14 ene. 2013

Keira Knightley: "Me doy miedo por necedad"

Keira Knightley

Miguel Cane.



Poseedora de una belleza clásica y particular, Keira Knightley (Londres, 1985), es en palabras de Joe Wright, director con el que ha trabajado en tres ocasiones distintas: “una mujer muy fuerte y además sin miedos, y éstas son cualidades que estaba buscando en la actriz para que representara este papel”, esto en referencia a su más reciente producción: una versión vanguardista y de exquisito cuidado del clásico Anna Karenina de Tolstoi, misma en la que ambos buscaron una visión diferente de la famosa historia, ya que no querían que fuera como las anteriores versiones románticas hechas en Hollywood, que fueron interpretadas por dos grandes leyendas: Greta Garbo y Vivien Leigh.



¿Cómo te preparaste para interpretar el papel de Anna?
Es curioso, cuando leí la novela y luego el guión, me enamoré de Anna. Ya la había leído años antes, pero ahora fue completamente distinto, la vi desde otra perspectiva. No sé qué fue exactamente. Creo que en el fondo estaba buscando papeles más maduros y no quería seguir haciendo de chicas como antes. Perseguía otras metas. Joe, y yo nos reunimos para comer y fue durante esa comida cuando traté de convencerlo de que yo quería interpretar a Anna. Estuvimos así hasta que creo que los dos nos dimos cuenta de que en Orgullo y Prejuicio, como Lizzie Bennet, yo ya había hecho un personaje clásico y ahora era el momento de graduarme hacia un tipo de personaje totalmente diferente.



¿Supuso un reto rodar la película, basándose en una novela tan compleja?
Fue todo un reto ver si funcionaría, pero en el fondo tenía mucha fe en la historia y en Joe. Pensé que si éramos fieles a la novela todo saldría bien. Y aquí tienes el resultado. Es probablemente el filme más hermosamente realizado en el que me ha tocado trabajar. Hacerlo fue muy difícil y a la vez, muy satisfactorio.

Casi toda la acción se lleva a cabo en un teatro, como si fuera una presentación en vivo, como una Opera, casi. ¿Cuál fue el propósito de eso?
En la Rusia de 1870, tenías a una sociedad completa pretendiendo ser alguien que no eran. Se vestían como los franceses, y se leían libros de etiqueta para comportarse como los franceses. Como Joe dijo, toda su existencia se convirtió en una actuación, con ideas importadas, modales, comportamientos y cultura. Eso es lo que buscamos mostrar con este estilo al filmar. Además, me encantó trabajar con Jacqueline Durra, la diseñadora de vestuario, ya que todo lo referente al vestuario tiene un simbolismo. Podemos ver a Anna como un pájaro atrapado en una jaula, la jaula siendo los corsets; usa diamantes, la piedra más dura que pudiera cortar su garganta en cualquier momento. También queríamos que el sexo tuviera en gran parte simbolismo, de hecho, el último vestido que Anna usa, está basado en unas pinturas renacentistas de la puta de Babilonia. Porque esa es parte del viaje de Anna, de santa a puta, pero con muchos matices.



¿Qué tanto te apoyaste en el texto de Tolstoy mientras filmaban?
Mi copia del libro tiene muchos colores, hojitas de colores, cada una es para un personaje diferente, momentos, ideas o para resaltar hechos, como por ejemplo la violencia de su personaje, o su relación con otros, como Karenin, o Kitty o Dolly o Vronski. Cuando trabajé con el director Ian Rickson hace algunos años en teatro, él dijo que los actores con los que más le gustaba trabajar, eran como detectives; tienes que encontrarle el truco, descubrir a tu personaje. Anna no es exactamente, como dije antes, una santa o la víctima de un amor canalla... hay mucho más que está claramente en la novela, sólo hay que saber encontrarlo.



¿Hay algún rasgo de Anna en Keira?
Muchos, muchos. A veces, a mi pesar, porque me busco problemas... Soy independiente y fuerte, aunque a menudo flaqueo cuando siento dudas, pero si creo en algo, lucho por ello. También tengo defectos, como Anna, porque soy humana. No hubo nada con lo que no me pudiera relacionar, y eso fue lo que más me impactó. Claramente ser una mujer hoy en día es mucho más fácil que en la Rusia imperial, sin embargo, vivimos en una sociedad con reglas, y si las rompes, se puede voltear todo en tu contra. En ese sentido, no importa dónde vivas, puedes entender por qué Anna se sentía atrapada. Se destruye por ser la persona más honesta del mundo; esa honestidad, esa habilidad de no saber vivir con mentiras, es lo que la lleva a la destrucción.

Llevas actuando desde niña, pero jamás ha tomado clases de interpretación. ¿Siempre tuviste claro que esto era lo tuyo?
Sí, sí. Desde muy pequeña. Mi hermano Caleb siempre cuenta que cuando yo tenía tres años les pedía a mis padres que contrataran un agente que me representara. Soy autodidacta, me apasiona leer y, cuando anuncié en casa que iba a dejar el colegio, mis padres respiraron con alivio. En cuanto a las clases de arte dramático, no las tomé por una sencilla razón: estaba demasiado ocupada trabajando haciendo películas y aprendiendo cuanto podía de los actores y actrices y directores con quienes he tenido el privilegio de trabajar. A todos ellos les debo el haber aprendido facetas de mi trabajo que no hubiera imaginado posibles de otro modo. No sabes lo agradecida que les estoy.

Hace unos años decías que no te considerabas todavía una buena actriz. ¿Sigues manteniendo esa opinión?
Me estoy empezando a hacer a la idea de que lo soy, pero no me siento todavía a gusto cuando digo esto. Si alguna vez se me da la ocasión de hacer en teatro una obra de Tennessee Williams o de ser Leonor de Aquitania en El león en invierno – aunque es un papel que no puedes hacer hasta que tienes sesenta años- y salgo airosa, lo podré decir sin sentir pudor alguno. Ahora, es todavía un poco pronto. Una buena actriz es alguien como Judi Dench o Vanessa (Redgrave) o Maggie Smith o Rachel Weisz... Yo sólo soy muy afortunada de dedicarme a esto.

¿Te considerarías una adicta al trabajo?
Sí, sin duda. Pero la diferencia es que adoro absolutamente mi trabajo, me apasiona. No me pesa ser una trabajohólica. Y lo que más me hace querer trabajar es que alguien me diga que hay algo que no puedo hacer. Entonces, pongo toda mi alma en lograrlo y nadie me puede parar. Hay días en los que me doy miedo a mí misma por mi necedad, pero qué puedo hacer. Actuar es mi pasión.

Hasta ahora, ¿cuál consideras que es tu mayor triunfo? ¿Este personaje?
Sin duda, haber logrado combatir la dislexia, algo que me torturó desde niña. Respecto a mi carrera, estoy muy orgullosa de haber podido hacer de Anna. Podría decirte que esa es la respuesta a tu pregunta, pero la verdad es que el día en que alguien me ofrezca un papel como el de Maggie en La gata sobre el tejado caliente... en teatro, entonces, sentiré que he triunfado. Anna Karenina es un personaje maravilloso y es el que más me ha exigido hasta ahora. Pero hay otras cosas que quiero hacer. No puedo pensar aún en un gran triunfo, porque mi carrera es aún muy corta. Pero de que obtuve una gran satisfacción del personaje, por supuesto. Siempre la tendré en un lugar del corazón, aún cuando haga otras cosas.


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