6 ene. 2013

Melanie Lynskey: Los mejores personajes son los incómodos y tristes

Melanie Lynskey

Miguel Cane.



Después de un debut aclamado en 1994, como una de las dos protagonistas – junto con Kate Winslet – de la película Criaturas celestiales (que puso a Peter Jackson en el panorama internacional), cuando apenas era una adolescente, Melanie (New Plymouth, Nueva Zelanda, 1977) dio visos de ser una estupenda actriz de (¡y con!) carácter. Su salto a Hollywood, no obstante, no fue muy auspicioso al principio: su renuencia a modificarse para encajar en los estándares de la moda y la belleza del celuloide comercial, la llevaron a amasar una carrera sólida en papeles de soporte. Han tenido que trascurrir dieciocho años para que tenga un protagónico de nuevo en la cinta Hello I must be going, del actor y cineasta Todd Louiso, que fue la cinta inaugural en el Festival de Sundance 2012 y se presentó con gran éxito en el circuito de festivales, incluyendo salas llenas en la 50ª edición del Festival Internacional de Cine de Gijón, donde concedió esta entrevista.



Afable, sencilla, accesible y muy inteligente, Melanie interpreta en el filme a Amy Minsky, una mujer de treinta y pocos años, que de un día para otro se ve obligada a regresar a vivir a la casa de sus padres tras el repentino fracaso de su matrimonio. Dolida y deprimida, Amy poco a poco recupera el enfoque de su vida, mediante sus vínculos con su madre (la eximia Blythe Danner), que busca sacarla del marasmo emocional con una mezcla de consejos duros y tácticas terroristas (como organizarle citas a ciegas) y un joven de 19 años (Christopher Abbott), quien, en un eco a la inversa de El Graduado – filme al que esta cinta rinde claros homenajes –busca conquistarla a toda costa, con resultados sorprendentes. Esta interpretación le ha valido a Melanie las mejores críticas de su carrera en mucho tiempo, así como una serie de reconocimientos, si bien, ella afirma, su vida sigue siendo, y esto es algo que cuida mucho, la misma.



Hello I must be going trata en parte sobre la depresión, pero también tiene un aire de esperanza. ¿Qué es lo que te atrajo a esta combinación?
Mira, a mí me gusta interpretar en las áreas grises que hay en la vida –el es lugar más incómodo para estar. A nadie le gusta vivir en ese estado intermedio donde no sabes lo que va a pasar con tu vida. Hay mucha tensión en ello, y mucho material para interpretar –donde uno está incómodo, triste, asustado y avergonzado. Los mejores personajes son así. Por eso el personaje de Amy es tan rico en matices. Y yo estuve encantada de hacerlo, sobre todo, porque es algo que en la vida real me asusta: encontrarme sin dirección, deprimida. Como se encuentra ella. Y es algo que me intrigaba.



Si algo te asusta, ¿es una buena señal de que debes poner manos a la obra y hacerlo?
Para mí, se trata más de tener una conexión emocional con el material. Lo interesante de la interpretación, es decir, de dedicarte a esto, es usar todo tu material propio y tener algún tipo de catarsis personal mientras estás trabajando. Lo entiendo, pero no tengo ese impulso que a veces lleva a decir: “Oh, nunca he protagonizado a un drogadicto escocés…” ¿Me explico? Pero a Amy sentí que la conocía. Que nada de ella me era ajeno. La inseguridad, el deseo de hacer cosas y no saber cómo. Cuando leí el guión, pensé: “la conozco. Quiero hacerlo.”

¿Existe algún secreto para llorar y reír ante la cámara con tanta naturalidad?
¡Sería buenísimo que existiera! Pero no, yo no soy una de esas actrices que puede llorar a una señal del director. Las admiro cuando pueden hacer eso. Soy negada, me toma mucho encontrar el lugar adecuado para mi memoria. Si tengo que llorar en una audición, lo que pienso es: “Está bien, a ver qué puedo hacer”. Aunque bueno, sí, tengo un truquito. Mira, cuando ya estoy trabajando siempre tengo un iPod conmigo, y casi siempre pasa que una canción en particular se convierte en mi canción tema. Así que en cada película que he hecho he tenido una canción especial a la que regreso siempre para que me ubique en el lugar emocional adecuado. Para Win Win era “Gouge Away,” de Pixies, para cualquier momento. Para esta película tuve dos canciones porque la mitad del tiempo tenía que llorar, y sentirme muy mal, muy emocional y con lástima de mí misma; la otra mitad del tiempo debía estar en un éxtasis romántico y reír y sentirme seductora. Así que tenía “Let Down”, de Radiohead para esas escenas tristes, y mi canción alegre era “Running Up That Hill,” de Kate Bush, que me encanta, porque es muy sexy y me ponía de ese humor coqueto y juguetón, ya sabes.

En la película tienes una escena en la que sales a una cita terrible con Jimmi Simpson, que es tu marido en la vida real. ¿Alguna vez tuviste experiencias en tus primeras citas tan ridículas, en las que fuera tan evidente el hecho de que no había química entre tú y el chico?
Oh, Dios. Sí. Pero en Nueva Zelanda es diferente que en Estados Unidos. Lo común es que sólo salgas con un grupo de gente y termines regresando a casa con alguien, si es que te gusta (Risas). En Nueva Zelanda las cosas son más informales, en Estados Unidos donde sales en pareja desde el principio y hay más presión para establecer una relación. Y ese es uno de los temas que toca la película. Cómo hay formas distintas de relacionarse. Tener una pareja desde el principio o empezar como amigos.

Lo casual es la forma que muchos hombres preferirían, ¿no?…
Yo también lo prefiero. Es más agradable salir y decir: “Bueno, me caes bien, e mas, me gustas de verdad... ¿quieres hacer esto o no?” Las citas son tan incómodas. Te contaré una anécdota: La primera vez que vine a Los Ángeles me pidió una cita un reconocido actor, no puedo decirte quién porque es famoso ahora (se ríe), pero estábamos muy jóvenes entonces. Él llamó a mi agente y le pidió formalmente que saliera con él. Fue un lindo detalle, así que dije que sí. Creo que me había visto en una fiesta o algo así. Pero luego fue algo incómodo, y todo resultó muy raro. Así que me dije: “Yo no soy así” y no volvimos a salir nunca más.

Estás muy activa en Twitter. ¿Fue una decisión fácil adoptar una personalidad más pública a través de las redes sociales?
Me sentía algo rara. No es que a alguien le importe o esté a punto de hacerse pasar por mí, pero algunos de nuestros amigos tenían gente que fingía ser ellos. Así que al principio mi postura fue: Sólo déjenme tener mi nombre, quizás así veré de que se trata esto. Luego fue muy divertido, y después me volví adicta. He desarrollado vínculos en Twitter, gente con la que me he encontrado en la vida real porque antes teníamos una relación en línea; algo así como: “Oh, ¿también estás en este festival? ¡Vamos por una cerveza!.” Es muy divertido. Te acerca al público y te recuerda que, salvo lo que haces para ganarte la vida, no eres muy distinta a la gente con la que interactúas.

Tomó mucho tiempo que volvieras a ser una protagonista. ¿Valió la pena esperar?
¡Por supuesto! Yo me dedico a esto porque amo lo que hago, no para ser “famosa” y así. Realmente, mientras haga algo que me apasiona, en teatro, o en cine o en TV, no me importa el crédito o el tamaño del papel. Y papeles como Amy llegan pocas veces en la vida. Cuando te los ofrecen, es un gran regalo y una gran ocasión para hacer lo que te gusta con un personaje especial. No me importó esperar, porque no estaba esperando, realmente. Nunca he dejado de trabajar. Y ahora estoy muy satisfecha con esta película, muy feliz. Y quiero seguir así, trabajando y contenta.



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