de modo fascinante por Keira Knightley), la bella y joven esposa del estricto Karenin (Jude Law, casi irreconocible), poco a poco siendo seducida por el apuesto conde Vronsky (Aaron Taylor-Johnson ), que deviene en un cobarde. Al principio, los coqueteos son bastante inofensivos, pero pronto Karenin señala los problemas con una severa advertencia: "Podrías, por imprudencia, dar pie al mundo para hablar de ti" En la alta sociedad rusa, ese es tal vez el delito más grave imaginable y tiene un precio muy elevado.



La puesta en escena de Wright es impresionante: crea un festín visual y auditivo de colores y sonidos, como el intrincado y preciosista diseño de arte de Sarah Greenwood en conjunto con el fabuloso diseño de vestuario de Jacqueline Durran, todo captado por la lente de Seamus McGarvey, que no teme el exceso, sino que lo aprovecha al máximo. Wright también se beneficia de condensación lúcida que hace el guionista Tom Stoppard del trabajo masivo de Tolstoi.



Miss Knightley, quien a los 27 años ha pasado la mitad de su vida en frente de la cámara, es una protagonista extraordinaria. Su belleza natural es un elemento de opulencia, y su actuación captura con aplomo tanto el abandono ardiente de Ana a las normas sociales como la espesura del dolor insoportable que sufre a manera de consecuencia por no cumplirlas.





Esta versión de Anna Karenina, postmoderna y vital, funciona muy bien, incluso mejor que sus predecesoras, ya que no sólo trata de ilustrar una novela inmortal. En ella se da nueva vida a los personajes de Tolstoi y reaviva la pasión que generaciones de lectores han sentido para ellos.

Es polémica y no para todos los gustos, pero eso no obsta para que sea uno de los filmes más hermosos de esta década y una experiencia inolvidable.

Anna Karenina
Con Keira Knightley, Jude Law, Emily Watson y Kelly Macdonald.
Dirige Joe Wright
Reino Unido 2012


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